viernes, 23 de julio de 2010

LAS GUERRAS DEL REINADO I: LA GUERRA DE RESTAURACIÓN PORTUGUESA (PARTE X y FINAL)

El infante don Pedro, regente y príncipe de Portugal.

LA PAZ:

Durante las primeras semanas de 1668 tuvo lugar la conferencia de Lisboa, iniciada a partir de las propuestas españolas llevadas hasta allí por el Conde de Sandwich. En realidad, todo consistió en una serie de reuniones celebradas en el convento de Santo Elói, en el barrio de Alfama, en las que se ventilaron con prontitud los artículos de la paz. Del lado español, sólo estuvo el Marqués del Carpio; del lado portugués, una comisión de nobles, y entre ambos, como mediador, el Conde de Sandwich. Al atardecer del 13 de febrero, la delegación lusa acudió a entrevistarse con don Gaspar con el tratado listo para su firma. El plenipotenciario español adujo hallar en su lectura un defecto de protocolo, lo que bastó para hacer visible el nerviosismo portugués. Tras quitarle importancia, el Marqués, satisfecho de su última proeza, se inclinó sobre el tablero donde reposaba el documento, tomó una pluma y garabateó su firma de un solo trazo. Desde ese momento, Portugal era un reino independiente de iure y a todos los efectos. La guerra había terminado, “y no bastó ser algunas horas después de anochecido para que el concurso de la gente y los gritos de todos nos pusieran en una gran confusión. "Confieso a Vuestra Majestad que el tratado está hecho y aún no lo creo” (1), comentaba del Carpio.

La paz hispano-portuguesa de 1668 (la primera del reinado de Carlos II, aunque él ni siquiera lo sospechase) era un documento extremadamente sencillo (2) que no parecía guardar proporción con el conflicto que acababa de cerrarse en aquella tarde de invierno lisboeta. Tras un preámbulo en el que se resumía la historia de la mediación inglesa, venían los poderes otorgados a sus respectivos plenipotenciarios por Carlos II, bajo el título de “rey de las Españas”, y el príncipe Don Pedro de Portugal. A continuación se ordenaban los 13 capítulos que componían el tratado, todos ellos muy breves.

Por el primero se establecía “paz perpetua e inviolabile” entre el “Rey Católico” y el “rey de Portugal”, fórmulas finalmente convenidas. El segundo artículo disponía la mutua restitución de las plazas tomadas durante la guerra en el plazo de dos meses, a excepción de Ceuta, “que ha de quedar en poder del Rey Católico por las razones que se han tenido presentes”. Los puntos tercero y cuarto abrían el comercio entre ambas coronas y lo regulaban según había regido en los años del “rey Don Sebastián”, lo que significaba el fin del bloqueo decretado por Madrid en 1641. El artículo quinto obligaba a aplicar la paz en todos los dominios de ambas coronas antes de un año. El sexto suponía la puesta en libertad de los prisioneros. El séptimo permitía el tránsito de tropas entre Castilla y Portugal en caso de necesidad. El octavo, el más largo del tratado y el único que motivó verdaderos problemas, trataba de resolver el conflicto creado por las confiscaciones realizadas contra los seguidores de uno y otro gobierno. El noveno asentaba la obligación de perseguir a los responsables de los delitos efectuados en los respectivos dominios cuando hubiesen tenido repercusión en el reino vecino. Por el capítulo décimo, Portugal, “por los intereses que recíproca e inseparablemente tiene con Inglaterra”, adquiría el derecho a entrar en cualquier liga anglo-española que tuviere lugar. El punto undécimo declaraba a Carlos II Estuardo fiador y garante de la paz. El duodécimo obligaba a la inmediata publicación del tratado nada más ser ratificado, lo que, en virtud del artículo decimotercero, debería efectuarse antes de cuatro meses: primero en Madrid y luego en Lisboa para, finalmente, contar con el visto bueno de Londres. Este era el tratado de paz. El acuerdo fue ratificado por el Rey Católico el 23 de febrero siguiente, y por Alfonso VI el 3 de marzo. Precisamente, a causa de la peculiar situación del monarca luso (recluido en la Isla Terceira tras el golpe de estado de su hermano), se hizo necesaria una segunda vuelta de ratificaciones, cumplidas el 15 de diciembre de 1668, y el 20 de febrero de 1669 por Lisboa y Madrid, respectivamente. Quien revalidó ahora la paz con España fue el príncipe Don Pedro, regente del reino, y no su hermano.


FIN

Fuentes principales:
* Valladares, Rafael: “La rebelión de Portugal: guerra, conflicto y poderes en la Monarquía Hispánica (1640-1680)”. Valladolid, 1998.
* Valladares, Rafael: “Portugal y la Monarquía Hispánica (1580-1668)”, Madrid, 2002.

Notas:

(1) AGS, Estado, leg. 2.614, el marqués del Carpio a la reina regente, Lisboa, 14/II/1668. La carta fue recibida en Madrid el día 21 de ese mismo mes.

(2) En las próximas entradas lo reproduciré íntegramente.

10 comentarios:

  1. Muy sencilla la firma de la paz para un asunto tan tremendo y complejo. Mejor así. Los partos conviene que sean cortos e indoloros.
    Lo que no me quedó del todo claro es por qué España no devolvió Ceuta, dado que desde tiempos pretéritos iba en el mismo "pack" junto a Portugal.
    Un saludo.

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  2. Cayetano: dices bien, en cuanto a lo de Ceuta es una historia compleja que puedes leer en el artìculo "Algunas consideraciones sobre la lealtad de Ceuta a la Corona Hispánica en 1640" de Josefina Castilla Soto, pero bàsicamente se basa en la relacion econòmica que la plaza mantenìa con el sur de Espana y las plazas espanolas norteafricanas como Oran...pero probablemente me basaré en este estudio para desarrollar una futura entrada

    Saludos.

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  3. Que fácil acabar con una sangría que llevaba desgastando a las dos coronas desde hacía años.

    El rey católico no gano nada, y perdió mucho. Aunque aquella paz fuera mucho, porque quedar en posesión de Tánger es muy triste comparada con la pérdida de todo un reino y su enorme imperio colonial. No todas las revueltas de aquellos años tuvieron la misma suerte.

    Bien corta fue aquella unión ibérica.

    Ahora esperaremos a que nos hables de otra de las guerras que asolaron los dominios de los Habsburgo de Madrid.

    Saludos.

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  4. Jordi: un tratado fàcil pero al que fue difìcil llegar, nada menos que 28 largos anos.

    Como dices el Rey Catòlico no gana nada y lo pierde todo, salvo Ceuta (no Tànger, esta ciudad eran de dominio britànico)...al menos ganaba la paz pero las consecuencias no fueron las esperadas, ya lo veremos en una pròxima entrada...

    Saludos.

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  5. se acabó muy facilmente,aún no puedo creerlo.

    Felicidades!

    Saludos

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  6. Mathías: si, al final todo fue sencillo y con un sencillo tratado...acababan 28 años de guerra.

    Saludos.

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  7. Se me cruzaron los cables con lo de Ceuta y Tánger. Ruego se me disculpe xDD

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  8. Quedas disculpados Jordi, faltaría más.

    Saludos.

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  9. Cierto que costó mucho llegar a ese tratado de paz, pero se llegó. Ojalá hoy en día se pudiera hacer lo mismo.

    Saludos

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  10. Babbilonia: toda paz constituye una difícil meta pero puede constituir el inicio de algo mejor, aunque para la Monarquía carolina los resultados no fueron exactamente los esperados...

    Saludos.

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