viernes, 7 de junio de 2013

"España contra Cataluña" y otras idioteces del Señor Mas

Hoy nos hemos levantado con la noticia de que el 300 aniversario de la caída e Barcelona en manos borbónicas al final de la Guerra de Sucesión por la Corona de España contará con un simposio organizado por la Generalitat de Cataluña, presidida por Atur Mas, que llevará por nombre "España contra Cataluña (1714-2014)".

Parece claro ya con el título que el fin último de este simposio tiene poco de histórico y mucho de político. En este sentido, una de las voces más autorizadas, el hispanista inglés John H. Elliot (autor entre otros de "La rebelión de los catalanes (1580-1649)"), mostró su perplejidad al conocer el contenido de las jornadas y no quiso conocer ni la primera circular del programa: “No vale la pena ni hablar. Con ese título (España contra Cataluña) ya sé que no me interesa. Es muy poco histórico y no tiene rigor ninguno. Es un disparate”. Por otra parte, José Álvarez Junco, catedrático de Historia de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, afirmó tras leer la circular que el esquema previo no tiene nada que ver con un simposio histórico o debate científico porque ya se dan por predeterminadas las conclusiones. Y cita que el mismo prólogo ya da por sentado las relaciones “siempre represivas” de España hacia Cataluña o las “condiciones de opresión del pueblo catalán”. A juicio de Álvarez Junco, la obligación de un historiador es conocer el pasado de la mejor forma posible aunque no necesariamente debe ser aséptica. “Pero una cosa es conocer el pasado y otra utilizarlo para fines políticos”, afirmó. “Lo que hubo entonces eran guerras internacionales y de dinastías entre los Borbones y los Hasburgo, que tenían el apoyo de Inglaterra. Y eso no tiene nada que ver absolutamente con los catalanes”, cuenta.

A cuento de todo esto me gustaría recuperar una de mis entradas más populares y que, en su día, parece que levantaron alguna ampolla entre algún adepto al régimen que parece que la clase gobernante catalana quiere implantar:

LA DIADA O LA GRAN MENTIRA DEL NACIONALISMO CATALÁN

El 11 de septiembre de 1714 las tropas borbónicas comandadas por el Duque de Berwick tomaban, tras un largo y doloroso asedio de casi un año, la ciudad de Barcelona, último reducto austracista en la Península, poniendo practicamente fin a la contienda sucesoria española entre Austrias y Borbones, iniciada en 1702 a nivel europeo y en 1705 en suelo peninsular.

Precisamente este hecho de armas, la toma borbónica del Barcelona el 11 de septiembre de 1714, constituye el mito fundacional del nacionalismo catalán. No me detendré a comentar la endeble afirmación de que Cataluña era un ente independiente hasta la toma de Barcelona por el Duque de Berwick el 11 de septiembre de 1714, pues creo que los que aquí me leen son bastante doctos en historia como para desmentir tal falacia. Baste sólo recordar el grandísimo esfuerzo que la Corona de Carlos II realizó para defender el Principado de las agresiones de Luis XIV durante todo su reinado.
Centrémonos pues en el momento sucesorio: el 1 de noviembre de 1700 moría Carlos II declarando como sucesor a su sobrino-nieto, el Duque de Anjou, Felipe de Borbón, hijo segundo del Delfín de Francia y nieto de Luis XIV. El nuevo rey, Felipe V, de tan solo 17 años de edad, entró en España el 22 de enero de 1701 por Irún, llegando a la Villa y Corte de Madrid el 18 de febrero donde se alojaría en el Palacio del Buen Retiro, aunque la entrada oficial y triunfal no tendría lugar hasta el 14 de abril de ese mismo año. Comenzaba el reinado del primer Borbón en España.

1. Felipe V, obra de Niccola Vaccari (Piacenza, Galleria Alberoni)

Se puede afirmar que el testamento de Carlos II fue aceptado de manera general en todos los reinos de la Monarquía de España, aunque también es justo decir que inicialmente existió una cierta reticencia por parte de los estados de la Corona de Aragón por el secular enfrentamiento contra Francia, en especial en el frente pirenaico-catalán (aún estaba demasiado reciente la toma de Barcelona por parte de las tropas francesas en 1697 tras un durísimo asedio), y que veían ahora entronizarse al nieto del que tanto sufrimiento había generado: Luis XIV.

Otro elemento fundamental para entender a la Cataluña de la época es la pujante burguesía mercantil que se había ido desarrollando en el Principado a lo largo del reinado de Carlos II y que había logrado poco a poco hacerse con el control político y económico del territorio en alianza con las estructuras y redes político-económicas anglo-holandesas, desarrollando aquello que algunos han dado en llamar de forma equivocada “neoforalismo” (1). Entre estos mercantes y comerciantes destacan nombres como los de Narcís Feliú de la Penya (2), Josep Narcís, Joan Kies, Arnoldo Jäger, Mitford Crowe, Cristófol Lledó, Llorenç Lledó, Joan Llinàs, Onofre Sidós, Pau i Dalmases, Jaume Teixidor, Joan Bòria, Joan Lapeira, Amador Dalmau, Francesc Dalmau, Pere Dalmau, Joan Puigguriger, etc (3).

Sin embargo, se puede afirmar que la postura de Cataluña, y del resto de reinos de la Monarquía, hacia el nuevo Rey fue de gran apoyo. Las manifestaciones populares y oficiales en su favor fueron generales y la literatura panegirista exaltó al nuevo monarca y a la nueva dinastía, salvando incluso el hecho de que Felipe V fuese francés. Así, el catalán Raymundo Costa escribía en su “Oración panegírica” (1701): “Felipe quinto para Cataluña no es extraño, sino patricio, Natural, y buen Catalán, quando la Sangre Real, que alienta sus venas ha salido de los cristales transparentes de esta perenne y clara fuente de Nobleza del Principado de Cataluña”. Por su parte, el también catalán Francesc Brú señala en su “Lamentación fúnebre” (1700): “el Rey es español por más que haya nacido en Francia. Porque los reyes toman la naturaleza de la Corona, no de la cuna; de los reinos en que mandan, no de las tierras en que nacieron [...] venga a España el serenísimo Felipe de Francia y será más español que nosotros, pues a nosotros nos hizo españoles la tierra, y a Felipe el Cielo, a nosotros la cuna y a Felipe la Corona”.

Desde la llamada “Acadèmia dels Desconfiats” (núcleo del austracismo), si bien se exaltaron las supuestas relaciones idílicas entre el Principado y el fallecido Carlos II, también se defendió al nuevo Rey. Los académicos aceptaron el Testamento Real como última muestra de fidelidad hacia el amado Carlos II. Este argumento de defensa del nuevo Rey se basaba sobre todo en el principio de la unidad e indivisibilidad de la Monarquía, que constituía el eje central del testamento carolino, pensándose que quién la podía defender mejor era la potencia más fuerte de ese momento, es decir, la Francia de Luis XIV, abuelo del nuevo Rey Católico. El punto de referencia de este austracismo catalán fue, por tanto, la exaltación de España. Paradójicamente sólo entre declarados filipistas, como Pellicer y Copons o Josép Aparici, se glorificó a Cataluña.

Una de las obras cumbre de la “Acadèmia” fueron las “Nenias Reales” que lloraban la muerte de Carlos II. En ellas, el anteriormente citado Raymundo Costa, escribía que Carlos II había dado la corona a Felipe de Anjou para que la conservase unida como “cuerpo uno y sin división de partes [...] cuerpo político, civil y místico de España” que está de acuerdo en esta Sucesión. Pero a añadía que tal “cuerpo natural” de España tenía tres cabezas: el rey legítimo español y catalán, Felipe V; las Cortes de los reinos y la Fe.

En este ambiente las principales instituciones de Cataluña (el Consell del Cent, la Diputación General de Cataluña, la Universidad,...) no cesaron en hacer llegar al nuevo Rey la necesidad de su pronta venida y la exhortación a celebrar Cortes, lugar donde Felipe V debía jurar a sus reinos y éstos prestar juramento a su Rey. Así todo quedaría conforme al Testamento de Carlos II y a las leyes, fueros y privilegios de Cataluña. Además, con la llegada de Felipe V a España los comunes catalanes exaltaron los buena nueva con celebraciones de todo tipo, destacando entre todas ellas las “Festivas aclamaciones” celebradas en Barcelona por los representantes de las instituciones catalanas junto al virrey Conde de Palma, durante las cuales se leyeron romances, poemas, villancicos y letrillas de loa y alabanza a Felipe V.

Es en este contexto de regocijo por el nuevo Rey y de fidelidad hacia su persona, es cuando se produce la visita de Felipe V a Cataluña, visita que tendrá lugar del 24 de septiembre de 1701 al 8 de abril de 1702, con el objetivo principal de la celebración de Cortes. Cataluña esperaba llena de expectación la primera visita del nuevo Rey, una visita especialmente esperada, pues hacía setenta años, desde la visita de su bisabuelo Felipe IV en 1632, que un soberano español no visitaba el Principado.

Felipe V debía hacer todo lo necesario para consolidar el trono recién heredado. Su abuelo Luis XIV le había aconsejado visitar inmediatamente los reinos de la Corona de Aragón para celebrar el preceptivo y recíproco juramento real en las Cortes. En la Corona de Castilla, tenida por más dócil, el día 8 de mayo se había realizado en la Iglesia de los Jerónimos de Madrid el juramento y pleito homenaje, pero se había evitado la reunión de Cortes, temidas como fuente de potenciales problemas y conflictos (recuérdese que no se celebraban Cortes en Castilla desde 1658). Pero en la vida política de Cataluña, Aragón y Valencia, las Cortes eran esenciales y resultaba conveniente celebrarlas, aun a costa de los habituales riesgos y dificultades. Felipe V salió de Madrid con destino a Barcelona el 5 de septiembre. En su viaje pasó por Alcalá, Guadalajara, Torija, Algora, Alcolea, Maranchón, Tortuera, Used, Daroca, Cariñena, Muel, Zaragoza, a donde llegó el día 16 y donde permaneció hasta el 20 de septiembre, para después partir de nuevo rumbo a Villafranca, Pina, Bujaraloz, Fraga y Lérida, donde juró los privilegios de la ciudad. De allí a Cervera, en que se repitió la misma ceremonia, y a continuación Bellpuig, Igualada, Piera, Martorell y Barcelona. Durante todo el camino el paso del carruaje real atrajo a mucha gente. Las autoridades y el pueblo acudían a contemplar al nuevo soberano y a rendirle homenaje.

A medida que el Rey se iba acercando a la capital catalana aumentó el número de personalidades que se adelantaban a recibirle y darle la bienvenida: Universidad de Barcelona, oidores del General de Cataluña, el Consell de Cent, destacando el discurso del Conseller en Cap:

Senyor, la Ciutat de Barcelona se postra humil als Reals peus de V.M. en protestació de son verdader rendiment, y ab expressió del imponderable jubilo ab que celebra lo feliz arribo de V.M. gloriantse de la ditxa li cap, que V.M. la favoresca ab sa Real presencia, y si be est tan rellevant favor, lo te sa innata fidelitat a agigantat […]”.

No faltaron tampoco las multitudes y las aclamaciones en el recibimiento dispensado al soberano, a lo largo del camino y en los alrededores de la ciudad. El relato publicado por la Diputació del General resaltaba las aclamaciones hechas a Felipe V cuando nada más llegar a Barcelona salió a saludar al balcón de palacio: “el numeroso concurso que llenaba la espaciosa plaza empezó en alegres y festivas afectuosas aclamaciones a repetir: “Viva, viva nuestro Rey Felipe Quinto” [...] y sobre las voces echaban los sombreros al aire” (4). Sin embargo, el momento culminante se produjo con la entrada triunfante y solemne de Felipe V en la ciudad el día 2 de octubre, día en que toda la capital catalana se engalanó y mostró todos los esplendores del arte efímero barroco para aclamar a su nuevo Rey.

El día 4 se celebró el doble juramento recíproco del Rey y de los representantes del Principado. Felipe V juró las Constituciones de Cataluña y los catalanes le juraron fidelidad y le prestaron homenaje como su rey y señor. Finalmente, el día 12 de octubre tuvo lugar la inauguración de las Cortes catalanas que eran muy esperadas por no haberse celebrado desde 1599, bajo el reinado de Felipe III, pues las de 1626 (continuadas en 1632), ya bajo el reinado de Felipe IV, no llegaron a cerrarse.

Las Cortes catalanas, inauguradas el 12 de octubre, estuvieron funcionando durante tres meses. Como era propio de las Cortes su funcionamiento consistía en una dura negociación, en que el Rey trataba de obtener los mayores recursos posibles a cambio de las menores concesiones y el Reino buscaba conseguir el máximo de leyes favorables a sus intereses políticos, económicos y sociales y el máximo de reparación de agravios cometidos, por el mínimo de donativo. Uno de los temas más calientes fue el asunto de las desinsaculaciones, por la que las Cortes reclamaban que Felipe V renunciara a la prerrogativa que, acabada la Guerra de Secesión Catalana en 1652 tras la toma de Barcelona por don Juan José de Austria, Felipe IV se había reservado, consistente en el poder de desinsacular sin juicio previo a los insaculados en las bolsas de la Diputació del General y del Consell de Cent. Se produjo un duro tira y afloja que tuvo como resultado la renuncia al tema de las desinsaculaciones por parte de las Cortes para salvar el resto de lo pactado con el Rey. A pesar de esto, el balance de las Cortes resultó muy positivo para Cataluña, sobre todo teniendo en cuenta que hacía casi 100 años que no se celebraban. Uno de los aspectos más interesantes de estas Cortes fueron las reformas económicas, encaminadas a favorecer la recuperación catalana, ya en marcha, facilitando las actividades comerciales. Tres medidas destacaban por su importancia: la autorización para erigir una casa de puerto franco en Barcelona, el permiso para enviar cada año dos barcos catalanes a América (se rompía así el monopolio castellano con las Indias, secular reclamación de la Corona de Aragón y de Cataluña en particular) y la creación de una junta encargada de proyectar y fundar una Compañía Náutica Mercantil y Universal. Se daba, por tanto, satisfacción a la importante burguesía mercantil catalana citada anteriormente.

En compensación de todas estas concesiones reales, las Cortes catalanas otorgaron a Felipe V un donativo de un millón y medio de libras. Además, para celebrar la conclusión de las Cortes y premiar los servicios prestados, así como para estrechar los lazos de los catalanes con la Corona, el Rey concedió una serie de gracias a numerosas personas (títulos nobiliarios, privilegios de nobles, nombramientos como ciudadanos honrados, etc). Podemos decir, sin duda, que tanto desde el punto de vista de Felipe V como desde el punto de vista de los catalanes el balance de las Cortes de 1701-1702 fue claramente positivo.

En el Principado se produjo también el encuentro entre Felipe V y María Luisa Gabriela de Saboya, tras su boda por poderes del 11 de septiembre en Turín. Nuevas celebraciones por la llegada de la Reina engalanarían la ciudad condal.

El 8 de abril de 1702, y obligado por el inicio de las acciones bélicas, Felipe V dejaba Barcelona poniendo rumbo a Italia en medio de un clima general de fidelidad y amor al monarca, hasta el punto que Feliú de la Penya señalaba que jamás vio tales muestras de amor hacia un rey (5).

Se puede afirmar, por tanto, que tras las Cortes la popularidad de Felipe V en Cataluña se había incrementado hasta niveles altísimos. De igual modo, cuando el 20 de diciembre de 1702 Felipe V regresó de Italia y entró en Barcelona fue recibido mejor que cuando llegó a la ciudad por primera vez para celebrar Cortes (6). El ambiente general era, por tanto, de optimismo y esperanza en el futuro y solo la guerra europea que había estallado ya en Italia, ensombrecía la situación. Nada hacía presagiar el estallido del conflicto civil en 1705.



¿Qué hizo por tanto estallar el conflicto y la desafección catalana? La respuesta es clara: el conflicto entre la camarilla reformista hispano-francesa de Felipe V y el “lobby” comercial catalano-anglo-holandés que veía con recelo las reformas que se querían imponer desde Madrid para modernizar el país, pues éstas podrían poner en peligro sus intereses económicos personales y de grupo, hecho que les llevó a romper con el felipismo reformista y a apoyar al archiduque Carlos de Austria como representante, al menos para ellos, del antiguo modelo “federal-foral” de los Austrias, apoyando además a sus aliados comerciales Inglaterra y Holanda que habían tejido importantes redes clientelares y familiares en territorio catalán. En 1704, el archiduque Carlos, proclamado en 1703 en Viena Rey de España con el nombre de Carlos III, desembarcó en Lisboa haciendo un llamamiento al pueblo español para alzarse contra Felipe V. Durante la segunda mitad de 1704 el soporte social del austracismo aumentó entre las élites sociales y políticas catalanas, valencianas y aragonesas e incluso en puntos de Castilla. Con la amplificación del ambiente austracista se extendieron las revueltas por Valencia y Cataluña, y los sediciosos fueron acercándose a Barcelona hasta sitiarla con la ayuda de la flota anglo-holandesa el 29 de agosto de 1705, hasta la capitulación el 9 de octubre de aquel año. Se iniciaba una guerra civil que habría de durar hasta 1715 con la caída de Mallorca.

                     2. Carlos III de Austria en Barcelona, obra de Frans van Stampart (Viena)

Podemos concluir, por tanto, que Felipe V fue aceptado mayoritariamente en Cataluña y que fueron los intereses económico-personales de la élite catalano-anglo-holandesa los que arrastraron al resto del Principado a la rebelión y a una de las más terribles guerras que jamás tuvieron lugar suelo hispano, unas causas bien distintas de las esgrimidas por el nacionalismo catalán desde finales del siglo XIX, cuando inició a conmemorarse la Diada, en aquel tiempo de los nacionalismo decimonónicos radicales surgidos de las Revoluciones Industriales y el odio hacia la inmigración y el control del Estado, que fue otra de las causas del nacionalismo vasco de Sabino Arana.

Tras conocer la historia podéis juzgar muchas de las "idioteces" que los políticos catalanistas quieren hacer creer como la lucha nacional de Cataluña contra la opresión española y borbónica al pueblo catalán, cuando, sin embargo, fueron sus propias élites, por su egoísmo e intereses particulares, las que llevaron a Cataluña a perder sus libertades y todos los beneficios salidos de las Cortes de 1702, muy pero que muy ventajosas y a demonificar a un Rey que, sin embargo, había sido más generoso con ellos que ningún otro en la historia. Sin embargo, tras la caída de Barcelona en 1714, Felipe V no se mostró tan comprensivo como lo había sido Felipe IV tras la reconquista de 1652, y por ello no perdonó tal desafección y traición a su persona tras todo lo hecho por Cataluña en las Cortes de 1702 y su meses del estancia en el Principado durante los que tuvieron lugar tantos juramentos de fidelidad hacia su real persona … se imponía la Nueva Planta.

Fuentes:

* Espino López, Antonio: “El frente catalán en la Guerra de los Nueve Años, 1689-1697”. Universidad Autónoma de Barcelona, 1994.

* Pérez Samper, Mª de los Angeles: “Felipe V en Barcelona: un futuro sin futuro”. Ediciones Universidad de Salamanca.

* Peña Izquierdo, Antonio Ramón: “El Cardenal Portocarrero y el primer gobierno de Felipe V. (1698-1705)”. Universidad Autónoma de Barcelona, 2005.

* Reglà, J. : “Els virreis de Catalunya”. Vicens-Vives, 1980.

Notas:

(1) Este término fue acuñado por J. Reglá en su obra “Els virreis de Catalunya” (Vicens-Vives, 1980), aunque la actual historiografía tiende a dismitificar y tratar con cautela este término: García Cárcel, Espino López, Ragón y Cardoner, Peña Izquierdo, etc.

(2) Narcís Feliú de la Penya (o Narciso Feliú de la Peña) está considerado el ideólogo de este grupo mercantilista catalano-anglo-holandés con su obra “Fénix de Cataluña” (1683), aunque últimamente se está poniendo en duda la autoría del mismo.

(3) Peña Izquierdo, Antonio Ramón: “El Cardenal Portocarrero y el primer gobierno de Felipe V. (1698-1705)”. Universidad Autónoma de Barcelona, 2005.

(4) Festivas demonstraciones, pag. 19.

(5) Pérez Samper, Mª de los Angeles: “Felipe V en Barcelona: un futuro sin futuro”, pag. 104.

(6) Albareda, J: “El catalans i Felip V”.




17 comentarios:

  1. Historia es lo que necesitamos,como bien se demuestra en su artículo y no manipulaciones ni burda propaganda. ¡Qué bien ha estado la declaración de Elliott!.
    Y me alegro de volver a leerle. Permítame decirle que debería usted escribir más.

    Saludos.

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    1. Elliott ha tenido una respuesta muy acrtada. A ver si puedo escribir más sí.

      Un abrazo

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  2. Leer esto cansa mucho la vista. Yo cambiaría el color del fondo o el de la letra. Pero voy al grano...

    Primero, está claro que la derecha catalanista (CiU), otrora tan afecta al PP, ha organizado este simposio con un fin claramente político, que es fomentar el independentismo. La pretensiones historicistas las desmienten el título amarillista, el contexto sociopolítico y la afiliación de los organizadores.

    Pero me gustaría comentar mi visión sobre la Diada, que en gran medida es la misma que presentaban en su época los austracistas catalanes: 1) que la sucesión de Carlos II fue orquestada por el partido francés articulado por Luis XIV y contra la auténtica voluntad del rey (cosa que sostienen incluso historiadores franceses del período como Henri Pilippe de Limiers); 2) que la entrega de la Monarquía a los descendientes del calvinista bearnés atentaba contra la voluntad de Carlos I, Felipe II, Felipe III y Felipe IV, manifestada en sus testamentos respectivos, y 3) que además fue ilegal [http://imageshack.us/a/img560/6197/felipevusurpador.jpg].

    La entrega de la corona española a un francés podía (y puede) ser vista como poco menos que una traición. El objetivo principal de la Francia borbónica durante todo el siglo XVII había sido desintegrar la Monarquía Hispánica, ora fomentando revueltas en Cataluña, Portugal, Nápoles, Sicília o los Países Bajos, ora forjando alianzas antinaturales, como el pacto con Cromwell o con Suecia. Basta con ver el talante de la propaganda antiespañola producida en Francia a lo largo de todo el siglo para adivinar la estima que en Francia se profesaba a lo español [http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/btv1b8434141d/f1.highres].

    Por otra parte, toda comparación nacionalista con la actualidad me parece muy fuera de lugar. El mismo Luis XIV había sido conde de Barcelona durante muchos años, cuando se produjo la Guerra de Separación, y algunos catalanes exaltados como Francesc Martí i Viladamor le profesaban una veneración a la par que su ojeriza a Castilla y a lo castellano. Cuando Felipe de Anjou fue coronado, devolvió a los hijos y nietos de los catalanes fanáticos de la revuelta de 1640 las tierras confiscadas a sus padre y abuelos. Por ejemplo, al nieto de Josep de Margarit i de Biure (el que se jactaba con Richelieu en París de que ambos iban a burlarse de toda España).

    Quede constancia, al menos, de que existen puntos de vista muy diversos sobre la materia.

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    1. Alex Claramunt, en este blog he tratado ampliamente el tema d ela sucesión francesa, así como las otras posibles vía (bávara, austriaca o incluso tirolesa)...el debate ha sido recientemente activado por el gran Luis Ribor en su libro, publicado por la RAH, 'Orígenes políticos del testamento de Carlos II. La gestación del cambio dinástico en España'.

      Habla de traiciones o no es algo muy subetivo, lo cierto es que Carlos II fue el primer monarca de la Casa de Austria que en su última voluntad hizo primar la Razón de Estado sobre la Razón Dinástica. Lo cierto es que el partido austriaco o alemán había quemado sus propias balas en el último decenio del XVII y que el francés había saido moverse bien, pero no es fácil tampoco hablar de un partido francés. Como sabrás hasta 1699 el trono estuvo en manos del José Fernando de Baviera, heredero desde 1696, gracias al buen hacer de su padre, Maximiliano Manuel, Duque de Baviera y gobernador de los Países Bajos, y, sobre todo, de su abuela y Reina Madre, doña Mariana de Austria que supo imponer su última voluntad sobre Carlos II poco antes de morir. La muerte del joven príncipe y la indecisión de Leopoldo I (que nuncallegó a realizar sus planes de mandar al archiduque Carlos al mando de una fuerza expedicionaria a Cataluña durante la fase final de la Guerra de Augsburgo) llevaron a muchos nobles, e incluso al propio Carlos II a desencantarse con esa opción. Por otra parte, no hay que olvidar que los teoricos desmontaron las renuncias de las princesas austriacas-reinas de Francia y que a nivel dinástico Felipe V era más cercano a Carlos II que el archiduque Carlos (Felipe V era nieto de su hermana Maria Teresa, mientras que el archiduque era nieto de su tía María Ana, hermana de Felipe IV).

      Es conocido que Carlos II se encontraba cercado por Luis XIV, mientras que Leopoldo I poco podía hacer por ls territorios peninsulares y que su interés eran las tierras italianas, cmo de hehco se vería a lo largo de la Guerra de Sucesión.

      La sucesión de Felipe V hace referencia a una contingencia histórica concreta que no podemos juzgar con los ojos de hoy y que en ese momento concreto tuvo toda su lógica, ua lógica que no hubiese tenido en la decada de los 70 u 80 de ese mismo siglo XVII pero que evolucionó radicalmente con el empeoramiento de la situación internacional y la confusión de la Corte en ese periodo finisecular, marcado por los juegos de poder, muchos aún no del todo claro, de personajes como el cardenal Portocarrero, el Almirante de Castilla, la reina Mariana de Neburgo, el Elector Maximiliano Manuel, etc.

      Un saludo

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  3. He leído con atención este interesante artículo sobre el presidente Mas, Cataluña, España y la Guerra de Sucesión Española. Sobre esto último, la Guerra de Sucesión Española, si me lo permite, me he tomado el tiempo para hacerle llegar, con todo respeto y consideración, alguna puntualización histórica sobre el primer párrafo del texto que usted publica en este blog bajo el título LA DIADA O LA GRAN MENTIRA DEL NACIONALISMO CATALÁN.
    -El último reducto austracista en la España peninsular de 1714 no fue Barcelona. Fue la fortaleza de Cardona.
    Cardona, al mando del general Manuel Desvalls, capituló el 18 de septiembre de 1714 ante el conde de Montemar, enviado especialmente para ello desde Barcelona por el duque de Berwick. Cardona capituló, por tanto, una semana después de que lo hiciera Barcelona.
    -La guerra no se inicia a nivel europeo en 1702. La guerra se inicia a nivel europeo en 1701, en la península italiana.
    La primera batalla de la guerra tuvo lugar el 9 de julio de 1701 en Carpi (región del Véneto, norte de Italia). En el entorno de ese pequeñísimo pueblo, a orillas del rio Adige, tropas austriacas y francesas, comandadas respectivamente por el príncipe Eugenio de Saboya y por el mariscal Tessé, se enfrentaron por primera vez en esta guerra, causando el combate centenares de bajas entre ambos bandos. El 1 de septiembre de 1701, casi dos meses después, volverían a chocar ambos ejércitos en la batalla de Chiari, a doscientos kilómetros al oeste de Carpi. Estas dos fueron las primeras batallas de la guerra.
    -La guerra no se inicia a nivel peninsular en 1705. La guerra en territorio peninsular se inicia en 1702.
    Entre el 23 de agosto y el 29 de septiembre de 1702 se produjo en la bahía de Cádiz el primer enfrentamiento en territorio peninsular de la guerra: La batalla de Cádiz.
    Cádiz fue asediada y bombardeada durante un mes por una importante flota anglo-neerlandesa. Se produjo el desembarco y captura de Rota y del Puerto de Santamaría por tropas de infantería de ambos países al mando del duque de Ormond y bajo la cobertura política del príncipe de Hesse-Darmstadt, último virrey de Cataluña durante el reinado de Carlos II y representante imperial en el cuerpo expedicionario aliado. Finalmente, la imposibilidad de consolidar sus posiciones y una contraofensiva española de algunas fuerzas reunidas por el general Villadarias los expulsó del territorio. El ejército anglo-neerlandés fue reembarcado en los navíos de transporte de su flota, finalizando la batalla con el levantamiento del asedio y la marcha de la flota hacia alta mar en dirección atlántica.
    Todavía en ese mismo año de 1702 tuvo lugar una nueva confrontación armada, fue el 23 de octubre, y su nombre para la historia es el de la batalla de Vigo-Rande. Más tarde, y aún antes de 1705, tendrían lugar en la península diversos combates:
    Bombardeo y desembarco de Barcelona (27-31/05/1704);
    Bombardeo, asalto y captura de Gibraltar (1-6/08/1704);
    Batalla Naval de Vélez Málaga (24/08/1704)
    Reciba un cordial saludo,

    Un soldado

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    1. Hola José Antonio, procedo con respeto a puntualizar tus puntualizaciones:

      1. Con la caída de la ciudad condal es cierto que aún quedan reductos pero me refería al desmorone del austracismo. En realidad el último reducto fue la isla de Mallorca que no cayó en poder de las tropas borbónicas hasta julio de 1715.

      2. Es cierto que en 1701 hubo escaramuzas en las tierras norteñas italianas entre tropas franco-españolas y las imperiales que Leopoldo I había movilizado antes el devenir de los acontecimiento, pro la guerra a las Dos Coronas por parte de la Gran Alianza de la Haya no se produce hasta 1702, en concreto mayo de ese año.

      3. Con el inicio de la guerra peninsular en 1705 me refiero a la desafección de la Corona de Aragón tras el desembarco y la toma de la fortaleza de Montjuic en mayo de 1705 que supuso la expansión del austracismo como un reguero de polvora por todos los reinos de dicha Corona. Los hechos de armas que citas fueorn combates navales que no afectaron al territorio interior, salvo si consideramos la toma de Gibraltar.

      Un saludo

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    2. Acabo de leer su respuesta a las observaciones de contenido histórico que el pasado domingo día 9 le hice llegar sobre el texto que en relación a la Guerra de Sucesión Española se encuentra insertado en su blog de ese mismo día.
      En primer lugar quiero agradecerle el interés mostrado por usted hacia mi pequeño apunte a través de su pronta respuesta.
      Sin embargo, quiero manifestarle, con total cordialidad, mi sorpresa por el tratamiento que hace de mis puntualizaciones, así como de las argumentaciones que usted aporta para justificar sus planteamientos.
      1º Comenzaré por su punto 2.
      ¿Cómo puede usted calificar de escaramuzas en las tierras norteñas italianas a las batallas de Carpi y de Chiari?
      -En los alrededores de Carpi, el 9 de julio de 1701, se produjo el enfrentamiento de dos ejércitos, franco-españoles unos y austriacos los otros, que sumaban entre ambos alrededor de 30.000 hombres. Al mando de los mismos se encontraban dos militares de renombre en esa época; el príncipe Eugenio de Saboya y el mariscal Tessé. Entraron en combate directo alrededor de 14.000 soldados y se produjeron más de 500 bajas entre ambos contendientes.
      -Unos dos meses después, en Chiari, el 1 de septiembre de 1701, se enfrentaron de nuevo estos dos ejércitos. Ahora reforzados, sumaban entre ambos 75.000 hombres. Eugenio de Saboya comandaba las fuerzas austriacas y ahora era el marqués de Villeroy quien estaba al frente de las tropas francesas, españolas y saboyanas. Se producirían más de 3.000 bajas en la batalla.
      Calificar de «escaramuzas» estas dos batallas me parece desde un punto de vista histórico una equivocación y como análisis realizado desde una perspectiva táctico-militar de una profunda insolvencia cognitiva.

      2º Continuaré con el punto 3.
      El desembarco y la toma de la fortaleza de Montjuic no fueron en mayo de 1705.
      La flota anglo-neerlandesa llegó a Barcelona el 22 de agosto de 1705. El desembarco de tropas no comenzó hasta el 29 de agosto y la toma del castillo de Montjuic tuvo lugar el 17 de septiembre. Barcelona capitularía 22 días después, el 9 de octubre de ese mismo año de 1705.
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    3. 3º En este caso también me referiré al punto 3.
      Una batalla naval es un confrontación entre dos o más flotas, cuya fuerza de combate principal son buques de guerra, y que se enfrentan en mares u océanos. Un ataque a una plaza costera fortificada no es una batalla naval, aunque utilicen los contendientes medios marítimos en parte de la acción de combate. Un desembarco de tropas, su posterior despliegue y su progresión en el territorio con objetivos tácticos o estratégicos terrestres tampoco es una batalla naval. La ocupación de pueblos y villas, el combate contra la caballería enemiga, las emboscadas en zonas desenfiladas,... tampoco son parte de una batalla naval.
      La batalla de Cádiz (23/08-29/09/1702) no fue una batalla naval y por tanto, la Guerra de Sucesión Española en territorio peninsular comenzó el 26 de agosto de 1702
      El combate terrestre comenzó cuando ese día 26 de agosto de 1702, el primer contingente de tropas anglo-neerlandesas, infantes de marina y granaderos ingleses y holandeses, componentes de la primera oleada de desembarco, pisaron por primera vez tierra española. Estas tropas constituyeron una cabeza de playa en algún lugar entre Rota y el Puerto de Santa María, cerca del arroyo del Salado, bajo el fuego de una batería española de cuatro cañones, emplazada a tiro y desplegada desde Fuerte Santa Catalina. Los más de 14.000 hombres que formaban esta formidable fuerza de desembarco se encontraron tan sólo con la oposición inicial de un escuadrón de heroicos jinetes pertenecientes a la caballería española, en un número inferior a 100 hombres.
      La única batalla naval que hubo en toda la guerra tuvo lugar entre la flota anglo-neerlandesa al mando del almirante George Rooke y la flota francesa al mando del conde de Toulousse y de Victor Marie d'Estrées (conde d'Estrées). Se produjo el combate frente a las costas malacitanas el 24 de agosto de 1704, y se le conoce historiográficamente como la batalla de Vélez-Málaga.

      Le saludo atentamente

      Un Soldado

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    4. Jose Antonio:

      - Tanto Carpi, como Chiari e incluso Cremona, fueron batallas de posicionamiento en las que Eugenio de Saboya intentaba hacerse con el control de la franja norte italiana tras el despliegue de tropas del Cristinísimo y el Príncipe de Vaudemont en torno a Milán. La guerra 'oficial' no fue declarada hasta el 4 de mayo de 1702 por parte de los firmantes de la Gran Alianza de la Haya.

      - Jorge de Hesse-Darmstadt hizo un primer ataque a Montjuic en mayo de 1705, siendo rechazado, y siendo precisamente esa flota de vuelta a la base austracista de Lisboa la que acabaría conquistando Gibraltar. Ya en septiembre, como bien comentas, se produjo el asalto y toma definitva de la ciudad condal.

      - Diferimos en lo que entendemos por expansión de la guerra peninsular. Como comentas, tanto en Cádiz, como en Gibraltar, hubo incursiones por tierra adentro (como también las hubo en 1596 y 1625), pero afirmar que eso supudo el inicio de la guerra peninsular me parece arriesgado, puesto que éstas eran acciones en zonas puntuales que no llegaron a romper el frente, como sí lo hizo la toma de Montjuic que derramó el austracismo por toda la Corona de Aragón y zonas de Castilla dando ya sí origen a una contienda de tipo civil en la Península por primera vez desde la guerra de sucesión castellana en el siglo XV.

      Saludos

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  4. Estas cosas del Sr. Mas lo único que hacen es alimentar falacias y disparates históricos. Qué lástima que se use la Historia para maquillar la Historia actual. Y aprovechándose, además, de la elevada incultura histórica, lingüística y general de la gente...

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    1. Es algo habitual de todos los nacionalismos, no sólo de los españoles.
      Un saludo

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  5. Yo del señor Mas no opino más, porque llega a decir cosas increíbles para los que sepan sólo un poquito de historia; y seguro que engatusa a mucha gente, pero que le vamos a hacer. Excelente post, Alberto. Un fuerte abrazo.

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  6. El problema es que los comentarios que se vierten por ciertos políticos catalanes no hacen más que poner leña al fuego a un conflicto que NUNCA ha existido por mucho que se empeñen desde allí. No existe animadversión contra los catalanes y sí contra ciertos comentarios y opìniones manipuladas que dejan en muy mal lugar a una tierra maravillosa a la que yo admiro.
    Un beso
    P.D. Me alegro de volver a verte por estos lares.

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  7. Saludos.
    Permítame algún comentario sobre la hipótesis:
    « ¿Qué hizo por tanto estallar el conflicto y la desafección catalana? La respuesta es clara: el conflicto entre la camarilla reformista hispano-francesa de Felipe V y el lobby comercial catalano-anglo-holandés.»

    Su argumento es cierto, y también es necesario, pero es absolutamente insuficiente. Aun existiendo ese conflicto, que existió, no puede obviarse que formaba parte de un todo, cuya magnitud sobrepasaba ampliamente una cuestión tan concreta. Es imposible explicar con ese reduccionismo todo lo que sucedió en Cataluña desde el fallecimiento de Carlos II (1/11/1700) hasta octubre de 1705.
    Los primeros años de la Guerra de Sucesión Española, sus causas, los antecedentes más próximos, los intereses contrapuestos en juego y los acontecimientos que cronológicamente fueron produciéndose en los distintos lugares donde fue tomando cuerpo el conflicto, constituyen el macro escenario complejo, extenso y multidisciplinar (comercial, social, económico, político, histórico, religioso, local, territorial, nacional, internacional,…) en que se desarrolló el conflicto. Todo ello junto con unos posicionamientos personales, colectivos e institucionales que evolucionaban conforme transcurría el tiempo y unos sucesos llevaban a otros.

    Si le parece voy a plantear algunas cuestiones en tan sólo tres ámbitos de actuación, pero que ilustran en alguna medida la complejidad de explicar, aplicando parámetros reduccionistas, la ley metafísica de la causa y efecto a este conflicto:
    ¿Podemos pretender que todos los catalanes tuvieran intereses comerciales?¿Todos los comerciantes catalanes pertenecían al «lobby» catalano-anglo-neerlandés? ¿Quién había detrás de ese lobby en Londres y en Ámsterdam? ¿Qué verdaderos objetivos albergaban? ¿Quién era realmente Mitford Crow? ¿Y John Shallet?...

    ¿Qué papel jugó en todo esto la política exterior austriaca? Y Leopoldo I, el emperador del S.I.R.G., ¿tuvo algo que ver en esa hipotética desafección catalana? ¿Quién era y que «verdadero» papel jugó el príncipe Georg von Hessen-Darmstadt desde 1695 a 1701? ¿Cuál era su misión «secreta» al desembarcar en Barcelona en mayo de 1695? Y más aún, ¿cuál fue su protagonismo en el aumento de la «desafección catalana» desde 1701 y hasta el día de su muerte en combate, acaecida en las laderas de la montaña de Montjuic el 13 de septiembre de 1705?...

    ¿Qué papel jugó la Iglesia en el conflicto? La oficial y la de la calle. ¿Tuvo algo que ver en todo esto el encarnizado enfrentamiento por el poder entre las órdenes mendicantes y los jesuitas? ¿Y el enfrentamiento religioso y político por controlar los centros de enseñanza? ¿Tomistas contra Suaristas? ¿Cuál fue el papel que desempeñaron desde el púlpito de las iglesias y desde los confesionarios los párrocos y sacerdotes de pueblos y ciudades? ¿Quién era realmente don Lorenzo Thomás y Costa, párroco de Santa Eulália de Riuprimer? ¿Cuál fue su papel, y el porqué del mismo, en el levantamiento sedicioso de la primavera de 1705 en la veguería de Vique (Vic)? ¿Qué tuvo que ver este párroco en el manifiesto que condujo al Pacto de Génova?...

    Saludos cordiales

    Un Soldado

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  8. Muy interesante, las razones y explicaciones. Desgraciadamente un de las menciones de Marechal Tesse, la maquina de transduccion dice para su titulo como 'quarterback' que es un lider en futbol!

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