miércoles, 18 de agosto de 2010

LAS GUERRAS DEL REINADO (II): LA GUERRA DE DEVOLUCIÓN (PARTE I)


Antes de comenzar me gustaría dedicar esta entrada a mi amigo Jordi (Dissortat) del blog En el Bosque de la Larga Espera por ser la persona que con más ganas me pidió esta serie de entradas sobre la Guerra de Devolución:


La Guerra de Devolución (1667-1668) ha sido tradicionalmente considerada por la historiografía como una guerra por sorpresa. Si bien la invasión fue inesperada para la Corte de Madrid, demasiado ocupada intentando someter a Portugal, en Flandes se sabía desde tiempo atrás que Luis XIV atacaría, aunque se desconocía cuando llegaría ese momento. Desde la muerte de Felipe IV en 1665 las sospechas fueron en aumento ante la creciente hostilidad de los franceses y el aumento de los reclutamientos en el país galo, pero en muchos casos estos datos fueron interpretados erróneamente desde la Corte y muchas veces desoídos. Si bien desde la Corte se intentó reforzar el ejército con españoles e italianos, se hizo debido más que nada a que hacía demasiado tiempo que no se hacían nuevas reclutas que con motivo de que se temiera una invasión a gran escala, según señala el profesor A. José Rodríguez Hernández. Mientras, en Bruselas se sabía desde finales de 1665 que las hostilidades se producirían tarde o temprano, pese a la incredulidad de Madrid (1).

En 1666, los temores en Flandes eran tales que el propio gobernador general del territorio, Marqués de Castel-Rodrigo, pidió unilateralmente a la embajada española en Londres (2) que se concretase con los ingleses una ayuda militar de 6.000 hombres en caso de que Francia atacase, algo que hizo que desde Madrid se pidiesen explicaciones de tal orden. Pero pese a la recomendación de Castel-Rodrigo el Consejo de Estado no hizo demasiado para concretar esa ayuda militar en caso de conflicto, por lo que pocos meses antes de realizarse la invasión, en marzo de 1667, el gobernador seguía esperando la confirmación de Madrid para saber si de Londres se podría recibir alguna ayuda militar (3).

En diciembre de 1666, ante las continuas noticias de que los franceses realizaban enormes preparativos, levas y acaparaban material militar para cualquier acción bélica, Castel-Rodrigo aseguraba que la guerra era “indubitable” (4). En los meses siguientes más noticias vinieron a sumarse a tal creencia. Desde Viena se tenía ya la misma sospecha, además en ese momento los franceses actuaban con impunidad atacando a los correos y pasajeros españoles que viajaban a través de Francia, incumpliendo de esta forma el Tratado de los Pirineos de 1659. Este fue el caso del Marqués de Monrroy, uno de los ministros y militares españoles más destacados de los Países Bajos, que fue desvalijado a su paso por Francia con correos y cartas de vital importancia para la Corte madrileña, incumpliéndose con impunidad, como se decía, los derechos de tránsito de las misiones diplomáticas entre ambos países. Pero estas noticias llegaron a Madrid demasiado tarde, al igual que el anuncio de que Luis XIV había iniciado la invasión de los Países Bajos (5).

CAUSAS:

Durante todo el siglo XVII Francia y España se disputaron la hegemonía europea, una balanza que tras la Paz de los Pirineos (1659), se mostró siempre más favorable a los intereses galos. Desde el gobierno del cardenal Richelieu los teóricos franceses postulaban que su patria debía alcanzar unas fronteras naturales que asegurasen tanto su defensa como su predominio en Europa: el Rhin debía ser esa “frontera natural” como ya lo había sido en tiempos del Imperio Romano. El motivo de la Guerra de Devolución no era otro que expandir las fronteras de Francia a expensas de la debilitada España aprovechando un momento tan difícil para la misma como era una Regencia femenina y una minoridad real. Al mismo tiempo, Luis XIV se acercaba más a Holanda, potencia marítima a la que también quería subyugar. De hecho en 1672 tendrá comiendo la llamada Guerra de Holanda, que constituyó un intento fallido del monarca galo de conquistar y someter a las Provincias Unidas con el objetivo de convertir también a Francia en una potencia marítima de primer orden.

Pero la agresión francesa de 1667 tenía otros muchos condicionantes. El más importante era la pretensión de Luis XIV de conseguir para su corona los Países Bajos y el Franco Condado. Las tierras que reclamaba formaban parte de la herencia borgoñona de los Habsburgo españoles desde el matrimonio de María de Borgoña y el emperador Maximiliano I, éstas eran en su mayoría de habla francesa y con una cultura muy similar a la gala (6). Los contactos entre la nobleza flamenca y la francesa eran muy fuertes e incluso ambas compartían fuertes lazos familiares. Dentro de las apetencias francesa, estos territorios eran los más deseados, por lo que las subsiguientes campañas bélicas de Francia tras la Guerra de Devolución también se concentrarían en la conquista de los Países Bajos españoles, intentando Luis XIV hacerse con toda la herencia de la antigua Casa de Borgoña considerada desde siempre por los teóricos franceses como perteneciente a la Casa Real de Francia.

Pero para que Luis XIV pudiese acometer una guerra contra España necesitaba un “casus belli”, un motivo de guerra hacia otro estado, que le asegurase una justificación ante las demás potencias europeas. Al morir Felipe IV, el monarca galo reclamó a la Monarquía Hispánica los Países Bajos para su mujer María Teresa, hija del fallecido monarca hispano y de su primera mujer, Isabel de Borbón, junto con el resto de la dote impagada tras sus desposorios de 1659. Invocó para ello el llamado “droit de devolución”, una antigua costumbre de Ducado de Brabante según la cual los bienes patrimoniales pasaban a los hijos del primer matrimonio si el viudo contraía segundas nupcias. En estas circunstancias Luis XIV reclamaba a España la entrega de las provincias de Brabante (incluida Amberes), Hainaut, Cambrai, Namur, una cuarta parte del Ducado de Luxemburgo y la tercera parte del Franco Condado. Con esta reclamación Luis XIV intentaba asegurarse de que existiera una “causa justa” que justificara sus aspiraciones sobre los Países Bajos.

De poco sirvió la brillante intervención de los juristas hispanos, que desvelaron las verdaderas intenciones de Luis XIV y alegaron con acierto que éste pretendía acomodar a las relaciones entre Estados una costumbre que sólo regía en el derecho privado de algunas Provincias de los Países Bajos. Pero ya antes Francia se había asegurado las espaldas para que el resto de las potencias europeas no intervinieran: desde la década de 1660 Luis XIV zanjó distintos acuerdos con diferentes potencias con la intención de aislar a la Monarquía Hispánica internacionalmente. Mediante un pacto con Portugal, al que apoyó militar y financieramente inflingiendo los acuerdos de la Paz de los Pirineos, se aseguró de que la guerra peninsular continuase para impedir así que España pudiese atender a otros frentes. Además, la diplomacia francesa se aseguró el apoyo de Saboya y de distintos príncipes alemanes, que en caso de guerra impedirían el paso de tropas españolas por su territorio. Mientras tantos Holanda e Inglaterra estaban trabadas en un guerra marítima que terminó poco después de comenzar la invasión francesa de los Países Bajos (7).

El Emperador quedaba como única ayuda internacional posible. Pero Leopoldo I se encontraba en esos momentos algo debilitado y acosado en el frente oriental por los turcos, por lo que siempre se mostró más partidario de pactar con los franceses que de ayudar a sus parientes madrileños. De hecho, el 19 de enero de 1668, se firma el primer tratado de reparto de la Monarquía Hispánica en caso de muerte de Carlos II, entre Francia y el Imperio, signo evidente de que el Emperador, aunque siempre ambiguo ante las peticiones de Madrid, nunca tuvo intención de intervenir en la guerra.

Ante este panorama internacional de 1667, Francia tenía vía abierta para atacar las posesiones españolas. El 26 de mayo fue la fecha elegida por Luis XIV para invadir los Países Bajos comenzando así la que sería su primera campaña personal. Meses atrás, los franceses habían comenzado a reunir provisiones, material de guerra y tropas en Picardía, a sabiendas de que la invasión se avecinaba. A comienzos de mayo el Rey y el ministro de la guerra, el Marqués de Louvois, se reunieron con el ejército, que el 21 de mayo asentó su cuartel general en Amiens. Por tanto, una guerra anunciada, aunque no declarada, ya que si bien el ejército francés inició la invasión de los Países Bajos en mayo, España no declaró oficialmente la guerra hasta el 14 de junio.



Fuentes principal:

* Rodríguez Hernández, Antonio José: “España, Flandes y la Guerra de Devolución (1667-1668). Guerra, reclutamiento y movilización para el mantenimiento de los Países Bajos españoles”. Colección Adalid/Ministerio de Defensa, 2007.


Notas:

(1) Carta del Marqués de Castel Rodrigo, gobernador de los Países Bajos, 19 de febrero, 14 de octubre y 8 de noviembre de 1665. Consulta del Consejo de Estado, 14 de septiembre de 1665. A.G.S. Estado Leg. 2.104.

(2) El Conde de Molina era el embajador español en Londres durante aquellos años.

(3) Carta del Marqués de Castel-Rodrigo de 21 de julio de 1666. A.G.S Estado Leg. 2.106.

(4) Carta del Marqués de Castel-Rodrigo de 22 de diciembre de 1666. Consulta del Consejo de Estado, 15 de enero de 1667. A.G.S. Estado Leg. 2.106.

(5) Carta del Marqués de Castel-Rodrigo de 2 de febrero de 1667. Consulta del Consejo de Estado de 6 de marzo de 1667. Carta del Conde de Castellar, Viena, 2 de febrero de 1667. A.G.S. Estado Leg. 2.106. Consulta del Consejo de Estado de 5 de mayo de 1667. Avisos, Barcelona de 23 de abril de 1667. A.G.S. Estado Leg. 2.686.

(6) El Estado Borgoñón moderno nace en 1363, cuando Felipe “el Atrevido”, cuarto hijo del rey Juan II de Francia recibe de su padre el Ducado de Borgoña en apenage. Éste, en 1369, contrajo matrimonio con la condesa Margarita III de Flandes, heredera del Condado Palatino de Borgoña y de los condados de Artois, Flandes, Nevers y Rethel. Inauguraba de esta forma una política matrimonial que continuarán sus seguidores y que permitirá, poco a poco, expandir el Estado Borgoñón.

Tras la muerte del duque Carlos “el Temerario” en la Batalla de Nancy de 1477 el rey Luis XI de Francia invadió las dos Borgoñas, Artois y Picardía, por lo que la heredera del fallecido duque, María, quedaría tan solo en posesión de los Países Bajos, el Franco Condado y el Condado de Charolais que pasarían a la Casa de Austria por su matrimonio con el archiduque Maximiliano, futuro emperador Maximiliano I.

(7) La llamada Segunda Guerra Anglo-Holandesa (1665-1667).

14 comentarios:

  1. Genial, monsieur! Tengo que felicitarle muy especialmente por esta entrada. Está perfectamente introducido el tema, con ese ambiente prebélico, y despues explica muy bien las causas y el droit de dévolution como costumbre de Brabante. Insuperable :)

    Buenas noches

    Bisous

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  2. Madame: muchas gracias, se hace lo que se puede :), es el inicio de una larga serie de entradas sobre esta guerra. Espero que las disfrutéis.

    Saludos.

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  3. Tú lo has dicho. La causa principal de la guerra, justificaciones de derechos sucesorios aparte, es la búsqueda de la hegemonía francesa en Europa. Insaciable la monarquía gala.
    Un saludo.

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  4. La serie promete... has captado perfectamente mi antención y reprimiré mi impulso de irme a la wikipedia para adelantarme a los acontecimientos...

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  5. Cayetano: así es, Luis XIV quería colmar sus ansias de hegemonía y para ellos eran fundamentales los Países Bajos Españoles, de hecho prácticamente todas las guerras y paces llevadas a cabo por el monarca galo estuvieron encaminadas a hacerse con estos territorios.

    Un saludo.

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  6. Querido Alberto, gracias por dedicarme con cariño estas entradas sobre la Guerra de Devolución, que siempre me pareció injusta porque el pretexto utilizado por Francia se caía por su propio peso; fue un motivo, simplemente, de seguir con la política expansionita del reinado de Luis XIV y de satisfacer las ansias de devorar los territorios de la Monarquía Hispánica en aquellos territorios tan alejados del centro del poder (Península).

    Como bien dice madame, es una introducción perfecta para una guerra que promete ser muy interesante y que me desquiciará, sin duda, como todas las guerra que la Monarquía Hispánica mantuvo con Francia en el s. XVII en las que siempre salió perdiendo.

    Una cosa me llama la atención especialmente, la falta de visión del gobierno de Madrid, que aunque ocupado en otros asuntos, ya pudo haber hecho caso de las advertencias del marqués de Castel-Rodrigo, que como gobernador de los Países Bajos, sin duda era el más adecuado para informar con certeza de lo que sucedía en las fronteras. Eso demuestra la falta de organización y coordinación de la decadente Corona de las Españas.

    Y la actitud del emperador Leopoldo, pues sin comentarios. Nadaba y guardaba la ropa. Cría cuervos...

    Saludos, Alberto.

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  7. José Luis: me alegro que te guste esta entrada, espero poder cumplir todas tus expectativas.

    Un saludo.

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  8. Jordi: de nada...

    ...esta guerra fue como dices una de las más injustas llevadas a cabo por Luis XIV, primero porque incumplía el reciente Tratado de los Pirineos, segundo porque lo hacía en tiempo de una minoridad real, y tercera porque inventaba justificaciones tales como pasar el derecho privado a causa de derecho público internacional. Esto último fue fácilmente rebatido por los juristas españoles, pero no valió para nada, Luis XIV tenía ansias de guerra y la tuvo...

    ...por otra parte Luis también traicionó a su madre, Ana de Austria, a la que en su lecho de muerte aseguró que nunca atacaría a España...

    ...lo de Madrid ya se sabe, ocupados con lo de Portugal, con las luchas cortesanas, y mientras Castel-Rodrigo que parecía un loco hablando a la nada, sin recibir respuesta...

    Saludos.

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  9. Excelente Ensayo. Te felicito. Muy ilustrativo y bien argumentado.
    Besitos
    Amalia

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  10. Amalia: muchas gracias por tus palabras. Te doy la bienvenida.

    Un beso.

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  11. Es la primera vez que entro en este sitio. No será la última. El artículo sobre la guerra de devolución me ha parecido excelente. De poco sirve la fuerza de la Ley cuando es la fuerza de las armas la que se le opone. Así lo hizo Francia en los momentos de mayor debilidad española.
    Me ha gustado especialmente encontrar un blog con escritos originales, caso bastante infrecuente en un mundo en el que el copiar y pegar está a la orden del día a costa de los que escribimos.
    Saludos.

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  12. Desdelaterraza: muchas gracias por tus palabras. Como dices la fuerza de la Ley poco puede contra las armas, además cuando éstas son muy superiores a las tuyas y en unos momentos de tal debilidad para la Monarquía Hispánica...

    ...gracias por lo de la originalidad, desde este blog siempre lucho contra el copy-paste pues ya este blog y otros amigos hemos sido víctimas de esta lacra y hemos tenemos que organizarnos en diversas ocasiones para defender nuestras entradas.

    Un saludo.

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  13. Atacantes y atacados. Mal visión tenía España para consentir lo que pasó, guerreando con Portugal, y siendo un oído sordo e inútil a lo que le avisaban.
    Me ha gustado esta entrada.
    Un saludo¡

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  14. Javier: ya sabes lo que fue la Monarquía durante el XVII, guerras por todos los frentes que se convirtieron en algo insostenible. Luego llegó la Regencia y la paralización de la política exterior por las luchas cortesanas...

    Saludos.

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