miércoles, 1 de diciembre de 2010

OTROS MIEMBROS DE LA CASA DE AUSTRIA: EL ARCHIDUQUE LEOPOLDO GUILLERMO (PARTE IV y FINAL)

El archiduque Leopoldo Guillemo en oración ante la Virgen (h. 1650), obra de Jan van den Hoecke. Kunsthistorisches Museum de Viena.

En el interior de los Países Bajos los problemas pasaban por la financiación de la guerra y el comercio, que ahora tomaba nuevos tintes tras el Tratado de Marina y Comercio de mayo de 1650 con las Provincias Unidas. Las remesas enviadas desde España, así como las letras de cambio, trataron de acomodarse a una situación muy difícil por la falta de recursos. La caída de las aportaciones americanas era ostensible, y los secuestros de la plata de los particulares menudearon. Ya en 1649 quiso Felipe IV suspender de nuevo pagos, pero se aplazó la medida. Llegado enero de 1651, el Rey comunicó a Leopoldo Guillermo su nueva intención de suspender pagos que sobrepasaran los 300.000 escudos distribuyéndolos en tres plazos anuales con el 8 % de interés (1). Pero la decisión tuvo lugar, según parece, en julio de 1652, afectando mucho a los genoveses, apartados de la contratación con la Corona española años atrás, y siendo sustituidos por judíos portugueses; pero también a los propios flamencos.

En marzo de 1653, se acordó pagar las consignaciones en juros de a 20.000 el millar (es decir, al 5 %) situadas sobre las rentas del papel sellado, la sal, la media anata, pescados, azúcares y la renta del papel importado (2), con lo que según las cuentas, todos estarían pagados. Por otra parte, el medio general para la Monarquía de agosto de 1654 pretendió resolver de una vez el pasivo. Al mismo tiempo, en Flandes surgió una propuesta de dejar establecerse allí a los judíos, aunque fuera al modo alemán o italiano, es decir, agrupándoles en guetos y haciéndoles llevar signos distintivos en la ropa (3). La medida, pensada para aproximar aún más el capitalismo de Ámsterdam a España, no cuajó por la sospecha de que los portugueses se beneficiarían con la medida.

Una novedad muy importante en el Flandes de la época fue que, a medida que las recaudaciones se hacían más difíciles, crecía el papel de las provincias. Lo que antes se evitaba, es decir, que no aprovecharan sus aportes en ayudas y subsidios para recortar poder demandando prerrogativas, ahora era una realidad inevitable. Y se dieron claras muestras de este nuevo rumbo al imponer los flamencos al archiduque Leopoldo Guillermo el fin de las licentas. Sin embargo, ésta no será la única demostración de fuerza. En represalia por las tarifas y obligaciones impuestas por los Estados Generales neerlandeses, Felipe IV ordenó en 1654 la vuelta al cobro de los derechos aduaneros. Esto dio lugar a un movimiento de oposición en los Países Bajos, que ya tenían que soportar la competencia comercial de Francia, y a los que ahora se le sumaban estos derechos que no hacían sino mermar su competitividad. De esta forma, los comerciantes (con un fuerte peso en el trabajo rural y con influencias en las ciudades principales) presionaron para conseguir la revocación de la medida. La Corona y sus funcionarios, con la nobleza, apoyaban la medida por suponer una entrada fiscal nada despreciable con que pagar al ejército, la diplomacia y la Casa del gobernador general. Luego había razones de orden político por reponer unas licentas que Leopoldo Guillermo llamaba “efecto principal de la soberanía” por consiguiente, ceder a las demandad de los Estados y del pueblo sería “minorarse hasta recibir leyes de los súbditos en lugar de dárselas” (4). De ahí que los Estados provinciales, la burguesía comercial y las élites nobiliarias, provocaran serias desavenencias que cristalizaron en 1655 en una serie de motines y una negativa popular generalizada a pagar los derechos arancelarios, y en 1656, con una amenaza velada de los Estados de Brabante, principales proveedores del tesoro, de no entregar más impuestos si no se abolían las licentas (5).

Finalmente, el problema de las licentas se liquidó con una solución de compromiso: la Corona renunciaba a las entradas aduaneras a cambio de que los Estados provinciales le entregaran rentas cuyo origen serían los beneficios comerciales. El tiempo demostraría que los Países Bajos españoles salieron beneficiados de estas medidas. Aunque les era imposible abastecer por sí mismos al mercado hispánico, ganaron paulatinamente cuotas de mercado en los países limítrofes, en la Península y en las Indias, sin que la competencia neerlandesa supusiera un problema serio. A modo de ejemplo baste decir que, sólo en 1655, nada menos que el 85 % de la producción textil flamenca embarcada partió para España y sus Indias (6).


Alegoría del archiduque Leopoldo Guillermo (h. 1650), obra de Jan van den Hoecke. Kunsthistorisches Museum de Viena.

Por lo que respecta a la persona del archiduque Leopoldo Guillermo, sus tensas relaciones con el Conde de Fuensaldaña, así como las dificultades económicas y militares a las que tuvo que hacer frente, fueron mermando poco a poco sus ánimos hasta el punto de hacerle presentar la dimisión de su cargo de gobernador general de los Países Bajos, hecho que fue finalmente aceptado por el gobierno de Madrid. El elegido para sustituir al Archiduque sería el victorioso don Juan José de Austria. El 17 de febrero de 1656 firmaba Felipe IV la orden de traslado de su hijo don Juan a los Países Bajos desde Barcelona, donde ejercía como virrey de Cataluña.

Don Juan llegaría a Flandes el 9 de mayo, trasladándose ese mismo día a la plaza de Ramunda, en la provincia de Güeldres, donde estaba el Conde de Fuensaldaña, el cual le comunicó el deseo de Leopoldo Guillermo de verle en el santuario de Monteagudo, a donde llegó al día siguiente. Don Juan oyó misa y se entrevistó en secreto con el Archiduque, para después trasladarse a Lovaina, mientras Leopoldo Guillermo hacía lo propio rumbo a Lieja.

La última labor del archiduque Leopoldo Guillermo como gobernador de los Países Bajos había sido la de estudiar la conveniencia de permitir la llegada de barcos afines al exiliado Carlos Estuardo a Flandes, con el objetivo de mover la lealtad de los ingleses allí existentes hacia su Rey, siguiendo la propuesta que algunos británicos residentes en Holanda le habían hecho a don Esteban de Gamarra, embajador español en La Haya. Parece ser además que los acreedores retuvieron al Archiduque más tiempo del que habría deseado permanecer en los Países Bajos: “Como mis acreedores aprietan por la satisfacción entera de lo que les debo, es de temer que me lo embaracen (el viaje), y que valiéndose de sus privilegios, pasen a hacerme una afrenta, embargando mi carruaje y muebles” (7). A pesar de todo, Leopoldo Guillermo pudo finalmente partir, trasladándose con todas sus pertenencias a Nassau (8) y en 1657 hacia Viena, estableciendo en el Stallburg, el ala más antigua del Palacio de Hofburg, su magnífica colección de pinturas. En 1656 había sido nombrado además obispo de Breslau.

Leopoldo Guillermo moría en Viena el 20 de noviembre de 1662 a la edad de 48 años, habiendo nombrado como su heredero universal a su sobrino, el archiduque Carlos José, hijo del emperador Fernando III y de su segunda mujer, la archiduquesa María Leopoldina del Tirol.


Fuentes principales:

* Castilla Soto, Josefina: “Don Juan José de Austria (hijo bastardo de Felipe IV): su labor política y militar”. Madrid, 1992.

* Echevarrái Bacigalupe, Miguel Ángel: “Flandes y la Monarquía Hispánica”. Silex Ediciones, 1998.

* González Asenjo, Elvira: “Don Juan José de Austria y las artes (1629-1679)". Madrid, 2005.

* Rudolf, Karl Friedrich: “Tierras europeas de los Austrias. Monarquía Hispánica y Monarquía Habsbúrgica”. SEACEX, 2003.

* Vermeir, René: “En Estado de Guerra. Felipe IV y Flandes 1629-1648”. Servicio de publicaciones de la Universidad de Córdoba. 2006.


Notas:

(1) Secrétairerie d’Etat et de Guerre (AGRB), 249.

(2) AGS, Secretarías Provinciales, leg. 2572.

(3) Secrétairerie d’Etat et de Guerre (AGRB), 257.

(4) AGS, Estado, leg. 2084.

(5) AGS, Estado, leg. 2088.

(6) Everaert, John: “L’implantation de manufactures textiles flamantes en Espagne à la fin du XVIIe siecle”. Bulletin del’Institut Belge de Rome. XLIV (1974), pp. 255-269.

(7) AGS, Estago, leg. 2.087. Carta del archiduque Leopoldo Guillermo, fechada en Bruselas, el 8 de abril de 1656.

(8) Varias fuentes afirman que se trasladó a Nassau, aunque lo más probable es que se dirigiese a Passau, capital de uno de los obispados que ostentaba.

24 comentarios:

  1. Es muy dificil esa cosa de elegir a qué bando ayudar, aunque sea en esa época, ya que las luchas eran constantes... un día ganaba uno, a la mañana siguiente coronaban al otro.

    Yo no apoyaría a ninguno de los dos.

    Un abrazo, y gran vida la de este tipo, al contrario que la de los eclesiásticos normales.

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  2. Yo tampoco apoyaría a ninguno, no. Y es que al final siempre te daban mal pago, o era un triunfo precario y al día siguiente volvías a estar abajo.
    Era la cosa casi tan inestable como ahora, no, monsieur?
    Yo me quedo con esa magnifica coleccion de pinturas.

    Feliz dia, monsieur

    Bisous

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  3. Ese tema de los aranceles, creados para evitar la competencia desleal de paises extranjeros, y las revueltas debidas a esta tasa, me suena muchísimo ahora, con la eliminación de aranceles a las exportaciones chinas. Como siempre, la historia se repite.
    Por cierto, los retratos que nos expones del Archiduque, los veo de un narcisismo religioso, tremendamente exagerado ¿no crees?

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  4. Qué corta era la vida en aquellos tiempos. Morir con 48 años. Sólo pudo disfrutar de su cargo de obispo y de su colección de pinturas cinco o seis años. Una "jubilación" no sé si merecida pero muy escasa en cuanto a disfrute temporal.
    Un saludo.

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  5. que dificil tomar partido, realmente.

    Pero se ve que ha tenido una vida agitada, aunque corta.

    un abrazo.

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  6. La entrada es espléndida. Y la parte dedicada a quiebras y alcances de total actualidad.

    Saludos cordiales.

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  7. Estimado amigo,
    He disfrutado mucho con toda la serie que ha publicado del Archiduque Leopoldo, hacía tiempo que no leía nada sobre la complicada política de la época y me ha traido buenos recuerdos de la facultad, sobretodo por la profundidad y detalle con que narra los hechos.
    Muchas gracias :-)

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  8. Mathías: como dice el refrán, cada cual se arrimaba al ascua que más calentaba para sacar el máximo provecho, las fidelidades políticas han sido, son y serán siempre así.

    Un eclesiástico político y guerrero, sin duda, un personaje muy interesante.

    Un real abrazo.

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  9. Madame: desde luego la situación, por desgracia, se parece mucho a lo que vivimos por España últimamente, al menos como dice el mecenazgo maquilló todo...

    Un beso.

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  10. Javier: el tema de los aranceles ha sido un problema toda la vida y por ello se creó el FMI y el Banco Mundial cuyos principales objetivos son eliminarlos, a veces con sucias estratagemas...palabra de economista jejejeje

    los retratos son desde luego muy narcisistas, pero es que alguno no lo fue durante el Barroco? :)

    Un abrazo.

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  11. Cayetano: por suerte la esperanza de vida ha crecido muchísimo con los avances médicos, en aquella época uno con 50 años era como uno de 80 actualmente...hombre merecida no sé, pero trabajada y sufrida...

    Un saludo.

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  12. Retablo: muchas gracias, desde luego el tema de la crisis financiera se parece mucho a lo que vivimos en España actualmente...

    Un cordial saludo.

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  13. Pedro: de nada, me alegra que te haya gustado la serie ;), este tipo de comentarios siempre me animan a seguir.

    Un saludo.

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  14. Acosado por los acreedores, pero obispo y con una pinacoteca personal, y es que hay conductas y formas que se mantienen a lo largo de la historia. Es la naturaleza humana. Ha sido interesante la visión del Flandes español en esta serie de “los otros miembros…”
    Un saludo.

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  15. Desdelaterraza: el endeudamiento fue algo normal entre los gobernantes de la Edad Moderna que llevaban un tren de vida superior a sus propias posibiidades, pero como ves la cosa no ha cambiado entre nuestros actuales poñíticos que se gastan millones en tonterías mientras los ciudadanos no llegamos a final de mes...

    Un saludo.

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  16. Un tira y afloja entre los Estados y el rey, que al final parece ser que los reconcilió, a pesar de que el rey se beneficiase menos. El archiduque parece ser que iba por el camino duro y no por el del dialogo. Supongo que lo hizo lo mejor que supo y le dejaron.

    Las colecciones de arte de todos estos Habsburgo me "flipan". Hay que ver lo que les gustaba.

    Saludos, Aleberto

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  17. Jordi: el archiduque era partidario de la mano dura y el absolutismo propios de los Habsburgo de Austria y no de la negociacion implantada por Felipe IV con los diversos reinos a partir de 1640...dos modos de entender el absolutismo y el poder regio...

    El mecenazgo de los Austrias fue fundamental para conformar tanto el Museo del Prado como el Museo de Arte de Viena.

    Un saludo.

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  18. Carlos me han gustado mucho estas entradas sobre el Archiduque Leopoldo Guillermo ya que no sabía nada de el.

    Muchos Besos :)

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  19. Decididamente, el archiduque para mí fue una persona triste, un alma que tuvo que remar entre muchas mareas y decidirse por bandos que, muchas veces, mal se lo pagaban. Pero tuvo el consuelo del arte y el coleccionismo, y eso, no se lo pudo quitar nadie. Excelente este grupo de entradas sobre el archiduque, majestad. ¿Ya instalado en la villa y corte? Feliz largo fin de semana.

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  20. Es que tener al lado a las prósperas Provincias Unidas con su imparable expansión comercial no era moco de pavo. Seguro que los holandeses no veían con buenos ojos que sus productos quedaran retenidos a causa de las elevadas tarifas aduaneras.

    Y el pobre Leopoldo fue sustituido cunado desde Madrid se vió necesarip. Quizás vivió más tranquilo en su castillo-palacio, mientras rememoraba grandes batallas y hechos de armas al calor de la chimenea...

    Saludos

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  21. Paco: desde luego el entrar en su galería debía ser una herramienta de evasión sin parangón...sí, ya estoy instalado en la Villa y Corte, pero este puente me vuelvo a Turín a ver a mi reina ;)

    Un abrazo.

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  22. Carmen: desde luego las provincias unidas se encontraban entre una poderosa Francia y unas ricas Provincias Unidas, lugar de origen del capitalismo, y eso, como dices, no era moco de pavo...para mí que también vivió más tranquilo en su palacio de Viena.

    Un beso.

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