martes, 20 de julio de 2010

LAS GUERRAS DEL REINADO I: LA GUERRA DE RESTAURACIÓN PORTUGUESA (PARTE IX)

Don Gaspar de Haro y Guzmán, VII Marqués del Carpio.

EL INICIO DE LAS NEGOCIACIONES DE PAZ (V):


Sandwich había logrado concluir un acuerdo en el que se disociaban los inteerses comerciales británicos de la espinosa cuestión portuguesa. Pero la cesión española tenía mucho que ver con el deseo de Madrid de concertar una alianza militar con Londres para frenar a Luis XIV. Dos días después de la firma de tratado se reunieron en el Real Alcázar de Madrid una delegación inglesa formada por Sandwich y su secretario, Sir William Godolphin, y otra española, compuesta por el padre Nithard, el Duque de Medinaceli y el Conde de Peñaranda. Del encuentro no salió nada en claro, salvo la indignación del jesuita al oir de boca de los ministros españoles que estaban dispuestos a aceptar una paz con Portugal con las mismas condiciones que hace un año habían rechazado. Sin embargo, la ocasión para dar el golpe de gracia a la Regente llegó con el ataque francés a los Países Bajos durante la llamada Guerra de Devolución. En mayo, mientras los ejércitos de Turena invadían Flandes, el Consejo de Estado pidió al unísono a doña Mariana que se firmase un tratado con Alfonso VI según la fórmula “de rey a rey”. Sólo así podrían llevarse al nuevo escenario de guerra las tropas estacionadas en Extremadura. Sin embargo, Nithard abogó por esperar a que Inglaterra forzase a Portugal a aceptar la última tregua ofrecida por Madrid. Aunque su voto fue el único discordante, la Reina se sumó a él. En su respuesta al Consejo, aseguró que no estaba dispuesta a “enajenar volontariamente un reino y convidar el descrédito, aunque haga fuerza la necesidad y el riesgo de perdernos”.


A partir de este momento se desató una carrera contra reloj para convencer a la Reina de lo perjudicial que resultaba su actitud. En agosto, a medida que Luis XIV se adentraba en Flandes, la tensión en Madrid alcanzó el máximo. El nuncio papal en Madrid fue el último en sumarse al coro de voces que imploraban a la Regente la paz con Portugal (1). El rechazo de doña Mariana a esta solicitud levantó gritos de cólera en el Consejo de Estado, que volvió a pedir a la Reina que se entregasen poderes inmediatos a Sandwich para que acudiera a Lisboa a negociar el fin de la guerra, “aunque fuera de rey a rey”. Además, se podría aprovechar la última oferta realizada por el embajador inglés, en el sentido de que si Portugal se estrechaba más con Luis XIV, Inglaterra abriría hostilidades contra los Braganza. La paz debía firmarse sin demora, pues en este punto coincidían “el papa, el emperador, todos los ministros y embajadores, este Consejo, el de Castilla y, sobre todo, la precisa obligación de buscar medios para defender lo que resta de la Monarquía al rey nuestro señor”. Finalmente, doña Mariana dijo sí. Pero ya que la pacificación con Lisboa se llevaría a cabo a través de la maediación inglesa, la Regente descargó su conciencia advirtiendo que, si en algún momento Madrid decidía romper con Portugal para recuperarlo, ello supondría también quebrar la paz con Inglaterra. A su vez, reconvino al Consejo para que, nada más concluirse la paz con Lisboa, trabajase para acordar una cuádruple alianza con británicos, lusos y holandeses, único medio para frenar al Cristianísimo (2).


Un nuevo sobresalto estuvo a punto de comprometer la paz, tan arduamente discutida. El 3 de septiembre, un grupo de nobles encabezados por el hermano de Alfonso VI y contrarios a la política de Castel Melhor, destituyó mediante un golpe al valido. El día 22, el proprio rey fue depuesto en favor del infante don Pedro. Aunque se guardaron las formas (Alfonso VI seguiría siendo “rey” mientras su hermano ejercería como “gobernador” y “príncipe de Portugal”), el traspaso de poderes se había consumado con una alevosía pasmosa. El mismo día en que Castel Melhor fue derribado, don Gaspar de Haro y Guzmán, VII marqués del Carpio e hijo de don Luis de Haro, prisionero en Lisboa desde 1663 tras ser capturado durante la Batalla de Ameixial (o Estremoz) junto a Anielo de Guzmán, hijo del Duque de Medina de las Torres; envió una carta a su suegro, el Duque de Medinaceli, en la que daba cuenta de aquellos sucesos: “Las cosas aquí se hallan sumamente revueltas, pues el hermano del duque de Bragança ha sacado la cara contra Castel Melhor. Todos están por D. Pedro, y para lo que en Madrid se trata es cierto será gran suceso que caiga Castel Melhor” (3).


A raíz de las nuevas circunstancias creadas en Lisboa, Medinaceli hizo llegar a la Reina sus impresiones. En principio, cabía el peligro de que el nuevo gobierno rechazara la tregua ofrecida por Madrid e incluso la paz, por lo que convenía mantener en disposición defensiva las tropas que aún quedasen en Extremadura. Pero lo más adecuado era explotar aquella situación que podía llevar a Portugal a una guerra civil (4). Sin embargo, la primera medida tomada por la Reina consistió en buscar el asesoramiento de uno de los hombres que mejor conocía el mundo político de Lisboa: don Juan José de Austria. La respuesta del bastardo real fue muy escéptica respecto de las ventajas que aquellos cambios podían reportar a la Monarquía. Desde luego, no había motivo alguno para retrasar la firma de la paz, pues el golpe encabezado por don Pedro no miraba a otro fin sino a “mudar de usurpador, y habiendo tantas razones para creer que los portugueses no querrán pasar de aquí por más que prenda el fuego de una guerra civil, cesan todas las que pudieran persuadir a Vuestra Majestad a que, por echar leña en cenizas tan apagadas y dudosas, deje quemar toda la casa” (5).


Por tanto, no había ningún motivo para demorar la paz con Lisboa, pues en ello iba, además, la salvación de Flandes. Reconocía don Juan José que, de no haber sido por la guerra que se libraba contra Luis XIV, aquellos sucesos tubiera podido ser rentabilizados de otra manera. En cambio, se mostraba favorable a la idea del Duque de Medinaceli de promover “inteligencias” en la frontera con vistas a hacerse con el control de algunas plazas y negociar así la paz en mejores condiciones. Naturalmente, la negativa de don Juan a intervenir en Portugal tenía relación con su nombramiento como gobernador de Flandes, que acababa de aceptar (y que luego rechazaría) a condición de que doña Mariana sellara el conflicto portugués. Con todo, la Regente aceptó con gusto los consejos del bastardo, ordenando el envío de sendos despachos al Marqués de Caracena y al Duque de Medinaceli para que intentaran algún designio. El 7 de noviembre el gobierno aprobó las instrucciones por las que don Gaspar de Haro, nombrado plenipotenciario, debía regirse en la recta final de las negociaciones. Dado lo poco que había que discutir, las órdenes de Madrid al Marqués del Carpio se centraban en dos puntos:


1. La conveniencia de organizar una liga hispano-portuguesa, con inclusión o no de Inglaterra.


2. Obtener de Lisboa asistencia militar para la guerra contra Luis XIV en Flandes y Cataluña (6).


La elección de don Gaspar como plenipotenciario no fue discutida por nadie. Desde la muerte de su padre, el hijo de don Luis de Haro rivalizaba con Medina de las Torres por el favor del Rey, hasta el punto de intentar prender fuego al coliseo del Buen Retiro para desprestigiar al duque, nombrado alcaide de palacio. Tras ser descubierto, se pensó en aplicar un correctivo al díscolo maqués. Así, en 1662, fue enviado al frente de Extremadura. El destino le hizo coincidir allí con don Anielo de Guzmán, segundogénito de Medina de las Torres. Parece que ninguno de los dos mostró excesivo arrojo en el campo de batalla. Capturados ambos en el desastre de Ameixial en junio de 1663, terminaron presos en el Castillo de San Jorge de Lisboa, donde fueron encerrados bajo siete llaves por un gobierno consciente de lo que valían. Llegado el momento de negociar la paz, Madrid eligió como representante al Marqués del Carpio, tal vez a causa de su lejano parentesco con los Braganza (ambos de la Casa de Guzmán), dato que no pasó desapercibido. En cuanto a la exclusión del vástago de Medina de las Torres, es posible que fuera motivada por el matrimonio, ya concertado, entre don Anielo y la primogénita del Marqués de Castel Rodrigo, uno de los exiliados portugueses más odiados por el régimen braganzista.


Fuentes principales:

* Valladares, Rafael: “La rebelión de Portugal: guerra, conflicto y poderes en la Monarquía Hispánica (1640-1680)”. Valladolid, 1998.

* Valladares, Rafael: “Portugal y la Monarquía Hispánica (1580-1668)”, Madrid, 2002.



Notas:


(1) AGS, Estado, leg. 2.541, el nuncio de Su Santidad a la reina regente, Madrid, 20/VIII/1667.


(2) AGS, Estado, leg. 2.541, el Consejo de Estado, 26/VIII/1667.


(3) AHN, Estado, leg. 468, don Gaspar de Haro y Guzmán al duque de Medinaceli, Lisboa, 3/IX/1667.


(4) AHN, Estado, leg. 468, el duque de Medinaceli a la reina regente, Puerto de Santa María, 22/IX/1667.


(5) AHN, Estado, leg. 468, don Juan José de Austria a la reina regente, Palacio del Retiro, 28/IX/1667.


(6) AHN, Estado, leg. 3.455, “Instrucción para el marqués del Carpio”, Madrid, 7/XI/1667.

13 comentarios:

  1. O Flandes o Portugal, estaba claro en aquel momento. Luego lamentaríamos la pérdida de ambas, pero quién iba a saberlo.
    Por cierto, en la entrada anterior y en ésta veo que aparece un tal Sandwich, ¿era éste o un familiar de él, gran aficionado al juego, el que inventó una forma rápida de comer, sin interrumpir su adictiva afición, basada en poner fiambres entre lonchas de pan?
    Un saludo.

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  2. Cayetano: como dices Flandes se perderìa finalmente en 1707 tras la Batalla de Ramillies, pero esa es otra historia...

    ...te confirmo que este nuestro Sandwich (I conde de Sandwich) es el tatarabuelo del Sandwich que citas (el 4 Conde de ese tìtulo).

    Saludos.

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  3. * La batalla de Ramillies fue en 1706, no 1707.

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  4. Carlos una entrada excelente,como siempre.

    Muchos Besos

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  5. CADA COSA,AÚN CON TODO ESE LÍO, PERTENDÍAN HACER UNA ALIANZA CONTRA FRANCIA... QUE NOVEDAD! JAJAJA

    SALUDOS

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  6. Perdona por esta desconexión con respecto a las interesantes cuestiones de tu blog, pero con el verano ya se sabe: descanso, vacaciones y yo, por mi parte, trabajo.

    Espero que estés pasando un buen verano.

    Saludos

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  7. Gema: muchas gracias por tus palabras.

    Saludos.

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  8. Mathìas: como sabràs, el eje vertebrador de la polìtica europea de la època era el conflicto hispano-francès, por lo que no nos debe extranar que todo estuviese dirigido a tal fin.

    Saludos.

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  9. Carmen: te entiendo perfectamente, yo aùn no he tenido ni un dìa de vacaciones y aùn me queda bastante, y ya se sabe qeu calor+trabajo= dejadez y hastìo.

    Saludos.

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  10. Monsieur es la primera vez que tengo el privilegio de comentar en su blog, como usted ha apuntado sabiamente la perdida de Portugal fue terrible para la península ibérica, creo yo mirando en retrospectiva que se debió haber perdido antes la actual Bélgica antes que la preciosa unidad de los reinos ibéricos, por otro lado le declaro mi gran estima por Carlos II un monarca digno y que supo ser rey.

    Le mando un saludo Monsieur

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  11. Napoleon II: le doy las gracias por sus palabras. Como he comentado en otras ocasiones a muchos otros blogueros, debemos ver las cosas desde la óptica Habsburgo de defensa del patrimonio dinástico, y ahí los Países Bajos jugaban un rol clave y es por eso que jamás se pensó por parte de los reyes austríacos en abandornalos. Flandes era el origen de la dinastía, el lugar donde nació el emperador Carlos V.

    Portugal se agregó después, aún así como se ve en las entradas anteriores se planteó el problema de la enajenación de una parte del territorio dinásticos habsbúrgico heredado de Felipe II.

    Saludos.

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  12. He leído con mucha atención este post y sigo fascinado por todo lo que se urde detrás de cada gabinete.

    Saludos

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  13. Jordi: como dices todo un mundo de intrigas y negociaciones.

    Saludos.

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