sábado, 4 de junio de 2011

Los hijos naturales del cardenal-infante don Fernando

De izquierda a derecha sor Margarita de la Cruz (hija natural de don Juan José de Austria), sor Mariana de la Cruz (hija natural del Cardenal-Infante don Fernando) y la Abadesa de las Descalzas Reales. Madrid, Monasterio de las Descalzas Reales. Atribuido a Matías de Torres.

* Nota: esta entrada amplia y mejora la publicada el 2 de junio de 2010 y va dedicada a Jordi el Dissortat, señor del Bosque de la Larga Espera.


Antes de comenzar con la biografía de estos desconocidos primos de Carlos II, me gustaría iniciar resaltando el error que supuso por parte del gobierno del Conde-Duque de Olivares el hecho de no casar al cardenal-infante don Fernando, sobre todo, tras la muerte del infante don Carlos en 1632. Sin embargo, don Gaspar no desechaba inicialmente la idea de casar a don Fernando con una princesa europea, cosa que encajaba mejor con el genio personal del Infante y con la poca o ninguna vocación que sentía por el estado eclesiástico (1). Pero fuera para intentar consolidarlo más en su presunta vocación, que el valido ciertamente no había escogido (este hecho se debió a los deseos de su padre Felipe III), fuera porque en efecto no se encontraba en Europa una princesa a la altura de su rango en estirpe y dinero, el hecho es que se fue retrasando sine die aquel molesto problema que nadie se atrevía a poner resueltamente sobre el tapete, a pesar de que todos estaban convencidos de la necesidad de hacerlo. Y es que no midió la corte del Rey Católico la trascendencia histórica de aquella decisión, sabiendo que el destino de una Monarquía está unido a la herencia biológica. De hecho el destino de España ha cambiado de rumbo más de una vez (y ésta fue una de ellas) por la muerte de un Infante de la Casa Real. ¡Qué distinto habría sido el destino de la Monarquía de haber contraído matrimonio don Fernando y haber dejado éste descendencia! A la muerte de Carlos II habría existido seguramente una línea segundogénita de la Casa de Austria española que habría acaparado todos los derechos sucesorios, heredando íntegramente la totalidad de la Monarquía, por lo que el conflicto sucesorio no habría existido, así como las intrigas sucesorias, y Carlos II habría sido probablemente recordado como Fernando VI, el cual tampoco dejó sucesión directa siendo sucedido por su medio hermano, el infante don Carlos (futuro Carlos III), hijo del segundo matrimonio de Felipe V con Isabel de Farnesio, y que ha pasado a la historia como un buen Rey a pesar de no haber cumplido con su obligación dinástica de dejar un heredero.


Por otra parte no es inverosímil pensar que la difícil situación económica por la que atravesaba el erario público jugara un papel decisivo en el retraso indefinido de la renuncia a las dignidades eclesiástica que llevaba consigo inseparablemente la renuncia a los cuantiosos ingresos de la mitra de Toledo, en caso de matrimonio.


El hecho es que no se adoptó ninguna medida para dar estabilidad a la vida afectiva del Cardenal-Infante y, en consecuencia, se le encadenó absurdamente a la razón de estado. No era, pues, de extrañar que, forzado a vivir en continencia oficial, compitiera con sus dos hermanos (Felipe IV y el infante don Carlos) en frecuentes aventuras amorosas. Fruto de esos amores serían dos hijos naturales: un niño y una niña. El niño se llamó como él, don Fernando, y de él da testimonio fehaciente el embajador español en Roma, Cardenal Sforza, informando, el 8 de febrero de 1667, al Secretario de Estado de España de la llegada allí del tal don Fernando (2). Este es el único dato que se ha podido captar hasta ahora de su vida, cuyo paso desaparece para siempre en los ocultos arroyuelos de la historia.


La hija, de nombre doña Mariana, nace en Bruselas el 26 de julio de 1641, unos meses antes de la muerte de su padre. De ella se sabe que a los cinco años ingresó en el Monasterio de las Descalzas Reales de Madrid (1646), donde profesó a los 18 años (1659) con el nombre de sor Mariana de la Cruz. En este monasterio, doña Mariana se convirtió en uno de los grandes pilares de la red imperial, junto a sor Ana Dorotea de Austria, hija natural del emperador Rodolfo II. Y es que el Monasterio de las Descalzas, en el último tercio del siglo XVII, era un centro consolidado de la diplomacia imperial desde el cual se articulaba una red de conexiones entre los familiares de la Casa de Austria, el embajador imperial y las religiosas “austriacas” del convento.


Durante la regencia de doña Mariana de Austria la embajada imperial fue detentada por el Conde de Pötting (1665-1673), quien se sabe que fue un asiduo visitante del regio convento y que tuvo en sor Mariana a una de sus grandes aliadas. Ella fue la transmisora de una de las noticias más preocupantes que recibió el Conde en la corte de Madrid, hecho que demuestra la labor de espionaje que algunas de estas religiosas practicaron en beneficio de la red imperial. A finales de junio de 1673, sor Mariana de la Cruz comunicó por escrito al embajador imperial que el confesor de la reina María Teresa, su prima y mujer de Luis XIV, le había transmitido una información secreta que incumbía directamente al Emperador: el Rey de Francia, con la intención de hacerse con el título imperial, estaba tramando el asesinato de Lepoldo I (3); esta comunicación fue recibida por Pötting de forma personal el día 29 de junio en una de sus visitas al Monasterio de las Descalzas Reales:


Visité a Sor Mariana de la Cruz en las Descalças Reales, hixa natural del señor Cardenal Infante, señora de singular comprensión y particular talento, participandome altísimas noticias del serviçio del Emperador mi Señor, las quales con la primera estafetta pondré en su soberana notiçia, haviendome la dicha señora dos dias antes dado motivo para la dicha materia por un papel suyo, harto cuerdamente trasado” (4).


El Emperador mostró suma preocupación por aquella supuesta conspiración francesa contra su persona y el 9 de agosto, en una de sus cartas, ordenó al Conde que mantuviera una frecuente correspondencia con sor Mariana y procurara averiguar quiénes estaban implicados en el atentado: “Weil es aber res tantae importantiae, so solle Pötting alleweil {mit der Sor Mariana} in gueter Correspondenz stehen, ob man noch ad plura particularia komen möchte” (5).


Este episodio demuestra una vez más que las Descalzas Reales eran un instrumento clave de la política imperial en Madrid. Además, la comunicación con sor Mariana nunca decayó pues incluso en período de adviento, cuando las monjas no podían hablar en el locutorio, el Conde llegó a escribir papeles “de importancia” a sor Mariana (6).


Por otra parte, sor Mariana fue uno de los grandes apoyos de la reina doña Mariana de Austria. Así, tras su caída del poder en 1677 a favor de don Juan José de Austria, la Reina madre desahogó con sor Mariana (su prima) y sor Ana Dorotea su malestar por el alejamiento de su hijo intentando quizás recabar algo de apoyo para dar solución a aquel “desafuero” que en nada podía agradar al Emperador su hermano, en unas religiosas “imperiales” protectoras de la legitimidad dinástica de la Reina, hija, hermana y madre de reyes. Mariana escribió el siguiente párrafo sor Mariana de la Cruz:


“[…] con la ocasión de haverse servido Dios de llevarse para si a mi hijo a quien yo con tanto cariño y ternura amava, y por la gran falta que puede hacer a su persona, os aseguro que este golpe me tiene traspasado el coraçon y que he menester […] las asisteçias de Dios, para conformarme con su divina voluntad como lo deseo haçer con toda mi pasividad, pero el sentimiento, no puede dejar de ser muy grande, bendito sea Dios por todo […]. Deseo ir por alla, quanto antes, para consolarme con bos, que bien le necesito os aseguro, Dios os guarde de Palazio juebes 1677” (7).


Se puede imaginar que la relación entre ambas primas continuaría a lo largo de los años hasta la muerte de doña Mariana de Austria en 1696. Sin embargo, a pesar de lo mantenido por Laura Oliván Santaliestra en su tesis sobre doña Mariana de Austria (8), no creo probable que sor Mariana de la Cruz fuese enemiga política de don Juan José de Austria, ya que ésta recibió siempre una especial atención por parte del Príncipe, al ser compañera de su hija, sor Margarita de la Cruz (9), también profesa en las Descalzas Reales. Además, don Juan José, en su testamento, suplicaba encarecidamente a Carlos II que guardase a su hija sor Margarita de la Cruz y que “a las señoras sor Dorotea de Austria, Sor Mariana y Sor Margarita dejo en señal de amor, tres de las imágenes que tego en la alcoba” (10).


De sor Mariana de la Cruz se sabe que llegó a ser abadesa de las Descalzas Reales y que tuvo un destacado papel en la España de Carlos II como familia que era del Rey. Así lo atestigua por ejemplo su implicación en el proceso de beatificación de sor Margarita de la Cruz, hija de la emperatriz María, muerta en 1633 y profesa también en las Descalzas. El 11 de octubre de 1689 se produce las traslación de los restos de Margarita en estos términos:


Los restos se trasladan desde el coro al claustro bajo. Los Reyes a las 15 h., hora señalada por Mariana de la Cruz y Austria. Adoran al Santísimo Sacramento, les besa la mano la comunidad. El rey manda llamar al Juez de la Causa y a los testigos: Duque del Infantado, Marqués de Mancera. Los Reyes asisten a todo: quitar tablas y pared, tres religiosos, el confesor, su compañero y el curador de la causa de beatificación sacan el ataúd de plomo y lo colocan en una plataforma con sobremesa muy rica; se abre. El Rey pide ver el cuerpo y también la comunidad y personas devotas. Se quedan solos los Reyes con sor Mariana, dos prelados, dos religiosas, el médico, el cirujano y el juez de la beatificación, para el reconocimiento de los huesos. Las dos señoras, las dos religiosas con la madre vicaria los pasan a una caja de plomo muy bien labrada y la Reina trabaja por su mano sacando los huesos y pasándolos al arca, estando de rodillas dos horas y media, el Rey en pie. Se mete esta caja en otra de caoba muy bien labrada con las armas de la Orden y las Reales y se dean dos llaves, una para el Rey otra para el Convento” (11).


Sor Mariana de la Cruz murió el 3 de septiembre de 1715, a la edad de 74 años, convirtiéndose de esta forma, aunque ilegítima, en la última representante de la rama española de la Casa de Austria. En el “Diario historico, politico-canonico y moral” (1733) del francisco fray José Álvarez de la Fuente se puede leer:


A tres de Septiembre del año de 1715. pasò de esta vida à la eterna, en el Real Convento de las señoras Descalzas Reales de esta Villa, y Corte de Madrid, la Serenissima Señora Sor Mariana de la Cruz, Religiosa de dicho Convento, hija del señor Infante Cardenal Don Fernando de Austria. Avia nacido en Bruselas el dia 26. de Julio del año de 1641. y avia entrado en dicho Monasterio de edad de cinco años, y en los setenta y seis que viviò en él (¿) con el santo Habito, fue muy ejemplar, y virtuosa, siendo su santa vida, no solo de edificación para el Convento, sino para toda la Corte. Assistiò a su entierro, d eorden de nuestro Catholico Monarca el señor Felipe Quinto, toda la Grandeza de España, y en el mismo dia hizo su Magestad la merced perpetua de Grande de España a la Madre Abadesa, que era la Excelentissima Señora Doña Melchora Maria de Jesus, para ella, y para todas sus successoras en la Prelacìa; de suerte, que desde este dia son las Abadesas de aquel Real Convento Grandes de España, aunque no lo sean por sus Casas, como lo son, y lo han sido muchas de ellas”.




Fuentes principales:


* Aldea Vaquero, Quintón: “El cardenal-infante don Fernando o la formación de un príncipe de España”. Discurso leído el día 16 de febrero de 1997. Real Academia de la Historia. Madrid, 1997.


* González Asenjo, Elvira: “Don Juan José de Austria y las artes (1629-1679). Fundación de Apoyo a la Historia del Arte Hispánico Madrid, 2005.


* López Vidriero, María Luisa y Cátedra García, Pedro. M (coord.): “El libro antiguo español. Actas del primer coloquio internacional”. Salamanca, 1993.


* Oliván Santaliestra, Laura: “Mariana de Austria en la encrucijada política del siglo XVII". Universidad complutense de Madrid, 2006.



Notas:


(1) Recordemos que había recibido el capelo cardenalicio y el arzobispado de Toledo en 1619, con tan solo 10 años, gracias a los deseos de su padre Felipe III y de su confesor fray Luis de Aliaga que lideró las negociaciones con Roma para salvar los obstáculos de la edad.


(2) AGS, Estado, 3040: carta del Cardenal Sforza a don Juan Bautista Arespacochaga. Roma, 8 de febrero de 1667.


(3) El Conde de Pötting al Emperador, 5 Julio de 1673. En: Fontes… p.348. nota. 2. “…der König von Frankreich trachte, um sich die Herrschaft in Deutschland su verschaffen, dem Kaiser nach dem Leben...”.


(4) Diario del Conde Pötting, 29 de junio de 1673. P. 359.


(5) Fontes… Neuhaus, 9 August 1673. Leopoldo a Pötting. Brief 349. seite. 347.


(6) Diario del Conde Pötting, 13 de noviembre de 1673. P. 392: “…escrivi un papel de importancia a la sor Mariana de la Cruz y Austria, supuesto que el tiempo del adviento no les permite a estas santas religiosas de poder hablar en el locutorio”.


(7) AGP. Patronato. Caja 6. Exp. 31. fol. 90. También párrafo citado por Vilacoba Ramos, Karen María y Muñoz Sarrullo, María Teresa: “Del Alcázar a las Descalzas Reales: correspondencia entre reinas y religiosas en el ocaso de la dinastía de los Austrias”. En: “La reina Isabel y las reinas de España: realidad, modelos e imagen historiográfica”. Ed. Fundación Española de Historia Moderna. Madrid, 2005.pp.597-610.


(8) Oliván Santaliestra, Laura: “Mariana de Austria en la encrucijada política del siglo XVII”. Universidad Complutense de Madrid, 2006.


(9) Aunque en breve publicaré más entradas sobre las hijas bastardas de don Juan José de Austria, sobre el tema se puede consultar mi entrada del 9 de mayo de 2010:La vida privada de don Juan José de Austria”.


(10) Estas tres imágenes eran “la efigie de un Niño Jesús que está en una urna echado y en forma de dormido”, “una cruz de plata que su alteza tenía en el oratorio” y “otra efigie de San Miguel”. AGS, leg. 22 y AHPM.


(11) Archivo General de Palacio. Infanta proceso, leg. 11. num. 8.

20 comentarios:

  1. Es lo que ocurre cuando no se cogen los hábitos por vocación sino por imposición o, en otros casos, por interés (léase Duque de Lerma).
    También señalar que el ímpetu y la presunta fogosidad de don Fernando tiene claros antecedentes familiares. A buen entendedor...
    Y por último, el destino de estos hijos naturales. En la mayor parte de los casos, sobre todo si se trataba de mujeres, la solución pasaba por ingresar en un convento. No sé si decir que era un destino un tanto triste, aunque con los problemas que padecían los súbditos corrientes, resultaba ser un privilegio.
    Un saludo.

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  2. Muchas gracias Alberto por dedicarme esta entrada, de la que disfruté en el 2010 y que ahora ampliada y mejorada aun he disfrutado más. La reina arrodillada más de dos horas sacando restos de la beata es algo inusitado, aunque para una Majestad tan Católica... Pero lo muy respetuoso de Felipe de Anjou (o V como prefieran) con la última Austria española, por llamarla de algún modo, me ha impresionado. Y la concesión de Grandeza a las Sras. Abadesas es toda una novedad (tendré que intentar buscar algo sobre eso si mi tiempo y mi salud me lo permiten)

    Muchas gracias de nuevo, Alberto, y te aseguro que aunque parezca que no estoy, me muevo como una sombra por el Alcázar, el Escorial, los campos de batalla de Flandes...

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  3. Cayetano: es normal esa fogosidad en un joven como don Fernando obligado contra su propio carácter a la castidad. En cuanto a lo que comenta de los conventos en aquella época es verdad que era una privación de libertad en favor de Dios pero lo cierto es que se vivía mejor que fuera, los monasterios eran islas de bienestar, cultura y religiosidad.

    Un saludo.

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  4. Jordi: de nada hombres ;), te lo mereces y además sé que te encantan estos temas ;)...lo de doña María Luisa arrodillada durante horas era muy típico de la religiosidad de los Austrias tan dados a estos suplicios.

    De la acción de Felipe V sorprende además haberla hecho con un miembro de la Casa de Austria con la que había estado combatiendo hasta hace pocos años antes...desconozco la filiación política de sor Mariana durante el conflicto sucesorio.

    Un abrazo.

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  5. Hace poco estuve en Las Descalzas, no lo conocía aún, y ahora, con el recuerdo tan fresco, me resulta fácil imaginar como junto al arte y devoción que se palpaba en aquellos claustros se urdían decisiones importantes en la política del últimos Austria. Un saludo.

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  6. El escudo que adorna el retrato que ilustra tan apropiadamente esta entrada, luce en el primer campo las armas de Portugal y enseguida despertó mi curiosisdad, pero al indagar un poco leí que la fundadora del convento fue Juana de Austria viuda de un príncipe portugués y el "misterio" quedó desvelado al instante.

    Saludos de nuevo, Alberto.

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  7. DLT: las Descalzas, junto a El Escorial, son los dos grandes monumentos que nos permiten conocer a la perfección la Casa de Austria y su iconografía, Las Descalzas, aunque desconocidas por el gran público (al menos fuera de Madrid), esconden grandes tesoros.

    Un saludo

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  8. Jordi: así es, es el escudo de armas de Juana de Austria, mujer del príncipe Juan Manuel de Portugal y madre del rey don Sebastián. El escudo también luce en la fachada del monasterio :)

    Un abrazo.

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  9. Bueno, más carne para los conventos, qué le vamos a hacer. Era como nacer ya condenado a cadena perpetua, y por los supuestos crímenes de otros, concretamente de quienes hubieran debido velar por ellos y procurar su felicidad. Una lástima.

    Feliz tarde, monsieur

    Bisous

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  10. El dato relativo a la concesión de la Grandeza de España a las abadesas me parece fundamental para precisar la función de los títulos y honores en la España del Antiguo Régimen.

    Saludos.

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  11. Es curioso: los poderes de la carne en la Iglesia, y sobre todo a aquel que estaba predestinado a servirla, pero no a confirmarla como algo deseado, influye poderosamente en su espíritu y en sus decisiones futuras, hechos que dan hijos no de una manera especial, aunque dudo de la afectividad de el hacia sus vástagos...

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  12. Madame: así es, era la mentalidad de la época. Los pecados de los padres los pagaban los bastardos en la mayoría de los casos con la castidad y el convento, pocos se salvaban...uno fue don Juan José de Austria, aunque él igualmente destinó a su hija a las Descalzas.

    Un beso.

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  13. Retablo: así es, es un dato muy interesante pero poco conocido y estudiado.

    Un saludo.

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  14. Javier: afectividad seguro que poco o ninguna, pues, al menos por lo que respecta a sor Mariana no la debió ni conocer pues nació pocos meses antes de su muerte...de su otro hijo desconozco la fecha de nacimiento, el lugar, etc.

    Un abrazo.

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  15. No se porque, Carolus, me gustaria haber podido visitar alguno de aquellos conventos en aquella época, especialmente las Descalzas Reales. Gran entrada, majestad, y celebro que vaya dedicada a Jordi. A seguir bien.

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  16. Paco: yo siento ese mismo deseo, habría sido una experiencia gratificante compartir unos momentos con señores tan cultas y de tan alta cuna.

    Un abrazo.

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  17. Me gustaría ppoder mirar por un agujerito aquel tiempo y vislumbrar los tejemanejes de esa "otra" corte de mujeres, alejadas de los oropeles de la riqueza y sin embargo tan respetadas en la política como miembros de la dinastía de la Casa de Austria.

    Por otro lado, no me deja de asombrar la manía que tenían los monarcas de "encerrar" entre los muros del convento de las Descalzas a las hijas ilegítimas de los infantes como método de control de sus acciones. Sin duda alguna, la actuación con respecto a los hijos ilegítimos varones era otra...

    Besos

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  18. Carmen: no te creas, también muchos varones ilegítimos acababan con los hábitos puestos, por ejemplo Fray Alonso Enríquez de Santo Tomás, uno de los más importantes hijos ilegítimos o el mismísimo don Juan José que recordemos era prior de la Orden de San Juan, aunque es cierto que las mujeres lo tenían aún más crudo.

    Un beso.

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  19. Pues ya que ustedes lo comentan, tengo pensado hacer una visita al Monasterio de las Descalzas Reales, que hace ya mil años que no voy. No sabía que Sor Mariana de la Cruz hubiera sido la última representante de la rama española de la casa de los Austrias y que allí estuviera enterrada.
    He buscado sobre el tema y me he encontrado con la transcripción de dos epígrafes de sepulturas regias existentes en el Convento de Descalzas Reales, muy interesante : http://213.0.4.19/servlet/SirveObras/rahis/12391669732365940543091/index.htm

    Un saludo :-)

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  20. Pedro: un documento muy interesante el que nos traes muchas gracias y avisa cuando vayas a las descalzas...lo mismo me dejo caer ;)

    Un abrazo.

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