miércoles, 29 de febrero de 2012

Las relaciones entre don Juan José de Austria y Vincencio Juan de Lastanosa (Parte III)

1. Retrato anónimo de don Juan José de Austria en las Escuelas Mayores de la Universidad de Salamanca, Aula de la Columna (h. 1677).


El 6 de noviembre de 1675 Carlos II cumplía 14 años y con ello llegaba a la mayoría de edad estipulada por Felipe IV en su testamento. Este fue el momento elegido por don Juan José de Austria para llevar a cabo su segundo intento de acceso al poder. Don Juan contaba con el apoyo de las personas que en la Corte se encontraba más próximas al adolescente Rey (su preceptor y su confesor, entre otros). En los últimos días de octubre, Carlos II hizo llegar a su hermano instrucciones secretas para que se reuniera con él en Madrid. Don Juan José se desplazó así a la Corte, y el mismo 6 de noviembre en que Carlos II alcanzaba la mayoría se entrevistó con él. El triunfo parecía más cerca que nunca. Sin embargo, la Reina madre reaccionó con rapidez, se encerró con su hijo el Rey, y tras una dramática conversación consiguió dar un vuelco a la situación. Carlos II cursó órdenes terminantes para que don Juan retornara a Zaragoza. De regreso a Aragón, don Juan José de Austria, que ya no era virrey, empleó su tiempo en actividades científica y culturales y en devociones piadosas, a la espera de una nueva oportunidad.


No se sabe si Lastanosa fue una de las personas a las que don Juan mantuvo al corriente, en los días finales de 1675, de tan decisivos acontecimientos. En cualquier caso, resulta sorprendente descubrir que Lastanosa, si bien por motivos radicalmente distintos, estaba en Zaragoza el 31 de octubre de 1675. Acudió para recibir una reliquia de Santa Rosalía procedente de Italia, destinada a la iglesia oscense de San Lorenzo.


Lastanosa recibió en Zaragoza el citado 31 de octubre, como procurador de la Iglesia de San Lorenzo, la reliquia venida de Italia. Esa misma mañana, los jurados de Zaragoza y algunos ciudadanos se reunieron con Juan José de Austria, pensando que se disponía, finalmente, a partir rumbo a Italia. En la recepción, éste les reveló sin embargo el gran secreto: marchaba de inmediato a Madrid, “por haverle mandado el Rey Nuestro Señor su hermano fuera a la Corte porque necessitava de su persona”. La noticia se difundió con gran rapidez por Zaragoza, causando una enorme alegría. Tocaron las campanas de las iglesias, se celebró una misa solemne en el Pilar y las luces de fiesta iluminaron la noche. Al día siguiente, 1 de noviembre, don Juan salía para la capital de la Monarquía. Vincencio Juan de Lastanosa fue, sin duda, testigo privilegiado de todo ello.


Tras regresar a Huesca, Lastanosa entregó el relicario a su hijo José Paulino, prior de San Lorenzo, en presencia de Raimundo Artigola, deán y vicario general de la diócesis. El acto de entrega de la reliquia tuvo lugar el 9 de noviembre de 1675, en la sala capitular de la catedral.


La estancia de Lastanosa en la capital del Reino el mismo día que don Juan anunciaba su marcha a Madrid puede ser, sencillamente, una coincidencia. No obstante, la fecha elegida por el mecenas para recibir la reliquia no deja de ser llamativa. El 31 de octubre, víspera de Todos los Santos, era el día que tenía lugar todos los años e la Casa Consistorial el solemne acto de extracción de los oficios, por el que se renovaba anualmente el Concejo oscense. El 31 de octubre de 1675, Vincencio Juan de Lastanosa resultó elegido además prior de jurados, el cargo municipal más importante que desempeñó a lo largo de su vida. Y, sorprendentemente, no estaba en Huesca, sino en Zaragoza, por lo que tuvo que ser aceptado, en su nombre, por un procurador.


La sensación de extrañeza que ello produce aumenta todavía más al conocer lo ocurrido meses después. Durante el año 1676 Madrid se convirtió, de nuevo, en un hervidero de “rumores y comentarios”, apareciendo con profusión libelos y papeles anónimos. Tal situación fue el preámbulo del triunfo definitivo de don Juan José de Austria, ocurrido en enero de 1677. En esas circunstancias, Vincencio Juan de Lastanosa comunicó el 14 de junio de 1676 a sus compañeros de Concejo que “tenía precisa necesidad de yrsse a la Corte, a negocios precissos”. El día 3 de julio Lastanosa llegaba a Madrid, donde permaneció durante al menos dos meses. A su vuelta escribió una notable carta al Conde de San Clemente, que comenzaba de este modo: “Volví de la Corte deseoso de dar cuenta a V.S. de los empleos que en ella he tenido, que sin ocuparme en oír tejas, advertir preñezes, abortos monstruosos, discursos políticos y pasquines desvergonzados, me acogí a platicar con los hombres virtuosos”. Quizás sea cierto que Vincencio Juan de Lastanosa no quiso saber nada en Madrid de “discursos políticos” o “pasquines desvergonzados”. No obstante, las circunstancias de su viaje a la Corte son, cuanto menos, extrañas. Lastanosa, que había cumplido 69 años, dejó Huesca por un período prolongado de tiempo justamente el año que era prior de jurados, es decir, la principal autoridad de la ciudad junto al Justicia de Huesca. Hay que señalar, además, que éste de Madrid fue, que se sepa, el único viaje que Vincencio Juan de Lastanosa realizó fuera de Aragón (el famoso viaje a París en compañía de Gastón de Orleans, el aventurero hermano de Luis XIII, del que tantas veces se ha hablado, forma parte de una audaz falsificación en torno a Lastanosa, hecha probablemente en el siglo XVIII).



2. Retrato orante de Vincencio Juan de Lastanosa. Capilla Lastanosa de la Catedral de Huesca: "El capitán don Vincencio Iuan de Lastanosa. Su edad LX años. Sirvió al rey i patria en la guerra i en la peste. Nació a XXV de febrero año MDCVII".


A finales de 1676 la situación política derivó en una profunda crisis. Habiendo perdido la mayor parte de sus apoyos, la reina doña Mariana de Austria y Carlos II invitaron a don Juan José a acudir a Madrid. El 2 de enero de 1677, el bastardo real inició, lentamente, la marcha desde Zaragoza. Por el camino se le sumó toda clase de gente, incluyendo tropas regulares y grupos de nobles, hasta formar un verdadero ejército. Cuando don Juan hizo parada en Ariza, aún en tierras aragonesas, le acompañaban miles de hombres (las fuentes hablan de hasta 10.000). En ese momento, como explica Albrecht Graf von Kalnein, el hijo de Felipe IV decidió reducir tan impresionante escolta. Y así, al acampar en Hita, al noroeste de Guadalajara, sus soldados eran seguramente muchos menos. ¿Estuvo Lastanosa entre los numerosos aragoneses que se unieron a don Juan de Austria en su decisiva marcha sobre Madrid (al menos en su primera parte, la que discurrió por tierras de Aragón)?. No se puede saber con certeza. No obstante, resulta muy significativo constatar que el mecenas oscense estuvo ausente de las reuniones del Concejo durante la mayor parte de enero de 1677. Lastanosa era, desde noviembre de 1676, consejero preeminente (adquirió dicha condición de forma automática al haber sido prior de jurados el año anterior). Pues bien, Vincencio Juan de Lastanosa sí asistió a la sesión municipal del 26 de diciembre, pero faltó ya, de manera consecutiva, a las del 27 y 28 de diciembre de 1676 y a las del 8, 13 y 17 de enero de 1677. Su nombre sólo vuelve a aparecer en la reunión del Concejo celebrada el 25 de enero (1).


Dos días antes, el 23, don Juan José de Austria se había convertido por fin en el primer ministro del Rey. La reina doña Mariana, por su parte, quedó instalada en Toledo, en una especie de exilio forzoso. Apenas una semana después, las autoridades municipales oscenses enviaron una carta de enhorabuena a don Juan. Desde el Palacio del Buen Retiro, el nuevo primer ministro respondió el 13 de febrero:


Recivo con todo agrado la carta de la ciudad de 31 de enero, haciendo muy particular estimación de lo que en ella me dize con motibo de mi llegada a esta Corte, donde me ha sido preciso (con gran repugnancia de mi propio conocimiento) sacrificar mi obediencia a la real voluntad del Rey mi señor (Dios le guarde), reciviendo sobre la debilidad de mis ombros la pesada carga que ha querido fiar de ellos, quando el estado de las cosas le hazían intolerable en los más robustos, si no se apelase a la fe de que el Todopoderoso ha de suplir tanto como falta a los medios humanos, dando a su Magestad los aciertos y felicidades de que tanto necesitamos. Y la ciudad puede estar cierta que hallará mi afecto muy dispuesto a lo que fuere de su mayor satisfacción. Nuestro Señor le conserve prósperamente. Buen Retiro, a 13 de febrero de 1677” (2).
(continuará)

Fuente principal:


* Garcés Manau, Carlos: “Un Lastanosa poco conocido (1665-1679). Las relaciones con Juan José de Austria”. Argensola, revista de ciencias sociales del Instituto de Estudios Altoaragoneses, nº 115. Huesca, 2005.

Notas:


(1) AMH, Actas, nº 170.


(2) AMH, Actas, nº 170, ff. 81 7 97.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Las relaciones entre don Juan José de Austria y Vincencio Juan de Lastanosa (Parte II)

1. Palacio del Coso, residencia de Lastanosa y sede de su famoso museo. Grabado del siglo XVII.


Tras el primer encuentro entre don Juan y Lastanosa, según el carmelita José Trigo de Latas, parece ser que los contactos entre ambos comenzaron a ser continuos, al menos en los referente a las “buenas letras”. Tiempo después, las circunstancias se aliaron además para facilitar las relaciones entre ambos. En mayo de 1671, Lastanosa se convirtió en uno de los 8 diputados aragoneses, y durante el año siguiente residió en Zaragoza (entre otras cosas, porque durante ese tiempo ordenó el Archivo del Reino de Aragón). Ello debió contribuir a que los vínculos entre Vincencio Juan de Lastanosa, miembro del principal órgano de representación y gobierno del Reino, y don Juan José, primera autoridad real en Aragón, se hicieran más estrechos.


En 1673 estuvo en Huesca, invitado por Lastanosa, Francisco Fabro Bremundan, secretario de don Juan José. Francisco Fabro (1621-1698) era natural de Besançon, en el Franco Condado. En estos años publicó dos obras directamente relacionadas con su señor: “Historia de los hechos del serenísimo señor Don Juan de Austria en el Principado de Cataluña”, impreso en Zaragoza en 1673; y “Viage del Rey Nuestro Señor D. Carlos II al Reyno de Aragón”, aparecido en Madrid en 1680, una vez muerto don Juan José de Austria. En esta obra, Fabro cita en dos ocasiones a Vincencio Juan de Lastanosa. En una de ellas le califica de “gloria de Huesca, su Patria, y de todo Aragón” (p. 62) y en la otra habla de su “precioso Museo”, que dice haber “visto y examinado” (p. 137).


La noticia de su visita a Huesca figura en una disertación sobre monedas antiguas que Francisco Fabro escribió en 1675, a petición del mecenas oscense: “el año 1673 tuve la honrra de ser combidado de Vuestra Merced a goçar de los regalos de su casa de Huesca y de las curiosidades esquisita y preciosas de su copiosísimo Museo” (1).


2. "Historia de los hechos del serenísimo señor Don Juan de Austria en el Principado de Cataluña", obra de Francisco Fabro Bremundan. Zaragoza, 1673.


¿Acompañó don Juan a su secretario en esta visita? De haber sido así, Fabro, seguramente, lo habría señalado. ¿Estuvo el Virrey en alguna otra ocasión en el palacio de Lastanosa? No se puede descartar, aunque por ahora no existen datos que lo corroboren.

El año 1675 es, con diferencia, del que más noticias poseemos de las relaciones entre Lastanosa y don Juan José de Austria. A comienzos de febrero, el Virrey le concedió licencia para casar a su hijo y heredero, Vicente Antonio. Conocemos este interesantísimo dato gracias a una carta de 6 de febrero de 1675, remitida por Vincencio Juan a un destinatario desconocido: “Su Alteza, en carta de 2 del corriente, a sido servido de darme licencia de casar a mi hijo don Vicencio Lastanosa, sucesor en mi casa, con mi señora doña Ana Francisca Montemayor, sobrina de don Juan Francisco Montemayor, oydor de México” (2).El matrimonio de su hijo venía a solucionar, al menos en principio, la difícil situación en que la familia Lastanosa se encontraba en esos momentos. En primer lugar, a pesar de que Vicente Antonio era el hijo menos de Vincencio Juan de Lastanosa y Catalina Gastón, se había convertido en su heredero. El matrimonio tuvo 14 vástagos, de los cuales 7, tres mujeres y cuatro hombres, llegaron a la edad adulta. Catalina Gastón había muerto con sólo 32 años, precisamente pocos días después del nacimiento de Vicente Antonio.


Un segundo hecho sorprendente: 1669, el año en que don Juan José llegó a Zaragoza como virrey y conoció a Vincencio Juan de Lastanosa, los cuatro hijos varones de éste habían entrado en religión o tenían beneficios eclesiásticos: Hermenegildo, el primogénito, era cartujo en el convento zaragozano de Aula Dei; José Paulino, prior de San Lorenzo; Juan Francisco, beneficiado en San Pedro el Viejo; y el propio Vicente Antonio, racionero de San Lorenzo (no obstante, en marzo de 1669 Juan Francisco y Vicente Antonio permutaron sus respectivos beneficios). Para entonces Vincencio Juan de Lastanosa contaba ya 62 años, y llevaba viudo un cuarto de siglo. El futuro de la familia parecía, pues, complicado.


Vicente Antonio se casó finalmente en 1675, con 31 años, con Ana Francisca Montemayor, sobrina de otro destacado aragonés: Juan Francisco Montemayor, natural de Laluenga, que desarrolló una larga y exitosa carrera como jurista en Indias, además de publicar varios libros.
Con Vicente Antonio comenzó, al parecer, la dispersión de las colecciones reunidas por su padre. Probablemente se deba también a él la construcción, y quizás parte de la decoración, de la capilla de los Lastanosa en la iglesia que los dominicos de Huesca construyeron entre 1687 y 1695. Vicente Antonio Lastanosa murió en el año 1696 sin descendencia, la herencia familiar pasó entonces a su hermano mayor Juan Francisco, que había tenido ya un hijo mientras era racionero de San Lorenzo (hijo bastardo que también fue clérigo de la iglesia de San Lorenzo). Años después, Juan Francisco contrajo matrimonio legítimo con Mariana Bosque, del que nacieron varios hijos, con lo que la continuidad de la familia Lastanosa quedó por fin asegurada




3. "Museo de las medallas desconocidas españolas", obra de Vincencio Juan de Lastanosa. Huesca, 1645.




Volviendo a las relaciones entre Vincencio Juan y don Juan José de Austria, fue también en 1675 cuando el mecenas oscense solicitó a Francisco Fabro que escribiera una disertación sobre numismática. Dicho texto se conserva manuscrito en la Biblioteca Nacional de Madrid y lleva como título “Disertación sobre las medallas antiguas españolas del Museo de Vicencio Juan de Lastanosa, a cuia petición la escrivió don Francisco Fabro”. Las medallas y el museo del título aluden al libro “Museo de las medallas desconocidas españolas”, que Lastanosa publicó en Huesca el año 1645. El libro, como es sabido, estaba dedicado a las monedas ibéricas. Durante los últimos años de vida de Lastanosa se barajó la posibilidad de dar a la estampa una segunda edición, ampliada, de esta obra, aunque finalmente no se hizo realidad. Precisamente, la disertación de Fabro, en la que éste menciona su visita a Huesca en 1673, iba a formar parte de esa segunda edición.


Otro texto del año 1675 sobre numismática antigua es aún más importante. Entre otras cosas, porque lo escribió el propio Lastanosa para don Juan José de Austria. Se titula “Medallas romanas explicadas que ofrece y dedica al Serenísimo Señor Don Juan de Austria Vicencio de Lastanosa”, y está fechado en Huesca el 5 de abril de 1675. En esta obra hay dos textos fundamentales sobre las relaciones de Lastanosa y don Juan. El primero de ellos es la dedicatoria, que comienza de este modo: “Restituio a las Reales manos de Vuestra Alteza esas medallas de Emperadores romanos que Vuestra Alteza mandó me entregara su Bibliotecario la tercera vez que, postrado a sus Reales pies, supliqué me diera licencia Vuestra Alteza para irle sirbiendo en la jornada de Sicilia”.


Las monedas romanas dibujadas y “explicadas” en el manuscrito habían sido, pues, una donación de don Juan a Lastanosa, por tanto, lo que éste restituía ahora al Virrey no eran las monedas, sino los dibujos y comentarios que constituyen el grueso del texto. El manuscrito de Lastanosa pasó a poder de don Juan José, y figura de hecho en el inventario de su biblioteca (3).
Otro dato de interés es que don Juan José, a través de su bibliotecario, había dado las monedas a Lastanosa la tercera vez que éste le suplicó que le permitiera acompañarle a la “jornada de Sicilia”. En el verano de 1674 se había producido una revuelta en la ciudad siciliana de Mesina (4). Don Juan José fue nombrado Vicario General de Italia con la misión de sofocar, como había hecho 27 años antes, la rebelión siciliana. Sin embargo, todo esto no dejaba de ser una estratagema más de doña Mariana de Austria para alejarlo de España. De esta forma, la partida de don Juan hacia tierras italiana se demoró una y otra vez, y finalmente no tuvo lugar. Todo fue un episodio más del largo y duro pulso político que la Regente y el bastardo mantenían por el control de la Monarquía. Lo sorprendente es la actitud de Lastanosa, que con 68 años cumplidos se ofreció por tres veces a acompañar a don Juan José en esta jornada italiana. Ello permite ver los singulares vínculos que Vincencio Juan de Lastanosa había establecido con don Juan José de Austria; y documenta, de paso, un viaje, o una estancia más prolongada del infanzón oscense a Zaragoza para visitar al Virrey.


En la dedicatoria, además de incluirse entre los “más rendidos siervos” de Juan José de Austria, Lastanosa escribe: “conserva un culto de veneración mi corazón el retrato de Vuestra Alteza, y guardará estos mi Museo, de oy más precioso por esta Real dádiva”. La frase confirma que las monedas romanas donadas por el Virrey habían engrosado las colecciones lastanosinas y apunta la posibilidad de que la “Real dádiva” hubiera incluido un retrato del propio don Juan.
El segundo texto de las “Medallas romanas explicadas” es el comentario de una moneda del emperador Valeriano, bajo cuyo gobierno se produjo en el año 258 el martirio de San Lorenzo, el patrón de Huesca. Según Vincencio Juan de Lastanosa, la de Valeriano había sido:


la más inhumana y violenta persecución que ha padecido la Yglesia, matando innumerables christianos, y entre ellos a x de Agosto al invictíssimo Mártir san Lorenzo, hijo de la Victoriosa Ciudad de Huesca, objeto de la devoción de los Serenísimos Señores Reyes de España, venerado en la octava maravilla del mundo [El Escorial] que erigió la Cathólica prudencia y devoción Augusta del Señor Rey D. Felipe II e illustró el maior de los Monarcas, el Señor Rey D. Felipe IV, padre del desseado Señor Rey Carlos II, que felizmente reina, y del invencible Marte, el Serenísimo Señor D. Juan de Austria, Padre de la Patria, Centro del Amor de los vasallos fieles y Atlante desta Monarquía de ambos mundos, que viva tanta eternidad de años como avemos menester sus rendidas hechuras” (f. 26).


Lo más interesante de estos desmedidos elogios hacia el hijo bastardo de Felipe IV es el término que Lastanosa utiliza para definir su relación con don Juan José: “hechura”, la palabra que en el siglo XVII aludía a los clientes de un personaje poderoso; a cambio de la lealtad y el apoyo a sus “hechuras”, el patrono debía garantizarles protección y, en la medida de sus posibilidades, recompensarles con honores y mercedes.


(continuará)


Fuente principal:


* Garcés Manau, Carlos: “Un Lastanosa poco conocido (1665-1679). Las relaciones con Juan José de Austria”. Argensola, revista de ciencias sociales del Instituto de Estudios Altoaragoneses, nº 115. Huesca, 2005.

Notas:


(1) BN, ms. 6334, ff. 4v-5r.


(2) Desafortunadamente este documento no se conserva original, sino en una copia realizada a finales del siglo XVIII por Féliz Lastassa.


(3) Kalnein, Albrecht Graf von: “La biblioteca de don Juan José”, en “Juan José de Austria en la España de Carlos II”. Editorial Milenio.




(4) Ribot, Luis: "La Monarquía de España y la Guerra de Mesina (1674-1678)". Actas, 2002.



lunes, 20 de febrero de 2012

Las relaciones entre don Juan José de Austria y Vincencio Juan de Lastanosa (Parte I)

1. Retrato de Vincencio Juan de Lastanosa, grabado del siglo XVII.



BREVE BIOGRAFÍA DE VINCENCIO JUAN DE LASTANOSA*



Vincencio Juan de Lastanosa (1607-1681) es una de las figuras más destacadas de la historia cultural oscense y aragonesa, en su doble faceta de mecenas y coleccionista (el museo lastanosino fue uno de los ejemplos españoles más notables de los Gabinetes de Curiosidades o Cámaras de Maravillas, tan característicos de la Europa del Barroco).


Los Lastanosa, se establecieron en Huesca a mediados del siglo XVI, donde se integraron pronto en la oligarquía urbana que dominaba el Concejo. En el año 1628, Vincencio Juan de Lastanosa vio reconocida su infanzonía y la de su familia en la Real Audiencia de Aragón.


Vincencio Juan de Lastanosa nació en Huesca el 25 de febrero de 1607. Tuvo tres hermanas y un hermano, Juan Orencio, que fue canónigo de la Catedral. Juan Orencio Lastanosa vivió con él en su Palacio del Coso y colaboró de forma estrecha en cuantas empresas de carácter cultural y artístico emprendió su hermano. Vincencio Juan quedó huérfano de su padre, Juan Agustín Lastanosa, a los 12 años. Su abuelo materno, Juan Baraiz y Vera, jugó por ello un papel fundamental en su infancia y juventud.


Con apenas 18 años, Vincencio Juan de Lastanosa casó con Catalina Gastón, que solo tenía trece. Tuvieron 14 hijos, de los que siete llegaron a la edad adulta. Catalina Gastón murió precisamente de sobreparto, con 32 años. El primogénito y heredero, Hermenegildo, se hizo fraile cartujo, abocando a la familia a una gravísima crisis. A Vicencio Juan le sucedió finalmente su hijo menor, Vicente Antonio. Sin embargo, al morir éste sin descendencia en 1696 la herencia familiar pasó a otro de los hijos, Juan Francisco, quien ya había tenido un niño siendo clérigo y que más tarde colgó los hábitos y contrajo matrimonio legítimo, con lo que consiguió por fin dar continuidad al linaje.


Vincencio Juan de Lastanosa desempeñó varios cargos en el Concejo oscense, siendo el más importante el de Prior de Jurados, en 1675-1676. Fue también Diputado del Reino de Aragón en 1671-1672. En el año 1642 mandó contra los franceses una de las compañías de la ciudad durante la guerra de Cataluña. Tuvo igualmente una actuación destacada en la terrible peste que asoló Huesca en 1651-1652. En 1677, gracias seguramente a sus relaciones con don Juan José de Austria, fue nombrado Gentilhombre de la Casa de Carlos II.


Lastanosa fue amigo y protector del jesuita aragonés Baltasar Gracián, quien publicó en Huesca por primera vez, gracias a su mecenazgo, varios de sus libros. Precisamente, el que Vincencio Juan de Lastanosa aparece citado en varias obras de Gracián.


Otros escritores, artistas e intelectuales aragoneses que mantuvieron relaciones con Lastanosa fueron el Conde de Guimerá, Juan Francisco Andrés de Uztarroz y Diego José Dormer, ambos Cronistas del Reino de Aragón, Ana Francisca Abarca de Bolea, Manuel de Salinas, el jesuita Jerónimo García, Francisco de Artiga, Diego Vincencio Vidania, Juan Francisco Montemayor o el pintor Jusepe Martínez. Son, junto a Gracián, los miembros del Círculo lastanosino.


Lastanosa reunió en su Palacio del Coso una gran biblioteca y museo. El palacio era ya de por sí un edificio notable, con una fachada en la que destacaba una torre con una estatua de Hércules desnudo, que sostenía sobre sus hombros la esfera del Universo. Tras el palacio se extendían unos singulares jardines, cuyos elementos más sobresalientes eran un gran estanque navegable y un laberinto vegetal. Los jardines lastanosinos ocupaban buena parte del espacio del actual Parque Municipal, que es por tanto heredero directo de aquellos. La biblioteca, de la que existe un detallado catálogo conservado en Estocolmo, contaba con cerca de 1.500 libros y manuscritos. Por lo que hace a sus colecciones, estaban formadas por pinturas, esculturas, grabados, monedas, medallas, camafeos y piedras preciosas, antigüedades, mapas, instrumentos científicos, objetos exóticos, fósiles y prodigios naturales, armas, etc. Esta clase de colecciones, eclécticas y maravillosas, eran comunes en la Europa de su tiempo. Se las conocía como Gabinetes de curiosidades (Cabinets de curiosités) o Cámaras de maravillas (Wunderkammern). Con ellas se pretendía recrear una imagen lo más completa posible de la naturaleza y las realizaciones humanas.


La biblioteca y museo de Vincencio Juan de Lastanosa se inscriben plenamente en este fenómeno europeo. Sin salir apenas de Huesca, Lastanosa supo mantenerse en contacto con otros eruditos y coleccionistas de Europa. En Francia fueron especialmente estrechas sus relaciones con Francisco Filhol, un clérigo de Toulouse que había reunido colecciones similares a las suyas. En Italia, el mecenas oscense intercambió correspondencia con el célebre jesuita alemán Athanasius Kircher.


El coleccionismo y estudio de las monedas antiguas fue una de las grandes pasiones de Lastanosa. Los dos libros que publicó el mecenas oscense fueron justamente de tema numismático: uno en 1645 sobre las monedas ibéricas (“Museo de las medallas desconocidas españolas”) y otro de 1681, el año de su muerte, sobre la moneda aragonesa (“Tratado de la moneda jaquesa y de otras de oro y plata del Reino de Aragón”). La alquimia fue otra de las materias que más le interesaron. Durante tres años estuvo viviendo en su palacio un alquimista y sacerdote italiano, Nadal Baronio, que preparó para él oro potable, con resultados según cuenta Lastanosa milagrosos para el restablecimiento de la salud.


El siglo XVII, la época de Lastanosa, es el siglo de la Revolución Científica. En esta centuria comenzaron a resquebrajarse las antiguas concepciones sobre la naturaleza y el ser humano, que llevaban vigentes 2.000 años. Unas concepciones que hablaban de un Universo pequeño centrado en una Tierra inmóvil, y con apenas 6.000 años de antigüedad, según los relatos bíblicos. El telescopio, utilizado en el siglo XVII por primera vez para observar los cielos, constituye uno de los símbolos de la Revolución Científica. En la Huesca del Barroco, Vincencio Juan de Lastanosa poseyó tanto telescopios (“anteojos de larga vista”, los llamaba el mecenas oscesne) como microscopios.


Al morir Lastanosa, su biblioteca y colecciones se dispersaron, y los jardines acabaron desapareciendo. Finalmente, el propio palacio fue demolido en el año 1894. En la actualidad, el principal testimonio que Huesca conserva de los Lastanosa son sus dos capillas familiares, una en la Catedral, bajo la que hay dos criptas subterráneas en las que están enterrados Vincencio Juan de Lastanosa, su mujer Catalina, su hermano Juan Orencio y otros miembros de su familia (y por una singular coincidencia histórica, también el naturalista altoaragonés del siglo XVIII Félix de Azara), y una segunda capilla, construida por sus descendientes en la iglesia de Santo Domingo.



2. Retrato de don Juan José de Austria, grabado de Joannes Blavet (1675).



SUS RELACIONES CON DON JUAN JOSÉ DE AUSTRIA:



En 1669 don Juan partió desde Barcelona con rumbo a Madrid con la intención de derribar al valido de la reina regente doña Mariana, el padre confesor Juan Everardo Nithard y alzarse con el poder. Aunque consiguió lo primero (Nithard fue expulsado de la Corte con rumbo a Roma, donde ejercería como embajador extraordinario), no pudo alzarse con las riendas del gobierno, siendo nombrado por la Regente como virrey de Aragón, además de “Vicario General de los reinos de la Corona de Aragón”. A partir de entonces residiría en Zaragoza, como virrey de aquel Reino, residiendo en el Palacio de la Aljafería.



El 28 de junio de 1669, un día antes de que don Juan José de Austria hiciera su entrada en Zaragoza, el Concejo oscense conoció de manera oficial “la dichosa nueva de que el señor D. Juan de Austria viene por virrey y Capitán General de este Reino y Vicario General de la Corona de Aragón”. La ciudad decidió “darle el bienvenido con el agasajo, aparato y ostentación y cumplimiento” que merecía “dicho señor D. Juan por sus reales prendas y naturales, y ser hijo del serenísimo señor D. Phelipe quarto, Rey que está en gloria, y por el amor y cariño que este Reino y Corona de Aragón le tiene”. Un día después las autoridades municipales eligieron a cuatro ciudadanos para que acudieran a Zaragoza a saludar a don Juan de Austria: eran Vincencio Juan de Lastanosa, Antonio Costa, Francisco Gómez y Pedro Santolaria. Sin embargo, algo debió ocurrir porque el 30 de junio se comunicaba al Concejo que “la nominación de síndicos para dar el bienvenido al señor don Juan de Austria” no se había “podido efectuar por algunas legítimas ocupaciones de algunos de los nombrados”. En tales circunstancias se desplazó finalmente a la capital aragonesa, como representante único de Huesca, Vincencio Juan de Lastanosa. Se acordó, no obstante, que Lastanosa eligiera “las personas que le pareciere para acompañarle” (1).



Cuando acudió a Zaragonza para dar la bienvenida al nuevo virrey, Vincencio Juan de Lastanosa tenía ya 62 años, 22 más que don Juan. El encuentro entre los dos hombres dio inicio a unas interesantísimas relaciones. La confirmación de que la bienvenida del verano de 1669 fue el momento en que don Juan José y Lastanosa se conocieron la proporciona un texto inédito del año 1675. Se trata de un elogio de Lastanosa compuesto por el fraile carmelita descalzo José Trigo de Latas, que reza así:



Su docta patria [Huesca] le eligió para la Embaxada que hiço a su Alteza el serenísimo señor Príncipe Don Juan de Austria, en que logró el Príncipe conocer lo superior del genio cortesano, docto y noble de nuestro Héroe, de que quedó pagado que en adelante siempre le comunica y consulta quanto toca en buenas letras, con ser Príncipe tan cabal Su Alteza. Digno premio a tan desvelados estudios y venerables canas” (2).




(continuará)

Fuente principal:



* Garcés Manau, Carlos: “Un Lastanosa poco conocido (1665-1679). Las relaciones con Juan José de Austria”. Argensola, revista de ciencias sociales del Instituto de Estudios Altoaragoneses, nº 115. Huesca, 2005.

Notas:



* Tomo esta biografía de la web dedicada a Vincencio Juan Lastanosa “Proyecto Lastanosa”, obra del Instituto de Estudios Altoaragoneses, dependiente de la Diputación de Huesca.




(1) AMH, actas, nº 162, ff. 113 r-v, 115v, 116v, 117v, 123r y 139r.

viernes, 17 de febrero de 2012

Armas de don Juan José de Austria


* Nota: me gustaría dedicar esta entrada a mi amigo Jordi el Dissortat, autor del blog “En el bosque de la larga espera”, y gran aficionado a la heráldica.


El insigne doctor y genealogista de la Universidad de Valladolid, don Féliz Martínez Llorente, indica con respecto a las armas de don Juan José de Austria lo siguiente:


Sello de placa de don Juan de Austria, hijo bastardo de Felipe IV, con su escudo de armas. Corresponde a las armas plenas de su padre, el Rey, brisadas de traversa (pieza contraria heráldicamente a la banda, puesta en barra, y más fina), con el fin de diferenciarlas de aquellas, significando con la posición que adopta dicha brisura su condición de bastardía. Al timbre, corona abierta de cinco florines vistos (pudiera tratarse de una corona de infante, ilegítimamente asumida). Acolada al escudo se aprecia la Cruz de la Orden de San Juan, por su condición de Gran Prior de Castilla en el seno de la mencionada Orden”.


Es conveniente también recordar que en relación a su sello y armas Felipe IV había indicado, al reconocer como hijo a don Juan, lo siguiente:


Resolución de Su Majestad a la consulta de la junta que de su real orden se celebró en cinco de febrero de este año de 1647, sobre los tratamientos y cortesías que ha de usar el señor don Juan con toda suerte de personas en la manera siguiente…


38. Sello. El sello tendrá las armas reales de Su Majestad, y una barra que atraviese de esquina a esquina, de alto abajo, y esta misma llevarán los reposteros y doseles, con corona abierta con flores como lo traía el señor don Juan, su tío [don Juan de Austria, hijo bastardo de Carlos I]” (1).

Notas:


(1) BN, mss. 11.027, pp. 340-346.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Don Juan José de Austria en la correspondencia entre Felipe IV y sor María Jesús de Ágreda

En carta fechada el 19 de mayo de 1647 escribía Felipe IV a la madre sor María Jesús de Ágreda, refiriéndose a don Juan José de Austria, que iba embarcado al servicio de la Armada con rumbo a Nápoles:


“He resuelto que vaya en ella un hijo que produjeron los descuidos de mi mocedad. Dios se sirva perdonármelos y tenerme de su mano para que no vuelva a ofenderle. Hállase ya de dieciocho años…Hele puesto los mejores consejeros…Vos, sor María, le encomendad a N. º Señor”.


En otra carta del 7 de mayo de 1648, sor María escribía al Rey manifestándole el gozo por el éxito de don Juan al aplacar la rebelión de Nápoles:


“aumentado por haber venido por la mano de don Juan”


Acaba la carta con elogios para el joven don Juan:


“que promete muchas y felices esperanzas”


Su Majestad agradece a sor María la carta anterior, sobre todo porque el triunfo de Nápoles:

“haya sido obrado por la mano de este muchacho del que le dan buenos informes. Es temeroso de Dios y virtuoso”


Las alusiones a don Juan José en el epistolario entre Felipe IV y la monja de Ágreda, que se extiende a lo largo de 22 años (4 de octubre de 1643 a 22 de mayo de 1665, en que muere sor María Jesús) llegan a la cifra de 56, lo que da una idea de la importancia y la presencia que el bastardo real tuvo en la política española de aquella época.

Fuente principal:


* Escanciano Nogueira, Servando: “La madre del señor don Juan de Austria, abadesa del Real Monasterio de Valfermoso de las Monjas (Guadalajara)”. Wad-al-Hayara: Revista de estudios de Guadalajara. 1987.

jueves, 9 de febrero de 2012

Don Juan José de Austria y la revuelta napolitana de 1647 (Parte II y final)

1. Retrato de don Juan José de Austria ecuestre (h. 1648), realizado por José de Ribera durante la estancia del bastardo en Nápoles (al fondo se puede identificar el famoso Castell dell'Ovo), Patrimonio Nacional.




Hacía tiempo que Francia preparaba su intervención en los sucesos de Nápoles. En 1646 había tenido lugar una expedición francesa a los Presidios de Toscana para estorbar las comunicaciones entre España e Italia y entre los propios territorios españoles de Italia, presionar políticamente a la Santa Sede para impedir las iniciativas favorables a España (1) e imponer una política de neutralidad en Toscana. Incluso, en los primeros meses de 1646, Mazarino había llegado a firmar un tratado con el Príncipe Tomás de Saboya, estipulando que Francia dispensaría a éste ayuda y protección a cambio de la cesión de la plaza de Gaeta y de un Puerto en el Adriático, en el caso de que los franceses consiguieran la Corona de Nápoles como consecuencia de una insurrección.

Sin embargo, y a pesar del empeño francés, el Conde de Oñate consiguió apresar al Duque de Guisa enviándole preso a Madrid (donde permanecería hasta 1652). Rápidamente emprendió una ofensiva con avanzadillas que fueron tomando posiciones. Al mismo tiempo, el pueblo empezó a colaborar y a vitorear al Rey. Así, Nápoles y otras ciudades del Reino a imitación suya, se fueron reduciendo a la obediencia del Rey Católico. El Conde de Oñate indultó a todos los presos salvo a los que fueran franceses.

Con fecha 6 de abril de 1648, escribió don Juan José una carta a don Luis de Haro, primer ministro de Felipe IV, comunicándole la total reducción de Nápoles en el día de la fecha, sin daños considerables para las partes. Si bien indicaba que:

“...bien reconozco que Su Majestad ha quedado sin rentas en este Reyno por la exençion de gabelas, pero también diré a V.E. que como el interés prinçipal es y debe ser siempre la seguridad del Reyno no me duelen a mi tanto las demás conveniencias” (2)

Fue importante en la reducción de Nápoles, la estrategia utilizada por los mandos españoles cuyo máximo empeño había sido sembrar la discordia entre los que gobernaban para acceder con facilidad al gobierno, granjeándose al mismo tiempo el favor de los civiles para que facilitaran la empresa.

El pueblo acabó colaborando por cansancio y, al mismo tiempo, por temor a las represalias de los españoles. Por su parte, la nobleza, se mantuvo siempre solidaria con la Monarquía dado que ésta garantizaba plenamente sus privilegios.

Una vez aplacados los ánimos, don Juan José concedió una serie de gracias al pueblo napolitano con el fin de liberarles de las excesivas imposiciones con que se hallaba gravado (3). Estas gracias se centraban fundamentalmente en la supresión de las gabelas que al gravar artículos de primera necesidad habían motivado el levantamiento del pueblo.

Entretanto, las noticias sobre la reducción de Nápoles llegaron a Madrid. Efectivamente, el 28 de abril de 1648, don Fernando Carrillo, gentilhombre de la Cámara de Su Alteza, apareció en la puerta de Nuestra Señora de Atocha, con la noticia del aplacamiento de Nápoles. Felipe IV recibió la noticia en Aranjuez. De regreso a Madrid, el 2 de mayo de 1648, se manifestó públicamente en las calles de Madrid, acompañado de la más rancia nobleza, siendo aclamado por el pueblo.

Especial relevancia tuvieron las celebraciones que llevó a cabo el Consejo de Italia. El lugar elegido para dicho acontecimiento fue el Convento de los Ángeles, de monjas de la Seráfica Religión del Glorioso San Francisco, en donde tuvo lugar la instalación del Santísimo Sacramento, a lo largo de tres días. Las celebraciones religiosas se vieron acompañadas por manifestaciones musicales y fuegos de artificio y culminaron, el último día, con una solemne procesión.

Don Juan José fue nombrado Virrey y Capitán General de Sicilia por lo que permaneció en Italia, además, con una orden real prioritaria: la recuperación de las plazas de Puerto Longón y Piombino. Era fundamental aprovechar la coyuntura puesto que las plazas se encontraban mal guarnecidas debido a que Francia estaba viviendo las revoluciones de París y todo lo que la Fronda trajo consigo.

El Conde de Oñate recibió las oportunas órdenes para preparar todo aquello que considerara conveniente, debía salir de Nápoles para intervenir en la empresa, en su calidad de virrey Nápoles (4). El Marqués de Caracena, por su parte, enviaría auxilios desde Milán. Mientras, don Juan se ocuparía del apresto de la Armada:

“... vais aprestando la Armada con inteligencia de que no habiendo de salir este año la de Francia a navegar asi por las turbaçiones como por haver pasado la mayor parte della a Poniente, no sera necesario esperar todo el apresto de la nuestra” (5)

Desde Madrid empezaron a divulgarse falsos rumores para hacer creer que la Armada que se preparaba estaba destinada a intervenir en Cataluña (6). Don Juan, naturalmente, hizo suya dicha estrategia para lograr los efectos deseados y despistar, en lo posible, a los franceses en ambos frentes (Cataluña y los Presidios).

Las fuerzas españolas, además, poseían cumplida información sobre la situación en hombres y pertrechos de Puerto Longón y Piombino (7). Una soldadesca impagada desde hacía meses, hambre, enfermedades y una artillería, en su mayor parte de hierro, esperaban a las tropas de don Juan.

A pesar de todas las previsiones, preparadas en la primavera de 1649, llegaron noticias de Madrid, con la orden de posponer la empresa ya que el Conde de Oñate había tenido que enviar la mayor parte de la infantería a España, concretamente a Cataluña, para intervenir en la ofensiva contra los franceses. Afortunadamente “cuando la Paz de Westfalia les privó de sus aliados holandeses y la Fronda empezó a preocuparles en el interior, Cataluña dejó de figurar destacadamente en los cálculos de Francia” (8).

Por fin, “cuatro docenas de navíos, dos de galeras y doscientos transportes, con catorce mil hombres de desembarco, efectivos impresionantes que dan idea del alcance atribuido a la empresa, fueron puestos a las órdenes superiores de don Juan José de Austria” (9). Atacados a un mismo tiempo Piombino y Puerto Longón, se rindieron en pocas semanas, en el verano de 1650. El Rey Católico recuperaba así unas plazas de importante valor económico, político y estratégico para dominar el Mediterráneo.




2. Detalle de un retrato ecuestre de don Iñigo Vélez de Guevara, Conde de Oñate.


Don Juan, a raíz de su intervención en Italia, se cubrió de gloria aunque se dice que fue el Conde de Oñate el que más contribuyó a sus éxitos militares.

Lo cierto es que a lo largo de su trayectoria, el Rey se preocupó de rodear a su hijo de expertos políticos y militares para que le ayudaran y aconsejaran en todo momento, lo cual, exasperaba a don Juan José cuya ambición le llevaba a desear ser cabeza visible de las empresas en las que participaba. En una carta que el bastardo real envió a don Luis de Haro desde Mesina el 27 de julio de 1649 decía:

Dígame por amor de Dios..., qué lugar tengo yo en esta facción [ejército], porque no veo otra ocupación sino de convoyar al Conde de Oñate, a quien hace S.M., dueño absoluto. Confieso a V.E., que ha sido este gran mortificación de mi alíento, y que mientras viva no se me borrara del corazón el concepto en que mi desdicha me ha puesto”.

Los informes que el Rey recibió sobre la conducta de don Juan José, el cual, había seducido a una de las hijas del pintor José Ribera, “Lo Spagnoletto”, le animaron a enviarle hacia Cataluña, en junio de 1651. Al parecer, este hecho, no sólo no disgustó a don Juan, sino que era algo que esperaba desde hacía tiempo (10).

Fuente Principal:

* Castilla Soto, Josefina: “La revuelta napolitana a mediados del siglo XVII y don Juan José de Austria”. Revista de la Facultad de Geografía e Historia, nº 4, 1989, pp. 195-206.


Notas:

(1) Esta política de presión a la Santa Sede, daría posteriormente sus frutos. En plena revuelta napolitana, el Papa se negó a enviar a don Juan un legado para que mediara en la paz, el detectar allí, la presencia francesa.

(2) B.N., Mns. 2379, fol. 121.

(3) Ibidem, fols. 109 a 112. Se trata de once capítulos en donde se recogen las gracias, privilegios e inmunidades concedidas al pueblo napolitano el 11 de abril de 1648.

(4) Carta dirigida a don Juan José como virrey de Sicilia, “...y considerando que no sera bastante la gente y provisiones que de esse Reyno podréis sacar con la Armada y que sera preciso que la mayor parte assi de infantería como de cavalleria salga del Reyno de Nápoles, junto con el caudal, municiones, bastimentos y dinero para su sustento que esto se facilitara mucho, hallándose en la jornada el Conde de Oñate”. (A.G.S., Secc. Estado, leg. 6112, fol. 48.)

(5) Ibidem, fol. 24. Se trata de un despacho del Rey a don Juan con fecha 24 de marzo de 1649.

(6) Ibidem, fol. 48.

(7) Ibidem, fol. 25.

(8) Lynch, J: “España bajo los Austrias”, Barcelona, Península, 1975, 2.° vol. p. 149.

(9) Alcalá-Zamora y Queipo de Llano, José: “Razón de Estado y Geostrategia en la política Italiana de Carlos II: Florencia y los Presidios (1677-1681)”. Boletín de la Real Academia de la Historia, t. CLXXIII. Cuaderno II, Madrid, 1976, p, 314.

(10) En una carta enviada por don Luis de Haro a don Juan José con fecha 10 de junio de 1649, puede leerse: “Apruebo mucho la gran prudencia y acierto de VA, en suplicar a S.M. se sirva de no detener a V.A. en el govierno político de Siçilia, sino permitir que se emplee su persona en ocassiones víbas de guerra” (A.G.S., Secc. Estado, leg. 6112, fol. 56).