domingo, 13 de septiembre de 2015

Fernando de Valenzuela, un valido advenedizo (Parte I)

1. Fernando de Valenzuela y Enciso, obra de Juan Carreño de Miranda (h. 1660). Museo Lázao Galdiano.

Fernando de Valenzuela y Enciso nació en Nápoles en enero de 1636, dentro del seno de una familia hidalga de Ronda. Era hijo de Francisco de Valenzuela  y de Leonor de Enciso y Dávila. Según reza un testimonio de la época: “Fue el padre de don Fernando Valenzuela, de Ronda, ciudad del reino de Granada, de casa sino contada entre las mas ilustres, no confundida entre las oscuras (…)”. Fue bautizado en la Parroquia de Santa Ana de Palacio de Nápoles el 17 de enero de 1636, ciudad en donde se hallaba asentada su familia por aquel entonces. Fueron sus padrinos dos ilustres vecinos de la ciudad: Sancho Martínez de Leyva y Mendoza, I Conde de Baños y Victoria de Aragón de Apiano.

A la edad de doce años, y estando de regreso con su familia en Madrid, pasó a formar parte del servicio de Rodrigo Díaz de Vivar y Hurtado de Mendoza, VII Duque del Infantado, embajador en Roma y Virrey de Sicilia, quien lo llevó a este último destino nombrándole paje de guión. Tras un intento, fracasado, de hacer carrera en la milicia en Nápoles, viajó nuevamente a Madrid donde contrajo matrimonio en 1661 con María Ambrosia de Ucedo, moza de cámara de la reina doña Mariana de Austria. Ese mismo año obtuvo, gracias a dicho matrimonio, el puesto de caballerizo de la Reina.

Tras la expulsión del padre confesor y valido de la Reina Juan Everardo Nithard en 1669 a consecuencia del pronunciamiento de don Juan José de Austria, Valenzuela fortaleció su posición en la Corte de Madrid. En mayo de 1671 fue nombrado, de forma interina, conductor de embajadores, en ausencia del propietario de la plaza, Manuel Francisco de Lira, quien se había trasladado a las Provincias Unidas como enviado extraordinario. En marzo de 1673 consiguió el cargo de primer caballerizo de la Reina. En 1674 consolidó su poder en una doble vertiente, la canalización del patronazgo y el acceso al ministerio. Por un lado, su nombre apareció de forma cada vez más frecuente en los despachos de los embajadores y agentes que negociaban en la Corte, identificándole  como una figura influyente capaz de avanzar la tramitación de gestiones y que mediaba en la provisión de oficios y mercedes. Por otro, Valenzuela no se conformó con su papel relevante en el gobierno doméstico de la Casa de la Reina, sino que se implicó en la administración de la Monarquía.

A principios de 1674 Valenzuela decidió desembarazarse del puesto de conductor de embajadores. Esta plaza había sido durante casi tres años una plataforma en su carrera cortesana, pero se había convertido en un lastre para sus aspiraciones de acceder a nuevos cargos en el ámbito de las casas reales y los consejos. Inicialmente, se limitó a proponer un teniente para el ejercicio del cargo, Francisco de Olivares. Poco después, en febrero Valenzuela renunció al puesto interino de conductor, alegando achaques de salud que le impedían montar a caballo en los actos públicos. Previa consulta del Consejo de Estado, la Reina admitió esta renuncia, declarando que se recompensarían sus méritos. El nuevo conductor interino de embajadores, Pedro de Ribera, así como el teniente, eran clientes de Valenzuela.

En junio de 1674 tuvo lugar la promoción de Valenzuela a la esfera ministerial de los Consejos. El 4 de junio la Reina Regente le nombró "Juez Conservador del Real Patrimonio de Italia", con asiento y preeminencias de consejero de capa y espada en el Consejo de Italia, y con los mismos gajes y emolumentos que el resto de los consejeros. El conservador tenía voto en las materias de hacienda y gracia, pero no es las de justicia. Estaba obligado a llevar razón y cuenta del Patrimonio Real y la hacienda en Italia, supervisando la continuación de tres libros que se ocupaban del patrimonio y hacienda; de las mercedes, pensiones, entretenimientos y ayudas de costa; y de los pagos en Italia por vía del  Consejo de Hacienda y los asientos con mercaderes.

La asistencia a las sesiones del Consejo de Italia fue esencial en la formación de Valenzuela como ministro y su conocimiento de las materias del gobierno universal de la Monarquía, Desde junio de 1674 su rúbrica apareció con asiduidad tanto en las consultas como en los despachos tramitados por el Consejo de Italia. La señal "Valenz. Consº." figura en los despachos reales expedidos en diferentes fechas en los meses posteriores a su nombramiento. Incluso se entrometió en negocios de justicia que estaban excluidos de sus competencias. De este modo, se familiarizó con los negocios de hacienda, justicia, guerra y gobernación, tanto del Estado de Milán como de los reinos de Nápoles y de Sicilia. EN el Consejo de Italia conoció de primera mano la complejidad de diversos asuntos, desde las implicaciones políticas de la Guerra de Mesina (1674-1678) hasta el auge del proceso de venalidad de magistraturas y plazas ministeriales en los tribunales supremos de Nápoles y Milán, Napolitano de nacimiento, Valenzuela hablaba con soltura italiano. Su participación en las sesiones del Consejo de Italia entre 1674 y 1675 fue determinante para articular algunas de sus prioridades cuando comenzó a ejercer la labor de primer ministro de la Monarquía.

CONTINUARÁ...


Fuentes:

1. Álvarez-Ossorio Alvariño, Antonio: "Precedencia y dirección del Gobierno. El ascenso ministerial de Fernando de Valenzuela en la Corte de Carlos II" en García García  Bernardo J. y Álvarez-Ossorio Alvariño, Antonio: "Vísperas de Sucesión. Europa y la Monarquía de Carlos II". Fundación Carlos de Amberes, 2015.

2. Luque Talaván. Miguel: "La inconstante fortuna de Fernando de Valenzuela y Enciso. Su destierro en las islas Filipinas y los últimos años en la ciudad de México (1678-1692)". Archivo Agustiniano, XCV (2011), 213-244.

7 comentarios:

  1. Buenísima biografía de un semi-desconocido.

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    1. Muchas gracias son Javier y encantado de verle por aquí de nuevo. Un saludo

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  2. Un personaje denostado por sus rivales y enemigos, quienes lo consideraban un advenedizo, que supo tejer una red de incondicionales a su alrededor, aunque siempre andaba acechante la sombra del bastardo Don Juan José de Austria y sus estrechos colaboradores, entre ellos el Duque de Alba. Creo que entre sus aficiones, la de la caza en compañía del joven monarca fue la que primero aborreció por una anécdota que pudo acabar en tragedia y que prefiero no contar aquí, no sea que estropeemos esta historia.
    Un saludo.

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    1. Un disparo que le valió la Grandeza de España...ya lo veremos. Un saludo.

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  3. Buena preparación de Valenzuela en el Consejo de Italia. Es posible que desde ese momento la visión que tuviera de la Monarquía Hispánica fuera muy distinta a la que tendrían otros contemporáneos.
    Un beso

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    1. Desde luego el Consejo de Itaia era una buena escuela para el Gobierno universal de la Monarquía. Un beso

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  4. Hola. Enhorabuena por la entrada. Es muy interesante.
    He encontrado un artículo de Laura Oliván en Academia.edu, que creo te puede interesar: "Discurso jurídico, histórico, político»:Apología de las reinas regentes y defensa del sistema polisinodial, una manifestación de laconflictividad política en los inicios de la regencia de Mariana de Austria"
    Un saludo,
    Eduardo

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