lunes, 17 de septiembre de 2018

El VIII Conde de Oropesa, una breve biografía (PARTE VI)

1. Portada del Palacio de los Condes de Montalbán en la Puebla de Montalbán (Toledo), lugar de residencia del Conde de Oropesa entre 1692-1696.


Cuando quedó vacante la presidencia del Consejo de Italia, en junio de 1690, por la muerte del Duque de Alba, don Manuel Joaquín la solicitó, prefiriendo abandonar la presidencia de Castilla, que requería más tiempo. Oropesa participó además en la elección de su sucesor, don Antonio Ibáñez de la Riva Herrera, que fue colocado al frente del Consejo de Castilla, con el título de gobernador, el 25 de agosto de 1690.

Por otra parte, tras la muerte de la reina María Luisa de Orleáns en febrero de 1689, Oropesa perdió uno de sus más importantes apoyos e la Corte. La nueva esposa de Carlos II, Mariana de Neoburgo, que había llegado a Madrid a principios de 1690 pronto se mostró totalmente opuesta a Oropesa. Con su influencia y la de la facción cortesana opuesta a don Manuel Joaquín y que encabezaba don Juan Tomás Enríquez de Cabrera, Conde de Melgar y futuro Almirante de Castilla, su gobierno entró en declive hasta que el 24 de junio de 1691 Carlos II le retiró su confianza en una carta que, no obstante, expresaba el cariño y el respeto que el Rey sentía por él:

"Oropesa: Bien sabes que me has dicho muchas veces que para contigo no he menester cumplimientos; y así, viendo de la manera que está esto, que es como tú sabes, y que si por justos juicios de Dios y por nuestros pecados quiere castigarnos con su pérdida, que no lo espero de su infinita misericordia, por lo que te estimo y te estimaré mientras viviere, no quiero que sea en tus manos; y así, tu verás la manera que hace de ser, pues nadie como tú, por tu gran juicio y amor a mis servicio, lo sabrá mejor. Y puedes creer que siempre te tendré en mi memoria para todo lo que fuere de satisfacción tuya y de tu familia. YO EL REY".

El Conde de Oropesa renunció también a la presidencia del Consejo de Italia y se retiró a la Puebla de Montalbán, residencia de su cuñado (1) el Conde de Montalbán y Duque consorte de Uceda, don Juan Francisco Pacheco Téllez-Girón. Se sabe que esta estancia fue larga, ya que en octubre de 1692 se encontraba en esta villa y el 13 de junio del año siguiente nació allí una de sus hijas, doña Ana Petronila, que fue bautizada en la parroquia local una semana después, siendo testigos don Jerónimo Sereno y Saavedra y don Antonio Calderón y Rivadeneira, criados de don Juan Francisco. En noviembre de 1693 muere en la villa uno de sus criados, y en diciembre de ese año una dama de la Condesa de Oropesa, de la que se dice que era natural de Palermo. Un año después, en diciembre de 1694, fallece don José Gamero y Calatrava, Camarero del Conde de Oropesa; otros criados del Conde de Oropesa en estas fechas que están en la Puebla de Montalbán con él, y aparecen como albaceas, son don Francisco Fernández de la Cuadra, Mayordomo; don Pedro Velarde, Caballerizo, y don Martín de Escarza, Tesorero. Todo ello parece indicar que la estancia de don Manuel Joaquín en la Puebla de Montalbán tuvo un carácter permanente durante estos años.

El año 1696 iba a ser un "annus horribilis" para Carlos II: el 16 de mayo moría la reina madre doña Mariana de Austria a consecuencia de un cáncer de pecho. La viuda de Felipe IV había sido la principal valedora de los derechos de su bisnieto, el príncipe electoral José Fernando de Baviera (2), a quien estando en su lecho de muerto hizo prometer a su hijo que nombraría heredero. Por otra parte, el Rey estuvo enfermo la mayor parte del año, pero los peores momentos se produjeron en junio y septiembre. El día 13 de junio, el estado de salud de Carlos II era tan grave que el Consejo de Estado, encabezado por el cardenal-arzobispo de Toledo Luis Manuel Fernández Portocarrero, se reunió de urgencia para llegar a un acuerdo sobre la Sucesión y redactar un testamento. En aquella reunión cobró fuerza la posición sucesoria intermedia del Príncipe Electoral.

La recaída de Carlos II volvió a producirse el viernes 13 de septiembre con cursos de vientre y vómitos que se repitieron durante todo el fin de semana. Al anochecer del martes ya deliraba y la Corte creyó que se moría por lo que el Consejo de Estado se volvió a reunir de urgencia a la una de la madrugada resolviendo obligar al Rey a firmar el testamento de junio, como de hecho hizo tras convencerle Portocarrero, quien previamente le había confesado y administrado el viático. Estos hechos se producirían a espaldas de la reina Mariana Neoburgo que por estas fechas también se encontraba gravemente enferma.

En este agitado contexto se produce la vuelta a la Corte del Conde de Oropesa, un episodio algo confuso. Al parecer, don Manuel Joaquín, según las disposiciones del testamento regio, debería ocuparse de gobernar el Reino de la mano del Primado Portocarrero y hasta la llegada del heredero designado.

El embajador embajador inglés Stanhope en carta al Conde de Galway escribía el 20 de septiembre:

"El 14 hizo el Rey testamento solemne, en la misma forma que su padre Felipe IV, respecto de la sucesión a la Corona, que recae en el joven Príncipe de Baviera. Aquella mañana el Conde de Oropesa sorprendió a toda la Corte apareciendo repentinamente en traje de montar a la puerta misma de la alcoba regia, donde fue admitido a besar la mano del Rey, con las mayores muestras de favor, y se le designó para gobernar la Monarquía, en caso de interregno, en unión del Cardenal Arzobispo de Toledo..."

Al parecer, la vuelta de Oropesa se debió a la mediación del Cardenal Portocarrero, quien debió pensar que la presencia de un experimentado hombre en los asuntos de Estado como era don Manuel Joaquín era fundamental para sostener al nuevo régimen bavierista.

No obstante, la estancia de don Manuel Joaquín en la Corte fue muy breve. Ya el 11 de octubre Standhope escribía a Lord Lexington afirmando que Carlos II, tras unos días de mejoría, había vuelto a empeorar. También le comunicaba que diez días antes (2 de Octubre), el Conde de Oropesa había pedido licencia al Rey para retirarse de la Corte y volver al campo (¿la Puebla de Montalbán?), lo cual aconteció esa misma tarde. Su repentina marcha, decía el embajador inglés, sorprendió tanto como su inesperada aparición durante la grave enfermedad del Rey.

Según el propio Standhope parece que motivo de la marcha de Oropesa fue la recuperación de la reina Mariana de Neoburgo, su gran opositora y propulsora de su caída en 1691. Escribía el embajador inglés a Mr. Vernon el 3 de octubre:

"That the Queen is likewise past all danger needs no other confirmation than the Conde de Oropesa's going yesterday to his Majesty to desire his leave to retire into the country".


CONTINUARÁ...


NOTAS:


  1. Como se vio en la primera entrada, el entonces Marqués de Jarandilla se casó en 1664 con doña Isabel Téllez Girón Pacheco, hermana del III Conde de la Puebla de Montalbán.
  2. José Fernando de Baviera (1692-1699) era hijo de la archiduquesa-electriz María Antonia de Austra, hija de la infanta-emperatriz Marharita Teresa, y del elector Maximiliano II Manuel de Baviera. Era por tanto, bisnieto de Mariana de Austria y Felipe IV, y sobrino-nieto de Carlos II.


FUENTES:
  • Canterbury, John Henry Thomas Manners-Sutton, Vizconde de: "The Lexington papers, or, Some account of the courts of London and Vienna at the conclusion of the seventeenth century : extracted from the official and private correspondence of Robert Sutton, Lord Lexington, British Minister at Vienna, 1694-1698". Londres, 1851.
  • Fayard, Janine: "Los miembros del consejo de Castilla (1621-1746)". Siglo Veintiuno de España Editores, 1982.
  • Huerta García, Florencio: "El señorío de Montalbán y la Casa de Uceda durante la Edad Moderna". Tesis inédita, UCM, 2009.


lunes, 3 de septiembre de 2018

El VIII Conde de Oropesa, una breve biografía (PARTE V)



El primer gobierno del Conde de Oropesa (1685-1691) destaca por su carácter reformista. Don Manuel Joaquín quiso reformar y sanear las finanzas adoptando algunas medidas que resultaron muy poco populares como la de la reforma monetaria y sobre todo la de la reducción y simplificación de la burocracia que intentaba aminorar considerablemente algunos puestos administrativos. La crisis que se arrastraba desde comienzos del siglo XVII, así como las condiciones particularmente nefastas de las cosechas en aquellos años debidas a diversos estragos climáticos, no hicieron más que reforzar la hostilidad frente al principal hombre del Gobierno. Los sacrificios, las carestías, las necesidades, se hacían cada vez más palpables y con ello el descontento popular que se dejaba escuchar de manera repetida, constante e incluso violenta.

REFORMA MONETARIA DE 1686:

El 14 de octubre de 1686, el Conde de Oropesa, continuando la política reformista del Duque de Medinaceli (reforma monetaria de febrero de 1680), dictaba una pragmática que afectaba a las monedas de oro y plata. La plata fue modificada en un 25% (se pasaba de 67 a 84 piezas por marco, con la misma ley). El premio de la plata se mantenía en un 50%. Esta disposición real suponía un encarecimiento de la moneda de plata de un 25%, con lo que se facilitaba su salida al mercado. El real de a ocho de plata vieja, que con el premio del 50% reconocido valía 12 reales de vellón, pasaba a valer 15 y, en cambio, habrá un nuevo real de a ocho, con un 25% menos de peso, que se tasaba a 12 reales de vellón.

En noviembre del mismo año se tomaron medidas que equivalían a una elevación del precio del oro en un 5,28% pero, como existían subidas anteriores, la subida acabó por representar un 6,66%. Como consecuencia, la relación oro/plata pasaba a ser de 1 a 16,4, muy superior a la que existía en otros estados europeos, por lo que se facilitaba la entrada de oro en Castilla. Efectivamente, a partir de 1686 hubo más acuñaciones de oro en suelo castellano que antes.

La reforma monetaria llevada a cabo por Oropesa en 1686 dará una vuelta de tuerca a la reforma monetaria de Medinacali, como venían solicitando los arbitristas, al equiparar la moneda de plata de Castilla a sus homónimas europeas con la revalorización facial de las monedas de oro y plata respecto a su valor intrínseco, situando, además, el premio de la plata en relación al vellón en un 50%, de tal manera que los cambios internacionales ya no resultaban tan perjudiciales a la Corona y se impedía, por otro lado, su extracción del Reino, lo que no había conseguido erradicar el duque de Medinaceli en 1680, según la acertada valoración realizada por los embajadores venecianos Federico y Giovanni Cornaro en sus informes a la Serenísima. De cualquier modo, y pese a los sacrificios iniciales, la estabilidad monetaria surgida después de 1686 fue vital para la economía castellana e incluso para las
finanzas de la Monarquía, ya que contribuyó a reducir los costes en las transacciones al exterior y minimizar los riesgos en el relanzamiento del comercio interior, e incluso del exterior, máxime cuando se eliminaba la moneda falsa del circuito comercial.

INTENTOS DE REFORMA HACENDÍSTICA:

La Corona, desde el ascenso político de Juan José de Austria, va a promulgar un paquete de reformas fiscales dirigidas al fomento económico y al alivio de los vasallos, pero será a partir la Paz de Nimega (1678) y durante los ministerios de Medinaceli y Oropesa, cuando se produzca una espiral de reformas fiscales y económicas a todos los niveles.

Preocupados por el gran número de extorsiones que sufría el súbdito, debido al fraude de los poderosos, los gobernantes se plantearon la abolición de algunos tributos. De hecho, un año después de su llegada al poder, es decir, en 1686, Oropesa se planteó la subrogación de los millones. Con este motivo, se produjo un debate entre las instituciones implicadas. Una Junta de Medios, formada, como era habitual, en la posada del Presidente de Castilla, inicia una serie de estudios que pretenden sopesar la conveniencia y, sobre todo, la viabilidad de la subrogación de los millones. Lo poco útil de una contribución que solo sirve para "...la rapiña de los defraudadores de todos estados y ruina de los pueblos..." y en la que no participaban los eclesiásticos, convence a la Junta de las ventajas de que cese el servicio de millones, tal y como aconseja a Carlos II. No obstante, a pesar de lo mermado del monto de los millones, el Consejo de Hacienda reconoce su necesidad "...por la mucha estrecheza de la real hacienda".

Junto a la propuesta de erradicación del servicio de millones, la Junta sugería algunas alternativas como la de cargar con un 20 % las alcabalas vendidas desde el año 1634, y el servicio ordinario y extraordinario, vendido desde el año de 1635, en lo que se hubiese desempeñado en juros, cuyo monto ascendería a 24.800 ducados, a los que se agregan los 538.817 correspondientes a las Medias Annatas. Con ello, la Real Hacienda, ingresaría, supuestamente, 97.817 ducados más de lo que se perdería con la suspensión del tributo. Además se proponían una serie de reformas relativas a la concesión de juros. La propuesta impulsada por Oropesa se complementaba con el intento de establecer un control fiscal del orden eclesiástico, como correspondía a una política regalista de la Corona.

Por decreto de 31 de enero de 1687, Oropesa nombraba a su primo, el Marqués de los Vélez, antiguo virrey de Nápoles, superintendente general de la Real Hacienda. Con este nombramiento, se reunieron los caudales de la Hacienda, incluidos los de Indias, en una sola mano o vía. Con la introducción de dicho cargo, los presidentes del Consejo de Hacienda tuvieron a su lado un oficial de la secretaría de la Presidencia que corrió con la correspondencia de las cartas de oficio. Esto fue interpretado por algunos como una medida de espionaje para controlar las acciones del Consejo.

Vélez defenderá igualmente la necesidad de la supresión de los millones, bajo el supuesto de que ello redundaría en beneficio de la recuperación demográfica y económica del Reino, enfrentándose por ello al Consejo de Castilla.

REDUCCIÓN DEL PERSONAL ADMINISTRATIVO:

Ya desde tiempos de Felipe IV, y antes incluso, la reducción de ministros de Hacienda se había venido practicando como un ideal deseable. En 1683, Medinaceli había vuelto a hacer hincapié en la política reduccionista, apelando esta vez a la reforma del año 1677 (ocho consejeros). El Primer Ministro declaraba que no podían ser efectivas las plazas que habían quedado sin ejercicio. Por un decreto de 31 de enero de 1687, con Oropesa ya como hombre fuerte del Gobierno, por el que se nombraba gobernador a don Pedro de Oreytia, se insiste en la política reduccionista, quedando el Consejo reducido a seis consejeros y dos secretarios.

Finalmente, el 17 de julio de 1691, planeada por Oropesa y el Marqués de los Vélez, sin que el propio gobernador tuviese una participación directa se lleva a cabo una reforma que dispone para la Sala de
Gobierno lo que ya se había dispuesto en el decreto anterior de 1687, al quedar con su presidente, seis consejeros, dos secretarios y el fiscal, mientras que, para la Sala de Justicia, se recoge el decreto de 10 de agosto de 1677, al quedar con cinco oidores y el fiscal. Los demás ministros quedaban sin ejercicio y con la mitad de las retribuciones que percibían, dándoseles, como había venido haciéndose, la opción de entrar por antigüedad, a medida que se fuesen produciendo vacantes. La Sala de Millones permanecía sin cambios.


...CONTINUARÁ


FUENTES:

  • Cárceles de Gea, Beatriz: "Reforma y fraude fiscal en el reinado de Carlos II. La Sala de Millones (1658-1700)". Banco de España, Servicio de Estudios. Estudios de Historia Económica, Nº 31, 1995.
  • Sánchez Belén, Juan A.: "Arbitrismo y reforma monetaria en tiempos de Carlos II".  Espacio, tiempo y forma. Serie IV, Historia moderna, Nº 5, 1992, págs. 135-176.
  • Santiago Fernández, Javier: "Política monetaria y moneda en el reinado de Carlos II. UNED, 2018.





lunes, 18 de junio de 2018

El VIII Conde de Oropesa, una breve biografía (PARTE IV)

1. Posible retrato del Conde de Oropesa hacia 1685, obra de Claudio Coello. Paradero desconocido.

Como afirmaba Tomás y Valiente, no puede considerarse al Conde de Oropesa como a un “valido” en el mismo sentido que lo fueron el Duque de Lerma o el Conde-Duque de Olivares, aunque, sin duda, las fronteras son muy reducidas ya que, por muchas razones, don Manuel Joaquín se beneficiaba de un gran poder y de un acercamiento al Rey digno de un favorito. De hecho, muchos de los escritos de la época, no dudan en llamarlo claramente “valido”. No obstante se debe tener en cuenta un aspecto fundamental para explicar en cierta medida la relación particular que mantenían el Carlos II y su ministro, y éste es el cargo de Presidente del Consejo de Castilla que Oropesa obtuvo por dos mandatos, el primero desde el año 1684, como vimos, al año 1690 y el segundo, más reducido, de 1698 a 1699.

La preeminencia política del Presidente de Castilla dentro de la Monarquía daba a éste privilegios particulares en cuanto a los acontecimientos importantes de la vida de los soberanos y del Estado. Las decisiones políticas y administrativas eran tomadas por el Presidente sin hacer necesariamente una
consulta previa lo que acentuaba el poder de Oropesa. En un documento conservado en al BNM titulado "Memoria a Carlos II sobre el miserable estado de la Monarquía durante la presidencia del Conde de Oropesa" se decía:

"Él [Oropesa] tiene el manejo universal de los negocios y con él la Presidencia de Castilla no siendo para nada. La presidencia, señor, pide por si sola gran cabeza, desinterés, inteligencia, zelo (sic), incesante trabajo, […] y [Oropesa] conserva la Presidencia para ser absoluto en todo y que no se represente ni resuelva ni provea cosa sin su noticia".

Esta omnipresencia será una de las características más notables del gobierno de don Manuel Joaquín. En una de las cartas del Duque de Montalto, uno de los más esclarecidos analistas políticos de las época, a don Pedro Ronquillo, embajador en Inglaterra, éste afirma que ya desde las primeras apariciones de Oropesa en el seno de los asuntos del gobierno, en septiembre de 1685, se indica la particularidad de la función del Conde que “sin querer declararse primer Ministro, siéndolo en el común sentir, con que ni es Valido ni Presidente, siéndolo todo”.

Por su parte, del Marqués de Villars, embajador francés en la Corte de Carlos II, afirmaba:

"El Presidente de Castilla no visita a nadie y no da siquiera la mano en su despacho…[una vez terminada la sesión del Consejo] el presidente de Castilla entra con el Rey en otro cuarto y se entrevistan solos sobre las cosas que tocan a su servicio y al gobierno…".

El embajador veneciano Sebastiano Foscarini, quien residió en España entre 1682 y 1686, afirma en su "Relazione di Spagna" que Oropesa no quería de ningún modo perder el título de Presidente del Consejo de Castilla “por ser el más superior de todos los títulos”, lo que explicaría de hecho su rechazo al título de primer ministro o a la designación de valido.

El Conde de Oropesa mantuvo el afecto de Carlos II hasta el final de su segundo mandato (1699) y puede decirse que incluso que hasta el final de la propia vida del Rey. En una carta de febrero de 1700 Carlos II le escribe: “He querido decirte aquí la seguridad con que puedes estar de mi satisfacción a tus grandes méritos y de que en cuanto se ofrezca a tu persona y casa se experimentará lo que siempre te he querido y lo que te estimo”.

Pronto don Manuel Joaquín, y como antes lo fueron Lerma y el Conde-Duque de Olivares, fue objeto de los reproches que le acusaban de una ambición desmedida por enriquecerse aprovechándose de su privilegiado cargo para conseguir facilidades en los gastos de su casa, carrozas, vestidos, caballerizas, en suma, de su mantenimiento y el de su familia, así como de favorecer a sus más allegados. En este sentido destaca la concesión en enero de 1687 del puesto de Superintendente de Hacienda a su primo don Fernando Fajardo, Marqués de los Vélez, quien previamente había sido Virrey de Nápoles hasta 1683 y había formado parte del Consejo de Indias. Este órgano de nueva creación venía a sustituir en sus funciones al Consejo de Hacienda y sería uno de los pilares de la política reformista de Oropesa, que fiaba a uno de sus más cercanos.

COTINUARÁ...

BIBLIOGRAFÍA:


  • Martino, Aurora; y Rodríguez Rebollo, Mª Patricia: "Fernando Joaquín Fajardo, marqués de los Vélez, virrey de Nápoles (1675-1683)" en "Los señoríos en la Andalucía Moderna. El Marquesado de los Vélez", coord. por Francisco Andújar Castillo, Julián Pablo Díaz López, 2007, págs. 321-335.
  • Testino-Zafiropoulos, Alexandra: "Querellas políticas en torno al Conde de Oropesa en las postrimerías del reinado de Carlos II". Atlante. Revue d’études romanes, 2, 2015, p. 264-291.

miércoles, 30 de mayo de 2018

El VIII Conde de Oropesa, una breve biografía (PARTE III)

1. Detalle de la Adoración de la Sagrada Forma de Gorkum por Carlos II y su Corte, obra de Claudio Coello (1690). Sacristía del Real Monasterio de El Escorial. 

El 17 de septiembre de 1679 moría don Juan José de Austria. Apenas dos meses después, el 31 de agosto, Carlos II contraía matrimonio por poderes con María Luisa de Orléans en Fontainebleau. La boda, ya con los dos contrayentes juntos, tendría lugar el 19 de noviembre en la burgalesa villa de Quintanapalla.

El 21 de febrero de 1680 Carlos II nombraba primer ministro a don Juan Francisco de la Cerda Enríquez de Ribera, VIII Duque de Medinaceli, mediante un billete que rezaba así:

"Habiendo pedido a Dios me alumbre los medios de que deseo valerme para cumplir con mi obligación en el expediente de tanto como está a mi cargo, he reconocido que la formalidad del Gobierno de mi Monarquía y las ocurrencias de ahora necesitan de Primer Ministro, y habiendo de tenerle, he dado en encargarte me ayudes en esta forma, así por tus grandes obligaciones como por lo que en ti he experimentado. Por lo cual he mandado a mi Confesor te exprese este mi ánimo, y espero de tu buena ley te sacrificarás a mi obediencia, seguro de que conozco cuánto harás en esto por mi servicio. A 21 de febrero de 1680. Yo, el Rey"

A finales de ese mismo año ingresaría en el Consejo de Estado, don Manuel Joaquín Álvarez de Toledo, Conde de Oropesa, junto a otros aristócratas como el nuevo Duque de Alburquerque, el de Villahermosa y los Marqueses de Mancera y los Vélez, primo éste último de don Manuel Joaquín. 

Pronto surgiría el enfrentamiento entre la nueva Reina y Medinaceli. A finales de 1681 el Primer Ministro había conseguido el cese del Marqués de Villars, embajador de Francia, que parecía ejercer, por medio de su mujer, una negativa influencia sobre la joven Reina. Sin embargo, el principal motivo de enfrentamiento entre la Reina y Medinaceli fue el beligeranete V Duque de Osuna, don Gaspar Téllez-Girón, Caballerizo Mayor de María Luisa y declarado enemigo del Primer Ministro.

En 1683, aprovechando las polémicas y costosas obras de remodelación de la residencia de Osuna en Madrid, el Duque de Medinaceli, a través del Presidente de Castilla, consiguió que don Gaspar tuviese que abonar una multa de veinte mil ducados y, en el plazo de tres días, salir desterrado al Alcázar de Segovia, donde permanecería encerrado hasta nueva orden. En la Villa y Corte, a nadie se le escapaba la implicación del Primer Ministro en la súbita defenestración del de Osuna. Por su parte, la reina María Luisa de Orléans entendió el destierro de su Caballerizo Mayor como un ataque contra su propia persona, lo que constituía un nuevo escalón en la política ostensiblemente francófoba del Duque de Medinaceli.

La lacerante crisis económica, el fracaso de la política exterior (Tregua de Ratisbona de 1684 contra Francia que supuso la pérdida de Luxemburgo) y las desavenencias con la Reina madre y la Reina consorte favorecieron pronto el despliegue de estrategias cortesanas encaminadas a la destitución de Medinaceli, desplazado por el pujante brío del Conde de Oropesa. Además, a la creciente debilidad del partido de Medinaceli en la Corte se venía a sumar a la debilidad de su propio cuerpo, seriamente mermado por un severo ataque de hemiplejía que estuvo a punto de costarle la vida a mediados de 1683.

Ante esta situación, Medinaceli comenzó a preparar su sucesión, y así, junio de 1684, hizo que el Conde de Oropesa, que contaba con un amplio apoyo en la Corte, fuera nombrado Presidente del Consejo de Castilla en sustitución de fray Juan Asensio, Obispo de Ávila. El puesto de Presidente de Castilla era el segundo del Estado en importancia inmediatamente después del soberano (y el valido). El presidente del Consejo de Castilla era también presidente de las Cortes de Castilla, jefe de la cámara, responsable de la sala de alcaldes de Casa y Corte que estaba bajo su entera dependencia, tenía el derecho de elegir a los responsables de las diferentes comisiones del Estado como la de los abastos, la aduana, los hospitales, etc. Era por todo esto responsable del orden público de la Corte.

En 18 abril de 1685, agotado y habiendo perdido muchos de sus apoyos, el Duque de Medinaceli presentaba su dimisión a Carlos II. El Rey le contestó en los siguientes términos:

"La licencia que me pediste el viernes de la semana pasada para apartarte de tu empleo, es negocio de tales circunstancias que haviendo menester todo el tiempo que e tomado para pensarle siendo para mi de mucho sentimiento tus achaques conozco la racon que te dan ellos para tu instancia y que Dios me muestra quiere que la carga que se sirbio de darme recaiga sobre mi aplicación sin el alivio de Primer Ministro, y assi te conzedo la licencia que me pides assegurandote que mi atencion y voluntad correspondera siempre a tu amor y servicios que me an sido mui gratos y de mi sactisfacion y assi lo esperimentaras en todas tus dependencias".

Poco más tarde, el 9 de junio, Carlos II se dirigió nuevamente al Duque ordenándole retirarse a sus estados de Cogolludo, privado de todos sus empleos (Primer Ministro, Caballerizo Mayor del Rey, Sumiller de Corps del Consejo de Estado y Presidente del Consejo de Indias) por considerar que existían muchos inconvenientes para su permanencia en la Corte.

Había llegado la hora del Conde de Oropesa.

CONTINUARÁ...



FUENTES:


  • Echavarren, Arturo: "El gran destierro de Gaspar Téllez-Girón, V Duque de Osuna". Bulletin Hispanique, Tome 116, n° 1 - juin 2014 - p. 169-189. 
  • Font de Villanueva, Cecilia: "La estabilización monetaria de 1680-1686. Pensamiento y política económica". Estudios de Historia Económica N.º 52. Banco de España, 2008.
  • Testino-Zafiropoulos, Alexandra: "Querellas políticas en torno al Conde de Oropesa en las postrimerías del reinado de Carlos II". Atlante. Revue d’études romanes, 2, 2015, p. 264-291.

lunes, 14 de mayo de 2018

El VIII Conde de Oropesa, una breve biografía (PARTE II)

1. Retrato de don Fernando de Valenzuela, Marqués de Villasierra, obra de Claudio Coello. Real Maestranza de Ronda.


Durante la privanza de Fernando de Valenzuela (1674-1677), el Conde de Oropesa, al igual que el Duque de Medinaceli, se mostró contrario al meteórico ascendo del advenedizo privado de doña Mariana de Austria. El verano de 1676, ambos, junto a don Pascual de Aragón, el Conde de Medellín, auspiciados por el Conde de Villaumbrosa (Presidente del Consejo de Castilla) y apoyados, en principio tangencialmente, por don Juan José de Austria, habrían iniciado una serie de contactos a través de misivas cifradas y reuniones secretas con el objetivo de convencer al joven Rey por medios persuasivos de su error e incluso encantamientos al mantener a su lado a Valenzuela y acatar sin réplica alguna las órdenes de su madre.

Medinaceli, Sumiller de Corps del Rey y Oropesa, gentilhombre de cámara, cortesanos muy cercanos a Carlos II fueron los encargados de dirigir el intento de atracción de la voluntad real hacia la causa nobiliaria. Sin embargo, los esfuerzos se rebelaron inútiles. Tomás Carbonell, confesor del Rey, certificó el hechizo de Carlos II, sin embargo, en una carta de escrita por don Manuel Joaquín a Pascual de Aragón, Arzobispo de Toledo, el Conde de Oropesa confesaba que él no pensaba que el aturdimiento del monarca se debiera a los hechizos sino más bien a su inexperiencia e infantilismo:

"…pero haviendo conferido con el duque de Medina y conmigo el confesor este miserable estado en que hay tanta sospecha de maleficio aunque yo me personado a que puede ser de la poca hedad y inexperiencias que da lugar y disposición a que se impriman y obren en el los influxos dela Reina y Valenzuela" (1). 

Los buenos modos orientados a conseguir el beneplácito de Carlos II habían fracasado, por lo que Oropesa y Medinaceli optaron en última instancia por el recurso a la violencia y la colaboración militar de don Juan José, que también intentó convencer al Arzobispo  de Toledo de su participación en la expulsión de Valenzuela. Sin embargo, ambos nobles, como expertos cortesanos, jugaron con la disimulación y la ambigüedad, mostrándose favorables a la expulsión del privado de la Reina, pero nunca demostrándolo abiertamente. 

En noviembre de 1676 la nobleza protagonizó lo que el profesor Antonio Álvarez Ossorio ha denominado “Huelga de Grandes”, cuando éstos se negaron en rotundo a incluir a Valenzuela en su selecto círculo. De este modo, en un acto de desobediencia al Rey sin precedentes en la monarquía de los Austrias, el día 4 de noviembre, día de San Carlos y onomástica del Rey, los Grandes dejaron a Valenzuela solo en el banco de la Capilla Real, reservado para las altas dignidades y, el día del cumpleaños de Carlos II, el 6 de noviembre, sólo acudieron a la ceremonia del besamanos cinco de los Grandes como protesta ante el reciente ascenso del adevnedizo. Incuso Medinaceli se disculpó por malestar físico en la audiencia pública de Valenzuela el día 10 de noviembre. 

Este descontento se plasmaría el 15 de diciembre con el llamado "Manifiesto de los Grandes", documento que certificó la rebeldía de la nobleza y su respaldo incondicional a las milicias de don Juan de Austria que se dirigían hacia Madrid con un único objetivo: derrocar a Valenzuela y expulsarle de la Corte. Entre los signatarios se encontraban los Duques de Alba, Osuna, Pastrana, Veragua, Gandía, Híjar, Camiña, Infantado, Lemos, Oñate o Medina-Sidonia. Sin embargo, dos de los nobles más destacados, Medinaceli y Oropesa, se negaron a estampar su nombre en tan comprometedor documento para evitar que les salpicaran las posibles represalias que pudieran venir de uno u otro bando, calibrando fríamente las consecuencias y decidiendo no firmar por lo que pudiera ocurrir. En caso de triunfo de don Juan, como así fue, ambos podrías argumentar sus intentos pasados por "liberar" a Carlos II. Tampoco estamparon sus nombres en el documento el Almirante, el Condestable o don Pascual de Aragón.

Finalmente, don Juan José de Austria entraría en la capital de la Monarquía el 23 de enero de 1677 haciéndose con las riendas del gobierno, mientras que Valenzuela, que se había refugiado en El Escorial, fue capturado por los juanistas encabezados por don Antonio de Toledo, hijo del Duque de Alba, y mandado al exilio en Filipinas.

CONTINUARÁ...

NOTAS: 

(1) Carta del Conde de Oropesa al Arzobispo de Toledo. Correspondencia del Arzobispo de Toledo. BNM. Mss 2043. pp. 295-297.


BIBLIOGRAFÍA:
  • Oliván Santaliestra, Laura: "Mariana de Austria en la encrucijada política del siglo XVII". Tesis inédita. Universidad Complutense de Madrid, 2006.

martes, 8 de mayo de 2018

El VIII Conde de Oropesa, una breve biografía (PARTE I)

1. Escudo de los Álvarez de Toledo en la contraportada del Castillo-Palacio de los Condes de Oropesa en Jarandilla de la Vera (Cáceres). Foto del autor.


Manuel Joaquín Álvarez de Toledo y Portugal (h.1642-1707) era el hijo de don Duarte Fernando Álvarez de Toledo Portugal Monroy y Ayala (1620-1671), VII Conde de Oropesa, de Deleitosa, de Belvís, de Alcaudete y de Almuras, Marqués de Frechilla, Villarramiel y Grande de España; y de doña Ana Mónica Fernández de Córdoba y de Zúñiga, VI Condesa de Alcaudete y II Marquesa de Villar de Grajanejos, que pertenecía a una rama menor de los Conde-Duques de Benavente con quien estaba emparentada por línea paterna.

Tras la muerte de su hermano mayor a poco de iniciarse la regencia de doña Mariana de Austria,  don Manuel Joaquín heredó el título de Marqués de Jarandilla, como sería conocido hasta el óbito de su padre el 1 de julio de 1671, cuando heredará los título paternos y pasará a intitularse como Conde de Oropesa (1671-1707).

FAMILIA:

Su padre fue Virrey de Navarra y Capitán General de la Provincia de Guipúzcoa (1641-1645) y Virrey de Valencia (1645-1650) y ejerciendo este puesto sería el primero en besar la mano de la nueva reina Mariana de Austria a su llegada a Denia (1649) y siendo el encargado de acompañarla hasta la frontera de Castilla. Después fue nombrado Virrey y Capitán General de Cerdeña y embajador extraordinario en Roma, puestos que debió ocupar entre 1650 y 1654, si bien durante poco tiempo el primero ya que figura que el 3 de julio de 1652 cobraba el estipendio por su puesto de embajador. Por esas fechas debió ser recibido como gentilhombre de cámara del Rey y en junio de 1654 fue nombrado capitán general de Toledo y Castilla la Nueva. En 1663 fue nombrado Presidente del Consejo de Órdenes, puesto que ocupaba al inicio de la Regencia y que mantendrá hasta la fecha de su promoción a la presidencia de Italia (1669), donde permanecerá hasta su muerte acaecida dos años después.

Por su parte, cabe destacar que su tía materna, doña María Engracia de Toledo y Portugal, Marquesa viuda de los Vélez desde 1647 tras morir su marido, el V Marqués de los Vélez, fue aya del príncipe Felipe Próspero y de la infanta Margarita Teresa. Tras la muerte del pequeño príncipe el 1 de noviembre de 1661, y el nacimiento del futuro Carlos II, cinco días más tarde, pasó a ejercer el mismo cargo con el nuevo heredero. Su marido fue mayordomo mayor de Felipe IV y ella cobraba como viuda, los gajes íntegros que correspondían a dicho asiento, dos millones de maravedís.

Bajo la protección de su padre y de su tía, ambos personas de confianza de la reina regente doña Mariana de Austria, empezaría el Marqués de Jarandilla su carrera política.


EL MARQUÉS DE JARANDILLA (1665-1671):

Casi nada se sabe de los primeros años de don Manuel Joaquín. Debió nacer hacia 1642 en el Palacio Real de Pamplona, residencia de los virreyes navarros, durante el gobierno de su madre en aquellas tierras.  El Marqués de Jarandilla se casó en 1664 con doña Isabel Téllez Girón Pacheco, nieta del III Conde de la Puebla de Montalbán, mayordomo más antiguo de Felipe IV. 

Su carrera política se inició cuando es nombrado capitán de una de las compañías de la recién creada Guardia Chamberga (1669), confirmándose así su cercanía a la reina regente doña Mariana de Austria en su pugna contra don Juan José de Austria, de la misma manera que su padre y su tía. 

En julio de 1671 don Manuel Joaquín, que contaba con 29 años de edad, comunicaba a la Reina que había sucedido en sus estados a su difunto padre. Además de los títulos, heredaría el cargo de Capitán General del Reino de Toledo que antes tuviera aquel. El cargo lo recibió como una merced expresa por los servicios de su padre: 

"y atendiendo a los agradables y particulares servicios que hizo en los puestos que ocupó, y a que todos recaen en Vos Don Manuel Joachín García Álvarez de Toledo, Portugal Córdova y Pimentel, su hijo primogénito, Conde de Oropesa, Belvís y Deleytossa, Marqués de Jarandilla y Frechilla, e resuelto elexiros y nombraros (como por la presente os elijo y nombro) por mi Capitán General del Reyno de Toledo, en la misma forma y manera que lo tenía vuestro padre" (1).

Por estas fechas debió recibir también la encomienda de Abanilla de la Orden de Calatrava, de la que era caballero.

Cuando se dispuso la formación de su Casa de Carlos II, el Conde de Oropesa obtuvo una plaza de gentilhombre de cámara que juró el 9 de febrero de 1675 en manos del Duque de Medinaceli, Sumiller de Corps del Rey. Esto le permitió ganarse la confianza del joven Rey. Con la mayoría de edad de Carlos II (noviembre de 1675) don Manuel Joaquín era ya uno de los aristócratas cortesanos más influyentes y cercanos a la persona del Rey. 

CONTINUARÁ...

NOTAS:

(1) A.N. Frías, c.1268, doc. 3


BIBLIOGRAFÍA:


  • Álvarez-Ossorio Alvariño, Antonio: "La Chamberga: El regimiento de la guardia del rey y la salvaguarda de la majestad (1668-1677)" en "Carlos II y el arte de su tiempo" coord. por Alfonso Rodríguez G. de Ceballos, Angel Rodríguez Rebollo, 2013.
  • Crespi De Valldaura Cardenal, Diego: "Nobleza y corte en la regencia de Mariana de Austria (1665-1675)". Tesis doctoral inédita, leída en la Universidad Autónoma de Madrid. Facultad de Filosofía y Letras, Departamento de Historia Moderna (2013).



jueves, 26 de abril de 2018

La estancia de Carlos III de Austria en Madrid (1710)

1. Carlos III de Austria (futuro emperador Carlos VI), obra de Francesco Solimena (c.1707). Galleria Nazionale Capodimonte de Nápoles.


La campaña de Carlos III de Austria (archiduque Carlos) del año 1710, cuando hacía ya 6 años que el conflicto sucesorio se extendía por tierras ibéricas, se inició con los sonoros triunfos aliados en Almenar y Zaragoza (27 de julio y 20 de agosto respectivamente) que dejaron el camino expedito hacia el norte del Ebro y la Villa y Corte de Madrid. El empeño británico por adentrarse en Castilla, decisión que posteriormente sería criticada con dureza por el propio Carlos III al no consolidarse el avance paralelo hacia Navarra para interceptar la entrada de las tropas de Luis XIV, fue tomado con optimismo por gran parte del séquito carolino y de los exiliado en la Corte de Barcelona. Las muestras de alegría y convencimiento de un rápido y feliz desenlace para las águilas austriacas en el conflicto sucesorio se incrementarían con la llegada de nuevas sobre al entrada del rey Carlos en la Villa y Corte.

A diferencia de la primera entrada aliada en Madrid el año 1706, la mayor parte de los cortesanos y oficiales reales abandonó la Villa en dirección a Valladolid tras las órdenes imperativas de Felipe V. La despoblación de la Corte generó desde los instantes previos a la entrada una honda preocupación en el campo aliado. Pese a que el general británico Stanhope y gran parte de la opinión pública dejaba entrever que con su acceso a Madrid "quedará todo ganado", Carlos III se mostró escéptico en sus cartas a su secretario de Estado navarro Marqués de Erendazu, afirmándole que "de milagros ninguno deve discurrir ni fiar". A fines de septiembre, con el séquito regio a las afueras de la Villa, las palabras del Rey dieron visos de realismo. El abandono de la élite administrativa y política de la Monarquía, con la excepción de un reducido grupo de Grandes, títulos españoles e italianos y algunos criptoaustriacos y prisioneros de Estado, presentaba un panorama desalentador. La conciencia del mal recibimiento pesó en el monarca antes de cruzar los umbrales madrileños. Por carta del 26 de septiembre, informaría al Marqués de Erendazu que, frente a la mayoría de voces, se negó a condescender con los ruegos universales "aun no estoy en hazerlo, y lo más que yo haga será entrar por la puerta más cercana a Atocha, allí oyr misa y bolver, pues me pareze no conviene ni merezen más".

La tibieza de las opiniones y lealtades madrileñas pusieron sobre la mesa un rápido abandono e incluso su inmediato paso a Toledo o Granada. El 28 de septiembre, tras el consabido Te Deum en la iglesia real de Atocha y un cortejo solemne hacia la Plaza Mayor y la Puerta del Sol, Carlos de Austria abandonó la Corte y se fortificó en la quinta del Conde de Aguilar, en el lugar de Canillejas. A los pocos días el real séquito pasó al Palacio de El Pardo. Las continuas acciones punitivas de los cuerpos de caballería filipinos que a punto estuvieron de capturar a Carlos III le movieron a retirarse del epicentro de la Monarquía y pasar hacia el valle del Manzanares y el Tajo.

La evacuación de Madrid el 11 de noviembre siguiente en dirección a Toledo, Molina de Aragón y Cataluña, supuso un punto de no retorno en el conflicto sucesorio. La fidelidad de la mayor parte de las poblaciones de Castilla a Felipe V y el colapso militar británico en Brihuega, paliado con un éxito táctico del Conde Starhemberg en Villaviciosa, alejaron definitivamente a Carlos III de la sucesión íntegra de la Monarquía de España. La rápida y consistente recuperación de Felipe V hacia el interior de Aragón y Cataluña preludiaron el fin del "sogno spagnolo" de Carlos de Austria.


Fuentes:


  • Quirós Rosado, Roberto: "Monarquía de Oriente: la corte de Carlos III y el gobierno de Italia durante la Guerra de Sucesión Española". Marcial Pons, 2017.