miércoles, 20 de julio de 2011

"La Academia asaltada", por don José Alcalá-Zamora y Queipo de Llano



A continuación os dejo un artículo publicado el pasado viernes 8 de julio en el periódico El Mundo obra de don José Alcalá-Zamora y Queipo de Llano, miembro de la Real Academia de la Historia, catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Murcia, Oviedo y Nacional de Educación a Distancia, en el que pone en su sitio a aquellos “listos” que desataron la polémica sobre el Diccionario Biográfico Español de la RAH. De don José diré sólo que es autor, entre otros muchos trabajos, del imprescindible “España, Flandes y el Mar del Norte (1618-1639)”, obra cumbre de nuestra historiografía y libro imprescindible para aquellos que nos dedicamos a esto de la Historia:


Maravillado -pero consternado- estoy de que en esta nueva edad de oro de la cultura que aseguran nuestros angélicos políticos de uno u otro signo en Estepaís -antes, España- proliferen de tal modo los historiadores, oficio trabajoso y delicado cuyos dominio y maestría jamás acaban de alcanzarse suficientemente, por ser materia tan compleja y sutil, al tratar de entender y explicar al hombre y las relaciones entre los hombres en el tiempo, como han subrayado en líneas hermosísimas los mejores especialistas de la disciplina, al insistir en investigar el objeto de sus análisis durante mil horas antes de intentarlo sintetizar en pocos minutos o renglones.


Porque, en efecto, vemos hoy que cualquier indigente mental u osado cantamañanas de la pluma deriva el empleo de sus ocios -que mejor estuvieran aplicados a otros juegos o menesteres más a su alcance- a exhibir desvergonzadamente sus limitaciones cerebrales en la producción de novela histórica, describiendo con pasmosa ligereza y rapidez situaciones y personajes que no sólo se le escapan, sino que ni siquiera llega a rozar, solazándonos con estúpidos diálogos donde fracasan, hermanadas en el naufragio, la literatura y la historia, a la explicación profunda y filosófica del pasado, como nuevo Ortega, o a vestir sus capacidades de cronista raso, con el uniforme y las medallas de historiador científico y riguroso.


Algo similar a lo que sucede, a favor del viento en popa de las facilidades editoriales propiciadas por la universalización de los ordenadores, en el campo de la vulgar narrativa o de la sublime poesía, donde cualquier absurdo engendro, sin matemática ni música ni sensibilidad ni vibración original alguna, adquiere y luce los galones líricos de la edición, con daño evidente para los verdaderos poetas, obligados a compartir razonables desprecios de libreros y lectores, aburridos por tantas naderías o jeroglíficos.


Todos estos dislates, que suelen traducirse en una petulancia ineducada -¡ay, siempre la cuestión educativa, tan olvidada por los de la rosa o la gaviota!- por parte de las masas de tuerceplumas del verbo escrito que, con tanta comodidad, adquieren honores publicísticos, graduación de escritores y hasta, a veces, el decisivoreconocimiento económico -convertible en adelantos de muchos miles de euros que los convierten en famosos-, han alcanzado últimamente un nuevo nivel o bajado otro escalón.


Me refiero al ataque impúdico, u obsceno, como se prefiere decir hoy, con impropiedad típica, para mostrar mayor desdén hacia la Academia a la que me honro en pertenecer, la de la Historia, chiringuito donde han terminado, con modesto premio merecido los más, sus días de esfuerzo historiográfico las momias, como se complace en denominarnos el representante de una ideología caracterizada, además de por sus decenas de millones de asesinatos -que multiplican por 20 los perpetrados por la bestialidad de Hitler o el mísero Franco-, por la aniquilación, también, de la libertad en el más implacable régimen de totalitarismo leviatánico que el hombre ha conocido. Miserias realizadas normalmente por no menos repugnantes dictadores, en régimen de gerontocracia, es decir, protagonizado por momias como Stalin, Mao o, también, el ejemplar señorito Castro,propietario de una finca caribeña de 12 millones de hectáreas, a una de cuyas fastuosas recepciones, tras haber concluido la maratón en barco con que conseguí un Premio Guinness en 1985, me negué a asistir, por solidaridad con la miseria en que este fanático de una ideología inviable forzaba a malvivir a su pueblo.


Sin apresuramiento, que la insignificancia científica de la ofensiva, organizada, tal vez, desde oscuros centros de poder o frustraciones personales más o menos justificadas, tal vez, por esa obtusa forma de necedad, que tanto daño nos ha hecho a los españoles, de criticar con saña lo que no se ha leído o se desconoce, al objeto de ir reduciendo mi ira a la burla risueña, pues no más merece la insolvencia, ignorancias -algún brillante periodista, cuyo nombre callo por piedad, confundía, en su ferocidad televisiva, el reinado de los Reyes Católicos con el de Alfonso el Sabio, a quien colocaba en el siglo X, mientras explicaba nuestra académica incompetencia- y estupidez de las huestes que se han lanzado al asalto de la modesta institución, donde procuramos concluir nuestras vidas de estudio consagradas, con tanto deseo de acierto, a la historia de España, aunque a ellos les parezca sombría Bastilla en cuyo asalto y reparto de bienes y medallas se empeñan, armados con planteamientos tan agresivos como torpes y groseros.


El enorme esfuerzo que ha supuesto la edición en una decena de años de los 50 tomos del Diccionario de Historia de España de nuestra Academia (y en el que debo confesar humildemente que mi participación firmada ha sido mínima y recae en el siglo XVII, el que menos mal conozco) es obra cuya envergadura era de esperar que enEstepaís suscitase irritadas envidias como respuesta natural despechada. La obra, de la que yo hubiera preferido eliminar el siglo XX, cuyos materiales hubieran dado lugar a otro segundo texto, es, como todo trabajo colectivo de cualquier dimensión, inevitablemente desigual, pues las personas, aunque otra cosa pretenda cierta candorosa ideología vigente, nacemos libres, pero desiguales en capacidades, que luego la vida disminuye o crece, según los casos, mientras sus enfoques sesgan siempre la imprescindible, por otra parte, interpretación del personaje y selección de la información pertinente, sin que me vaya a lanzar ahora al prolijo, superado, excepto para discusiones tribales, y multimillonario -en páginas- debate sobre la posibilidad, límites y hasta, inclusive, interés de la objetividad histórica que jamás puede ser un retrato fotográfico, sino una pintura inteligente del pasado, desde puntos de vista diferentes (B. Croce) y con colores distintos.


La información, los datos, es lo que sobre todo importa, no al lector, sino al consultor del Diccionario. Y si en este aspecto ciertos trabajos adolecen de candor o de impropiedad o identificación abusiva con el personaje, menos aún si en esta misma línea incorporan conceptos sociopolíticos en mayor o menor grado discutibles, más me parecen defectos que desprestigian al autor de la entrada, siendo tan evidentes, que al conjunto de los demás 43. 000 estudios biográficos.


En todo caso creo que la idea aprobada por la Academia, en prueba de buena voluntad, que hubiera sido inconcebible en otra institución similar, en el sentido de admitir colaboraciones complementarias o suplementarias sobre puntos controvertidos de nuestra historia reciente, a partir de la II República y Guerra Civil, que se recogerían en la segunda y al parecer inminente segunda edición del Diccionario, en su versión digital y hasta en algún tomo donde se editasen, como Apéndice, siempre enriquecedor, los estudios alternativos que sobre alguna voz concreta, por ejemplo, Franco, se nos enviaren, con la extensión establecida.


Para concluir, deseo manifestar, con toda mi repugnancia, que arrojo indistintamente, sobre unos y otros, respecto a ese maniqueísmo historiográfico que con cínica hipocresía, dictamina objetividades y concede o niega rango científico a los trabajos históricos, según idénticos términos se apliquen a biografiados que coincidan o no con la ideología política del lector o crítico. Dada la obvia imposibilidad de que la caverna española azul o negra que, «confesada y comulgada ataca al hombre», o colorada, admita estas elementales nociones democráticas sería magnífico y tranquilizador que los sectores radicales de la izquierda (concepto del que no acabo de entender contenido ni fronteras ante los horizontes de la segunda década del siglo XXI) progresista española, disecada en 1936 y con las garras aún de la Guerra Civil sin recortar, comprendiera que la idea de democracia, con su raíz liberal, exige la libertad y el respeto a las opiniones distintas a las nuestras que no se nos intenten imponer por la violencia”.


PD: si queréis leer mi anterior entrada sobre el obelisco dedicado a Carlos II en la ciudad de Avellino podéis pichar aquí.

14 comentarios:

  1. Este Alcalá Zamora y Queipo de Llano debe de ser descendiente del que fue Preidente de la II República y del general franquista. Buena mezcla de genes.
    En cualquier caso suscribo todo lo que dice, que es brillante y escrito con gran lucidez, por cuanto que, siendo una de las más dificiles disciplinas la de Historiador, denuncia a tanto tuerceplumas que con sus ignorancias pretenden enmendar la plana a los miembros de la Academia de la Cosa.

    Me quedo con algunas frases que merecen ser recordadas :
    "que tanto daño nos ha hecho a los españoles, de criticar con saña lo que no se ha leído o se desconoce"

    "la idea de democracia, con su raíz liberal, exige la libertad y el respeto a las opiniones distintas a las nuestras".

    CUM LAUDEN

    Gracias, Carolvs, por esta entrada.

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  2. Mucho caracter, y muchas verdades las de este señor académico.

    Y como ya hemos comentado en ocasiones: es imprescindible su obra “España, Flandes y el Mar del Norte (1618-1639)”

    Un abrazo, Alberto

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  3. Gaucho: pues sí, y además con razón...creo que de políticos que van de listos también sabéis mucho en Argentina, pero es que aquí en España estamos infectados.

    Un abrazo.

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  4. Tella: la verdad es que también me he preguntado muchas veces si es familia de los que citas, pero no estoy seguro...se lo preguntaré si algún día le veo por la librería Marcial Pons a la que va a menudo, al igual que yo. Pero independientemente de su origen familiar, lo cierto es que es uno de los padres de la historiografía española moderna y un de los hombres más doctos en relación con el siglo XVII español, sin duda, su palabra tiene un enorme peso por ser una de las más personas más autorizadas para hablar de historia en "Estepaís".

    Un saludo.

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  5. Jordi: la verdad es que sí, es un hombre de carácter y además que dice muchas verdades que van a doler a mucho listo...su obra es imprescindible para el historiador actual...para mi uno de los padres de la actual escuela española de historia.

    Un abrazo.

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  6. Verdades como puños y dolorosas como puñetazos se vierten en este artículo.
    Gracias por darlo a conocer.

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  7. Aspi: verdades que dueles mucho a ciertos sectores de Estepaís incapaces de distinguir a los Reyes Católicos de Alfonso X y que encima quieren rescribir la historia a su gusto...

    Un saludo y gracias a ti por pasarte ;)

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  8. Cuando he leído el título de tu entrada no se me pasaba por la cabeza qué relación existiría entre el presidente de la Segunda República Española y el general Queipo de Llano... Leí mal, jeje

    Por cierto, a propósito de esta polémica, intenté ojear y hojear (ambas cosas) el Diciconario Biográfico Español en FNAC y resulta que allí no lo tenían y tampoco en algunas otras librerías a las que he acudido sólo para echar un ojo. ¿Al final lo han publicado o no?

    Besos

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  9. Yo tuve el gran honor de ser alumno del señor Alcalá Zamora cuando era profesor de Historia Moderna en la Complutense de Madrid, no tengo más que palabras de agradecimiento para para este profesor, grande en conocimientos, grande en sabiduría, gran corredor de maratones y sobre todo persona íntegra donde las haya.

    Le voy a contar una anécdota, recuerdo que estábamos finalizando un examen de 5º de carrera, la asignatura era Historia Moderna de España y uno de los temas que había caído para desarrollar era el de la Guerra de los 30 años.
    Llevábamos más de 3 horas escribiendo y el tiempo se estaba agotando, en ese momento el señor Alcalá Zamora se puso a manipular algo dentro de su maletín, no le di importancia y me afané en redactar mis últimas lineas, cuando de repente sonó un fogonazo y la clase se lenó de humo.... Estupefactos miramos hacia donde estaba el profesor y apareció con una pistola de chispa. El buen hombre, se había traido un arma auténtica del XVII, la había cargado de pólvora y le había puesto una carga de papel a modo de munición. El pistoletazo vino a significar la señar de fin del examen, se puede imaginar el susto que nos pegó.
    El hombre sin perder la compostura sólo dijo "Espero que al menos el olor de la pólvora les haya hecho entrar de lleno en el tema a desarrollar.El examen ha terminado"
    Así es este hombre, y lo curioso es que con otros profesores esta sería la anécdota que recordaría de su persona, pero no es así, dejó en todos nosotros un recuerdo más evidente y duradero que la simple anécdota, su sabiduría, su forma de enseñar y su tremenda humanidad, por todo ello desde aquí le digo, muchas gracias Don José.
    Y en cuanto al artículo que hoy nos trae usted a su blog, debo decir que lo suscribo palabra por palabra, veo que nuestro amigo no ha perdido su brillante estilo, directo y con su típico toque amargo y burlesco. Muchas gracias por traernos esta información amigo Carolus, siempre es un placer leer algo de Don José y especialmente estas frase para la historia :

    "Porque, en efecto, vemos hoy que cualquier indigente mental u osado cantamañanas de la pluma deriva el empleo de sus ocios -que mejor estuvieran aplicados a otros juegos o menesteres más a su alcance- a exhibir desvergonzadamente sus limitaciones cerebrales en la producción de novela histórica.."

    "Sería magnífico y tranquilizador que los sectores radicales de la izquierda (...) progresista española, disecada en 1936 y con las garras aún de la Guerra Civil sin recortar, comprendiera que la idea de democracia, con su raíz liberal, exige la libertad y el respeto a las opiniones distintas a las nuestras que no se nos intenten imponer por la violencia".

    ¡Qué grande! :-))

    Un abrazo.

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  10. Carmen: la verdad es que desconozco si existe relación familiar entre todos los personajes...en cuanto al diccionario, supongo que seguirá en venta en la sede de la RAH en la C/León 21 de Madrid.

    Besos.

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  11. Pedro: poco que añadir a lo que nos cuentas de don José al que se ve que le profesas un gran cariño y un gran respeto como historiador y persona. Sin duda, un personaje y uno de los hombres más insignes de la historiografía española...las dos frases que citas son como los puños de Mohamed Alí en la cara de toda esa progresía patria analfabeta.

    Un abrazo ;)

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  12. De nuevo por tu casa, amigo.

    Saludos y buen viernes.

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  13. Hiperión: me alegra mucho volver a tenerte por aquí.

    Un abrazo.

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