lunes, 1 de noviembre de 2010

TAL DÍA COMO HOY DE HACE 310 AÑOS MORÍA CARLOS II...

Muerte de Carlos II, obra de Pieter van der Berge (s. XVII). Estampa calcográfica, 301x199 mm. Museo de Historia de Madrid (antiguo Museo Municipal).


UNA LARGA AGONÍA...

A finales de junio de 1699 se produjo una nueva recaída de Carlos II. Se decidió entonces el tratamiento con quina y recuperar los remedios tradicionales. El doctor Geelen (1) se mostraba muy preocupado por la salud del monarca y no creía que el tratamiento de los médicos reales fuese el más adecuado:

Los médicos no le dejan tomar más de una onza de vino aguado, con lo cual no se tonifica el vientre. He tratado de convencerles de su error proponiendo que se someta el caso a una Universidad, pero no lo he conseguido. En un verdadero crímen purgar y sangrar a cuerpo tan débil e hidrópico y negarle los elementos para robustecerse” (2).

La ligera mejoría experimentada en el final del verano, y que los frailes Díaz y Tenda atribuyen a las curas exorcísticas practicadas, permiten al monarca un ansiado viaje a El Escorial desde el 24 de septiembre al 24 de noviembre. Incluso se planteó un posible viaje al Monasterio de Guadalupe, ante el deseo de Carlos II de visitar su santuario y prolongar el regreso a Madrid, ciudad que acabó aborreciendo, pues le recordaba las numerosas situaciones críticas que había vivido a causa de su enfermedad. Se reunió la junta de médicos de cámara para deliberar sobre la posibilidad de tal viaje. Preguntado el catedrático de Prima del Real Colegio de San Lorenzo, fray Ventura de San Agustín, conocedor de las características del monasterio:

nos aseguró que la situación de él era áspera y montuosa, sin tener salida ninguna para la diversión, ni aún disposición para pasearse en el convento por ser unos callejones angostísimos y toda su vivienda muy lógebra y tan maltratada que por muchos que sean los reparos que Su Magestad mande poner no han de ser bastantes para la defensa de las aguas y aires. Y además de esto nos notició como en esta última feria (que siempre es de gran concurso) apenas hubo gente por el miedo de la gran epidemia en este lugar, señal de que los aires son impuros, poco ventilados y húmedos, por consiguientes enfermos” (3).

Finalmente, se desaconsejó al Rey el viaje a Guadalajara, pues no se encontraba en las mejores condiciones de emprender semejante trayecto en plena temporada invernal.

Desde el regreso del monarca a la Corte, en diciembre, se observó un retroceso considerable en su salud. El Conde de Benavente, jefe de la Real Cámara, pese a los fracasos de todos sus proyectos encaminados a recuperar a salud de Carlos II (4), decide intentar una nueva alternativa terapéutica. En septiembre de 1699, ante el fallecimiento de tres médicos de cámara que era de su completa satisfacción, decide entrar en contacto con el virrey de Nápoles, el Duque de Medinaceli (5), y pedirle informes sobre dos médicos napolitanos de gran reputación: Tommaso Donzelli (1654-1702) y Lucantonio Porzio (1639-1723). Previamente, Benavente había contactado con los virreyes de Aragón y Valencia, en el intento de buscar algún médico de prestigio, pero no había encontrado a ninguno de su plena satisfacción.

Donzelli y Porzio pertenecían a la Accademia degli Investiganti, de marcado carácter iatroquímico, lo que demuestra que Benavente, tras sus pasados escarceos alquimistas (6), decidía apostar nuevamente por la terapéutica renovadora.

Medinaceli se apresura a emitir sus informes. Sobre Lucantonio Porzio considera su gran reputación como científico en toda Europa ya que había ejercido en Viena, Roma y Nápoles, pero fallaba a nivel personal:

“…es un filósopho antiguo en su trato y desaliño, de pocas palabras, y ninguna exornación en ellas, y de tal sinceridad, que si el enfermo a quién asiste le pregunta, si le aprovechará el remedio que le aplica, le responde, que mal no le hará…” (7)

Tommaso Donzelli era descrito por Medinaceli como un hombre de grandes estudios y experiencia, con gran éxito profesional pues era el médico de gran parte de la alta aristocracia napolitana, entre ellos, el mismo Duque de Medinaceli y su familia.

Se recomienda finalmente a Donzelli, quien se mostró algo remiso a venir a España pues tenía muy buena situación en Nápoles y sabía las trabas que se ponían en la Corte a los sanitarios extranjeros, pero acudiría siempre y cuando se lo mandase el Rey, pues quería ser, ante todo, buen vasallo.

El Conde de Benavente eligió a Donzelli, aunque inicia gestiones para intentar contratar los servicios del también médico napolitano Lucca Tozzi, que servía como físico del Papa y que era considerado por Medinaceli como el mejor médico que ha conocido. Se encargó al embajador español ante la Santa Sede que informara a Tozzi sobre los deseos de Carlos II de tenerle a su servicio. El fallecimiento del pontífice se preveía inmediato, por lo que se habían tomado las medidas necesarias para que Tozzi se trasladase a Madrid tan pronto como le fuera posible.

En enero de 1700 se produce el nombramiento de Donzelli como médico de Cámara de Carlos II y se le insta para que venga a la corte madrileña lo antes posible, pero la llegada del médico napolitano se retrasa hasta julio, debido a la enfermedad de pelagra que sufría y a que hacía el viaje por tierra para su mayor seguridad. Dada la categoría de este nuevo médico, se le asignó un sueldo muy por encima del ordinario.

El proceso irreversible en la enfermedad de Carlos II se inicia en septiembre de 1700, coincidiendo con la llegada de Donzelli. Éste propuso un nuevo régimen terapéutico: sales de abstinio por la tarde y masajes de aceite en el estómago, pero la decadencia del monarca era total. Se conoce la opinión de Donzelli a través de una carta que el embajador imperial Harrach envió a Leopoldo I:

Su Majestad tuvo ayer fuerte vómito después de comer, pero no arrojó sino flemas, y nada de los que habíha comido, síntoma que preocupa al médico. Salió, no obstante, como de costumbre y ha salido también hoy, con lo cual no se puede decir que esté enfermo. Pero el famoso doctor napolitano Doncelli, que acaba de llegar, cree imposible que se prolongue su vida” (8).

Inicialmente, el tratamiento propuesto por Donzelli parecía eficaz pero a mediados de septiembre se produjo una nueva recaída, que los médicos reales se encargaron de atribuir al tratamiento:

La salud del Rey ha empeorado más porque tiene más vómitos que antes, lo cual se atribuye al tratamiento del nuevo doctor. Su majestad está afligidísimo y aprensivo como nunca” (9).

Desde entonces se retiró toda medicación y se impuso un régimen alimenticio estricto: nada de alimentos fuertes y agua con un poco de vino por la mañana.

Las diarreas eran constantes. Geelen, muy pesimista sobre la enfermedad del Rey, escribía:

“…lleva cuarenta días inapetente y, no obstante el flujo de vientre, que en otras ocasiones bastó para curarle, persiste la desgana absoluta. Está muy flaco, de palidez extraordinaria, débil, melancólico en extremo, como no lo estuvo jamás. Todos los alimentos, aún los más inocuos, se le descomponen, determinando evacuaciones frecuentes y pútridas. Se piensa en algún remedio general y heroico; por ejemplo, el acero; pero es muy de temer que no lo resista su estómago; razón por la cual nos hemos de contener con administrarle leche de burras y otros remedios igualmente suaves. Sabe Vuestra Alteza (el Elector Palatino) que fui siempre optimista, pero no puedo seguirlo siendo, porque únicamente un milagro retardará lo inevitable” (10).

A finales de septiembre, Carlos II no retenía ningún tipo de alimento ni medicina. El día 28 e le administró la extremaunción e hizo testamento el 2 de octubre a favor del Duque de Anjou (11), hijo segundo del Delfín de Francia. En la primera semana de octubre se observó una ligera mejoría, tal y como describía Benavente en carta a Medinaceli:

Nos hallamos de la conocida mejoría de nuestro Amo, que ha padecido lo que tú habrás sabido. Pero nuestro Señor, usando de su gran misericordia, ha mejorado las horas y al presente estamos fuera del cuidado en que nos había puesto su achaque, pues queda corregido casi enteramente y el Rey con nuevos alientos y con apetito a la comida y será su divina Majestad servido se continué con felicidad su convalecencia”(12).

El doctor Geelen era más preciso en la descripción:

Parecía imposible que resistiese el Rey, después de 250 cursos padecidos en diecinueve días; pero empieza a convalecer, se contiene la diarrea y mejora su materia; renace el apetito, y se atenúa el aspecto cadavérico, aunque no es raro que estas enfermedades adulen así antes de reaparecer con acometida más recia” (13).

Se iniciaron en ese momento los trámites para que viniese a Madrid Lucca Tozzi, pues Inocencio XII había fallecido a principios de octubres. Pero todo sería en vano. La supuesta mejoría de Carlos II no fue más que un espejismo. El 24 de octubre comenzó una agonía que se prolongaría hasta el 1 de noviembre, fecha en que se produciría la muerte del Rey. La descripción que del suceso hacía Geelen era sumamente breve:

Lleno de aflicción he de dar a Vuestra Alteza Electoral la noticia de la muerte del rey, acaecida el día de Todos los Santos hacia las tres de la tarde, después de cuarenta y dos días de flujo de vientre, agravados los últimos cuatro por una apoplejía” (14).

Mucho más detallada era la descripción del embajador de Luis XIV, Marqués d’Harcourt:

Una hora después de la salida del correo que envié a Vuestra Majestad, el Rey Católico mejoró algo. Le dieron leche de perlas y descansó un poco, aunque continuó la diarrea. A las seis, tomó un caldo y descansó hasta las dos de la tarde del 29, en que subió la fiebre. A las cuatro, le sobrevino un leve desmayo, respirando difícilmente, perdido el oído y con grandes dolores de vientre. Hubo consulta de médicos; se acordó ponerle cantáridas en los pies y pichones recién muertos en la cabeza, para evitar los vahídos; y se practicó así, hasta las nueve de la noche. Hace cuatro o cinco días se están sacrificando carneros, para aplicarle las entrañas humeantes aún sobre el estómago y a flor de piel, a fin de devolverle el calor natural. Pasó la noche del 29 al 30 delirando y en continua inquietud, acentuándose este síntoma hacia las diez de la mañana. Estuve en palacio al mediodía, como de costumbre, y me dijeron que agonizaba. No tenía apenas voz, según me comunicó el Nuncio, quién acababa de verle y bendecirle junto a su lecho; nadie creía posible que llegase a la noche; los médicos hacen cuanto pueden por prolongar su existencia y le dieron un líquido que se llama Agua de la Vida, que le hizo sudar cuatro horas sin interrupción, y le devolvió el uso de la palabra, casi perdida desde que le acometió un estertor continuo. A las diez de la noche de ayer estaba bastante tranquilo; no lo ha pasado mal, consiguiendo dormir y tomando tres caldos hasta las siete de la mañana. Se le creyó agónico hacia las once y se rezaron las oraciones por los agonizantes. A las diez había reaparecido la fiebre” (15).

El martes, día dos de noviembre, se procedió al embalsamiento del cadáver. Nos ha llegado una descripción del estado en que encontraron el cuerpo del monarca:

“…le han hallado todas las entrañas, hígado y bazo de tan mala calidad que era imposible vivir, sin sangre, con una piedra en la vejiga, y el corazón tan consumido y seco que ha manifestado bastantemente el trabajo que ha padecido Su Majestad” (16).



Fuentes principales:

* Contreras, Jaime: “Carlos II el Hechizado. Poder y melancolía en la Corte del último Austria”. Temas de Hoy, 2003.

* Maura Gamazo, Gabriel de: “Vida y reinado de Carlos II”. Aguilar, 1990.

* Rey Bueno, Mar: “El Hechizado: medicina, alquimia y superstición en la Corte de Carlos II”. Ediciones Corona Borealis, 1998.



Notas:

(1) Médico flamenco llegado a la Corte de la mano de la reina Mariana de Neoburgo, ejerció una gran influencia en los años finales del reinado.

(2) Duque de Maura: “Vida y reinado de Carlos” (1990), pag. 577.

(3) A.G.P. SA, leg. 645.

(4) Para conocer la labor del Conde de Benavente véase la obra de Mar Rey Bueno: “El Hechizado: medicina, alquimia y superstición en la Corte de Carlos II”. Ediciones Corona Borealis, 1998.

(5) Luis Franccisco de la Cerda y Aragón, IX duque de Medinaceli (1660-1711). Fue virrey Nápoles de 1695 a 1702.

(6) Rey Bueno, Mar: “El Hechizado: medicina, alquimia y superstición en la Corte de Carlos II”. Ediciones Corona Borealis, 1998.

(7) A.G.P. SA, leg. 645.

(8) Duque de Maura, pag. 648.

(9) Íbidem, pag. 648.

(10) Íbidem, pag. 651.

(11) Este tema será tratado con mayor profundidad en futuras entradas.

(12) A.G.P., SA, leg. 645.

(13) Duque de Maura, pag. 667.

(14) Duque de Maura, pag. 670.

(15) Duque de Maura, pag. 669-670.

(16) Diario de la enfermedad del rey D. Carlos Segundo, y cosas sucedidas antes y al tiempo de su muerte. B.N., mss. 2272763, fol. 6vº.

34 comentarios:

  1. Vaya majestad, pues descanse en paz ese cuerpo tan dolorido y ese alma tan atormentada. En sólo cinco días se celebra la muerte del rey y el nacimiento del mismo. Vaya con noviembre. Y no es mal día para morir el día de todos los santos. Que usted tenga muy buen día en esta fecha. Saludos.

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  2. Y al parecer, para mayor inri, aparte de las lesiones pulmonares e intestinales, en el reconocimiento posterior a su muerte, el médico encontró un solo testículo "negro como el carbón", según nos refiere la wikipedia:
    http://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_II_de_España

    Un saludo

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  3. Qué descripciones tan desagradables. Pobre hombre, lo que debió de padecer hasta llegar al final.
    Menos mal que dentro de unos dias tendremos ocasion de celebrar una fecha mas alegre en relacion con Carlos II.

    Feliz dia

    Bisous

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  4. Una triste agonía. Por lo menos halló la paz que no había tenido en vida, lo cual no deja de ser, en cierto modo, un consuelo. Pero con él se fue una España que nunca volvería a ser la misma.

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  5. Es triste acercarse a la muerte en el día a día, sin una solución decente, practicando ¿exorcismos?,en la corte de Carlos II. Aunque en la corte de Luis XIV se hacían misas negras...
    El canto del cisne llegó al rey.

    Salud, Carolvs

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  6. Pobre Carlos II. como me estoy preparando para la publicaciòn del 6/11 (estoy acertado, verdad?) he leìdo bastante, y encontrè algo que me llamò la atenciòn.

    Despuès de la autopsia, alguien informò que su corazòn, era muy pequeño, "del tamaño de un grano de pimienta".

    Esto puede ser verdad? O es un error de traducciòn?

    Un abrazo.

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  7. Paco: sí, un día muy señalado para dormir...y como dices, en apenas 5 días celebramos el alfa y el omega del Rey.

    Un saludo.

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  8. Cayetano: así es, eso es lo que comentaba la autopsia, por lo que he podido leer esto se podía deber a que sufría el llamado Síndrome de Klinefelter...pero no soy experto en medicina, deberíamos preguntar al amigo Manuel.

    Un saludo.

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  9. Habsburgo: desde luego, España ya no volvería a ser la misma, empezaba una nueva época, por ello la muerte de Carlos II es probablemente la muerte real más importante de la historia de este país.

    Un saludo.

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  10. Javier: eran otros tiempos y la medicina no estaba tan avanzada, ya ves que remedios tan particulares que se practicaban...

    Un abrazo.

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  11. Gaucho: la autopsia decía que su corazón estaba seco y muy reducido de tamaño por el esfuerzo, pero no creo que sea posible que fuese del tamaño de un grano de pimientas...

    sí, la fecha es el 6 de noviembre ;)

    Un saludo.

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  12. Teniendo en cuenta la triste existencia de este rey, no se si hubiera sido más ajustado publicar el artículo que tengo preparado para el aniversario de su nacimiento al día de hoy, fecha de su óbito; Y es que hasta su muerte fue agónica y dolorosa como se desprende del comentario que le hizo a la reina Mariana poco antes de morir: “Me duele todo”. Un saludo.

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  13. Desdelaterraza: todo será bienvenido ese día amigo. Me encanta que trates el tema de la última hora del Rey.

    Un saludo.

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  14. Las descripciones médicas del XVII son de un realismo verdaderamente llamativo. Por una parte no saben lo que está pasando. Por otra expresan un enorme interés por lo que ven y no pueden explicarse. Los remedios de los médicos reales producen estupefacción: cantáridas, entrañas de carneros... Años antes Quevedo tenía palabras de gran causticidad sobre estos sabios.

    Saludos

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  15. Entrañas de carnero para devolverle el calor natural, encima lo que le tocó sufrir, menuda peste, eran torturadores más que médicos.

    ¡El rey a muerto, viva el rey!

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  16. Menos mal que vamos a celebrar su nacimiento, la muerte es algo triste siempre.
    Un abrazo.

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  17. Es que con el pichón muerto en la cabeza y las entrañas de carneros humeantes sobre el vientre, la diarrea, las sangrías y demás tratamientos, no me extraña que el pobre Carlos II muriera. Y a todo ello hay que añadir la tortura psicológica de hacerle creer que estaba endemoniado y los rituales de exorcismo a los que le sometieron.

    Mala descripción la del monasterio de Guadalupe.

    Un saludo

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  18. Estoy de acuerdo con lo que dice CarmenBéjar. Lo del pichón muerto y la casquería no creo que ayudase mucho a remediar los vómitos. Una larga agonía, debió sufrir mucho.

    Un saludo.

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  19. Monsieur, una dama aguarda a que usted le asigne su título de la Corte del Rey Sol en la Orden.

    Buenas noches

    Bisous

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  20. Retablo de la vida antigua: la verdad es que sí, no tenían ni idea de muchas de las cosas que les sucedían a sus pacientes pero mostraba un gran interés que a veces les llevaba a atribuir las enfermedades a extraños sucesos...

    Un saludo.

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  21. Carmen: torturas físicas y psicológicas como ves, eran los famosos matasanos que comentabas en tu blog.

    Un beso.

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  22. Kassiopea: lo del pichón muerto en la cabeza la verdad es que debió ser todo un espectáculo gore...

    Un beso.

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  23. Santo Dios que tratamientos... parecen más hechizos de vudú que otra cosa... claro que la microbiología y la química eran entonces ciencia ficción...

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  24. José Luis: ya ves que los remedios de la época nada tenían que ver con la medicina moderna, era más una mezcla entre curanderismo y hechizería...

    Un saludo.

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  25. Lo que aguantó hasta que murió ese hombre.
    Muchos Saludos

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