jueves, 28 de enero de 2010

LA FAMILIA DEL REY, LOS HERMANOS DE CARLOS II: DON JUAN JOSÉ DE AUSTRIA, BASTARDO REAL Y MESÍAS DEL PUEBLO (PARTE VI)


Retrato de Juan José Austria por Peter de Iode (Biblioteca Nacional de España).

Al margen de los acontecimientos bélicos, don Juan tuvo que enfrentarse igualmente a una activa labor diplomática respecto a las demás naciones que también tenían voz en el concierto internacional. Es especial destacaron las relaciones mantenidas con Inglaterra, la cual se encontraba desdoblada a raíz de la revolución que supuso la ejecución del rey Carlos I en 1649 (1), entre el gobierno de Oliver Cromwell, república oficial y reconocida internacionalmente, y el gobierno en el exilio, encabezado por el futuro Carlos II (2) y su hermano, el Duque de York (3), hospedados por el Rey de España en Flandes. También tuvo un capítulo a parte la ratificación o no de ciertos puntos establecidos en la Paz de Münster (1648) con las independientes Provincias Unidas.

Entretanto, Francia intentó establecer negociaciones de paz con España, pero a costa de la obtención de grandes ventajas. A comienzos de julio de 1656, llegó a la Corte Monsieur Leone, enviado por Luis XIV para tratar el tema de la paz con el Rey Católico. En septiembre regresó de nuevo a Francia sin haberse conseguido acuerdo alguno, y quedando rotas las conversaciones. Según consulta real vista en el Consejo de Estado "se pidieron de parte de Francia cosas tan fuera de razón y contra todos los ejemplares anteriores" que el Rey se negó a entrar en más negociaciones porque éstas, tal y como estaban planteados por Francia, atentaban a "su honor y Real Decoro".

Por lo que se refiere a la Inglaterra de Cromwell, continuaban las hostilidades tanto en Europa como en las Indias, no obstante, se consiguieron algunos éxitos como cuando en la primavera de 1656 cinco fragatas de Ostende apresaron a diez navíos ingleses. Poco después, siete fragatas de Dunkerque hicieron lo propio con otras siete naves inglesas. En cuanto a las relaciones con el exiliado Carlos Estuardo, éstas estaban fundamentalmente mediatizadas por el tratado suscrito entre este monarca y Felipe IV, el 12 de abril de 1656 (4). Èste se trataba en realidad de una liga ofensiva-defensiva que ratificaba la establecida en un acuerdo de paz firmado en Madrid, el 15 de noviembre de 1630, entre Felipe IV y Carlos I de Inglaterra. El Rey de España se comprometía a asistir al monarca inglés con 4.000 infantes y 2.000 caballos a los largo del año 1656 , "bien entendido que S.Magestad de la Gran Bretaña haya de tener a su devoción algún puerto, lugar o sitio en Inglaterra donde pueda con seguridad, desembarcar esta gente...". En contrapartida, el rey inglés, una vez coronado de nuevo en su país, se comprometía a asistir a Felipe IV en la recuperación de Portugal mediante levas de ingleses e irlandeses, así como de 12 navíos de guerra. Incluso los ingleses devolverían al Rey Católico las ocupaciones llevadas a cabo en las colonias americanas desde 1630.

Pronto, el monarca inglés, comenzó a solicitar el cumplimiento del tratado, a través del Conde de Bristol. Sin embargo, don Juan de Austria, que además no había tenido ni arte ni parte en la suscripción de este acuerdo, no estaba dispuesto a restar del ejército de Flandes, los 4.000 soldados y los 2.000 caballos prometidos, encontrándose en tan precaria situación y en medio de una amenaza bélica continua.

Por lo que respecta al terreno militar, la campaña de 1657 se inició muy temprano, ya que en marzo emprendieron las tropas del Rey de España la toma de la plaza de Saint-Ghislain al llegar noticias sobre las intenciones de los franceses de introducir un convoy y refuerzos en dicha plaza.
Tras este primer y exitoso paso, sobrevino una larga interrupción que los historiadores atribuyen a las tirantes relaciones entre don Juan y el Príncipe de Condè. A pesar de estos problemas, existían dificultades de índole económica suficientemente importantes como para provocar una interrupción en la campaña bélica.

Entretanto, Turenne invadía las costas flamencas con unos 25.000 efectivos y De la Ferté hacía lo mismo en la zona de Luxemburgo con otros 15.000 hombres:

En este estado queda Dunkerque, el cual, por ser la llave de esta Marina por el pie firme que da a los enemigos de otras conquistas, por cortarnos las esperanzas de recuperar Mardique, y por lo que dificultará las materias de la paz y arriesgarse las de la religión (además de las influencias exteriores),le juzgopor el golpe más mortal, que pueden recibir estas Provincias, si Dios por su infinita misericordia no abre algún camino para el reparo” (5).

No acababan aquí las desgracias en el gobierno de don Juan a lo largo DE 1657, ya que de la Ferté tomaba la plaza de Montmedy, que cubría la frontera de Luxemburgo.

Don Juan se mostró partidario de aplicar las escasas fuerzas disponibles en la recuperación de alguna plaza situada en el interior del país, como por ejemplo la villa de Danvilliers, a dos leguas de Montmedy. Pero tuvo que desistir de su idea ya que los franceses se presentaron ante Saint Venant. Las fuerzas hispanas trataron de impedirlo, pero la plaza acabó rindiéndose. Los franceses coninuaban avanzando sin cesar.

Don Juan igualmente tuvo que abandonar sus deseos de intentar la recuperación de Mardique (hoy Fort-Mardijk) a causa del rigor del tiempo, la escasez de tropas y la abundante guarnición de la plaza.

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Fuentes principales:

* Castillo Soto, Josefina. Don Juan José de Austria (hijo bastardo de Felipe IV) : su labor política y militar. Universidad Nacional de Educación a Distancia, 1991.

* Castillo Soto, Josefina. Las relaciones entre Felipe IV y Carlos II de Inglaterra, durante el protectorado de CromweII (1656-1659). Espacio, Tiempo y Forma, Serie IV, H." Moderna, t. 2, 1989, págs. 111-124.

* Ruiz Rodríguez, Ignacio. Don Juan José de Austria en la monarquía hispánica : entre la política, el poder y la intriga. Dykinson, S.L. - Libros, 2008.


(1) La revolución inglesa estalló como consecuencia de la pugna existente entre dos tendencias protestantes diferentes. Por un lado, estaba la iglesia anglicana cuya cabeza visible era el monarca y que atraía, principalmente, a la clase nobiliaria y por otro, las creencias puritanas de corte calvinista que se daban, sobre todo, entre la burguesía. Mientras los anglicanos defendían a ultranza la monarquía absoluta, los puritanos, siguiendo fielmente los principios calvinistas, eran partidarios de despedir al monarca, mediante una insurrección, si éste se conducía tiránicamente

Así pues, resultaba evidente para estos burgueses calvinistas que el Rey de Inglaterra, dada su tendencia absolutista, se estaba comportando de una manera despótica

En 1640 estalló el conflicto entre ambos bandos cuando el Parlamento exigió a Carlos I, el reconocimiento de la supremacía de la institución parlamentaria frente a las decisiones reales. La revolución propiamente dicha se inició cuando el Parlamento condenó al ministro Strafford y después al arzobispo Laúd, representante
de ia Iglesia officia anglicana.

Carlos I se vio obligado a abandonar Londres y organizó un ejército, desencadenándose una auténtica guerra civil. En 1647 el ejército parlamentario, al frente del cual estaba Oliver CromweII, derrotó a las fuerzas reales e hizo prisionero al monarca. La idea de los puritanos era clara: derrocar la monarquía, proclamar la república y acabar con los privilegios de la aristocracia. El triunfo fue total: el 30 de enero de 1649, Carlos I era ejecutado, el Parlamento quedaba disuelto y se proclamaba la república mientras que la nobleza quedaba relegada a un segundo plano. Todo el poder quedaba concentrado en
la persona de Cromweil

(2) Con el estallido de la revolución inglesa capitaneada por CromweII y el consiguiente ajusticiamiento del monarca inglés, Carlos I, se inició el destierro de su hijo y sucesor, Carlos II, en diferentes países europeos, el cual, lejos de resignarse, buscó con la ayuda de sus consejeros, alianzas y respaldos traducidos en hombres y dinero, como medio de intentar la recuperación del trono, alentado por la existencia segura de un partido realista que le aguardaba en Inglaterra.

El exilio de Carlos II se vio profundamente mediatizado por los hilos de la diplomacia internacional en cuyo entramado concurrían de forma preeminente, la Francia de Mazarino, la nueva potencia inglesa encabezada por CromweII en busca de un espacio importante en el concierto europeo y la Monarquía Hispánica cuya delicada situación política y económica a nadie se ocultaba. Precisamente, Felipe IV, se convirtió en el anfitrión de Carlos II en los años inmediatamente anteriores a la Restauración de la Monarquía inglesa, ocurrida en 1660.

Inicialmente y tras la subida al poder de Cromwell, Carlos, Príncipe de Gales, se instaló en La Haya donde los Estados Generales le trataron con respeto aunque, en medio de ciertas reservas. Posteriormente, y a pesar de la oposición de sus más hábiles consejeros, se instaló en Saint-Germain, con la excusa de visitar a su madre, la princesa Enriqueta María de Francia. La presencia del Príncipe en Francia comprometía seriamente la política amistosa que Mazarino trataba de desplegar respecto a la república inglesa, por lo que decidió trasladarse a Jersey, estado del que aún se consideraba en posesión. De allí pasó a Escocia donde un grupo de monárquicos, preparaba una rebelión mientras el Príncipe de Gales era proclamado rey con el nombre de Carlos II, tras haber firmado el Covenant. Sin embargo, la sucesivas derrotas en Durbar y Worcester, brindaron el triunfo a CromweII por lo que el rey inglés regresó nuevamente a Francia.

La Monarquía Hispánica se apresuró, entonces, por medio de su embajador don Alonso de Cárdenas, a reconocer a la nueva República de Inglaterra lo que propició el envío, por parte de CromweII, de un representante diplomático, don Antonio Ascham, quien caía asesinado en Madrid, junto con su secretario, por un grupo de ingleses realistas. Aunque el gobierno se esforzó por probar su inocencia en tan lamentable suceso, las relaciones se hicieron cada vez más tensas.

Además, CromweII, a cambio de su acercamiento a la Corona hispana, demandaba tolerancia religiosa para los ingleses residentes en España y admisión de los comerciantes británicos en el comercio colonial español. Concretamente, respecto al primer punto, la Inquisición se negó a propiciar la tolerancia y éste fue uno de los motivos que inclinaron al Protector hacia el bando francés.

En 1655 estallaron las hostilidades entre España e Inglaterra ensombreciendo gravemente el panorama en los Países Bajos donde aliados franceses e ingleses se disponían a actuar de forma conjunta en vísperas
de producirse el relevo en el gobierno de Flandes entre el archiduque Leopoldo y don Juan de Austria, hijo bastardo de Felipe IV.

Carlos II, dado el acercamiento entre Francia y el Protector, se trasladó a Brujas, solicitando asilo y ayuda de España como medio de impulsar la colaboración de sus parciales, tanto de los residentes en Inglaterra como de los dispersos por el continente.

Tras los primeros titubeos y vacilaciones, el gobierno de Madrid se avino a firmar un tratado con el monarca inglés, el 12 de abril de 1656.

(3) Carlos II, instalado en Brujas, recabó el concurso en Flandes, de los irlandeses que se encontraban sirviendo en el ejército francés y solicitó asilo para su hermano, el duque de York. Esta iniciativa encontró el beneplácito de Madrid ya que en novembre de 1656, llegaba a Flandes el hermano del monarca inglés, al que la generosidad de don Juan de Austria, proporcionó una jugosa pensión de mil quinientos escudos mensuales lo que propició las reprimendas del Consejo de Madrid, hacia el bastardo.

(4) Las cláusulas de este tratado en A.H.N., Estado, leg. 2.778, fol. 12.

(5) A.G.S., Estado, leg. 2.093. Carta de don Juan, de 1 de junio de 1657.

domingo, 24 de enero de 2010

LA FAMILIA DEL REY, LOS HERMANOS DE CARLOS II: DON JUAN JOSÉ DE AUSTRIA, BASTARDO REAL Y MESÍAS DEL PUEBLO (PARTE V)


Grabado en el que se representa a don Juan José de Austria con las riendas de sus diversos gobiernos (1657). Biblioteca Nacional de España.


El 4 de marzo de 1656, don Juan partió del puerto de Barcelona con dos galeras, la denominada San Juan (donde iba él embarcado) y la Santa Ágata. Tras un complicado viaje durante el cual tuvieron que enfrentarse con unos piratas berberiscos, el día 13 llegaron a Cerdeña, prosiguieron luego hacia Génova y después a Milán donde don Juan recogió al Marqués de Caracena, gobernador de aquel Estado, para llevarlo consigo a Flandes como gobernador de las Armas en lugar del Conde de Fuensaldaña (1), que había servido el puesto hasta entonces al lado del archiduque Leopoldo Guillermo (2), anterior gobernador de los Países Bajos Españoles.

Por fin, don Juan llegó a Colonia, y el 11 de mayo se encontró cerca de Lovaina con el archiduque Leopoldo Guillermo. Ambos almorzaron juntos y mantuvieron una serie de conferencias, tras las cuales el archiduque se dirigió a Lieja y don Juan a Lovaina, donde fue recibido por el Príncipe de Condè (3), el Conde de Fuensaldaña y el Príncipe de Ligne (4). Condè lo agasajó con un esplendido banquete. Al día siguiente don Juan llegó a Bruselas, siendo muy bien recibido por el pueblo, que volvía a ver como una persona de sangre real se hacía con el gobierno de su país (5).

Parece ser que muy pronto se produjo una entrevista entre don Juan y el futuro Carlos II de Inglaterra, que desde mediados del mes de marzo se encontraba en Brujas como huésped de Felipe IV en espera de conseguir la caída del gobierno del Lord Protector Cromwell, entonces instalado en el poder, y así lograr la Restauración Monárquica en suelo británico.

Don Juan llegó a Flandes provisto de unas instrucciones muy claras y concretas respecto de lo que se esperaba de su actuación político-militar en su nuevo destino (6):

* En primer lugar se le encomendó el cuidado de la Religión Católica, mediante la propuesta de las personas más idóneas para ocupar los puestos que fueran vacando en Obispados, Arzobispados, Abadías, etc.

* Observancia de la justicia para lo cual contaba con todas las asistencias necesarias en cuanto a tribunales, ministros, etc, y cuidar también de la justicia en el ámbito militar, castigando los malos usos y abusos de los soldados.

* En materia económica, se le ordenó la formación de una Junta de Hacienda que se encargara de las cuentas de aquellas provincias.

* En materia militar se le ordena la reforma del Ejército: "reformar el ejército reduciéndolo a términos que pueda caber en la estrecheza del País...Y así os mando y encargo que procureis con sumo cuidado excusar la multiplicidad de oficios y oficiales y ejecutar las últimas órdenes que se enviaren sobre la reformación del ejército..." (7).

* Por último, se le participaba a don Juan la situacón de Flandes respecto a los países vecinos:

1. Con Francia existía guerra abierta.

2. Con Inglaterra se daban igualmente hostilidades, tanto en las Indias como en Europa. Respecto a la delicada situación del futuro rey inglés, Carlos II, refugiado en Flandes, don Juan recibió un encargo muy especial y que iba a ocupar una parte importante en su política diplomática, durante su estancia en los Países Bajos: "...y estareis advertido de que en nombre del Rey desposeído me han hecho algunas proposiciones para entrar en tratado y siendo punta tan importante, procurar en todo eso introducir en el Reino de Inglaterra alguna división, estareis atentísimo a lograr las ocasiones que os presentaren para conseguir este intento, anteponiéndole a cualquier otras grandes conveniencias por consistir en esto la seguridad de las Indias el frecuente comercio de estos y aquellos Reinos, que es de la utilidad e interés que sabeis y lo mucho que importa el franquearle para las asistencias de todas partes" (8).

3. Con Holanda existía una buena paz, por lo que convenía mantenerles cuanto se les hubiera ofrecido en ella.

4. Con Dinamarca existían lazos amistosos.

5. Respecto a las ciudades hanseáticas, se recordaban los tratados antiguos de comercio, ratificados en la Paz de Münster.

6. En cambio se pedía a don Juan mucha prudencia en las relaciones con Suecia, debido a la potencia que esta nación estaba adquiriendo.

Pronto se percató don Juan de que uno de los problemas más importantes por los que atravesaban las provincias flamencas era el económico, debido, por una parte, a la misma situación de inestabilidad y caos que creaban las continuas hostilidades y, por otra, a las dificultades existentes para la llegada de ayuda desde los demás reinos (sobre todo de Castilla). Por todo ello, don Juan se decidió a solicitar del Rey, su padre, el envío de un "poder" análogo al recibido por el archiduque Leopoldo en el verano de 1647, que le permitiera vender, empeñar o hipotecar los dominios y otras rentas ordinarias y extraordinarias de Su Magestad en el caso de que las remesas de dinero destinadas a sufragar los gastos de Flandes no llegaran o lo hicieran tardíamente. Felipe IV accedió a enviarle dicho "poder" (8), lo que proporcionó, de momento, un cierto respiro al bastardo.
Tras llegar a Bruselas, don Juan se informó de la situacón bélica de Flandes, puesto que la campaña ya se aproximaba. De hecho, llegaron noticias de que los enemigos empezaban a concentrarse en las plazas de armas.
Antes de iniciar la campaña, se hizo un cómputo sobre las diversas necesidades que existían, las cuales eran muy grandes, sobre todo en el terreno económico, lo que hacía de los donativos de las diversas provincias la principal fuente de ingresos.
Don Juan tras reunir en una Junta de guerra a los principales cabos de su ejército, es decir, el Príncipe de Condè, el Marqués de Caracena, el Príncipe de Ligne, el Conde de Marsín y don Fernando de Solís, les propuso lanzarse al socorro de la plaza de Valenciennes. La situación de la plaza era de gran peligro, debido a la poca pólvora existente en ella. Por otro lado, la guarnición era muy escasa, tan solo 1.000 infantes y 200 caballos, en medio de una abundante población burguesa, de cuya actitud se recelaba. La principal ventaja con la que se contaba, en cambio, era la mala comunicación del enemigo, cuyas fuerzas estaban comandadas por los mariscales Turenne y De la Fertè.
El ejército de don Juan se atrincheró a una legua del enemigo. Se dispusieron cuatro ataques:
· La infantería española e irlandesa, comandada por don Juan y el Marqués de Caracena.
· Las "naciones" a cargo del Príncipe de Ligne, general de la caballería.
· Las tropas de Condè con él mismoy el Duque de Wuttemberg.
· Las fuerzas nuevas, al frente de las cuales estaría el Conde de Marsín.
Por fin, el 15 de julio por la noche se emprendió la acción. Al amanecer, el ejército del mariscal De la Ferté estaba desmantelado y éste hecho prisionero. Más tarde se avanzó hacia el cuartel de Turenne, pero éste había tenido tiempo de retirarse.
El enemigo dejó abandonado abundante armamento en sus líneas y además, se tomaron numerosas cartas de la correspondencia entre los generales franceses y su Corte, lo que permitió conocer el alcance de sus fuerzas.
El triunfo de Valenciennes contribuyó enormemente a elevar la moral de los tercios en Flandes: "produjo en Europa uno de aquellos estremecimientos que solía dar España en tiempos más afortunados".

A comienzos del mes de agosto don Juan se lanzó a sitiar la plaza de Condè, la cual aunque muy poblada, tenía importantes problemas de abastecimiento. Tras un breve asedio, la plaza se rindió el 18 de agosto.

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Fuentes principales:
* Castillo Soto, Josefina. Don Juan José de Austria (hijo bastardo de Felipe IV) : su labor política y militar. Universidad Nacional de Educación a Distancia, 1991.
* Ruiz Rodríguez, Ignacio. Don Juan José de Austria en la monarquía hispánica : entre la política, el poder y la intriga. Dykinson, S.L. - Libros, 2008.


(1) Alonso Pérez de Vivero y Menchaca (Valladolid, h. 1603 - Cambrai, 21 de noviembre de 1661), VII vizconde de Altamira y III conde de Fuensaldaña.

Cabeza de familia titulada desde los 12 años por la muerte de su padre, Juan de Vivero y Luna, II conde de Fuensaldaña en 1616. Casó pronto con doña Blanca Enríquez de Gúzman, hija de los VII Condes de Alba de Liste. En 1632 partió para Flandes donde ejerció como capitán de un tercio.

En febrero de 1635 fue nombrado castellano de Cambrai, donde su tercio quedó de guarnición. En abril de 1640 fue promovido al generalato de la Artillería de la frontera de Francia. Luego fue general de la Caballería de la frontera de Holanda y maestro de campo general de dicho ejército (1643), siendo transferido en 1644, con el mismo empleo, al de la frontera de Francia, que retuvo hasta 1646, en que designado como gobernador de las Armas del Ejército de Extremadura que luchaba contra los rebeldes portugueses, donde permaneció poco tiempo.

El 3 de marzo de 1648 desembarcaba en Ostende para servir los cargos de gobernador general de las Armas del Ejército de Flandes, a las órdenes del gobernador general, al archiduque Leopoldo Guillermo de Austria (primo de Felipe IV), junto con la superintendencia de la Hacienda. Aunque derrotado por Condè en la primera campaña, cuando acudió al socorro de Lens, desde 1649 logró reconquistar casi todo el territorio perdido desde la batalla de Rocroi de 1643. No obstante, esta racha de victorias se frenaría ante los muros de Arrás de 1654.

Sus fricciones con el archiduque Leopoldo Guillermo, intensificadas desde 1655, forzaron la dimisión de éste, asumiendo el gobierno interino de estos Estados hasta la llegada de don Juan José de Austria, después de lo cual quedó como adjunto del nuevo gobernador general, mientras que el Príncipe de Condè (que servía a España desde 1652) pasaba a desempeñar el gobierno de las Armas.

En 1656 fue designado para el virreinato de Sicilia a la par que el Conde de Oñate lo era para Milán, per la muerte de éste último obligó a Fuensaldaña a trasladarse al Milanesado. Tras la Paz de los Pirineos y la vuelta de don Juan a España, Felipe IV le nombró gobernador general de los Países Bajos. No obstante, debía debía desempeñar primero una misión diplomática en París, donde permaneció más de un año. Cuando se dirigía a Bruselas para ocupar su cargo, enfermó de camino y se retiró a Cambrai, donde murió.

(2) Leopoldo Guillermo de Austria (Wiener Neustadt, 5 de enero de 1614 – Viena, 20 de noviembre de 1662). Era hijo del emperador Fernando II y de María Ana de Baviera, era por tanto, hermano del emperador Fernando III.

Pronto fue designado para la carrera eclesiástica. Fue obispo de Passau (1625), Estrasburgo (1626) y Halberstadt (1628) pero, como su primo el cardenal-infante don Fernando (hermano de Felipe IV y, por tanto, tío de Carlos II), hubo de abandonarla para hacerse cargo de los ejércitos de su hermano el emperador cuando el general sueco Banner, tras tomar Torgau y Neuburgo (Sajonia), ingresó en Bohemia y amenzó Praga.

Combatió con éxito en Turingia, Sajonia y el Palatinado, pero tras la derrota de Breintenfeld, que combatió con Piccolomini (1642) abandonó su cargo, aunque volvió en 1645 para expulsar a los suecos de Franconia.

En 1648 fue nombrado gobernador general de los Países Bajos Españoles por su primo Felipe IV, y en ese mismo año recuperó la plaza de Lens para después ser derrotado por Condè en sus alrededores. Per en 1649-1650 llevó la guerra al interior de Francia y en 1652 ya había restaurado la autoridad real y expulsado a los franceses de Flandes, Artois y Hainaut, salvo Arrás, ante la que fracasó en 1654. El ascendiente de Condè, al servicio de España desde 1652, a quien el país quería como capitán general, y los enfrentamientos con el Conde de Fuensaldaña, le movieron a retirarse del cargo y de la política en 1655, refugiándose en el obispado de Breslau hasta su muerte.

No obstante su actividad militar, política y religiosa, el archiduque es quizás más recordado por su riquísimas colección pictórica, numerosas veces llevada al lienzo por David Teniers, La famosa pinacoteca del Kunsthistorischen Museum tiene su origen en la colección del archiduque-obispo.

(3) El Príncipe de Condé se había pasado al servicio de Felipe IV, el 25 de noviembre de 1652, siendo nombrado "Generalísimo del Ejército de Flandes". Se le concedió su petición de libertad al duque de Guisa, el que fuera apresado en Nápoles, así como todo lo que conquistase "por su cuenta" en Francia, a tres leguas de la frontera flamenca. Aunque mantuvo su fidelidad al Rey de España durante las campañas en Flandes, pasados los años, cuando Luis XIV declaró la guerra a Carlos II, Condé tomó de nuevo las armas, en contra de sus antiguos aliados.

(4) Claude Lamoral (Beloeil, 8 de octubre de 1618 — Madrid, 21 de diciembre de 1679), III príncipe de Ligne, príncipe del Sacro Imperio Romano, príncipe de Epinoy, marqués de Roubaix, conde de Fauquemberg, Grande de España y caballero del Toisón de Oro. Sirvió a Felipe IV y a Carlos II, fue capitán general de la Caballería española de Flandes, además de virrey de Sicilia, gobernador de Milán y embajador de España en Inglaterra.

(5) "Fué constante propósito de los Monarcas españoles, desde Felipe II, que gobernaran aquellos Estados personas de sangre real, verificándose este propósito en cuantas ocasiones fué posible, y cuando no lo fueron, se tuvo siempre especial cuidado en enviar allí por Gobernadores generales aquellos personajes que se suponían con singulares dotes para desempeñar aquel elevado y difícil cargo". F. van Kalken, "La fin du régime espagnol aux Pays Bas".

Así ocuparon este puesto: Margarita de Austria (1516-1530), María de Hungría (1531-1555), Manuel Filiberto de Saboya (1555-1559), Margarita de Parma (1559-1567), don Juan de Austria (1576-1578), el archiduque Ernesto de Austria (1594-1595), el cardenal-archiduque Alberto de Austria y su esposa, la infanta Isabel Clara Eugenia en calidad de soberanos (1598-1621). Tras la muerte del archiduque, la infanta Isabel Clara Eugenia gobernó en nombre de su sobrino Felipe IV de 1621 a 1633; el cardenal-infante don Fernando lo hizo de 1634 a 1641, el archiduque Leopoldo Guillermo de 1648 a 1656, don Juan José de Austria de 1656 a 1659, Alejandro Eduardo Farnesio de 1678 a 1682, mientras que el duque elector de Baviera Maximiliano Manuel lo hizo de 1692 a 1702 y de 1704 a 1706.

(6) A.H.N., Estado, leg. 1.414. Instrucción reservada, dada a Don Juan para el Gobierno de los Países Bajos, 26 de marzo de 1656.

(7) A.H.N., Estado, leg. 1.414.

(8) A.G.S., Estado, leg. 2.197. "Poder" otorgado a don Juan, fechado en Madrid, el 11 de julio de 1656.

viernes, 22 de enero de 2010

LA FAMILIA DEL REY, LOS HERMANOS DE CARLOS II: DON JUAN JOSÉ DE AUSTRIA, BASTARDO REAL Y MESÍAS DEL PUEBLO (PARTE IV)


Asedio de Barcelona por parte de don Juan José de Austria, obra de Pandolfo Reschi (Galleria Corsini, Florencia)


En previsión de los futuros acontecimientos y a la vista de los sucesos presentes, ya el 5 de mayo de 1652, Felipe IV envió una autorización para que su hijo pudiera ofrecer un perdón general a los catalanes rebeldes.
El 27 de septiembre, los conselleres se entrevistaron con el virrey francés, La Mothe para proponerle la necesidad de establecer un pacto con don Juan. En el Llibre de Delliberaçions del Consell del Cent constan los 34 capítulos expuestos por la ciudad de Barcelona, base inicial de las negociaciones de paz, y que de forma resumida exponían:
* Confirmación de los fueros de Barcelona y del Principado.
* Ratificación del Conseller sexto del Consell de Cent(creado por el rey francés) (1).
* Garantía de que los alojamientos de tropas en Cataluña se realizarían según las constituciones del Principado.
* Renuncia de la Corona al cobro de los quintos.
En una carta escrita por don Juan a la ciudad de Barcelona y leída en el Consejo de Ciento el 9 de octubre de 1652, se concedía, de forma oficiosa, el perdón. Oficialmente, sin embargo, la proclama del perdón concedido a la ciudad de Barcelona llegó el 11 de octubre (2). El 12 de octubre, don Juan y el mariscal francés de La Mothe ajustaron las pertinentes capitulaciones (3), mientras que el Conseller en Cap de Barcelona presta la obediencia de la Ciudad a Don Juan de Austria en nombre de su padre.
A pesar de que por una plenipotencia recibida de Felipe IV, don Juan podía capitular con Barcelona en los términos que estimase convenientes, el bastardo real no quiso dar garantías formales por escrito a la ciudad y el Principado. El Consejo de Ciento solo obtuvo de él promesas un tanto inconcretas por las que se comprometía en este sentido ante el Rey, en favor de Barcelona. Pese a lo cual, el Consejo de Ciento, que no tenía otra alternativa razonable, decidió aceptarlas y volver a la soberanía de Felipe IV. En estas, negociaciones don Juan quiso, sin duda, agradar a los catalanes, y sabía bien lo que significaban los fueron para el Principado, pero según Sánchez-Marcos, buscaba aún más agradar a la Corte (4). La decisión final del Rey, de 3 de enero de 1653, confirmaba las "preeminencias, privilegios y constituciones" que gozaba y poseía Barcelona antes de las "alteraciones" de 1640, pero con importantes aunque no numerosas salvedades, siguiendo básicamente las recomendaciones del Consejo de Aragón. Así, Felipe IV se reservaba el absoluto control de las insaculaciones para la elección de los miembros del Consejo de Ciento, al igual que las insaculaciones para los cargos de la Diputaciò.
El 28 de enero de 1653, don Juan fue nombrado como nuevo virrey del Principado, si bien desde su entrada en Barcelona, el 13 de octubre del año anterior, venía actuando como tal. Hábilmente, don Juan se empleó en agradar y cuidar a la burguesía, borrando los amargos recuerdos de la larga y sangrienta guerra civil.
Necesitado de tropas y de dinero, don Juan convocó las Cortes Catalanas el 31 de marzo ante la protesta de la ciudad de Barcelona que requería para dicha convocatoria la presencia del Rey. El fin fundamental de esta convocatoria era el de tratar de institucionalizar la ayuda que el Principado debía proporcionar a don Juan para la guerra axistente aún con Francia. Otro problema era el de los alojamientos del ejército del Rey en Cataluña. Las cortes terminaron, sin clausura formal, en agosto del mismo año, bloqueadas por las divergencias entre don Juan y el Brazo Real respecto a las condiciones para la concesión de un subsidio (500.000 libras anuales durante tres años) que don Juan había solicitado.
Sin embargo, estas cortes tuvieron una gran importancia ya que supusieron un intento de solucionar por la vía constitucional y en un clima de diálogo el viejo y espinoso problema de la contribución de Cataluña a los gastos del ejércitos y del alojamiento de los soldados, que había sido el principal motivo del levantamiento de 1640. Además, se llegó a acordar un sistema de recaudación del subsidio innovador e inspirado en un deseo de equidad: 480.000, de las 500.000 libras se recaudarían por tasas, pagando este impuesto incluso militares y eclesiásticos.
Contando con una superioridad militar y la cooperación de los catalanes francófilos, los franceses mantuvieron en jaque a los ejércitos hispánicos en Cataluña. Sin embargo, don Juan obtuvo un relativo éxito en sus esfuerzos defensivos y contuvo por lo general a los franceses en el norte de Cataluña.
En la lucha contra Francia don Juan contó con la colaboración de los catalanes de la mayor parte del Principado. La cooperación de Barcelona resultó decisiva, no solo por su magnitud, sino por el estímulo que supuso para las otras ciudades.
A comienzos de 1653, lo galos desarrollaron una amplia ofensiva que les llevó a ocupar Castellón de Ampurias y Figueras, extendiéndose por el norte de Cataluña. En el verano de ese mismo año sitiaron Gerona. Los franceses asaltaron la ciudad sucesivamente el 12, 13 y 20 de agosto, defendiéndose sus naturales de forma valerosa. El 15 de septiembre salieron de Barcelona don Juan, varios títulos y señores, los cabos del ejército, el cual constaba de unos 5.300 infantes y 1.800 caballos. El choque fue reñido y sangriento, pero el bastardo se alzó finalmente con la victoria.
En 1654, la campaña fue más favorable a los franceses, quienes en sus conquistas fueron descendiendo peligrosamente hacia el sur al mando del Príncipe de Conti, hermano de Condè. En el verano los franceses ocuparon Villafranca. En octubre invadieron la Cerdaña y entraron en la Seo de Urgel. Ocuparon igualmente Camprodón, Ripoll, Olot, Bagá y Berga. A mediados de noviembre, irrumpieron en Vic pero no lograron ocupar la ciudad.
Este aciago panorama llevó a don Juan a pensar incluso en la posibilidad de ser relevado del gobierno de Cataluña:
"Y con esta ocasión insinúa el señor don Juan no será justo que pueda ser testigo de los efectos de los daños que aquello amenaza, poniendo en consideración será conveniente al Real servicio de V. Mg, poner en su lugar quien con mayores experiencias y talento, dé cobro de aquellos negocios" (5).
El Consejo negó la licencia que solicitaba el bastardo. En el otoño y a la vista de los aconteciminetos, don Juan se trasladó a Vic. En la campaña de 1655, los franceses continuaron llevando la iniciativa, aunque los españoles demostraron mayor capacidad ofensiva. El problema por el lado hispano continuaba siendo la falta de dinero y hombres. En octubre, don Juan obtuvo una brillante victoria, logrando la recuperación de Berga y la realización de un elevado número de prisioneros. El 8 de diciembre, el bastardo repitió el éxito militar en Solsona, tras el cual lanzó una importante represión contra la ciudad (6).
Así culminaba la participación militar de don Juan en Cataluña antes de su partida hacia los Países Bajos. No obstante, la guerra en la frontera pirenaica continuó hasta la firma de la Paz de los Pirineos en 1659.
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Fuentes principales:
* Castillo Soto, Josefina. Don Juan José de Austria (hijo bastardo de Felipe IV) : su labor política y militar. Universidad Nacional de Educación a Distancia, 1991.
* Ruiz Rodríguez, Ignacio. Don Juan José de Austria en la monarquía hispánica : entre la política, el poder y la intriga. Dykinson, S.L. - Libros, 2008.
* Sánchez Marcos, Fernando. Cataluña y el Gobierno central tras la Guerra de los Segadores, 1652-1679 : el papel de don Juan de Austria en las relaciones entre Cataluña y el Gobierno central, 1652-1679. Barcelona, 1983.
(1) El Consejo de Ciento oConsell de Cent era unainstitución medieval de gobierno de la ciudad de Barcelona.
(2) B.N.M., Mss., 18.655, exp. 85. Proclama de perdón concedido a Barcelona de 9 de octubre de 1652.
(3) B.N.M., Mss., 18.718, exp. 110; Ibídem, Mss., 2.383, fols. 210-211. Capitulaciones concedidas por don Juan de Austria al Mariscal de La Mothe, el 12 de octubre de 1652.
(4) Sánchez-Marcos, Fernando: Cataluña y el Gobierno central tras la Guerra de los Segadores, 1652-1679: el papel de don Juan de Austria en las relaciones entre Cataluña y el Gobierno central, 1652-1679.Barcelona, 1983.
(5) A.G.S., Estado, leg. 2.672. Consulta del Consejo de 31 de marzo de 1655.
(6) "Entregose Solsona al señor don Juan a merced, día de la Concepción, y aunque procuró evitar el saco, habiéndose recogido los ciudadanos en la iglesia, no dejaron en las casas cosas de valor la soldadesca desmandada. Prendió luego algunos de los principales por traidores al Rey; echó el presidio, y tras él un bando quitándole a aquel lugar el título de ciudad, y todas las preminencias y honores que tenía".

miércoles, 20 de enero de 2010

AUSENTE POR UNOS DÍAS

DEBIDO A CIRCUNSTANCIAS DE TRABAJO NO PODRÉ ESCRIBIR POR UNOS DÍAS, ESPERO VOLVER CON LA BIOGRAFÍA DE DON JUAN JOSÉ DE AUSTRIA LO ANTES UN POSIBLE.

UN SALUDO PARA TODOS LOS QUE ME LEEN.

CAROVS II

sábado, 16 de enero de 2010

LA FAMILIA DEL REY, LOS HERMANOS DE CARLOS II: DON JUAN JOSÉ DE AUSTRIA, BASTARDO REAL Y MESÍAS DEL PUEBLO (PARTE III)

Busto de don Juan José de Austria en mármol por Francisco Dieussart. Museo Cerralbo de Madrid.

Al hacerse cargo del virreinato siciliano, don Juan tenía una orden real prioritaria: la recuperación de las plazas de Porto Longone y Piombino (1), conquistadas por Francia en 1646. Por ello, el Conde de Oñate recibió las oportunas órdenes para preparar todo aquello que considerara conveniente, mientras que el Marqués de Caracena (2) enviaría auxilios desde Milán. Por su parte, don Juan se encargaría del apresto de la Armada.

Desde Madrid empezaron a divulgarse falsos rumores para hacer creer que la Armada que se preparaba estaba destinada a intervenir en Cataluña. Don Juan, naturalmente, hizo suya dicha estrategia para lograr los efectos deseados y despistar en lo posible a los franceses en ambos frentes (Cataluña y Toscana). Por otro lado, las fuerzas hispanas poseían cumplida información sobre la situación en hombres y pertrechos de Porto Longone y Piombino, a la vista de las cuales se preparó una relación detallada, conteniendo las ayudas necesarias para la expugnación de las plazas, así como la estrategia a seguir.

El Rey envió a don Juan un despacho en el que nombraba Teniente a Su Alteza, en el cargo de Gobernador de todas las Armas Marítimas, del conde de Oñate. Estas decisiones exasperaban enormemente al bastardo real, cuya ambición, deseo de gloria y su juventud, le llevaban a desear ardientemente ser cabeza visible de los acontecimientos en que participaba. De ahí las quejas que no dudó a representar con don Luis de Haro:

"Dígame por amor de Dios (...) qué lugar tengo yo en esta facción, porque no veo otra ocupación sino de convoyar al conde de Oñate, a quien hace S.M. dueño absoluto, confieso a V.E. que ha sido esta mortificación de mi aliento y que mientras viva, no se me borrará del corazón el concepto en que mi desdicha me ha puesto" (3).

A pesar de todos los preparativos, llegaron noticias de Madrid con la orden de posponer la empresa de Toscana, ya que el conde de Oñate había tenido que enviar la mayor parte de la infantería a España, concretamente a Cataluña, para intervenir en la ofensiva contra los franceses. Afortunadamente para el bando español, cuando la Paz de Westfalia les privó de sus aliados holandeses y la Fronda empezó a preocuparles en el interior, Cataluña dejó de figurar destacadamente en los cálculos de Francia (4).

Entretanto, la espera hacía difícil el mantenimiento de la Armada en Sicilia, dada la mala situación de la isla. Don Juan recibió órdenes de utilizar la cosecha para el sustento de la Armada. Incluso en el otoño, se recurrió a la venta de oficios y de algunas ciudades, como medio para atender a la carena de los bajeles de la Armada.

A finales de año, a la difícil situación económica de la isla se unió la crisis política producida por la preparación de una conjura en Palermo. Don Juan abandonó Mesina dirigiéndose a la ciudad objeto de los alborotos, donde permaneció desde el 11 de diciembre hasta el 23 de marzo de 1650, dedicado a sofocar la sublevación.

Una vez pacificada Palermo, por fin, en la primavera de 1650, pudo acometerse la empresa de Porto Longone y Piombino: el 11 de mayo partía don Juan de Sicilia con seis galeras, cinco de Sicilia y la Real, además de ocho navíos de la Armada. Dos días después se llegaba a Lípari, donde las malas condiciones climatológicas y marítimas, obligaban a deternerse. Por otra parte, también navegaba el conde de Oñate con la Armada aprestada en Nápoles. Ambos se encontraron en Gaeta.

"Domingo 22, fue el Conde de Oñate a Orbitelo a la disposición de los cestones, faginas y escalas que se hacían en aquella plaza para la ocasión" (5). Entretanto, se había producido la llegada de más navíos que habían quedado en Mesina, preparándose para la acción. El 24 estaba reunida toda la Armada, y el 25 avistaron Piombino y Porto Longone. Los ataques a ambas plazas fueron simultáneos. Piombino fue la primera en rendirse (19 de junio). A partir de entonces todos los esfuerzos se concentraron en Porto Longone. A medida que avanzaba el mes de julio se fueron recrudeciendo los ataques, lo cual, sumado al convencimiento por parte de los sitiados de la imposibilidad de ser socorridos, pronto llevaría a la victoria de los ejércitos hispanos.

El 31 de julio se firmaron y ratificaron las capitulaciones por ambas partes. El 15 de agosto, don Juan, vestido con sus mejores galas, se dispuso a contemplar la salida de los sitiados y la entrada de las armas del Rey Católico. Inmediatamente después, don Juan se embarcó de regresó para Sicilia, haciendo su entrada triunfal en Palermo el 28 de agosto.

Instalado de nuevo en la isla, don Juan se vio de nuevo enfrentado a toda la problemática de la misma. Desde el punto de vista político, se empeñó en centralizar cada vez más el poder, arrebatando a los sicilianos las concesiones hechas durante los tumultos. Por otra parte, desde el punto de vista económico, la estrechez en la hacienda siciliana obligó a don Juan a imponer algunos arbitrios que lograron recaudar numerario para las arcas isleñas. A este fin, propuso un decreto de reducción de efectos enajenados, en beneficio de la Real Hacienda.

Desde el punto de vista militar, y en contradicción con la órdenes recibidas al incorporarse como virrey de Sicilia, don Juan, siguiendo el mandato llegado expresamente de Madrid, procuró aumentar las fuerzas militares de Sicilia. Sin embargo, al menos bajo el virreinato de don Juan, todos estos proyectos quedaron en meros bocetos que no acabaron nunca de ver la luz, primero porque la estancia del bastardo en la isla solo se demoró unos pocos meses más y segundo, porque, en realidad, el Reino carecía de medios suficientes para llevar a buen término proyectos en los que fuera necesaria la inversión de capital, apenas existente en la isla.





Busto en bronce de don Juan José de Austria por Juan Melchor Pérez (1648). Museo del Prado de Madrid.

El Rey envió un despacho a don Juan en el que le ordenaba salir de Siciliana para integrarse en la lucha por la recuperación de Cataluña:

"...me ha parecido que no estaréis bien ocioso en parte tan remota como Sicilia, y que será más propio de vuestra persona y obligaciones, continuar los generosos pensamientos que siempre habéis mostrado de adquirir gloria militar en el mundo, como diversas veces me los habéis hecho entender..." (6)

Estas órdenes no solo no disgustaron a don Juan, sino que era algo que esperaba y deseaba desde hacía tiempo:

"Apruebo mucho la gran prudencia y acierto de V.A., en suplicar a S.M. se sirva de no detener a V.A. en el gobierno político de Sicilia, sino permitir que se emplee su persona en ocasiones vivas de guerra" (7).

El 11 de julio de 1652 tuvo lugar la llegada la llegada de don Juan al Principado de Cataluña. En Tarragona se produjo su encuentro con el Marqués de Mortara, virrey de aquel territorio, y ambos se plantearon la posibilidad de poner sitio a Barcelona. El momento era, sin duda, el más idóneo: en 1648, la Paz de Westfalia había supuesto el fin de la guerra contra las Provincias Unidas; entre 1648 y 1652, se había abandonado prácticamente el frente portugués, concentrando todos los esfuerzos en Cataluña; la Fronda, a partir de 1648, había impedido a las fuerzas francesas una actuación decidida en el Pincipado; pero, sobre todo, fue la situación de guerra civil interna en Cataluña entre los defensores de la anexión a Francia y los españolistas a ultranza, lo que contribuyó a propiciar más la ofensiva.

Entre agosto y octubre de 1651, las tropas de don Juan fueron estrechando el cerco a Barcelona. Pasado el invierno, durante la primavera de 1652, la resistencia de la ciudad se fue haciendo insostenible. El ejército, sin embargo, se consideraba insuficiente para efectuar el asalto final a la ciudad. Así pues, el impedir la entrada de hombres y víveres a Barcelona se convirtió en el principal objetivo militar. Los intentos franceses por romper el cerco fracasaban una y otra vez, por lo que la ciudad moría víctima del hambre. A finales del verano de 1652, se adivinaba ya la rendición de la ciudad.

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Fuentes principales:

* Castillo Soto, Josefina. Don Juan José de Austria (hijo bastardo de Felipe IV) : su labor política y militar. Universidad Nacional de Educación a Distancia, 1991.

* Ruiz Rodríguez, Ignacio. Don Juan José de Austria en la monarquía hispánica : entre la política, el poder y la intriga. Dykinson, S.L. - Libros, 2008.

* Sánchez Marcos, Fernando. Cataluña y el Gobierno central tras la Guerra de los Segadores, 1652-1679 : el papel de don Juan de Austria en las relaciones entre Cataluña y el Gobierno central, 1652-1679. Barcelona, 1983.

(1) Porto Longone y Piombino formaban parte de los llamados Presidios de Toscana, territorio perteneciente a la Coroña Española cuyo origen se remontaba a inicios del reinado de Felipe II y el fin de la Guerra de Siena.

(2) Luis de Benavides Carrillo de Toledo (Valencia, 1608- Madrid, 1668), III marqués de Caracena, V de Fromista, III conde Pinto, etc. Fue uno de los militares españoles más destacados del reinado de Felipe IV. Caracena inició su carrera militar en Italia, para después ser enviado a los Países Bajos bajo el mando del Marqués de Aytona. Em 1635 Felipe IV le nombra miembro del Consejo de Guerra y de nuevo es enviado al Milanesado, interviniendo en las guerras contra Francia, Saboya y Parma a las órdenes del Marqués de Leganés, que le nombró maestre de campo. Fue herido gravemente durante el asedio de Casale. Durante esta segunda estancia en Italia es también nombrado Gobernador de la Caballería.

El 12 de diciembre 1644 es patentado como Capitán General de la caballería Ligera de los ejércitos de Flandes en sustitución del Duque de Alburquerque. El 1 de enero de 1646 en nombrado Maestre de Campo General de los ejércitos de Flandes y, en marzo de ese mismo año, Secretario de Estado, desempeñando su empleo en la frontera con Francia.

El 8 de septiembre de 1647 es nombrado Gobernador del Milanesado en recompensa a sus méritos en Italia y Flandes. Durante esta nueva estancia italiana contrae matrimonio con doña Catalina Ponce de León. en este período se produce uno de sus mayores éxitos, la conquista de la estratégica fortaleza de Casale en 1652.

El 7 de enero de 1656 se publica su nombramiento como Gobernador de las Armas del Ejército de Flandes, acompañando al nuevo gobernador don Juan de Austria. El 8 de enero de 1659 es nombrado Consejero de Estado por Felipe IV. Tras la derrota de don Juan en la Batalla de las Dunas, Caracena es nombrado Gobernador ad interim. Durante su gobierno supo mantener el orden, hacer frente a la nueva situación creada por la Paz de los Pirineos, mejorar la Hacienda y disminuir los gastos militares.

En 1661, el Rey le nombró Gobernador de Galicia y generalísimo del ejército que allí luchaba En septiembre de 1664, Caracena fue sustituido por el Marqués de Castel Rodrigo. Tras su regreso a España, en febrero de 1665, Felipe IV le nombró Capitán General de la Artillería de España. Después, y tras el fracaso de don Juan José de Austria en Portugal, Caracena fue nombrado en abril Capitán general del ejército y Gobernador de la provincia de Extremadura. Sin embargo, sufrió la sonada derrota de Villaviciosa que le valió un verdadero aluvión de críticas.

A finales de 1667, Caracena volvió a Madrid, fatigado tras tantos años de guerras y fatalidades. Falleció en la Villa Coronada el 6 de enero de 1668.

(3) Carta de don Juan a don Luis de Haro, de 27 de julio de 1649.

(4) J.Lynch, España bajo los Austrias, Barcelona, 1975, vol. II, p.149.

(5) B.N.M., Mss. 2.381, fol. 251. (P. Mota Sarmiento, Diario de lo sucedido al señor don Juan de Austria en la toma de Piombino y Puerto Longón, fols. 250-268.

(6) D. Fabro Bremundan, "Hª. de los hechos del Serenísimo señor don Juan de Austria, en el Principado de Cataluña". Zaragoza 1673, cit. en p. 15.

(7) A.G.S., Estado, leg. 6.112, fol 56. Carta de don Luis de Haro a don Juan, de 10 de junio de 1649.

miércoles, 13 de enero de 2010

LA FAMILIA DEL REY, LOS HERMANOS DE CARLOS II: DON JUAN JOSÉ DE AUSTRIA, BASTARDO REAL Y MESÍAS DEL PUEBLO (PARTE II)


Juan José de Austria por José de Ribera (1648). Palacio Real de Madrid.

El 17 de abril de 1647, Felipe IV había expedido un despacho destinado a su hijo don Juan en el que le ordenaba embarcarse en Cádiz para encaminarse, en principio, a Menorca. Su misión fundamental sería averiguar el estado y disposición de las armas navales francesas. La Armada de don Juan constaba de seis galeras de la escuadra de España, gobernadas por Luis Fernández de Córdoba, gentilhombre de la Cámara de don Juan, 31 bajeles de guerra y 8 de fuego, al mando de don Jéronimo Gómez de Sandoval, Capitán General de la Armada del Mar Oceáno.

Los efectivos embarcados sumaban 3.531 hombres de guerra y 3.427 de mar. Don Juan se embarcó acompañado por una parte de los criados que componían su casa (1).

El día 7 de mayo de 1647 tuvo lugar la partida de la Armada. Llegados a Málaga, debieron aguardar dos días la llegada de los navíos retrasados por causa de los fuertes vientos. En Cartagena tuvieron que detenerse casi por completo durante casi una semana para reparar las naves maltratadas por los temporales. En este puerto, tres galeras de la escuadra de Génova se unieron a la Armada.

Llegaron, entre tanto, despachos reales con noticias sobre la llegada a Barcelona de 18 galeras, 4 navíos y otras embarcaciones menores francesas con más de 8.000 infantes que, previsiblemente, intentarían el ataque a Tarragona o Tortosa.

Don Juan prosiguió con rapidez el viaje pasando por Peñíscola donde supo que el Príncipe de Condè había mudado su primera disposición con ponerse sobre Lérida, y que las galeras y navíos, que habían porteado gente y artillería dos veces a Barcelona, habían vuelto a Francia (2).

Al llegar don Juan a Tarragona se encontró con la confirmación de la noticia, no obstante, permaneció allí para mayor seguridad de Tortosa, Lérida y la propia Tarragona.

Estando la Armada en Tarragona, llegó un correo de Madrid con orden de Su Majestad para que Su Alteza con la Armada, pasase a Italia, aunque no se publicó a qué efecto. Se pensó en socorrer Nápoles, cuya población se hallaba revuelta contra el gobierno español, por temor de que las manifestaciones alcanzaran allí la envergadura que habían adquirido ya en Cataluña y Portugal.

La situación napolitana se remontaba a diciembre de 1646, cuando en medio de un ambiente de epidemias, hambre y sequía, el virrey Duque de Arcos impuso una gabela sobre la fruta, alimento y principal comercio de la población napolitana. Ante las propuestas del pueblo, el virrey prometió en varias ocasiones quitar la gabela, pero la promesa se fue dilatando indefinidamente. En 1647, apareció quemada la garita donde se cobraba dicho tributo, al mismo tiempo que llegaba el aviso de la sublevación de Palermo. El tumulto se inició en el mercado, entre los vendedores y compradores de fruta y estos alborotos fueron creciendo hasta trasladarse al propio palacio virreinal, objeto de múltiples destrozos.

El 7 de julio de 1647 un pescador, Tommaso Aniello o Masaniello, reunió a numerosos jóvenes, los cuales llegaron hasta el palacio del virrey solicitando la caída de las gabelas. La muchedumbtre obligó al Duque de Arcos a huir al Castel Sant'Elmo. Nápoles, de esta forma, se convirtió en una inmensa hoguera bajo el mando de Masaniello.

Ante el terrible cariz que adoptaban los acontecimientos, el Duque de Arcos se vio obligado a conceder la suspensión de las gabelas e, incluso, se avino a recibir a Masaniello, quien pidió calma al pueblo. Para celebrar la jura de las nuevas concesiones, se preparó una ceremonia a la que acudieron el virrey, Masaniello, los ministros del Consejo Colateral y el cardenal Asconimio Filomarino, arzobispo de Nápoles. Este roce con los poderes fácticos acabó tiranizando a Masaniello, al tiempo que el pueblo se cansaba ya de sus crueldades. Éste fue asesinado mientras arengaba a una muchedumbre en el mercado el 16 de julio.

Tras la muerte de Masaniello, la revuelta adoptó un carácter separatista apoyada por la Francia de Mazarino, cuyos bajeles y galeones se acercaban a Nápoles.

De esta manera los napolitanos se manifestaban abiertamente contra el Rey de España y aclamaban, en su lugar, al duque de Guisa, Enrique de Lorena, que pronto y de incógnito llegó a Nápoles.

Así pues don Juan prosiguió su viaje hacia Italia, con órdenes precisas de luchar con la Armada francesa, si ésta era encontrada durante los días de su navegación.

Tras numerosos incidentes causados por las condiciones climáticas que retrasaron el viaje, el 1 de octubre tuvo lugar la llegada de la Armada a Nápoles. El Duque de Arcos informó a don Juan de todo cuanto estaba aconteciendo en el Reino.

El 12 de octubre, don Juan se reunió con los ministros del gobierno político, los cuales acordaron que el remedio más eficaz para poner fin a tan dolorosos acontecimientos era, sin duda, la negociación, siempre y cuando se ocupara personalmente de ella el propio don Juan y no elDuque de Arcos, todavía virrey, puesto que éste era odiado por el pueblo y despertaba su mayor desconfianza.

Mientras se iniciaban las conversaciones con los cabecillas de la revuelta, don Juan ordenó el desembarco de unos 3.000 infantes de la Armada para ocupar los puntos clave de la ciudad. Por fin, el pueblo eligió cuatro representanes para que establecieran negociaciones con el bastardo real, los cuales le expusieron las peticiones de la ciudad que se resumían en los siguientes cuatro puntos:

* Entrega del Castel Sant'Elmo.

* Dimisión del Duque de Arcos como virrey de Nápoles.

* Concesión de una amnistía general.

* Confirmación y ejecución de las capitulaciones juradas por dos veces por parte del virrey, y nunca cumplidas.

Don Juan se mostró dispuesto a hacer concesiones siempre y cuando el pueblo manifestara su buena voluntad, sin embargo, la revuelta en el otoño de 1647, se había ya convertido en un movimiento de tintes separatista gracias, fundamentalmente, a la colaboración francesa.

Ante los hechos, Felipe IV decidió destituir a Arcos del virreinato, otorgando a don Juan las riendas del gobierno napolitano. De esta forma, el Rey mandó publicar una cédula aprobando la toma de posesión del virreinato por parte de su hijo, pero sin considerarla de forma definitiva:

"...Tengo por bien que vos, el dicho don Juan de Austria, mi hijo, hayáis admitido el ejercicio del cargo de mi Virrey y Capitán General en el dicho mi Reino de Nápoles, en lugar del dicho duque de Arcos, en el interín que yo proveo y envío Virrey propietario, que será con toda brevedad". (3)

Además, mediante una misiva fechada el 11 de enero de 1648, el Rey otorgaba plena facultad a su hijo "para que haga lo que juzgare expediente y conductible a la tranquilidad". Por otra parte, y en mombre del Rey podía "tratar, ajustar, disponer y concluir con el fidelísimo pueblo de Nápoles y otros del Reino, todo lo que pareciese conveniente al intento referido, sin exceptuar cosa por extraordinaria que sea" (4).

Esta plenipotencia daba absoluta libertad a don Juan a la hora de ajustar plenamente la paz con el pueblo napolitano.

El 27 de enero, el Duque de Arcos se embarcó, abandonando definitivamente Nápoles.

No había pasado aún mes desde que la Real Cédula confiriera el gobierno de Nápoles a don Juan, cuando el Rey comunicó a su hijo su decisión del nombrar al nuevo virrey:

"He resuelto que el conde de Oñate, mi embajador en Roma, pase luego a servir por interín el cargo de mi Virrey y Capitán General en el dicho Reino" (4).

El 1 de marzo de ese año de 1648, el Conde de Oñate llegó a Nápoles.


La rendición de Nápoles a don Juan de Austria (1648) por Carlo Coppola (Museo di San Martino, Nápoles).

Ante la proliferación de los rumores sobre la pronta llegada de la Armada francesa, Oñate se apresuró a efectuar un reconocimiento de las fortificaciones enemigas, así como de la ciudad, en cuanto a murallas calles, torreones, etc. Tras ello, el maestre de campo Dionisio de Guzmán, don Juan y el Conde de Oñate, decidieron la invasión de la ciudad con 2.000 infantes entre españoles, italianos y alemanes y 100 caballos, además de otros 500 caballeros, en su mayor parte napolitanos. El pueblo empezó a colaborar, dando vivas al Rey; unos por cansancio, otros escandalizados por las ligerezas francesas y, la mayoría, por temor a las posibles represalias de los españoles

El Conde de Oñate concedió un indulto a todos los presos que no fueran franceses. El Duque de Guisa, enterado de las victorias españolas, intentó escaparse a los Estados Papales pero fue apresado y llevado al castillo de Gaeta para posteriormente ser traladado al Alcázar de Segovia.

Poco a poco, y a imitación de Nápoles, se fueron reduciendo a la obediencia del Rey Católico todas las demás ciudades del Reino.

En virtud de la plenipotencia otorgada por su padre, don Juan se dispuso a conceder una serie de gracias, privilegios e inmunidades al pueblo napolitano con el fin de liberarlo de las excesivas imposiciones con que se encontraba gravado.

Una vez llegadas a Madrid las noticias sobre la reducción y pacificación de Nápoles, el Rey cursó órdenes para que don Juan ocupara el gobierno de Nápoles, pero éste no acepto, quizás por orgullo o soberbia, por haber deseado ocupar el cargo desde la marcha de Arcos, o bien por deseo expreso de abandonar la ciudad partenopea. Ante este hecho, Felipe IV decidió nombrar a su hijo como nuevo virrey de Sicilia.

La llegada de la Armada a Mesina, con don Juan al frente, tuvo lugar el 27 de septiembre de 1648. Tres meses después, el 27 de diciembre, don Juan tomó posesión oficial del gobierno de Sicilia en la Iglesia Mayor, con el juramento y todo el ceremonial que la ocasión merecía.

De esta forma, don Juan se convertía en el nuevo virrey de Sicilia gozando de un sueldo de 2.406 escudos al mes. Además, y en virtud de una determinación personal, adoptada el 25 de septiembre de 1649, la ciudad colaboraría en los gastos del virrey con 60.000 escudos anuales.

Pero, sin embargo, uno de los hechos más importantes de su estancia mesinesa fue el acuerdo suscrito con la ciudad, en virtud del cual, se convertía en contrato público el privilegio de residencia otorgado por Felipe II en 1591 que implicaba la obligación por parte de los virreyes de residir en Mesina con la Corte y los tribunales durante 18 meses seguidos, es decir, la mitad del tiempo habitual de su gobierno (3 años). Según el texto del contrato, los virreyes no podían excusarse de acudir a Mesona salvo en caso de invasión de enemigos y existencia de guerra viva en el Reino o peste en Mesina

El contrato entre Mesina y don Juan, firmado en Mesina el 25 de septiembre de 1649, fue confirmado por el Rey el 3 de diciembre de 1649, sin embargo, las protestas de Palermo y la Diputación del Reino y el dominio que ejercían sobre el gobierno de la isla lograron que ni don Juan ni los virreyes posteriores hiciesen pública en la isla la confirmación real, requisito indispensable para la entrada en vigor del documento (5).


Fuentes principales:

* Castillo Soto, Josefina. Don Juan José de Austria (hijo bastardo de Felipe IV) : su labor política y militar. Universidad Nacional de Educación a Distancia, 1991.

* Castillo Soto, Josefina. La revuelta napolitana de mediados del siglo XVII y don Juan José de Austria.

* Ribot García, Luis Antonio. La revuelta antiespañola de Mesina. Universidad de Valladolid. Secretariado de Publicaciones e Intercambio Editorial, 1982.

* Ruiz Rodríguez, Ignacio. Don Juan José de Austria en la monarquía hispánica : entre la política, el poder y la intriga. Dykinson, S.L. - Libros, 2008.


(1) Exactamente su séquito estaba formado por:

- Fray Hernando Sanz de Cuéllar, confesor.

- Don Alfonso de Cardona, Mayordomo Mayor y Sumiller de Corps de su Consejo.

- Don Fernando de Monrroy, gentilhombre de la Cámara, más antiguo, y primer caballerizo.

- El Marqués de Espinar, gentilhombre de la Cámara y Capitán de la Guardia.

- El Conde de Xavier, gentilhombre de la Cámara.

- Don Luis Fernández de Córdoba, gentilhombre de Cámara y gobernador de las galeras de España y del Consejo de don Juan.

- Don Pedro de la Mota Sarmiento, mayordomo.

- Don Gregorio de Leguía, secretario de Estado y guerra.

- Don Jerónimo de Cuéllar, secretario de Cámara.

- Don Juan de Hinojosa, Capellán de Honor.

- Don Fernando Carrillo, gentilhombre de Cámara.

- Don Juan Carlos de la Faille, jesuita, catedrático de matemáticas y maestro de don Juan.

- Don Diego de Collazos y Mendoza, caballerizo y Teniente de Capitán de la Guardia.

- Don Francisco de Paz, caballerizo.

- Ocho pajes.

- Algunos oficios de boca.

(2) B.N.M. Mss, 2.378, fol. 53.

(3) A.G.S., Estado, leg. 6.152. Real Cédula de 18 de diciembre de 1647.

(4) Real Orden, fechada el 12 de enero de 1648.

(5) Para los problemas por la capitalidad de Sicilia entre Mesina y Palermo durante la dominación española veáse: Ribot García, Luis Antonio "La Revuelta Antiespañola de Mesina. Causas y antecedentes (1591-1674)"