viernes, 9 de abril de 2021

La reversión de Luxemburgo a la Monarquía de España (1698) y el enfrentamiento entre las Casas de Baviera y Neoburgo

 


"[...] La Villa y Fortaleza de Luxembourg en el estado que se halla presentemente, sin demoler, mudar ni disminuir, o deteriorar nada de sus obras, Fuertes, y Fortificaciones, con la Artillería que avia quando fue tomada, y juntamente la Provincia y Ducado de Luxembourg y Condado de Chinij, en toda su consistencia, y quanto comprehenden, con todas sus atenencias, dependencias, y anexidades, se restituirán, y pondrán al Poder, Soberanía, Dominio, y Possession del Rey Catolico, para que SM. Catolica los possea en la misma forma que lo hizo, o puso hazer, al tiempo del Tratado de Nimega, y antes dèl, sin detenerse, ni reservarse nada por parte de su Magestad Christianissima, sino es lo que ha sido cedido por los precedentes Tratados de Paz." (1)

Así rezaba el artículo V del Tratado de Rijswijk firmado el 20 de septiembre de 1697 por los representantes de Carlos II y Luis XIV mediante el que se ponía fin a la guerra entre ambas coronas iniciada en 1689 (2) y por la que el Rey de Francia devolvía el Ducado de Luxemburgo y el Condado de Chiny, conquistados en 1684, al Rey de España. 

13 años habían pasados desde que la Monarquía viera desgajada de su cuerpo aquellos estados y por ello Carlos II se apresuró en enviar el 15 de noviembre de 1697 las letras credenciales con el nombramiento de Jean-Frédéric, Conde d'Autel (3), como nuevo Gobernador y Capitán General del Ducado de Luxemburgo y el Condado de Chiny. Era éste una criatura del elector Juan Guillermo del Palatinado al que había servido como general de sus tropas y en varias misiones diplomáticas. El Elector había pretendido ya con anterioridad algún puesto de relevancia para él usando la influencia de la Condesa de Berlepsch en Madrid sobre su hermana, la reina Mariana de Neoburgo. Se propuso que d'Autel ocupase el Gobierno de las Armas de Milán o Lieja e incluso el importante cargo de castellano de Milán, que finalmente se otorgó a don Fernando Valdés, hijo ilegítimo de Felipe IV (4). No obstante aun pasarían varios meses hasta que las tropas francesas evacuaran Luxemburgo y el Conde d'Autel pudiera ocupar su puesto.

Este retraso no se debió solo a la poca urgencia de Luis XIV por abandonar la plaza, sino también a las trabas y dificultades puestas por el Gobernador de los Países Bajos: el duque-elector Maximiliano II Manuel de Baviera. Éste había sido nombrado Gobernador por Carlos II a finales de 1691 en parte gracias al apoyo que en la Corte tuvo por parte de la reina madre Mariana de Austria que defendió otorgar el Gobierno de aquellos estados al marido de su nieta Mª Antonia frente a la candidatura de Juan Guillermo de Neoburgo, apoyado por Mariana de Neoburgo. 

Desde ese momento la defensa de los Países Bajos quedó a cargo del Elector de Baviera y de sus tropas que jugaron un importante papel durante la Guerra de los Nueve Años (1688-1697). A comienzos de 1694, tras el acuerdo firmado con Carlos II, llegaron 6.000 tropas bávaras que aseguraban su dominio territorial, además de su defensa personal (5). Pero incluso tras el fin del conflicto, en 1698 Maximiliano II Manuel se ofreció a aumentar los contingentes que permanecían en los Flandes con otros 10.500 efectivos, a sumar a los efectivos que ya estaban presentes allí (6).

Las ambiciones del Elector de Baviera sobre los Países Bajos venían de bastante antes de su nombramiento como Gobernador. Durante las negociaciones matrimoniales con la archiduquesa Mª Antonia de Austria, éste había demandado una compensación territorial por la renuncia de su mujer a los derechos sobre la Monarquía de España, obteniendo finalmente de parte del padre de la novia, el emperador Leopoldo I, la cesión de los Países Bajos, hecho que quedó reflejado en el contrato matrimonial firmado el 12 de abril de 1685. Sin embargo, Carlos II enterado de dicho acuerdo jamás aceptó ni la renuncia de su sobrina, ni mucho menos la cesión de una parte de sus estados, decisión que le pertenecía únicamente a él y que fue uno de los obstáculos más discutidos a la hora de otorgar el Gobierno de los Países Bajos a Maximiliano II Manuel. Tampoco conviene olvidar que ya desde 1696 con el primer testamento de Carlos II, el hijo de Maximiliano II Manuel de Baviera, el príncipe electoral José Fernando, era el sucesor legal del Rey de España lo que reforzaba aun más su posición en Bruselas.

Como afirma Rocío Martínez (7) no se puede dudar de que el principal objetivo de Maximiliano II Manuel desde su boda era hacerse con los Países Bajos y para ello ir consiguiendo cada vez una posición más fuerte hasta hacerse con su soberanía, o al menos, con su gobierno perpetuo. Un objetivo en el que el Elector había invertido mucho dinero y esfuerzo. No debe extrañar por tanto que el nombramiento como Gobernador de Luxemburgo de una hechura de la rama rival de los Wittelsbach-Neoburgo y antiguo rival por el gobierno de los Países Bajos causase enorme insatisfacción en el Duque de Baviera. 

Las Casas de Baviera y Neoburgo llevaban largo tiempo enfrentadas por la posesión del Palatinado que había ido cambiando de manos a lo largo de todo el siglo XVII tras la derrota de Federico V a manos de los ejércitos de la Casa de Austria en la Batalla de la Montaña Blanca (1620) y dividido entre el Duque de Baviera (Alto Palatinado), al que también se le otorgó la dignidad electoral; y España que obtuvo el Bajo Palatinado, conquistado por Spinola entre 1620-1622, territorio que tras la Paz de Münster fue cedido a Carlos Luis, hijo de Federico V, y posteriormente tras la extinción de esta familia calvinista en 1685 otorgado al católico Felipe Guillermo de Neoburgo (1685), padre de Juan Guillermo de Neoburgo y la reina Mariana de Neoburgo.

Pero es que además, Carlos II había encargado a su cuñado el Elector Palatino presidiar la plaza de Luxemburgo, cuyos estados confinaban con el Ducado, con tres batallones de infantería y un regimiento de dragones, que sumaban entre 2.000 y 3.000 hombres, lo que incrementaría notablemente su influencia en un territorio clave que daba acceso directo al Imperio.

2. Plano y vista de Luxemburgo y su fortaleza, obra de Mattheus Seuter, geógrafo imperial de Carlos VI, en "Grosser Atlas worinnen enthalten alle die jenige geographisches Universal-Special- und Particular-Mappen, mit über die mehresten gedrukten alphabetischen Registern" (1734).


El favorito del emperador Leopoldo I, el Conde de Auerspeg, escribía al embajador imperial el Madrid, Conde Bonventura Harrach, acerca de los recelos de Maximiliano II Manuel de Baviera a admitir las tropas palatinas:

"[...] contraria mucho al Elector [de Baviera] tener que admitir allí [Luxemburgo] tropas holandesas y palatinas y ha procurado disuadir al hermano de la Reina ponderándole los grandes gastos a que se obliga. Contestó el Elector Palatino ofreciendo más fuerzas aun y afirmando que no le costarían nada al Rey de España [...]" (8).

Por su parte, el Elector Palatino escribía impacientado el 18 de enero de 1698 a la Condesa de Berlepsch, favorita de la Reina en Madrid, sobre el retraso de la evacuación en estos términos:

"La evacuación de Luxemburgo no sólo no adelanta sino que se demora deliberadamente hasta el punto de que Francia ha acordado por si sola hacerla el próximo día 25. El Elector de Baviera excusa su morosidad alegando que no tiene hechos los preparativos y descubre así sus verdaderas intenciones.

Ha mandado salir hacia Luxemburgo sus tres batallones de infantería y su regimiento de dragones, no obstante no haber recibido para ello la licencia del Elector [de Baviera]; y ha indicado al Conde de Elteren [d'Autel] la necesidad de que cautamente convenga con los moradores del país cuanto sea necesario para proveer a la defensa en tiempo de guerra, porque el Elector cuidará de seguro de que todo esto falte".

Pero en esa misma misiva Juan Guillermo de Neoburgo entraba a proponer algo aun más importante como era la destitución de Maximiliano II Manuel de Baviera y la sustitución por su propio hermano, Carlos Felipe de Neoburgo:

"Se dice que en la próxima primavera piensa hacer un viaje a Munich [el Elector de Baviera]; quizás sea una buena oportunidad para que el Rey de España tome la enérgica resolución de destituirle del Gobierno de Flandes, persuadido como debe estarlo de que no merece la confianza para la guerra ni para la paz. Cuide ella de sugerírselo a la Reina.

De varias partes le indican que el sucesor más adecuado en el Gobierno de Flandes sería su hermano Carlos Felipe. Nadie le aventaja a él en desear cosa tan favorable para su hermano [...]" (9).

A finales de enero Carlos II, siendo ya cierta la fecha en la que Luis XIV evacuaría la plaza, apremiaba al Duque-Gobernador a no dilatar más la situación y permitir el paso de las tropas palatinas que debían presidiarla por ser lo más conveniente para su real servicio:

"Serenísimo Príncipe y excelentísimo Duque Elector de Baviera, mi buen hermano, primo y sobrino. En despacho del 23 de noviembre próximo pasado encargué a V. Dilección que luego que se nos restituyese la plaza de Luxemburgo dispusiese V.D. presidiarla con las tropas del Elector Palatino, por hallarse más inmediatas y ser de mucho servicio; a que V.D. respondió en carta del 13 de diciembre siguiente, lo ejecutaría. Y ahora, en consecuencia de los referido, y con las noticias últimas del día en que se entregaría esta plaza, he querido prevenir de nuevo a V.D. no difiera con ningún pretexto el presidiar esta plaza con las tropas palatinas, como tanto conviene, y espero lo habrá ejecutado el conocimiento y celo de V.D. a todo lo que es de mi servicio, y que me dará cuenta de lo que en ello hubiera adelantado". (10)

Finalmente, y en virtud del artículo 5 de la paz antes reseñado, las tropas francesas evacuaron Luxemburgo el día 28 de enero de 1698 (11). Las tropas españolas, bávaras, holandesas, brandemburguesas y las citadas del Elector Palatino, comandadas por d'Autel, quien hasta entonces había permanecido en Bruselas (11), tomaron entonces posesión de la villa y todas las instituciones, incluido el Consejo de Luxemburgo, fueron restablecidas al antiguo pie previo a la conquista gala de 1684. 

Pero incluso después del restablecimiento del Ducado y Plaza de Luxemburgo, los recelos entre el Elector Palatino y el Elector de Baviera continuaron. De esta forma escribía a finales de febrero de 1698 Juan Guillermo de Neoburgo a la Condesa de Berlepsch sobre la desatención en la que Maximiliano II Manuel de Baviera tenía las peticiones del Conde d'Autel:

"La conducta del Elector de Baviera sigue siendo muy de extrañar. Después de que se le admitieron sus 10.500 soldados, trata de expulsar a los españoles y hasta ha prohibido a los oficiales flamencos que completen sus compañías con gente española. Del Luxemburgo no se ocupa, dejando sin contestación los despachos que escribe Elteren, sin enviarle tampoco municiones ni otras cosas necesaria [...]". (12)

La situación de tensión se mantuvo hasta que Maximiliano II Manuel decidió inspeccionar en persona las diversas plazas de los Países Bajos quizás ante la expectativa de otro conflicto bélico en caso caso de morir Carlos II cuya salud se estaba resintiendo por aquel entonces. Tras abandonar Bruselas el 6 de julio se dirigió a Charleroi, para pasar después a Namur y Arlon, llegando el 9 de julio a Luxemburgo donde fue recibido con todos los honores por el Conde d'Autel:

"Llegó a mediodía procedente de Bruselas el Elector de Baviera, saliendo a su encuentro a la puerta de Arlon las tropas que no montaban guardia. Las autoridades le esperaron en la puerta de la ciudad con hachas encendidas: la población civil dentro. S.A. montó a caballo antes de la entrada junto a la Capilla de Nuestra Señora, y penetró luego en la ciudad, llevando a su lado al Conde de Elteren. Hubo tres tablados donde los estudiantes pronunciaron discursos de salutación. El Te Deum se cantó en la Iglesia de los Recoletos". (13)

De esta forma se sellaba una tregua en un enfrentamiento que se había prolongado durante casi un año entre las dos ramas rivales de la familia Wittlesbach y durante el cual habían llevado sus desavenencias al marco de la recién recuperada plaza de Luxemburgo tratando ambos Electores de ganar una posición de fuerza en un territorio clave ante una posible muerte de Carlos II.

CONCLUSIONES:

La reversión de Luxemburgo a la Monarquía de Carlos II tras la Paz de Rijswijk supuso un nuevo campo de enfrentamiento entre las dos ramas de la dinastía Wittelsbach, Baviera y Neoburgo, que llevaban décadas enfrentadas a causa del Palatinado y cuestiones de rango y precedencia en el Imperio. Ahora la lucha se trasladaba a un territorio estratégico a medio camino entre los Países Bajos y el Imperio, colindante con los estados del Duque de Noeburgo, y en un momento de incertidumbre ante una previsible muerte del Rey Católico. 

Apenas dos años después de que Luxemburgo se reintegrase en la Monarquía de España moriría Carlos II (1 de noviembre de 1700). Para aquel entonces la posición de Maximiliano II Manuel de Baviera en los Países Bajos se había debilitado enormemente tras la muerte de su hijo, y heredero declarado de la Monarquía en los dos primeros testamentos de Carlos II, el príncipe electoral José Fernando. Eran muchas las voces en Madrid que clamaban por su sustitución, no obstante el nuevo rey Felipe V, sobrino del Elector de Baviera, le confirmó en el cargo aunque éste permaneció poco tiempo más en Bruselas ya que tuvo que acudir a defender sus estados de Baviera tras el estallido de la Guerra de Sucesión y la amenaza de invasión por parte de los aliados anti-borbónicos. Este hecho que se confirmaría tras la contundente derrota del Duque de Baviera en la Batalla de Blenheim el 13 de agosto de 1704 ante el Duque de Marlborough y Eugenio de Saboya,tras la cual Baviera fue conquistada por las tropas imperiales y el Alto Palatinado entregado a Juan Guillermo de Neoburgo, que lo retuvo hasta la Paz de Utrecht (1713)

Quien también fue confirmado pese a las dudas iniciales sobre su persona y se mantuvo en el cargo de Gobernador de Luxemburgo hasta la cesión del territorio por parte de Felipe V a Maximiliano II Manuel de Baviera en 1712 (14), fue el Conde d'Autel. Así se refería a él uno de los consejeros del nuevo monarca borbónico:

"[...] el señor Conde de Autel que es gobernador de esta ciudad es muy sospechoso. Este hombre era criatura de la reina viuda [Mariana de Neoburgo] está particularmente vinculado al emperador y al elector Palatino." (15).

Con todo y pese a las dudas iniciales por su vinculación con el Emperador, Felipe V debió estar plenamente satisfecho de sus servicios en Luxemburgo ya que el 12 de enero de 1705 le concedería el Toisón de Oro (15), tras 7 años sirviendo como Gobernador del Ducado.


Notas:

(1) Copia impresa del Tratado de Paz ajustado entre las coronas de España y Franci

a el 20 de septiembre de 1697. AHN, ESTADO,2788, Exp.13.

(2) Copia impresa de la Declaración de la guerra hecha por el Rey de Francia a la corona de España. Firmada en Versalles el 15 de abril de 1689. AHN, ESTADO,2787, Exp.21

(3) Jean-Frédéric, Conde d'Autel, Barón de Vogelsang, Señor de Mersch, Heffingen, Cahe y Larochette, nacido en Luxemburgo el 7 de septiembre de 1645 y allí muerto el 1 de agosto de 1716. Siguió la carrera militar y fue general de artillería al servicio del Elector Palatino. Creado Conde por Carlos II en 1685, Felipe V le concedió el Toisón de Oro el 12 de enero de 1705, permaneciendo además como Gobernador y Capitán General del Ducado de Luxemburgo hasta 1712 en que éste fue cedido a Maximiliano II Manuel de Baviera.

(4) "[..] cree que convendría pedir para Elteren (d'Autel) la plaza de castellano de Milán, que se ha de proveer por muerte de su titular. La efectividad de un cargo en el Milanesado es mejor que la perspectiva de una sucesión en Flandes". Wiser, secretario de la Reina, al Elector Palatino el 29 de octubre de 1694 en Maura Gamazo, Gabriel, Duque de Maura; y Wittelsbach, Adalbert, Prinz von Bayern, "Documentos inéditos referentes a las postrimerías de la Casa de Austria en España". Edición digital a partir de Boletín de la Real Academia de la Historia (1925), pp. 526-645 .

(5) Rodríguez Hernández, Antonio José: "El precio de la fidelidad dinástica. Colaboración económica y militar entre la monarquía hispánica y el imperio durante el reinado de Carlos II (1665-1700)". Studia historica. Historia moderna, Nº 33, 2011, pp. 173-174.

(6) Consulta del Consejo de Estado, 8 de noviembre 1698. AGS, Estado Flandes Leg. 3.893.

(7) Martínez López, Rocío: "El Imperio y Baviera frente a la sucesión de Carlos II". UNED, 2018, pp. 271-290

(8) Auerspeg al Conde de Harrach el 9 de enero de 1698 en  Maura Gamazo, Gabriel, Duque de Maura; y Wittelsbach, Adalbert, Prinz von Bayern, Op. cit. pag, 706.

(9) El Elector Palatino a la Condesa de Berlepsch dese Düsseldorf el 18 de enero de 1698, en Maura Gamazo, Gabriel, Duque de Maura; y Wittelsbach, Adalbert, Prinz von Bayern, Op. cit. pp. 708-709. Al día siguiente, 19 de enero, escribía a su hermana Mariana de Neoburgo: "El Elector de Baviera y Berjeick dificultan cuanto pueden la evacuación de Luxemburgo por los franceses".

(10) Carta adjunta de Carlos II en misiva de la Condesa de Berlepsch al Elector Palatino del 14 de febrero de 1698 en Maura Gamazo, Gabriel, Duque de Maura; y Wittelsbach, Adalbert, Prinz von Bayern, Op. cit. pag. 719.

(11) "Salió el Conde Elteren (d'Autel) para tomar posesión del Gobierno de Luxemburgo; pero como no se ha evacuado aún ese territorio esperará en Bruselas a que lo esté". El Elector Palatino a la Condesa de Berlepsch desde Düsseldorf el 16 de diciembre de 1697, en Maura Gamazo, Gabriel, Duque de Maura; y Wittelsbach, Adalbert, Prinz von Bayern, Op. cit. pag. 701.

(12) El Elector Palatino a la Condesa de Berlepsch dese Düsseldorf en febrero de 1698, en Maura Gamazo, Gabriel, Duque de Maura; y Wittelsbach, Adalbert, Prinz von Bayern, Op. cit. Sobre los 10.500 soldados ofrecidos por el Duque de Baviera para presiadiar Flandes véase Consulta del Consejo de Estado, 8 de noviembre 1698. AGS, Estado Flandes Leg. 3.893.126. 

(13) Extracto del Diario de Prielmayer (enviado del Duque de Baviera). Luxemburgo, 9 de julio de 1698, en n Maura Gamazo, Gabriel, Duque de Maura; y Wittelsbach, Adalbert, Prinz von Bayern, Op. cit. pag. 800.

(14) "Donación y cesión de los Países Bajos, hecha por su Majestad católica don Felipe V, en favor de Maximiliano Manuel, duque y elector de Baviera: en Madrid el 2 de enero de 1712" en "Tratados, convenios y declaraciones de paz y comercio que han hecho con las potencias extranjeras los monarcas españoles de la Casa de Borbón desde el año de 1700 hasta el día de hoy". Alejandro del Cantillo, Madrid (1843).

(15) Expediente de concesión de la Orden del Toisón de Oro a Juan Federico, Conde de Autel. AHN, ESTADO,7681,Exp.42


Bibliografía:

  • Bernardo Ares, José Manuel; Gómez Navarro, Soledad; Reder Gadow, Marion; y Sanz Camañes, Porfirio: "Recuperar la historia, recuperar la memoria: edición crítica de textos para el aprendizaje de historia moderna". Servicio de Publicaciones y Divulgación Científica de la Universidad de Málaga; N.º 1 edición (13 diciembre 2007).
  • Martínez López, Rocío: "El Imperio y Baviera frente a la sucesión de Carlos II". UNED, 2018.
  • Maura Gamazo, Gabriel, Duque de Maura; y Wittelsbach, Adalbert, Prinz von Bayern, "Documentos inéditos referentes a las postrimerías de la Casa de Austria en España". Edición digital a partir de Boletín de la Real Academia de la Historia (1925).
  • Moetjens, Adrian: "Lettres historiques: contenant ce qui se passe de plus important en Europe et les réflexions nécessaires sur ce sujet. Tome XIV. Mois de Juillet, 1698". La Haya, 1698.
  • Mueller, Steven: "The Wittelsbach Dynasty". Waldmann Press, 2007.
  • Rodríguez Hernández, Antonio José: "El precio de la fidelidad dinástica. Colaboración económica y militar entre la monarquía hispánica y el imperio durante el reinado de Carlos II (1665-1700)". Studia historica. Historia moderna, Nº 33, 2011.
  • Storrs, Christopher: "Germany's Indies? The Spanish Monarchy and Germany in the Reign of the last Spanish Habsburg, Charles II, 1665–1700", in C. Kent, T. K. Wolber, and C. M. K. Hewitt "The Lion and the Eagle: German-Spanish Relations Over the Centuries: An Interdisciplinary Approach". Berghahn Books, 1999.

1 comentario:

  1. Cada vez estoy más convencido de que Carlos II hizo bien y por razón de estado cuando dio fin a su dinastía e instauró a los Borbones. Así demostró estar más adelantado que nadie en su época pues daba a entender que la nación no era un patrimonio familiar aunque todavía en el XIX el Estatuto de Bayona consideraría que la nación española era patrimonio exclusivo de la familia Bonaparte. De ahí esa extraña insistencia en las Cortes de Cádiz al decir, creo que en el artículo 2 de la Constitución, que la nación española no es patrimonio de ninguna familia.
    Y luego dicen que era un retrasado. Ya nos gustaría tener retrasados como él en nuestra época.

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