jueves, 21 de octubre de 2010

LA RAMA TIROLESA DE LA CASA DE AUSTRIA: ¿UNA TERCERA VÍA SUCESORIA? (PARTE III)

El archiduque Fernando Carlos, obra de Frans Luycx. Kunsthistorisches Museum de Viena.

Claudia de Medici mantuvo la regencia del Tirol hasta 1646, cuando Fernando Carlos alcanzó la mayoría de edad (18 años). La asunción del gobierno por el joven archiduque resultaría una etapa especialmente importante, ya que pronto se vio que éste no respaldaría plenamente los intereses imperiales. En 1650, el consejero y canciller Isaak Vollmar fue nombrado Gran Chamberlán (1). A partir de entonces, Vollmar asumiría una importante posición de mediación entre Fernando Carlos y el emperador Fernando III. En el Archivo de Estado de Viena se conservan, de hecho, unas instrucciones para Vollmar que revelen el interés imperial por las tierras del Austria Anterior y el Tirol y por las discrepancias con el gobierno del archiduque Fernando Carlos. Estas instrucciones (1) están fechadas el 24 de octubre de 1650, apenas cuatro años después de la subida al trono de Fernando Carlos. Se trataba de diversos problemas, que según Fernando III eran los causantes del creciente distanciamiento entre Viena e Inssbrück, situándose en primer lugar el distanciamiento de las políticas imperiales por parte del joven archiduque de 22 años. Este distanciamiento parecía deberse a las quejas de Fernando Carlos sobre algunas decisiones del Emperador y sobre el hecho de que el Emperador no mostrase un especial afecto hacia la rama tirolesa de los Habsburgo. La misión de Vollmar consistía, por tanto, en acercar a Fernando Carlos al lado imperial haciéndole jurar que cumpliría con las políticas dictadas desde Viena. Fernando III enumeraba además otros tres puntos de fricción entre ambas cortes, referentes sobre todo a temas de política exterior y de controversias con el príncipe-obispo de Brixen (2).

Fernando Carlos, por su parte, reprochaba al Emperador no haber hecho nada por evitar la pérdida de Alsacia y Breisach, que fueron cedidas a Francia por la Paz de Westfalia (1648), ni por la defensa de las cuatro Waldstädte (3). Fernando Carlos también le echaba en cara a Fernando III el hecho de que éste no hubiese apoyado a su hermano, el archiduque Segismundo Francisco, a conseguir un cargo eclesiástico, y el desacuerdo por la división de herencia de Claudia de Medici y la emperatriz María Leopoldina (4). Finalmente, Fernando III instó a Vollmar a tenerle informado de toda la correspondencia y las negociaciones del Archiduque que pudiesen afectar a toda la Casa de Austria.

Las razones del interés de Fernando III son obvias. En períodos de inestabilidad y guerra era de suma importancia para asegurar las tierras hereditarias occidentales de la Casa de Austria contar con la lealtad de su príncipe. Maximiliano I y Carlos V habían destacado ya la importancia estratégica del Tirol como corazón del Imperio y plaza de armas defensiva de todos los territorios austriacos. Según Carlos V, los territorios austriacos no podrían mantenerse si se perdía el Tirol. La Guerra de los Treinta Años y la grave amenaza de las tropas francesas, fueron razones suficientes para que Fernando II, primero, y Fernando III, después, se asegurasen de que los territorios occidentales estuviesen gobernados por un príncipe afín a sus intereses.

Ana de Medici, esposa de Fernando Carlos (h. 1630). Obra de Justus Sustermans. Kunsthistorisches Museum de Viena. s lhhh

Fernando Carlos contrajo matrimonio el 10 de junio de 1646 con su prima hermana Ana de Medici (1616-1676), hija del gran duque de Toscana Cosme II de Medici y de María Magdalena de Austria, hija del archiduque Carlos II de Estiria. Debido al grado de parentesco fue necesaria una dispensa papal y el permiso de los dos jefes de la Casa de Austria, Felipe IV y el emperador Fernando III. De este matrimonio nacerían dos hijas:

- Claudia Felizitas (1653-1676), fue la segunda mujer del emperador Leopoldo I (1673), de cuyo matrimonio nacieron tan solo dos hijas que morirían siendo muy niñas.

- María Magdalena (1656-1669).

En 1646, además Fernando Carlos recibió el Toisón de Oro de parte de Felipe IV, el cual le fue impuesto solemnemente en la Iglesia Franciscana de la Santa Cruz de Innsbrück.


El canciller Wilhelm Bienner habla frente a la archiduquesa Claudia de Medici.

Los dos primeros años de su gobierno estuvieron marcados por el final de la Guerra de los Treinta Años. Para hacer inaccesibles el Tirol a las armas francesas y suecas, que en ese momentos dominaban Suabia y Baviera, mandó reforzar las fortificaciones que su madre había mandado construir en los pasos de Ehrenberg y Scharnitz (la famosa Puerta Claudia). Sin bien, en 1648, por la Paz de Westfalia se vio obligado a ceder el Landgraviato de Alsacia y Breisach a Francia, como se comentaba con anterioridad. Por otra parte, el Archiduque tuvo que hacer frente a las presiones latentes en las tierras que los Habsburgo poseían en la Engadina y los Grisones por el conflicto del Valle de la Valtelina.

Fernando Carlos fue un príncipe del Barroco, amante de la música, la ópera y los fastos de la corte. Pero para poder mantener todas sus aficiones y su elevado nivel de vida, llevó a cabo un asfixiante presión fiscal contra sus súbditos e incluso llegó a vender partes de su territorio para ayudar a financiarse, como veremos más adelante.

Una figura destacada de su reinado fue el canciller Wilhelm Bienner (Lauchheim, 1590 - Rattemberg, 1651). Bienner había servido a Maximiliano I de Baviera, para después pasar al servicio del emperador Fernando II como juez de la Corte Imperial. Posteriormente fue asignado al archiduque Leopoldo V como asesor y posteriormente como canciller, papel que siguió desempeñando durante la regencia de Claudia de Medici y el gobierno personal del archiduque Fernando Carlos.

Como canciller del Tirol, Bienner no sólo fortaleció y reafirmó los derechos de su señor frente a los territorios que pretendían la secesión, sino que además tomó medidas contra la corrupción gubernamental. Fue un mediador hábil, tanto en los asuntos internos como externos. Así, a través de la diplomacia, evitó una conquista francesa de Münstertal y la secesión de los principados eclesiásticos de Brexen (Bressanone) y Trento mediante la aplicación de sus vínculos contractuales con el Tirol.

Bienner también tomó medidas para reforzar el poder de su soberano, un hecho que podría haber fortalecido su posición, pero que, sin embargo, le llevó a su caída. La entrega de mayores poderes a Fernando Carlos le hizo impopular entre los poderosos, que veían como este hecho menoscababa su propio poder y preeminencias, y como el joven archiduque resultaba inadecuado para llevar a cabo tales funciones.

El archiduque Fernando Carlos, más preocupado por sus aficiones y placeres mundanos que por el gobierno, fue un monarca absoluto que no convocó jamás el Parlamento o Dieta del Tirol a partir de 1648. Pronto entraría en conflicto con la rigidez de su canciller Bienner, sobre todo, por la venta de derechos y territorios pertenecientes al Tirol: Fernando Carlos vendió Prättigau y la Baja Engadina (en la actual Suiza) a los Grisones por una elevada cifra de dinero para poder así continuar financiando su elevado tren de vida. Bienner protestó en vano por estos hechos, y fue precisamente esta oposición la que le granjeó la enemistad de los jóvenes archiduques y su caída del poder en 1650. El excanciller fue acusado de traición y malversación de fondos y encarcelado en la Torre de las Hierbas de Innsbruck (Kräuterturm). Posteriormente, sus enemigos políticos, tras incautarle todas las pruebas que pudiesen justificar su arresto, le trasladaron a la fortaleza de Rattemberg con la intención de evitar que mantuviese cualquier contacto con Fernando Carlos. Tras un juicio secreto y breve, dirigido por los abogados Marco Antonio Bertoni e Ippolito Baldassare (originarios de Rovereto), Bienner fue condenado a muerte y ejecutado el 17 de julio de 1651. Al parecer, dos horas después de la ejecución llegó a Rattemberg una carta del archiduque Fernando Carlos en la que le concedía el perdón.

Bustos del archiduque Fernando Carlos en el Castillo de Ambras (Innsbrück) durante la exposición “Ferdinand Karl. Ein Sonnenkönig in Tirol” (2009).

A pesar de que el reinado del archiduque Fernando Carlos estuvo marcado por la continua crisis económica, también hubo otros aspectos positivos relacionados con la cultura. Fernando Carlos mandó construir el primer teatro para ópera fuera de Italia, el Comedihaus, obra de Christoph Gumpp, que fue inaugurado en 1654 con la ópera “La Cleopatra” de Antonio Cesti. Fue uno de los teatros más grandes de su tiempo con capacidad para 1000 espectadores, y equipado con todas las maquinarias necesarias para representar este tipo de espectáculos. Fernando Carlos insistió en que fueran contratados tan solo expertos italianos. Probablemente, todos estos requisitos se deban a su viaje por Italia en 1652 cuando visitó los teatros de Venecia, Parma, Ferrara y Florencia. La importancia que la música tuvo en la corte de Innsbrück se refleja en los elevados gastos de cámara que aún hoy se pueden contemplar en los archivos y que hacen referencia a esta archiducal afición. Fernando Carlos hizo venir a Innsbruck a los más grandes artistas operísticos de su tiempos: Ambrosius Rainer, Johann Stachelmayr, Giovanni Antonio Pandolfi Mealli y el citado Antonio Cesti. Cesti (1623-1669), compositor, tenor y organista, y probablemente el músico más popular de su época, permaneció en la corte archiducal de Innsbrück entre 1652 y 1659, para posteriormente pasar a las corte de Roma (1660) y Viena (1666), corte esta última, donde estrenaría la ópera “Il pomo d’oro” encuadrada en los festejos por el matrimonio de Leopoldo I y la infanta Margarita Teresa, hija de Felipe IV, y que fue considerado “Il più grande spettacolo del secolo” (5).

Antonio Cesti compuso seis óperas para los soberanos tiroleses, incluyendo “L’Argia”, de cinco horas de duración, representada en 1655 durante la estancia en Innsbrück de la reina Cristina de Suecia, de camino a Roma tras su abdicación. Fue precisamente en la capital tirolesa, en concreto en la Hofkirche, donde el 3 de noviembre de ese mismo año, Cristina de Suecia se convirtió formalmente a la Fe Católica, en un acto que tuvo lugar delante de toda la Corte y de la pareja archiducal.

A través de una extensa red de emisarios, embajadores y agentes, entre los que destaca el conde Franz de Wicka, el archiduque Fernando Carlos estuvo continuamente informado de las manifestaciones artísticas que se desarrollaban en la corte Luis XIV. Por otra parte, Fernando Carlos, al igual que otros de sus familiares pertenecientes a la Casa de Austria, sobre todo su primo Felipe IV, fue un gran amante de la pintura. A su muerte, su colección personal contaba con más de 300 pinturas de maestros como Perugino, Il Veronese, Lorenzo Lippi, Cecco Bravo, Francesco Bassano, Salvatore Rosa o Justo Sustermans, uno de los retratistas más estimados de su época. A la muerte de Fernando Carlos, su colección fue a parar al Castillo de Ambras, en Innsbrück, para posteriormente pasar a formar parte de las colecciones imperiales (6). El Archiduque fue también un gran amante de los muebles y otros objetos de decoración traídos de Italia gracias a sus lazos familiares.

Tumba de Fernando Carlos en la Jesuitenkirche de Innsbrück.

Fernando Carlos fue además un gran viajero. Principalmente realizó viajes dentro de sus propios territorios por motivos cinegéticos. En 1649, acompañó a Linz a su hermana María Leopoldina para su matrimonio con el emperador Fernando III, mientras que entre 1652 y 1661 realizó varios viajes por el norte de Italia. Durante una jornada de caza en diciembre de 1662 en Kaltern, al suroeste de Bolzano, Fernando Carlos enfermó de viruela. La enfermedad fue tan fulminante que en la mañana del 30 de diciembre Fernando Carlos moría a la edad de 34 años. Su cuerpo sería trasladado a Innsbrück para ser enterrado junto a su padre y su madre en la Iglesia de los Jesuitas (Jesuitenkirche).

A su muerte sin hijos varones, heredaría el trono su hermano Segismundo Francisco.

A modo de conclusión, se puede decir que la figura del archiduque Fernando Carlos ha estado siempre rodeada de polémica debido a su nulo interés por los asuntos de gobierno y a su estilo de vida fastuoso y derrochador que acabó con las arcas del estado. Sin embargo, su mecenazgo artístico lo sitúan entre los gobernantes más importantes del Barroco, compitiendo con personajes como Felipe IV, Luis XIV o la reina Cristina de Suecia. De él diría su canciller Wilhelm Bienner: "maschere, comedie, balli e nient'altro" (7), es decir "máscaras, comedias, bailes y nada más"...

En 2009 el Kunsthistorisches Museum de Viena llevó a cabo una exposición en el Castillo de Ambras, en Innsbrück, titulada “Ferdinand Karl. Ein Sonnenkönig in Tirol” (“Fernando Carlos. Un rey sol en el Tirol”).



Fuentes principales:

* Mora y Casarusa, Diego de: “Los Héroes y las maravillas del mundo. Dios, la tierra y los hombres”. Madrid, 1855.

* Patrouch, Joseph F.: “A negotiated settlement: The Counter-Reformation in Upper Austria under the Habsburg”. Studies in central European histories, 2000.

* Schlachta, Astrid von: “To rule and to prepare: Claudia de’ Medici an her european fellow widows”. Det Kongelige Bibliotek.

* Sterzinger, Anton von: “Istoria della principesca contea del Tirolo”. Innsbrück, 1780.



Notas:

(1) HHStA Wien, Familienarchiv, A. Familienakten, II, 8. Testamente und Verlassenschaften, Kart. 76, 61r-69v.

(2) Se trata del Principado Obispado de Bressanone, en la actual provincia italiana de Bolzano, en la región del Trentino-Alto Adige.

(3) HHStA Wien, Familienarchiv, A. Familienakten, II, 8, Kart. 76, 62v. Las cuatro Waldstädte eran Rheinfelden, Säckingen, Laufenburg y Walshut.

(4) La emperatriz María Leopoldina, segunda mujer de Fernando III y hermana de Fernando Carlos, había muerto en 1649. Al parecer, Fernando III pretendía hacerse con la parte de la herencia de su viuda que pertenecía a Claudia de Medici, madre de la fallecida (HHStA Wien, Familienarchiv, A. Familienakten, II, 8, Kart. 76, 61v, 62v, 68r.).

(5) Todarello, Nazzareno Luigi: “Le Arti della Scena. Lo spettacolo in Occidente da Eschilo al trionfo dell’opera”. Latorre Editore, 2006. (pp. 420-423).

(6) Actualmente, la colección del archiduque Fernando Carlos forma parte del Kunsthistorisches Museum de Viena.

(7) En este enlace.

28 comentarios:

  1. Terrible lo de esa carta con el perdón que llegó apenas transcurridas dos horas de la ejecucion de Bienner. No se caractetizaba por su celeridad el archiduque, al parecer. Aunque mire, lo del teatro me ha gustado. Se parecería a mí si no fuera porque yo sí que soy rapida :)

    Monsieur, para demostrarlo corro ahora mismo a la sala capitular a anunciarle como nuevo Gran Canciller.

    Buenas noches

    Bisous

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  2. Madame: pues sí, la verdad es que para este asunto de vida o muerte se podía haber dado más prisa...al menos fue un gran mecenas...

    ...muchas gracias por el nombramiento, intentaré llevarlo con todo el honor que merece.

    Un beso.

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  3. Me produce cierta rabia leer el apasionamiento cultural que destilaban, cosa que comparto y admiro, aunque en una época convulsa como la suya, y envueltos en una crisis económica, derrocharan cantidades ingentes para construir edificios y promover actividades culturales, sólo para las clases pudientes, mientras que el pueblo llano, campesinos, etc, lo pasaban mal...
    ¿Dónde he visto yo eso?

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  4. Javier: pues me parece que te suena de nuestro actual gobierno y situación económica jejeje...por ahí andas los tiros también..."mascaras y nada más" como decía Bienner.

    Un abrazo.

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  5. No conviene comparar épocas. Entonces no había una conciencia por lo social. El pueblo sobrevivía como podía y el rey vivía como quería, con los impuestos cobrados, claro. Comía, cazaba, pero construía palacios, encargaba pinturas, y patrocinaba artistas. Al menos todo esto último nos ha llegado a nosotros.
    Excelente serie ésta de la rama tirolesa de los Habsburgo y extraordinariamente bien documentada.
    Agradezco tus últimas visitas y enlazo en mi blog éste, única manera de estar al tanto, quienes tan solo podemos estar un rato, y no todos los días, asomados a la pantalla del ordenador (de casa). Un saludo.

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  6. Desdelaterraza: exactamente, no hay que comparar épocas y hay que ver las cosas con perspectiva histórica...cada época tenía unas concepciones distintas a las otras...al menos como dices, aquellos gobernantes dejaron grandes obras.

    De nada por los comentarios, tienes un gran blog y gracias por tus palabras.

    Un saludo.

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  7. Bienner es el tìpico caso de un genial estratega, al servicio de alguien que no le correspondìa.

    Pobre tipo.

    Igual que yo, con mi jefe.

    Interesante reseña.

    un abrazo.

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  8. Hola Carolvs, como soy nuevo en tu blog, estaba viendo entradas antiguas y te he dejado un comentario en LA GUERRA DE DEVOLUCIÓN (parte X), sobre Esteban de Gamarra y me acabo de acordar de que algo digo de su padre en la entrada de mi blog de 1/4/2010, "Torrelagunenses en documentos históricos", por si lo quieres ver.
    Saludos

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  9. una figura polémica... mal gobernante que le gustaba vivir por encima de sus posibilidades, aunque indirectamente sus caros gustos supusieron grandes cosas en las artes, pero en mi opinión el balance es negativo.

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  10. José Eduardo: me alegra que estés leyendo las entradas pasadas para ponerte al día ;)...ahora me paso a ver tu comentario y después a leer tu entrada sobre el padre de Esteban de Gamarra.

    Un saludo.

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  11. José Luis: efectivamente, un mal gobernante para sus súbditos pero una figura artística de relevancia para las generaciones futuras.

    Un saludo.

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  12. Fernando Carlos no era el único en no tener capacidad ni vocación de gobierno. Era algo relativamente frecuente, porque se accedía al cargo por tema hereditario y no por verdadera vocación o cualidades necesarias para ese difícil menester. No hay que olvidar que en muchos casos eran los validos los que se encargaban realmente (nunca mejor dicho) de ejercer el gobierno.
    Un saludo.

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  13. Monsieur, tenemos un pequeño problemilla:
    No me ha llegado nada.
    A ver si lo ha enviado usted a la corte inglesa!

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  14. Cayetano: así es, esta misión les venía dada "por la gracia de Dios" y a muchos les quedaba grande...

    Un saludo.

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  15. Madame: le he dejado ya el comentario en la Sala Capitular y en Cierto Sabor a Veneno...no sé qué habrá pasado...

    Un beso.

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  16. Era muy propio de aquella época que malos o ineptos gobernantes tuviesen funciones de gobierno y,claro, en tales casos, pueden ocurrir descalabros o despilfarros, ¿no? Buen fin de semana, Majestad.

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  17. Este hombre era igual a Ptolomeo Auletes! le desinteresaba el gobierno y había algún César vigilando,jajaja.

    Buen finde, Majestad.

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  18. Amigo, otro fin de semana por aquí...

    Pasa un estupendo fin de semana.

    Saludos y un abrazo.

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  19. Mathías: así es Majestad Indiana jejejeje, aquí nos falta solo la Cleopatra de turno...

    Un real saludo.

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  20. Ya sabí yo que este muchacho, cuya madre dejó a su suerte en cuanto a educación se refería, no iba a tener muchas luces. Por de pronto no le gustaba gobernar, algo que era imperdonable en un príncipe de sangre, pues no olvidemos que desde la cuna se le inculcaba la pertenencia a un linaje y su misión divina. No había posibilidad de rebeldía en este punto. Pero, aún con todo, se podía haber dejado asesorar con inteligencia. Una cosa no quitaba para la otra.

    Saludos

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  21. Carmen: la verdad es que su educación no fue de gobernante, a pesar de que en ella se empeñasen sus tíos los emperadores. Como dice, parece que fue uno de los pocos Austrias que no sintió la fuerza de la dinastía y su peso y que no supo lo que representaba pertenecer a la misma...

    Un saludo.

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  22. No me extraña que me comentases que estaba costando "dar a luz" estas entradas sobre la rama Tirolesa. Toda esta información es monumental y más tratándose de algo tan desconocido. Como siempre magnífico. Llego tarde, sin duda, pero es que mis obligaciones me están machacando estos días (y aún me queda), y sabes que me gusta leerte con tiempo para disfrutar de tus palabras.

    Hay poco que añadir a lo que se ha dicho ya, aunque hay mucho en esta entrada además de lo que más llama la atención. Lo que resulta muy fastidioso es ver como el canciller es maltratado por intentar poner orden en una corte donde su monarca movía poco sus archiducales posaderas para salvar al país de desgracias mayores. Pobre Biennr. Eso de vender territorios siempre me ha parecido un poco aberrante aunque los alemanes eran aficionados a vender o intercambiar territorios. Hoy soy tirolés y mañana suizo... Ya sé que entonces el tema de las nacionalidades no era tan importante como comenzó a serlo siglos más tarde. Menos mal que como mecenas de la cultura en general Fernando Carlos valía mucho y por lo menos dejó un legado artístico importante.

    Un abrazo, Alberto.

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  23. Jordi: gracias como siempre por tus palabras...la verdad es que sí, lo de vender territorios era una mala prácticas que al menos entre nuestros monarcas no se estiló (salvo la Luisiana que en 1803 se vendió a Napoleón).

    Un abrazo.

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  24. Valdría la pena, si puedes, hacer una entrada específica sobre el patrimonio artístico de la rama tirolesa.
    Guardo un muy buen recuerdo de la visita del castillo de Ambras, una cueva de tesoros. Me pasé horas frente a retratos y más retratos de Austrias españoles, vieneses, tiroleses...
    La armería y las colecciones del gabinete de curiosidades del archiduque Fernando (él que casó con la Welser) también muy interesantes.
    Felicidades por esta nueva colección de entradas dedicadas a la desconocida rama tirolesa!

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  25. Daniel: muchas gracias, aunque no soy experto en arte, intentaré hacer algo en un futuro.

    Un saludo.

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