martes, 2 de junio de 2026

Nuevos retratos de Carlos II y Mariana de Neoburgo con peluca

 




Recientemente han salido a subasta en Finarte Roma estos dos fantásticos retratos ovalados de Carlos II y su segunda esposa, Mariana de Neoburgo, ambos con peluca de rizos.

Si bien a primera viste pensé en Jan van Kessel, algunos expertos consultados me han afirmado que estos pueden ser obra de los pinceles del pintor francés Jacques Courtilleau que fue pintor de la reina entre 1696 y 1702, acompañándola en su exilio toledano, para después pasar al servicio de Felipe V durante su jornada de Italia en ese último año, para volver nuevamente al servicio de la reina viuda al menos desde 1710.

Lo interesante de estos dos retratos, pintados entre finales del reinado carolino y el primer exilio de Mariana de Neoburgo en Toledo, es precisamente la peluca de rizos. Carlos II, al que vemos vestido a la española de negro, con golilla de pala y Toisón (si bien el soberano solía vestir ya "a la moda" en estos años, es decir, lo que comúnmente llamamos "a la francesa), al igual que su esposa, perdieron el cabello durante una epidemia de fiebres tercianas que asoló la corte de Madrid durante la primera mitad del año 1693 y en la que fallecieron personajes tan destacados como el IX duque del Infantado, sumiller de corps del rey.

El conde Lobkowicz, embajador de Leopoldo I en la corte recogía cómo, para tapar su calvicie, el monarca comenzó a usar peluca «pero sin rizos ni polvos, para no parecerse al francés, a quien odia con tanta razón». Evidentemente, Carlos II, quizás por moda, o quizás por comodidad, sí acabó usando pelucas con rizos.

Carlos II con peluca y corbata por Luca Giordano. Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

Carlos II con peluca con atuendo de cazador por John Closterman (1699). Colección particular.




A modo de conclusión, debemos afirmar que fue Carlso II y no Felipe V, como tantas veces se afirma, el primer rey de España en usar peluca, algo que no debe extrañarnos pues ya muchos grandes de España venían usándola desde años ante como, por ejemplo, el conde de Melgar o el IX duque de Medinaceli. Por tanto, la peluca, como la casaca o la corbata, deben interpretarse no como una moda francesa, sino como una moda europea que también estaba en uso por esta época en la corte de Viena.

👉📚Descubre más en mi libro "Yo, el Rey. La historia de Carlos II".



lunes, 4 de mayo de 2026

«Yo, el Rey. La historia de Carlos II»

 


Nadie se podía imaginar, y yo el que menos, que 17 años (¡se dice pronto!) después del nacimiento de este blog, iba a publicar un libro dedicado a la figura de Carlos II.

Pues bien, este pasado 27 de abril de 2026 finalmente este sueño se ha hecho realidad gracias a la publicación del que es mi primer libro: «Yo, el Rey. La historia de Carlos II» publicado a través de la editorial Ático de los Libros.

Se trata de un trabajo de 769 páginas fruto de casi dos años y medio, con documentación de 30 archivos nacionales e internaciones y casi 1.500 referencias documentales y bibliográficas.

Eso supone la culminación de una vida de estudio dedicada a la figura del monarca más denostado de la historia.

A continuación os dejo la sinopsis de la contraportada:

El auténtico monarca detrás del mito del rey «hechizado»

Madrid, 1665. Un niño de cuatro años hereda el trono de la Monarquía de España, el mayor imperio de su tiempo. Desde Bruselas hasta Nápoles, desde México hasta Manila, millones de súbditos quedan bajo la autoridad de un rey cuya figura ha sido durante siglos objeto de burla y lástima. La historia lo ha recordado con el cruel apodo de «el Hechizado» y como símbolo de la decadencia de los Austrias. Pero ¿y si esa imagen no fuera más que un mito, fruto de la propaganda?

En Yo, el rey, Alberto Bravo desmonta una de las leyendas negras más persistentes de la historia de España y devuelve a Carlos II su verdadera dimensión. Lejos de la caricatura del monarca incapaz, descubriremos a un soberano consciente del peso de su corona, que gobernó durante más de tres décadas y logró mantener la cohesión de la Monarquía de España en uno de los momentos más delicados de su historia. Así, bajo su reinado, la economía de los reinos peninsulares se recuperó y la maquinaria política siguió funcionando con una sorprendente capacidad de adaptación.

Fruto de años de investigación y de un profundo conocimiento de las fuentes, Yo, el rey es el retrato más completo y revelador del último Austria. Con pulso narrativo y rigor histórico, Alberto Bravo mira con nuevos ojos a Carlos II y nos desvela al rey que se oculta tras la leyenda: no el fantasma enfermizo de un imperio en ruinas, sino un monarca que sostuvo su herencia hasta el final.



...y las loas de la mano de algunos de los más grandes especialistas en la materia:

«Un estudio monumental, amplio y riguroso sobre el reinado de Carlos II, basado en un impresionante dominio de las fuentes esenciales. La época del último Habsburgo español […] ya no puede considerarse una edad oscura de la historiografía española.»

Christopher Storrs


«La última biografía de Carlos II, que reivindica los valores positivos del último Austria frente al mito de la profunda decadencia de su reinado

Ricardo García Cárcel


«Una mirada renovadora que exorciza el hechizo historiográfico de Carlos II.»

María Luz González Mezquita


«Restituye su dignidad al monarca más despreciado de la historia de la España moderna

Davide Maffi


«Una visión sinóptica de un complejo reinado entre el Viejo y el Nuevo Mundo

Roberto Quirós Rosado


Este es el índice: 


Podéis adquirirlo en la web de Ático: https://aticodeloslibros.com/historia/445-yo-el-rey.html




jueves, 4 de abril de 2024

Vista del palacio de Coudenberg (Bruselas) con el príncipe José Fernando de Baviera

 

1. Vista del palacio de Coudenger, obra de Matthijs Schoevaerdts (h. 1698). Jean Moust, Brujas.


Recientemente he descubierto en la galería Jean Moust de Brujas (Bélgica) este paisaje, obra del pintor flamenco Matthijs Schoevaerdts (h.1662-h.1702), que muestra una vista del palacio de Coudenberg, residencia de los gobernadores de los Países Bajos que regían aquel entramado territorial el nombre del rey de España y duque de Brabante. 

La obra, fechada en hacia 1698, tiene un especial interés ya que en primer término y vestido con casaca azul celeste aparece elector Maximiliano II Manuel de Baviera, nombrado por Carlos II gobernador de Flandes a finales de 1691, cargo que fungió hasta 1701. Junto a él, con casaca gris, aparece su hijo, el príncipe José Fernando de Baviera, al que había hecho llamar a Bruselas desde Viena, donde llegó el 23 de mayo de 1698. El príncipe era hijo del primer matrimonio del elector con la archiduquesa María Antonia de Austria (1669-1692), única hija del emperador Leopoldo I y de la emperatriz Margarita María, la archifamosa protagonista de Las Meninas de Velázquez, y, por tanto, nieta de Felipe IV y de la reina madre Mariana de Austria.


2. Vista de la villa de Bruselas dedicada a Maximiliano II Manuel de Baviera (1697), obra de Jacobus Harrewijn. En el extremo sur-oeste, dentro de los muros de la ciudad, se observa la enorme mole de Coudenberg con sus jardines frente a la fachada sur que es la reflejada en el lienzo de Matthijs Schoevaerdts.


El testamento de Felipe IV establecía que, en caso de morir Carlos II sin hijos, la línea sucesoria debía pasar a los herederos de Margarita María, por lo que José Fernando era el legítimo heredero. Esta vía sucesoria fue confirmada por el propio Carlos II en su primer testamento de 1696, del que hasta la fecha no se ha encontrado rastro más allá de las menciones de los cortesanos y embajadores contemporáneos, y, muy especialmente, de aquel fechado el 14 de noviembre de 1698 conservado en el Archivo Histórico Nacional de Madrid y que fue consecuencia directa del tratado de reparto acordado entre Luis XIV y Guillermo III de Inglaterra en octubre de ese mismo año, en la que el rey designaba al príncipe de Baviera como su heredero universal.



3. Retrato del príncipe electoral José Fernando de Baviera (h.1698), obra de Augustin Coppens. Maison du Roi, Bruselas.


Por tanto, el lienzo tiene una clara intención legitimadora en la que el elector se muestra rodeado de toda su corte junto a su hijo, declarado heredero de Carlos II y quien un día debía regir la inmensa Monarquía de España. Evidentemente, el pintor muestra a un príncipe electoral idealizado y que parece mucho más mayor de lo que realmente era (en 1698 tenía seis años), capaz ya de montar a caballo, metáfora de que era capaz de llevar las riendas de sus futuros estados.

Desgraciadamente para Maximiliano II Manuel, su hijo pre-murió a Carlos II el 6 de febrero de 1699, tan solo cuatro meses después del segundo testamento regio, por lo que no pudo convertirse en rey, dando al traste con las esperanzas de que la Casa de Baviera-Austria rigiera la Monarquía de España. 

El duque de Baviera, casado en segundas nupcias con la princesa polaca Teresa Kunegunda Sobieska en 1695, hija del rey Juan III Sobieski, se mantuvo en el gobierno de los Países Bajos hasta la muerte de Carlos II, convirtiéndose en un auténtico quebradero de cabeza para Madrid por sus ambiciones sobre aquellos estados y su autonomía a la hora de ejercer el gobierno gracias a sus propias tropas situadas sobre el territorio (en 1691 se había acordado el traslado a Flandes de 6.000 soldados bávaros). Allí en Bruselas nacieron tanto su sucesor en el ducado de Baviera, el futuro emperador Carlos Alberto de Baviera (así llamado en honor a Carlos II), nacido en 1697; como los príncipes Felipe Mauricio (1698), futuro príncipe-obispo de Padeborn y Münster; Fernando María (1699), general imperial; y Clemente Augusto (1700), futuro arzobispo-elector de Colonia y gran maestre de la Orden Teutónica.

Bibliografía relacionada:

  • Baviera, A., príncipe de (1922): "Mariana de Neoburgo y las pretensiones bávaras a la sucesión española", en Boletín de la Real Academia de la Historia.
  • Bravo Martín, A. (2023): ¿Una diplomacia familiar? Los Sobieski y la Monarquía de España (1674-1700). Universidad Autónoma de Madrid.
 "Luxemburgo y la guarnición del Elector del Palatinado-Neoburgo tras la Paz de Rijswijk (1697-1700)", en Revista Atenea, núm. 1.

  • Martínez López, R. (2018): El Imperio y Baviera frente a la sucesión de Carlos II. UNED.


jueves, 8 de junio de 2023

Estatuaria carolina (XVI): Carlos II en alabastro y mármol rojo

 

Imagen 1. Detalle de la escultura de Carlos II.

Recientemente la casa londinense Christie's ha sacado a subasta una magnífica escultura en alabastro y mármol rojo de unos 100cm de altura (incluida la peana) de un rey tradicionalmente identificado como Felipe V. No obstante, nuevas investigaciones confirman que el representado sería Carlos II, datándolo en fecha cercana a su mayoría de edad, esto en 1675, momento en el que fueron erigidas otras esculturas en los dominios italianos del rey como la de Marcantonio Canini en L'Aquila o la de Cosimo Fanzago en la Piazza Monteoliveto de Nápoles.

Imagen 2. Frontal y espalda de la escultura de Carlos II.

La confusión acerca de la identificación del monarca representado ha venido por la peana con las flores de lis de la Casa de Borbón. Sin embargo, todo indica que la misma, se insertó en un segundo momento - algo nada extraño en la época - para reidentificar la escultura con el nuevo monarca tras el fallecimiento de Carlos II en 1700. Conviene recordar que, si bien, las representaciones escultóricas del último monarca de la Casa de Austria en los reinos españoles son prácticamente inexistentes y tan solo quedaron en proyecto, como la escultura encargada por Fernando de Valenzuela a Giovanni Battista Foggini que jamás llegó a realizarse por la caída del valido en enero de 1677, en los dominios italianos del Rey Católico si abundaron las representaciones carolinas, destacando entre todas la estatua ecuestre de Giacomo Serpotta en Messina, encargo del virrey conde de Santisteban tras sofocarse la revuelta de la ciudad en 1678.

Álvaro Pascual Chenel y Margarita Estella han propuesto recientemente que el autor de esta magnífica obra sería el parlemitano Giovanni Travaglia, quien ya tenía una amplia vinculación con la Monarquía. Por otra parte, estos autores consideran que esta obra de alabastro podría ser una reducción de la escultura de Carlos II, hoy destruida, que coronaba la Porta Felice de Palermo, tradicionalmente atribuida a Giacomo Amato.

Por último, se plantea la hipótesis de que la inclusión de la pena borbónica date del año 1711 cuando en la corte de Sicilia y promocionadas por el virrey IV marqués de los Balbases, Carlos Filippo Antonio Spinola Doria, se realizaron numerosas obras efímeras para las celebraciones de la victoria de Felipe V sobre los aliados austracistas en la batalla de Villaviciosa.

Fuentes:
  • Estella, M., y Pascual Chenel, Á., “Charles II of Spain. Giovanni Travaglia”, en Faces, Coll & Cortes Fine Arts, London-Madrid, 2013, pp. 272-283.
  • Pascual Chenel, Á., “Algunas precisiones en torno al retrato ecuestre de Carlos II de Giovanni Battista Foggini. Relaciones e influencias”, Boletín del Museo del Prado, Num. 45, 2009, pp. 72-84.





viernes, 16 de julio de 2021

El IV Duque de Uceda, auge y caída de un servidor real (Parte II)

 

1. Detalle del título de Virrey de Sicilia para don Juan Francisco Pacheco, IV Duque de Uceda, expedido por Carlos II el 9 de abril de 1687. Archivo Histórico de la Nobleza.


Tras sus cuatro años de gobierno en Galicia el Duque de Uceda volvió a una Corte en la que, después de la Tregua de Ratisbona (agosto de 1684) y la caída del primer ministro VIII Duque de Medinaceli (abril de 1685), el nuevo hombre fuerte era su cuñado, el Conde de Oropesa, que siendo Presidente de Castilla ejercía como primer ministro de facto. No pasaría mucho tiempo hasta que don Juan Francisco lograse un nuevo cargo por influencia de éste, ya que el 9 de abril de 1687 Carlos II le nombraba Virrey y Capitán General de Sicilia (1).

El Duque de Uceda llega a Palermo el  9 de junio, su antecesor en el cargo era el Conde de Santisteban, don Francisco de Bevanides, que había ocupado el virreinato desde finales de 1678. Éste había sido el encargado de poner fin a la Guerra de Mesina (1674-1678) imponiendo durísimas condiciones a la ciudad rebelde, la cual fue acusada de felonía y lesa majestad, siendo condenada a la confiscación de todos los bienes. Entre otras acciones, Santisteban mandó destruir el Senado, sede del poder local, y en su solar levantar una estatua de Carlos II aplacando la hidra de la rebelión que sería encargada al escultor parlemitano Giacomo Serpotta. La caída de Mesina, hasta entonces la segunda ciudad del Reino, y la pérdida de todos sus privilegios supuso el progresivo ascenso de Catania. Allí el Virrey decidió encumbrar su Universidad incorporando todos los privilegios y facultades que hasta entonces había gozado la de Mesina, la cual fue clausurada, y nombrándola "Università de' pubblici studi di Sicilia", hecho confirmado por Carlos II con real despacho del 10 de septiembre de 1682.

Por tanto, la llegada de Uceda debía traer un período de estabilización y de superación del trauma de la guerra y la post-guerra. Desde el inicio de su mandato, además de encargarse de celebrar los acontecimientos de la política europea como la toma de Belgrado por parte de Maximiliano II Manuel de Baviera (septiembre de 1688), el Duque de Uceda prestó enorme atención al desarrollo del ceremonial festivo vinculado a distintas efemérides de la familia real. Así, la primera ocasión en la que Uceda desplegó sus dotes en este ámbito fue por los funerales de Mª Luisa de Orleans, fallecida el 12 de febrero 1689. La muerte de la Reina permitió a Uceda transmitir su capacidad organizativa, la grandeza personal de su gobierno, así como su compromiso y adhesión a la Corona en un momento especialmente crítico respecto a la continuidad dinástica. Todas estas fastuosas y tristes celebraciones quedarán reflejadas en la obra de fray Francisco de Montalbo "Noticias fvnebres de las magestvosas exeqvias que hizo la felicissima Ciudad de Palermo, cabeça coronada de Sicilia en la mverte de Maria Lvysa de Borbon Nvestra Señora Reyna de las Españas de orden del excelentissimo Señor Dvqve de Vzeda, Virrey, y Capitan General deste Reyno [...]" (1689).

Precisamente el jerónimo Montalbo le dedicará también al Virrey su famosa obra "Historia de las guerras de Vngria desde el año de 82 hasta el de 88", publicado en Palermo el año 1693.


2. "Noticias Fvnebres de las majestvosas exeqvias [...] en la muerte de Maria Lvisa de Borbon" dedicada al Duque de Uceda, obra de Francisco Montalbo. Palermo, 1693.


3. Escudo de armas de don Juan Francisco Pacheco, IV Duque de Uceda, en "Historia de las guerras de Vngria de Francisco Montalbo. Palermo, 1693.


De signo completamente distinto a las exequias por la primera esposa del Rey serán las celebraciones que el Virrey organizará con motivo de las segundas nupcias de Carlos II con Mariana de Neoburgo a través de una elaborada escenografía efímera ideada por el arquitecto Giacomo Amato, quien, con una amplia cultura artística de influencia romana, demostrará una notable habilidad para las decoraciones festivas usando como escenario la totalidad de la ciudad desde el mar a la montaña y que, a través de Via del Cassaro, comunicaba el puerto de Palermo con el Palazzo Reale, con espacios privilegiados a lo largo del recorrido como la Plaza de la Marina, la Plaza Pretoria con el palacio del Senado, la Plaza Bologni, la de la Catedral, o la enorme explanada situada delante de la residencia de los virreyes. Destacó sobremanera la colosal máquina pirotécnica alzada frente a Palacio que representaba a Atlante, símbolo de España sosteniendo un un enorme orbe y en cuya base se observaban las armas del virrey Uceda.

Fue precisamente Giacomo Amato el arquitecto preferido del Duque durante sus años sicilianos quien, además de un proyecto de pedestal para un busto del Virrey cuyo diseño se conserva en la Galleria Regionale della Sicilia en Palazzo Abatellis, fue el encargado del diseño para las iglesias de Santa Teresa en Kalsa (1686), de la Pietà (1689) y el Noviciado de los Crociferi. 

El interés interés de los Duques de Uceda por las fiestas y espectáculos se constatará además con la inauguración en Palermo del primer teatro estable de la ciudad el 28 de octubre de 1693: el Teatro di Santa Cecilia. Los años del virreinato Uceda destacan por la producción de serenatas laudatorias. Estas obras se representarán también en el Palazzo Reale, en el Teatro della Marina o en teatro efímeros, y en ellas actuaban cantantes y músicos locales escogidos entre los miembros de la Capilla Real de Sicilia. Entre todos ellos destacará el "castrato" Giovan Battista Granara que se mantuvo en el servicio del Duque incluso después de haber dejado Palermo. 

Fue además durante sus años en Sicilia cuando la colección artística de Uceda comenzó a tomar forma con la adquisición de lienzos, platería y, sobre todo, libro. Precisamente tras su llegada a Sicilia don Juan Francisco incorporará a su colección la célebre librería del griego de Constantinopla Constantino Lascaris, que había sido incautada por el Conde de Santisteban a la ciudad de Mesina y que legó a Uceda a su partida, llevando tan solo consigo los documentos y legajos, pero dejando los valiosos códices griegos y latinos. Fue por este afán coleccionista por lo que algunos acusaron a Uceda de expoliar la Isla, aunque lo cierto es que a su llegada su colección de libros era ya notable como se desprende de la documentación de los permisos de aduana aprobados por el Rey para su salida de España y traslado a Palermo en 1687.

Pero no todo fue dedicación al fasto y las artes. En 1690, y con el fin de recabar fondos en el marco de la Guerra de los Nueves Años (1688-1697), Uceda convocó el Parlamento de Sicilia por primera vez en seis años y poco después emprendió las obras de reforma en Castellamare para reforzar sus defensas ante la creciente presencia de galeras francesas en el Mediterráneo. Sin embargo, la empresa más formidable a la que Uceda ha de hacer frente fue a la reconstrucción tras el terrible terremoto que asoló la parte oriental de la isla el 11 de enero de 1693. El seísmo afectó principalmente a la zona de Val di Noto y Val di Demona, y algunas ciudades como Catania fueron completamente destruidas. Como comisario para el auxilio y reconstrucción en las zonas afectadas Uceda designa a Giuseppe Lanza, Duque de Camastra. En agradecimiento por la premura demostrada por el Virrey, los cataneses llamarán Puerta Uceda a la principal entrada a la ciudad, que aun hoy conserva sus armas y luce su nombre.

Por su buen desempeño en marzo de 1690 Carlos II le renovó por otro trienio en el cargo de Virrey (2). En 1695 la corte virreinal de los Duques de Uceda se traslada a Mesina con motivo de la concesión del estatus de puerto franco a la ciudad por parte del Rey en diciembre de 1694 (3). Desde allí don Juan Francisco puso visitar las ciudades asoladas por el terremoto y, durante la estación estival, convertir el Palazzo Reale de Mesina en un nuevo centro festivo. Especial fasto se despliega con motivo del cumpleaños de la Virreina, para el que se levanta un verdadero teatro musical marítimo que toma la forma del monte Olimpo. Durante ese año de 1695 vendrá al mundo además el quinto hijo del matrimonio, Melchor, dedicándosele a la Virreina por tan feliz suceso el melodrama "La Gerusalemme Liberata", representado en el Teatro di Santa Cecilia, y en cuya dedicatoria, firmada por el anteriormente citado Giovan Battista Granara, se habla del "felicissimo parto" y del "gran Bambino".

Finalmente, y tras tras tres trienios de Gobierno (había sido renovado de nuevo en 1693), el Duque de Uceda es apartado del Virreinato en 1696 y regresa a Madrid al no conseguir el Gobierno de Nápoles que fue entregado a su cuñado, el IX Duque de Medinaceli, don Luis Francisco de la Cerda, casado con la hermana de su mujer, doña Mª de las Nieves Téllez-Girón y Sandoval. Volvía a la Corte con una riquísima colección de pinturas, esculturas y antigüedades grecorromanas. Lo propio ocurre con su biblioteca, enormemente acrecentada durante estos nueve años pasados en Sicilia, no solo en cantidad sino también en calidad, con ediciones raras y manuscritos como los incautados a Mesina citados más arriba. Su extraordinaria biblioteca, ya entonces una de las mejores de Europa y que ha sido minuciosamente estudiada por Margarita Martín Velasco, se conoce precisamente gracias al inventario que de la misma se hizo a su salida de Palermo rumbo a Madrid, ya que dicho traslado requería la obtención de una autorización expedida por miembros de la Inquisición (4).


CONTINUARÁ...


Notas:

(1) Título de Virrey de Sicilia expedido por Carlos II a favor del Duque de Uceda (9 de abril 1687). AHNOB//FRIAS,C.74,D.5.

(2) Real Cédula de Carlos II prorrogando durante tres años el nombramiento de segundo virrey y capitán general del Reino de Sicilia de Juan Francisco Pacheco, IV Duque de Uceda y III Conde de Montalbán. AHNOB//FRIAS, C.74, D.40

(3) Instrucciones de Carlos II al duque de Uceda para establecer puerto franco en Messina. AHNOB//FRIAS, C.74, D.44.

(4) Martín Velasco, Margarita: "La colección de libros impresos del IV Duque de Uceda en la Biblioteca Nacional de España". CEEH, 2010, págs. 27-28.


Bibliografía:

  • Manfrè, Valeria; y Martin Velasco, Margarita: "La corte virreinal siciliana del IV Duque de Uceda en Sicilia (1687-1696)", en "En tierra de confluencias: Italia y la Monarquía de España: siglos XVI-XVIII", coord. por Cristina Bravo Lozano, Roberto Quirós Rosado, 2013, págs. 61-80.
  • González Tornel, Pablo: "El IV duque de Uceda y la fiesta galante. Serenatas sicilianas entre Messina y Palermo" en "Visiones de pasión y perversidad", coord. por Víctor Mínguez Cornelles e Inmaculada Rodríguez Moya, 2014, págs. 90-109.
  • Lopezosa Aparicio, Concepción: "Solemne despedida. Brillante memoria. Las Exequias de María Luisa de Orleáns en Palermo a través de la Relación de Francisco Montalbo". Pecia Complutense. 2011. Año 8. Núm. 14. pp. 39-53.
  • Tedesco, Anna: "Juan Francisco Pacheco V duca di Uceda, uomo politico e mecenate tra Palermo, Roma e Vienna nell' epoca della guerra di successione spagnola", en "La pérdida de Europa: la guerra de Sucesión por la Monarquía de España", coord. por Antonio Álvarez-Ossorio Alvariño, Bernardo José García García, M. Virginia León Sanz, 2007, págs. 491-550.

viernes, 14 de mayo de 2021

El IV Duque de Uceda, auge y caída de un servidor real (Parte I)

 


1. Escudo de los Duques de Uceda originalmente incrustado en la Torre de Hércules de La Coruña, hoy en el Museo Arqueológico e Histórico (Castillo de San Antón). La Coruña.


Juan Francisco Pacheco Téllez Girón de Mendoza, III Conde de la Puebla de Montalbán, nació en Madrid un 8 de junio de 1649 en las casas que su abuelo, el II Conde de la Puebla de Montalbán, poseía junto a la Calle de Atocha. Sería bautizado el 28 de ese mismo mes en la iglesia parroquial de San Sebastián. Era hijo de de don Melchor Téllez Girón, primogénito del II Conde, que morirá en 1650 antes que su padre por lo que no llegará a heredar el título; y de doña a Juana de Velasco, hija de don Bernardino Fernández de Velasco, VIII Condestable de Castilla y Duque de Frías.

En 1650, cuando apenas tenía quince meses muere su padre, quedando él y su hermana pequeña doña Isabel Manuela bajo la custodia de su madre hasta 1660 en que ésta contrae segundas nupcias. Desde ese año ambos hermanos quedan a cargo de su abuelo don Alonso Téllez, II Conde de la Puebla Montalbán, el cual les procurará a ambos dos ventajosos matrimonios: Isabel fue desposada en 1664 con apenas 14 años con Manuel Joaquín Álvarez de Toledo, VIII Conde de Oropesa, futuro Presidente de Castilla y Primer Ministro de facto de Carlos II; mientras que don Juan Francisco se casará con doña Isabel María Gómez de Sandoval, hija de Gaspar Téllez Girón, V Duque de Osuna, y de doña Feliche Gómez de Sandoval, III Duquesa de Uceda. Esta vinculación con el futuro Conde de Oropesa, y con la Casa de Osuna-Uceda será transcendental en su futuro devenir político y cursus honorum.

El 20 de junio de 1666 moría el II Conde de la Puebla de Montalbán, por lo que su nieto don Juan Francisco Pacheco pasaba a heredar el título como III Conde. Se sabe que de su matrimonio con doña Isabel nacerán al menos siete hijos: don Manuel Gaspar, el primogénito, Marqués de Belmonte; don Juan Pacheco Girón, Conde de Humanes; don Pedro Vicente, Caballero de San Juan y Comendador del Viso; don Melchor Pacheco, y doña Josefa Pacheco, casada en n 1709 con don Pascual Enríquez de Cabrera, Conde de Melgar y Duque de Medina de Rioseco, sobrino del último Almirante de Castilla, don Juan Tomás Enríquez de Cabrera (1646-1705).


CURSUS HONORUM:

Don Juan Francisco Pacheco inició su carrera en el servicio de las armas: en 1668, con tan solo 19 años, pasó al Ejército de Cataluña donde su suegro, el Duque de Osuna, ejercía como Virrey sirviendo con dos compañías de caballos y permaneciendo allí cuatro años. De Cataluña pasó a Milán sirviendo otros cuatro años como Capitán de las Guardias del Duque de Osuna, quien tras su Gobierno en Cataluña, había sido nombrado Gobernador de Milán (1670), puesto en el que permanecerá hasta 1674.

Es durante su estancia en Milán cuando el hasta entonces Conde de Montalbán se convierta en Duque de Uceda al fallecer de su suegra, la III Duquesa de Uceda doña Feliche, el 7 de octubre de 1671, la cual no había tenido ningún hijo varón de su matrimonio con el Duque de Osuna, por lo que era su hija primogénita y esposa de Montalbán, doña Isabel María, la depositaría del título materno. De esta forma el matrimonio pasaba a controlar el Estado de Uceda, uno de los títulos nobiliarios más importantes y ricos de Castilla.

Pero la sucesión del Ducado de Uceda trajo al matrimonio varios quebraderos de cabeza. A parte de pleitos con los hermanos de la Duquesa fallecida, el Duque de Osuna planteó a los nuevos Duques de Uceda un pleito “sobre los alquileres de las casas que del Mayorazgo de Uzeda goza mi parte enfrente de la Parrochia de Santa María en que vive la reyna Madre... y sobre otras cosas” (1). Hace referencia al actual Palacio de los Consejos situado en la la Calle Mayor de Madrid, mandado construir por el primer Duque de Uceda, y que había sido residencia de don Luis de Haro y entonces lo era de la reina madre doña Mariana de Austria. No obstante, en el plano económico la posesión del Ducado de Uceda aumentó de manera notable los ingresos de don Juan Francisco. La posesión de este nuevo título supuso no solo la de dicho estado con sus alcabalas, rentas y demás hacienda, sino también la de “la Casa de la Moneda de Madrid y de los obrajes, atarazanas y demás haziendas que por el dicho nuestro estado de Uzeda tenemos en Riobamba y demás lugares de la provincia de Quito en los reynos del Perú y en las demás partes, reynos y señoríos de su Majestad...” (2).



2. Retrato de doña Feliche de Sandoval, III Duquesa de Uceda y V de Osuna, suegra de don Juan Francisco Pacheco, en "Teatro de la gloria: consagrado a la excelentisima señora doña Felice de Sandoval Enriquez, duquesa de Vceda difunta [...] en sus solemnes esequias celebradas en Milan" (1671). Obra de Cesare Fiore y Gio Ambrogio Besozzi.


La carrera política del nuevo Duque de Uceda siguió su curso y así parece que en 1675 abandonó Milán justo a su suegro cuando éste cesó en el puesto de Gobernador. De vuelta a Madrid fue nombrado Gentilhombre de Cámara del Rey, cargo que juró el 16 de junio de 1677 (3). El 30 de septiembre de 1682 recibe su primer cargo importante al ser nombrado por el Rey nuevo Gobernador del Reino de Galicia, tomando posesión del mismo el 27 de octubre en la Coruña, allí permanecerá los siguientes 4 años. Este cargo iba unido al de Capitán General y Presidente de la Audiencia, lo que le confería competencias políticas, militares y de justicia sobre todo el Reino (4). 

De su paso por Galicia destaca de la restauración de la Torre de Hércules de la Coruña que recuperó su función defensiva de torre de vigilancia y de faro. Adrián de Roo, cónsul de Flandes y fundador de las fábricas de lienzo, que consideraba un buen negocio poner en servicio el faro, se asoció con sus homólogos de Inglaterra y Holanda y así el 17 de noviembre de 1684, con ocasión de una visita del Capitán General Duque de Uceda, le proponen costear las reparaciones que fueran necesarias para su utilización. A cambio se les concedería su mantenimiento durante 10 años, durante los cuales tendrían licencia para cobrar un arbitrio a todas las embarcaciones nacionales y extranjeras que arribasen al Reino. 

Con la opinión favorable y la colaboración del confesor el Duque, fray Francisco Negreiros, "hombre muy aficionado á estas antiguallas" (5), Uceda da su parecer positivo en 1685, encargando la obra al arquitecto coruñés Amaro Antúnez, que siguiendo las instrucciones de los ingenieros de perforar las tres bóvedas de los pisos, proyecta una escalera interior de madera para acceder a los pisos superiores y a la linterna. Se construyen también dos torreones de piedra y se pone en cada uno un farol, entrando la luz del faro en servicio. La inscripción que conmemora esta obra, hoy en el Museo Arqueológico e Histórico Municipal reza: “Lupo la construyó emulando las maravillas de Menphis; la allanó por medio de una escalera y alumbró las naves desde su cumbre". El último renglón, corroído por el tiempo, parece que alude al propio Duque, promotor de la obra [xxxxX D Dd V D Vxxxxx]:



En el Libro de Actas de Acuerdos Municipales de la Coruña del 26 de noviembre de 1684 quedaron reflejados estos trabajos:

"Como fue el exmo. Señor Duque de Uceda gobernador y capan Gl deste Reyno yzo poner en la torre dercules escaleras de madera por adentro de dha torre. 

Siendo gouernador y Cappn General deste rreyno el exmo señor duque de Uzeda Conde de montaluan yço azer una escalera de madera por dentro de la Torre dercules pa que por ella se subiesse asta lo alto de dha torre como con efecto se yço, y pa que conste a todo tiempo y se sepa el año en que se yço lo pongo en este Libro de Acuerdos de la Ciudad pa Memoria della y lo firmo Cora noviembre ute y seis de mil seis cientos y ochenta y quatro años” (6).

Finalmente, y además de la citada lápida, también se conserva en la actualidad un escudo con las armas del Duque de Uceda. Según Carlos Martínez Barbeito (7) también estaría empotrado en la Torre de Hércules o en sus cercanías y debía completar el posible monumento que se habría realizado para conmemorar las obras realizadas en 1684. Así mismo considera que, puesto que los linajes representados en él corresponden a las líneas femeninas de la ascendencia del Duque, debió existir otro escudo similar con las armas de su varonía. Parece que tanto la inscripción, como los escudos debieron ser arrancados tras la defección de don Juan Francisco y su paso al bando austracista en 1711, en una especie de "damnatio memoriae".


CONTINUARÁ...


Notas:

(1) Correspondencia de administración sobre el pleito que mantiene la casa estado de Uceda con la casa estado de Osuna sobre la posesión de varios títulos nobiliarios que reclama la primera casa (1671-11-06). AHNOB/1//OSUNA,C.3455,D.276-304

(2)  AHN, NOBLEZA, Frías, leg. 956, núm. 10.

(3) AHN, NOBLEZA, Frías, leg. 956, núm. 45.

(4) Cartas de Carlos II al Duque de Uceda, sobre asuntos relacionados con la Capitanía General de Galicia. AHNOB//FRIAS, C.60, D.13-14.

(5) VEDÍA Y GOOSSENS, Enrique de: "Historia y descripción de la ciudad de la Coruña", Coruña, 1845, p.262-263; también habla de ello en las p.110-111 y en la p.196 transcribe una carta de fray Negreiros en la que propone en 1685 al ayuntamiento coruñés la construcción de un nuevo balcón en la cúspide de la Torre en la parte que mira hacia la ciudad en correspondencia con otro que ya se había hecho mirando hacia el mar. Según Vedía fue en 1682 cuando el duque de Uceda decidió emprender esas obras, pero no dice en que se basa para afirmarlo.

(6) Archivo Municipal de A Coruña [AMC]. Libro de Actas de Acuerdos Municipales, 1684, p.125v. 

(7)  MARTÍNEZ BARBEITO, Carlos: “Escudos reales, municipales y nobiliarios de La Coruña y su tierra”, Revista, Instituto “José Cornide” de Estudios Coruñeses, nº 3 (1967), p.16. 


Bibliografía:

  • Alfeirán Rodríguez, Xosé: "Una nueva imagen de la Torre de Hércules (1086-1684): el faro romano". Nalgures, Nº. 12, 2016 (Ejemplar dedicado a: Homenaje a José Luis López Sangil), págs. 47-125.
  • Fernández Vega, Laura: "La Real Audiencia de Galicia órgano de gobierno en el antiguo régimen, 1480-1808". Editorial Diputación Provincial, 1982.
  • Huerta García, Florencio: "El Señorío de Montalbán y la Casa de Uceda durante la Edad Moderna". UCM, 2009.
  • Martín Velasco, Margarita: "La colección de libros impresos del IV Duque de Uceda en la Biblioteca Nacional de España". CEEH, 2010.

viernes, 9 de abril de 2021

La reversión de Luxemburgo a la Monarquía de España (1698) y el enfrentamiento entre las Casas de Baviera y Neoburgo

 


"[...] La Villa y Fortaleza de Luxembourg en el estado que se halla presentemente, sin demoler, mudar ni disminuir, o deteriorar nada de sus obras, Fuertes, y Fortificaciones, con la Artillería que avia quando fue tomada, y juntamente la Provincia y Ducado de Luxembourg y Condado de Chinij, en toda su consistencia, y quanto comprehenden, con todas sus atenencias, dependencias, y anexidades, se restituirán, y pondrán al Poder, Soberanía, Dominio, y Possession del Rey Catolico, para que SM. Catolica los possea en la misma forma que lo hizo, o puso hazer, al tiempo del Tratado de Nimega, y antes dèl, sin detenerse, ni reservarse nada por parte de su Magestad Christianissima, sino es lo que ha sido cedido por los precedentes Tratados de Paz." (1)

Así rezaba el artículo V del Tratado de Rijswijk firmado el 20 de septiembre de 1697 por los representantes de Carlos II y Luis XIV mediante el que se ponía fin a la guerra entre ambas coronas iniciada en 1689 (2) y por la que el Rey de Francia devolvía el Ducado de Luxemburgo y el Condado de Chiny, conquistados en 1684, al Rey de España. 

13 años habían pasados desde que la Monarquía viera desgajada de su cuerpo aquellos estados y por ello Carlos II se apresuró en enviar el 15 de noviembre de 1697 las letras credenciales con el nombramiento de Jean-Frédéric, Conde d'Autel (3), como nuevo Gobernador y Capitán General del Ducado de Luxemburgo y el Condado de Chiny. Era éste una criatura del elector Juan Guillermo del Palatinado al que había servido como general de sus tropas y en varias misiones diplomáticas. El Elector había pretendido ya con anterioridad algún puesto de relevancia para él usando la influencia de la Condesa de Berlepsch en Madrid sobre su hermana, la reina Mariana de Neoburgo. Se propuso que d'Autel ocupase el Gobierno de las Armas de Milán o Lieja e incluso el importante cargo de castellano de Milán, que finalmente se otorgó a don Fernando Valdés, hijo ilegítimo de Felipe IV (4). No obstante aun pasarían varios meses hasta que las tropas francesas evacuaran Luxemburgo y el Conde d'Autel pudiera ocupar su puesto.

Este retraso no se debió solo a la poca urgencia de Luis XIV por abandonar la plaza, sino también a las trabas y dificultades puestas por el Gobernador de los Países Bajos: el duque-elector Maximiliano II Manuel de Baviera. Éste había sido nombrado Gobernador por Carlos II a finales de 1691 en parte gracias al apoyo que en la Corte tuvo por parte de la reina madre Mariana de Austria que defendió otorgar el Gobierno de aquellos estados al marido de su nieta Mª Antonia frente a la candidatura de Juan Guillermo de Neoburgo, apoyado por Mariana de Neoburgo. 

Desde ese momento la defensa de los Países Bajos quedó a cargo del Elector de Baviera y de sus tropas que jugaron un importante papel durante la Guerra de los Nueve Años (1688-1697). A comienzos de 1694, tras el acuerdo firmado con Carlos II, llegaron 6.000 tropas bávaras que aseguraban su dominio territorial, además de su defensa personal (5). Pero incluso tras el fin del conflicto, en 1698 Maximiliano II Manuel se ofreció a aumentar los contingentes que permanecían en los Flandes con otros 10.500 efectivos, a sumar a los efectivos que ya estaban presentes allí (6).

Las ambiciones del Elector de Baviera sobre los Países Bajos venían de bastante antes de su nombramiento como Gobernador. Durante las negociaciones matrimoniales con la archiduquesa Mª Antonia de Austria, éste había demandado una compensación territorial por la renuncia de su mujer a los derechos sobre la Monarquía de España, obteniendo finalmente de parte del padre de la novia, el emperador Leopoldo I, la cesión de los Países Bajos, hecho que quedó reflejado en el contrato matrimonial firmado el 12 de abril de 1685. Sin embargo, Carlos II enterado de dicho acuerdo jamás aceptó ni la renuncia de su sobrina, ni mucho menos la cesión de una parte de sus estados, decisión que le pertenecía únicamente a él y que fue uno de los obstáculos más discutidos a la hora de otorgar el Gobierno de los Países Bajos a Maximiliano II Manuel. Tampoco conviene olvidar que ya desde 1696 con el primer testamento de Carlos II, el hijo de Maximiliano II Manuel de Baviera, el príncipe electoral José Fernando, era el sucesor legal del Rey de España lo que reforzaba aun más su posición en Bruselas.

Como afirma Rocío Martínez (7) no se puede dudar de que el principal objetivo de Maximiliano II Manuel desde su boda era hacerse con los Países Bajos y para ello ir consiguiendo cada vez una posición más fuerte hasta hacerse con su soberanía, o al menos, con su gobierno perpetuo. Un objetivo en el que el Elector había invertido mucho dinero y esfuerzo. No debe extrañar por tanto que el nombramiento como Gobernador de Luxemburgo de una hechura de la rama rival de los Wittelsbach-Neoburgo y antiguo rival por el gobierno de los Países Bajos causase enorme insatisfacción en el Duque de Baviera. 

Las Casas de Baviera y Neoburgo llevaban largo tiempo enfrentadas por la posesión del Palatinado que había ido cambiando de manos a lo largo de todo el siglo XVII tras la derrota de Federico V a manos de los ejércitos de la Casa de Austria en la Batalla de la Montaña Blanca (1620) y dividido entre el Duque de Baviera (Alto Palatinado), al que también se le otorgó la dignidad electoral; y España que obtuvo el Bajo Palatinado, conquistado por Spinola entre 1620-1622, territorio que tras la Paz de Münster fue cedido a Carlos Luis, hijo de Federico V, y posteriormente tras la extinción de esta familia calvinista en 1685 otorgado al católico Felipe Guillermo de Neoburgo (1685), padre de Juan Guillermo de Neoburgo y la reina Mariana de Neoburgo.

Pero es que además, Carlos II había encargado a su cuñado el Elector Palatino presidiar la plaza de Luxemburgo, cuyos estados confinaban con el Ducado, con tres batallones de infantería y un regimiento de dragones, que sumaban entre 2.000 y 3.000 hombres, lo que incrementaría notablemente su influencia en un territorio clave que daba acceso directo al Imperio.

2. Plano y vista de Luxemburgo y su fortaleza, obra de Mattheus Seuter, geógrafo imperial de Carlos VI, en "Grosser Atlas worinnen enthalten alle die jenige geographisches Universal-Special- und Particular-Mappen, mit über die mehresten gedrukten alphabetischen Registern" (1734).


El favorito del emperador Leopoldo I, el Conde de Auerspeg, escribía al embajador imperial el Madrid, Conde Bonventura Harrach, acerca de los recelos de Maximiliano II Manuel de Baviera a admitir las tropas palatinas:

"[...] contraria mucho al Elector [de Baviera] tener que admitir allí [Luxemburgo] tropas holandesas y palatinas y ha procurado disuadir al hermano de la Reina ponderándole los grandes gastos a que se obliga. Contestó el Elector Palatino ofreciendo más fuerzas aun y afirmando que no le costarían nada al Rey de España [...]" (8).

Por su parte, el Elector Palatino escribía impacientado el 18 de enero de 1698 a la Condesa de Berlepsch, favorita de la Reina en Madrid, sobre el retraso de la evacuación en estos términos:

"La evacuación de Luxemburgo no sólo no adelanta sino que se demora deliberadamente hasta el punto de que Francia ha acordado por si sola hacerla el próximo día 25. El Elector de Baviera excusa su morosidad alegando que no tiene hechos los preparativos y descubre así sus verdaderas intenciones.

Ha mandado salir hacia Luxemburgo sus tres batallones de infantería y su regimiento de dragones, no obstante no haber recibido para ello la licencia del Elector [de Baviera]; y ha indicado al Conde de Elteren [d'Autel] la necesidad de que cautamente convenga con los moradores del país cuanto sea necesario para proveer a la defensa en tiempo de guerra, porque el Elector cuidará de seguro de que todo esto falte".

Pero en esa misma misiva Juan Guillermo de Neoburgo entraba a proponer algo aun más importante como era la destitución de Maximiliano II Manuel de Baviera y la sustitución por su propio hermano, Carlos Felipe de Neoburgo:

"Se dice que en la próxima primavera piensa hacer un viaje a Munich [el Elector de Baviera]; quizás sea una buena oportunidad para que el Rey de España tome la enérgica resolución de destituirle del Gobierno de Flandes, persuadido como debe estarlo de que no merece la confianza para la guerra ni para la paz. Cuide ella de sugerírselo a la Reina.

De varias partes le indican que el sucesor más adecuado en el Gobierno de Flandes sería su hermano Carlos Felipe. Nadie le aventaja a él en desear cosa tan favorable para su hermano [...]" (9).

A finales de enero Carlos II, siendo ya cierta la fecha en la que Luis XIV evacuaría la plaza, apremiaba al Duque-Gobernador a no dilatar más la situación y permitir el paso de las tropas palatinas que debían presidiarla por ser lo más conveniente para su real servicio:

"Serenísimo Príncipe y excelentísimo Duque Elector de Baviera, mi buen hermano, primo y sobrino. En despacho del 23 de noviembre próximo pasado encargué a V. Dilección que luego que se nos restituyese la plaza de Luxemburgo dispusiese V.D. presidiarla con las tropas del Elector Palatino, por hallarse más inmediatas y ser de mucho servicio; a que V.D. respondió en carta del 13 de diciembre siguiente, lo ejecutaría. Y ahora, en consecuencia de los referido, y con las noticias últimas del día en que se entregaría esta plaza, he querido prevenir de nuevo a V.D. no difiera con ningún pretexto el presidiar esta plaza con las tropas palatinas, como tanto conviene, y espero lo habrá ejecutado el conocimiento y celo de V.D. a todo lo que es de mi servicio, y que me dará cuenta de lo que en ello hubiera adelantado". (10)

Finalmente, y en virtud del artículo 5 de la paz antes reseñado, las tropas francesas evacuaron Luxemburgo el día 28 de enero de 1698 (11). Las tropas españolas, bávaras, holandesas, brandemburguesas y las citadas del Elector Palatino, comandadas por d'Autel, quien hasta entonces había permanecido en Bruselas (11), tomaron entonces posesión de la villa y todas las instituciones, incluido el Consejo de Luxemburgo, fueron restablecidas al antiguo pie previo a la conquista gala de 1684. 

Pero incluso después del restablecimiento del Ducado y Plaza de Luxemburgo, los recelos entre el Elector Palatino y el Elector de Baviera continuaron. De esta forma escribía a finales de febrero de 1698 Juan Guillermo de Neoburgo a la Condesa de Berlepsch sobre la desatención en la que Maximiliano II Manuel de Baviera tenía las peticiones del Conde d'Autel:

"La conducta del Elector de Baviera sigue siendo muy de extrañar. Después de que se le admitieron sus 10.500 soldados, trata de expulsar a los españoles y hasta ha prohibido a los oficiales flamencos que completen sus compañías con gente española. Del Luxemburgo no se ocupa, dejando sin contestación los despachos que escribe Elteren, sin enviarle tampoco municiones ni otras cosas necesaria [...]". (12)

La situación de tensión se mantuvo hasta que Maximiliano II Manuel decidió inspeccionar en persona las diversas plazas de los Países Bajos quizás ante la expectativa de otro conflicto bélico en caso caso de morir Carlos II cuya salud se estaba resintiendo por aquel entonces. Tras abandonar Bruselas el 6 de julio se dirigió a Charleroi, para pasar después a Namur y Arlon, llegando el 9 de julio a Luxemburgo donde fue recibido con todos los honores por el Conde d'Autel:

"Llegó a mediodía procedente de Bruselas el Elector de Baviera, saliendo a su encuentro a la puerta de Arlon las tropas que no montaban guardia. Las autoridades le esperaron en la puerta de la ciudad con hachas encendidas: la población civil dentro. S.A. montó a caballo antes de la entrada junto a la Capilla de Nuestra Señora, y penetró luego en la ciudad, llevando a su lado al Conde de Elteren. Hubo tres tablados donde los estudiantes pronunciaron discursos de salutación. El Te Deum se cantó en la Iglesia de los Recoletos". (13)

De esta forma se sellaba una tregua en un enfrentamiento que se había prolongado durante casi un año entre las dos ramas rivales de la familia Wittlesbach y durante el cual habían llevado sus desavenencias al marco de la recién recuperada plaza de Luxemburgo tratando ambos Electores de ganar una posición de fuerza en un territorio clave ante una posible muerte de Carlos II.

CONCLUSIONES:

La reversión de Luxemburgo a la Monarquía de Carlos II tras la Paz de Rijswijk supuso un nuevo campo de enfrentamiento entre las dos ramas de la dinastía Wittelsbach, Baviera y Neoburgo, que llevaban décadas enfrentadas a causa del Palatinado y cuestiones de rango y precedencia en el Imperio. Ahora la lucha se trasladaba a un territorio estratégico a medio camino entre los Países Bajos y el Imperio, colindante con los estados del Duque de Noeburgo, y en un momento de incertidumbre ante una previsible muerte del Rey Católico. 

Apenas dos años después de que Luxemburgo se reintegrase en la Monarquía de España moriría Carlos II (1 de noviembre de 1700). Para aquel entonces la posición de Maximiliano II Manuel de Baviera en los Países Bajos se había debilitado enormemente tras la muerte de su hijo, y heredero declarado de la Monarquía en los dos primeros testamentos de Carlos II, el príncipe electoral José Fernando. Eran muchas las voces en Madrid que clamaban por su sustitución, no obstante el nuevo rey Felipe V, sobrino del Elector de Baviera, le confirmó en el cargo aunque éste permaneció poco tiempo más en Bruselas ya que tuvo que acudir a defender sus estados de Baviera tras el estallido de la Guerra de Sucesión y la amenaza de invasión por parte de los aliados anti-borbónicos. Este hecho que se confirmaría tras la contundente derrota del Duque de Baviera en la Batalla de Blenheim el 13 de agosto de 1704 ante el Duque de Marlborough y Eugenio de Saboya,tras la cual Baviera fue conquistada por las tropas imperiales y el Alto Palatinado entregado a Juan Guillermo de Neoburgo, que lo retuvo hasta la Paz de Utrecht (1713)

Quien también fue confirmado pese a las dudas iniciales sobre su persona y se mantuvo en el cargo de Gobernador de Luxemburgo hasta la cesión del territorio por parte de Felipe V a Maximiliano II Manuel de Baviera en 1712 (14), fue el Conde d'Autel. Así se refería a él uno de los consejeros del nuevo monarca borbónico:

"[...] el señor Conde de Autel que es gobernador de esta ciudad es muy sospechoso. Este hombre era criatura de la reina viuda [Mariana de Neoburgo] está particularmente vinculado al emperador y al elector Palatino." (15).

Con todo y pese a las dudas iniciales por su vinculación con el Emperador, Felipe V debió estar plenamente satisfecho de sus servicios en Luxemburgo ya que el 12 de enero de 1705 le concedería el Toisón de Oro (15), tras 7 años sirviendo como Gobernador del Ducado.


Notas:

(1) Copia impresa del Tratado de Paz ajustado entre las coronas de España y Franci

a el 20 de septiembre de 1697. AHN, ESTADO,2788, Exp.13.

(2) Copia impresa de la Declaración de la guerra hecha por el Rey de Francia a la corona de España. Firmada en Versalles el 15 de abril de 1689. AHN, ESTADO,2787, Exp.21

(3) Jean-Frédéric, Conde d'Autel, Barón de Vogelsang, Señor de Mersch, Heffingen, Cahe y Larochette, nacido en Luxemburgo el 7 de septiembre de 1645 y allí muerto el 1 de agosto de 1716. Siguió la carrera militar y fue general de artillería al servicio del Elector Palatino. Creado Conde por Carlos II en 1685, Felipe V le concedió el Toisón de Oro el 12 de enero de 1705, permaneciendo además como Gobernador y Capitán General del Ducado de Luxemburgo hasta 1712 en que éste fue cedido a Maximiliano II Manuel de Baviera.

(4) "[..] cree que convendría pedir para Elteren (d'Autel) la plaza de castellano de Milán, que se ha de proveer por muerte de su titular. La efectividad de un cargo en el Milanesado es mejor que la perspectiva de una sucesión en Flandes". Wiser, secretario de la Reina, al Elector Palatino el 29 de octubre de 1694 en Maura Gamazo, Gabriel, Duque de Maura; y Wittelsbach, Adalbert, Prinz von Bayern, "Documentos inéditos referentes a las postrimerías de la Casa de Austria en España". Edición digital a partir de Boletín de la Real Academia de la Historia (1925), pp. 526-645 .

(5) Rodríguez Hernández, Antonio José: "El precio de la fidelidad dinástica. Colaboración económica y militar entre la monarquía hispánica y el imperio durante el reinado de Carlos II (1665-1700)". Studia historica. Historia moderna, Nº 33, 2011, pp. 173-174.

(6) Consulta del Consejo de Estado, 8 de noviembre 1698. AGS, Estado Flandes Leg. 3.893.

(7) Martínez López, Rocío: "El Imperio y Baviera frente a la sucesión de Carlos II". UNED, 2018, pp. 271-290

(8) Auerspeg al Conde de Harrach el 9 de enero de 1698 en  Maura Gamazo, Gabriel, Duque de Maura; y Wittelsbach, Adalbert, Prinz von Bayern, Op. cit. pag, 706.

(9) El Elector Palatino a la Condesa de Berlepsch dese Düsseldorf el 18 de enero de 1698, en Maura Gamazo, Gabriel, Duque de Maura; y Wittelsbach, Adalbert, Prinz von Bayern, Op. cit. pp. 708-709. Al día siguiente, 19 de enero, escribía a su hermana Mariana de Neoburgo: "El Elector de Baviera y Berjeick dificultan cuanto pueden la evacuación de Luxemburgo por los franceses".

(10) Carta adjunta de Carlos II en misiva de la Condesa de Berlepsch al Elector Palatino del 14 de febrero de 1698 en Maura Gamazo, Gabriel, Duque de Maura; y Wittelsbach, Adalbert, Prinz von Bayern, Op. cit. pag. 719.

(11) "Salió el Conde Elteren (d'Autel) para tomar posesión del Gobierno de Luxemburgo; pero como no se ha evacuado aún ese territorio esperará en Bruselas a que lo esté". El Elector Palatino a la Condesa de Berlepsch desde Düsseldorf el 16 de diciembre de 1697, en Maura Gamazo, Gabriel, Duque de Maura; y Wittelsbach, Adalbert, Prinz von Bayern, Op. cit. pag. 701.

(12) El Elector Palatino a la Condesa de Berlepsch dese Düsseldorf en febrero de 1698, en Maura Gamazo, Gabriel, Duque de Maura; y Wittelsbach, Adalbert, Prinz von Bayern, Op. cit. Sobre los 10.500 soldados ofrecidos por el Duque de Baviera para presiadiar Flandes véase Consulta del Consejo de Estado, 8 de noviembre 1698. AGS, Estado Flandes Leg. 3.893.126. 

(13) Extracto del Diario de Prielmayer (enviado del Duque de Baviera). Luxemburgo, 9 de julio de 1698, en n Maura Gamazo, Gabriel, Duque de Maura; y Wittelsbach, Adalbert, Prinz von Bayern, Op. cit. pag. 800.

(14) "Donación y cesión de los Países Bajos, hecha por su Majestad católica don Felipe V, en favor de Maximiliano Manuel, duque y elector de Baviera: en Madrid el 2 de enero de 1712" en "Tratados, convenios y declaraciones de paz y comercio que han hecho con las potencias extranjeras los monarcas españoles de la Casa de Borbón desde el año de 1700 hasta el día de hoy". Alejandro del Cantillo, Madrid (1843).

(15) Expediente de concesión de la Orden del Toisón de Oro a Juan Federico, Conde de Autel. AHN, ESTADO,7681,Exp.42


Bibliografía:

  • Bernardo Ares, José Manuel: Gómez Navarro, Soledad; Reder Gadow, Marion; y Sanz Camañes, Porfirio: Recuperar la historia, recuperar la memoria: edición crítica de textos para el aprendizaje de historia moderna. Servicio de Publicaciones y Divulgación Científica de la Universidad de Málaga; N.º 1 edición (13 diciembre 2007).
  • Bravo Martín, Alberto: "Luxemburgo y la guarnición del Elector del Palatinado-Neoburgo tras la Paz de Rijswijk (1697-1700)", en Atenea, núm, 1, 2023, pp. 1-15.
  • Martínez López, Rocío: El Imperio y Baviera frente a la sucesión de Carlos II. UNED, 2018.
  • Maura Gamazo, Gabriel; y Baviera dem Adalberto: Documentos inéditos referentes a las postrimerías de la Casa de Austria en España, 2 vol. Real Academia de la Historia-Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.
  • Moetjens, Adrian: Lettres historiques: contenant ce qui se passe de plus important en Europe et les réflexions nécessaires sur ce sujet. Tome XIV. Mois de Juillet, 1698". La Haya, 1698.
  • Mueller, Steven: The Wittelsbach Dynasty. Waldmann Press, 2007.
  • Rodríguez Hernández, Antonio José: "El precio de la fidelidad dinástica. Colaboración económica y militar entre la monarquía hispánica y el imperio durante el reinado de Carlos II (1665-1700)", en Studia historica. Historia moderna, núm. 33, 2011.
  • Storrs, Christopher: "Germany's Indies? The Spanish Monarchy and Germany in the Reign of the last Spanish Habsburg, Charles II, 1665–1700", en C. Kent, T. K. Wolber, and C. M. K. Hewitt The Lion and the Eagle: German-Spanish Relations Over the Centuries: An Interdisciplinary Approach. Berghahn Books, 1999.