miércoles, 22 de diciembre de 2010

376º ANIVERSARIO DE DOÑA MARIANA DE AUSTRIA (23 DE DICIEMBRE DE 1634-23 DE DICIEMBRE DE 2010)

La archiduquesa Mariana de Austria, obra de Frans Luyck. Museo del Prado.


LA EDUCACIÓN DE UNA REINA DE ESPAÑA

Mariana de Austria, nacida en tal día como hoy de 1634 en Viena, era hija del emperador Fernando III y de la emperatriz María (hermana de Felipe IV).

La educación de la pequeña archiduquesa estuvo orientada hacia el destino augurado para todas las hijas de los emperadores de la Casa de Austria, es decir, el desposorio con el Rey de España o la vida religiosa. Así, doña Mariana, en el ambiente contrarreformista y jesuítico imperante en la corte de Viena, creció con un futuro ya perfilado para el que debió prepararse a conciencia según los parámetros educativos de sus antecesoras. Se desconoce el programa formativo al que fue sometida doña Mariana en su corte natal, sin embargo se intuye su instrucción en tres ámbitos fundamentales estrechamente relacionados: por un lado recibiría una sólida formación religiosa basada en la “Pietas Austriaca” (1); por otro un aleccionamiento de tipo político que no debe sorprender cuando la condición de reina consorte podía facilitar las relaciones entre el Imperio y la Monarquía Hispánica y, finalmente, una exhaustiva instrucción en la cultura cortesana.

La religiosidad de una reina iba más allá de la honesta demostración de una profunda fe. En un mundo donde lo político y lo religioso se complementaban convergiendo en el poder, los comportamientos religiosos de una reina escondían usos políticos e incluso otorgaban poder a través de los actos de piedad y devoción transmitidos. Las reinas consortes del XVII, sobre todo aquellas pertenecientes a la Casa de Austria, debían ofrecer una imagen de santidad practicando la “Pietas” y su devoción al Santísimo Sacramento, religiosidad que a su vez debía manifestarse en el apoyo a obras pías, visitas continuadas a conventos y frecuentes confesiones con un director espiritual de confianza. Doña Mariana iniciaría sus ejercicios espirituales en la corte de Viena, allí no le sería difícil impregnarse de los aires contrarreformistas y del fuerte espíritu jesuítico del momento. De hecho, el instructor y confesor de la archiduquesa y su hermano Leopoldo (futuro emperador Leopoldo I) fue el jesuita Juan Everardo Nithard, futuro protagonista en la corte de Madrid durante los años de Regencia de su entonces alumna. Fe y devoción eran características que imbuían a la persona real de sacralidad y poder (2).

Desde el mimo momento en que una archiduquesa de Austria contraía matrimonio con un Rey de España, las demandas desde Viena de una participación activa en los asuntos del Imperio se hacía evidente. Y es que la función de una reina consorte consistía en la esfera política en mejorar y favorecer las relaciones entre las dos cortes. En Viena las lecciones políticas habrían estado orientadas a salvaguardar los intereses del Imperio en una corte, la de Madrid, que sin duda y a pesar de pertenecer también a la Agustísima Casa, iba a presionar a la joven archiduquesa para acercarla a la esfera de la Monarquía Hispánica en un período de progresiva desvinculación entre las dos ramas de la Casa de Austria, iniciado con la firma de la Paz de Westfalia (1648). La preparación para acceder al trono como reina consorte no se reducía a la procreación acompañada de religiosidad: tras estas funciones básicas se ocultaban intenciones políticas de mayor o menor calado.

Como colofón a la formación político-religiosa se encontraba el aprendizaje del funcionamiento de la cultura cortesana. Actividades tan variadas como la música, la caza, las lenguas o el baile eran parte de este aleccionamiento que debía convertir a la archiduquesa en una verdadera persona real. Cualidades como la modestia, discreción y prudencia eran esenciales para completar el esquema de valores de una reina consorte, que podía utilizar ese compendio de virtudes aprendidas para desarrollar su señalada acción política dentro de la complicada esfera cortesana.

La archiduquesa Mariana de Austria recibió una instrucción adecuada para cumplir sus funciones como consorte pero… ¿para ser regente? Su futuro como tal fue intuido desde aquel mismo instante en que su vida cambió de rumbo tras la muerte de su prometido el príncipe Baltasar Carlos el 9 de octubre de 1646. Según Oliván Santaliestra, la posibilidad de un matrimonio con el padre de éste, Felipe IV, a quien no se le auguraban muchos años más de vida, hizo prever que la joven archiduquesa en caso de casarse con el envejecido monarca y engendrar un heredero, llegaría a gobernar durante un periodo de minoridad. En los debates en torno a la elección de una esposa para el rey Felipe IV, se buscaba una candidata con la madurez de una mujer en vistas a que (sin las debilidades de una niña) pudiera ejercer como regente tras la muerte del monarca.

La reina doña Mariana de Austria (h. 1650). Círculo de Velázquez. Museo Lázaro Galdiano de Madrid.

El factor dinástico preocupó más que nunca en la elección de una esposa para Felipe IV, viudo desde la muerte de Isabel de Borbón en 1644. Ya no era suficiente el capital dinástico, su sangre, descendientes y Casa, ahora era fundamental que la elegida tuviera la madurez requerida para engendrar herederos sanos con relativa rapidez y para gobernar en caso de ausencia de rey en mayoría de edad. Esta particular circunstancia modificó las bases de la búsqueda de candidatas y cambió el destino de la archiduquesa doña Mariana: su condición de reina consorte podía llegar a convertirla en reina viuda y regente, situación para la que quizás no había sido preparada.

Los discursos sobre la conveniencia de una u otra esposa para Felipe IV comenzaron desde la misma muerte de Baltasar Carlos, dada la urgencia que presentaba la cuestión sucesoria. Varias razones políticas o de Estado, físicas o naturales y que podrían resumirse en el “capital dinástico” (3) y en la madurez sexual, determinaron no sin inconvenientes que la nueva esposa de Felipe IV debía ser la joven archiduquesa Mariana de Austria.

En un principio Mariana de Austria se presentaba como la candidata perfecta: nuera electa, princesa de España, hija del Emperador y de la hermana de Felipe IV, la infanta María; hermana de Leopoldo I; con una edad de 12 años que apuntaba a fecundidad… sin embargo éstas no eran condiciones suficientes, pues como ya se ha apuntado, el peligro de la sucesión y las amenazas exteriores de que la Corona recayese en príncipes “austriacos no naturales” o en franceses “totalmente extraños” obligaba a “escoger para su magestad esposa con las mas ciertas calidades, y seguras esperanzas de fecundidad parto prompto, sucesión varonil, y buen logro de madre de hijos” (4). La situación extrema de la Monarquía Hispánica determinaría la elección imponiéndose a los tradicionales requisitos de la edad y sangre de la candidata; pues “sería justo, que para la sobrevivencia de reyna viuda y rey pupilo, en tal caso tubiesemos en la edad de la una y del otro el alivio de verlos no menores que el peso del gobierno y, si menores, con la mas edad que se pudiere…” (5). Como demuestra este testimonio, la sombra de un gobierno de minoridad real con la solución transitoria de la regencia, ya estaba presente en 1646, antes de que Felipe IV contrajera un nuevo matrimonio con el fin de asegurar la sucesión.

Físicos y filósofos, basándose en los escritos de los Antiguos (la Doctrina General de Aristóteles y Galeno), desaconsejaron a la archiduquesa Mariana por su corta edad y remarcaron los peligros que podían ocasionar para los hijos las madres menores de 14 años. Una prematura concepción amenazaba con deformaciones, sucesión no varonil y de corta vida. Mariana de Austria distaba de encontrarse en la franja de edad adecuada porque en 1646 tenía 12 años y los 13 del año siguiente tampoco podrían garantizar una pronta sucesión. Por lo pronto la principal reticencia para la elección de Mariana de Austria fue ésta (6). Si aquella falta de madurez sexual y por qué no “política” de la archiduquesa era el inconveniente esencial, desde Viena se trató de corregir aquel “defecto” engañando con las proporciones de altura y anchura del cuerpo de la archiduquesa. Hasta el 9 de octubre de 1646, Mariana había sido descrita como una jovencita frágil y graciosa, el retrato que la representaba a sus once años y dos meses que se encontraba en la corte de Madrid, mostraba a una niña bien proporcionada, adecuada para un príncipe como Baltasar Carlos pero nunca para los 42 años de un rey como Felipe IV. Sin embargo, a partir del 9 de octubre de 1646, fecha de la muerte del príncipe heredero, la archiduquesa doña Mariana “creció tan de repente” que el embajador imperial se atrevió a proponerla como física y moralmente adecuada para el rey viudo Felipe IV. Sin duda, no convenía desairar al Emperador en momentos de crisis. La candidatura de la archiduquesa Mariana prosperó no sin reticencias y rofundas dudas por parte de médicos y teólogos.

En enero de 1647 Felipe IV emitió un decreto con la resolución de casarse con la archiduquesa Mariana de Austria (7). El matrimonio se celebró el 7 de octubre de 1649 en el madrileño pueblo de Navalcarnero. Tras el matrimonio, el 5de noviembre la Reina hizo su entrada en Madrid en medio de ricas arquitecturas efímeras, simbolismos y mitologías relacionadas con la Monarquía Hispánica y el Imperio. La Entrada Real de doña Mariana se conoce gracias a la obra “Noticia de Recibimiento i Entrada de la Reyna nuestra señora”, publicada en 1650, en la que se especificaron todas las decoraciones utilizadas para la ocasión. La entrada fue encargada a Ramírez del Prado, un erudito conocido y experimentado que elaboró un cuidadoso programa iconográfico para acompañar al cortejo de la reina Mariana desde el Palacio del Buen Retiro hasta el Real Alcázar. Arcos triunfales representando los cuatro continentes sometidos a la Monarquía de Felipe IV, arquitecturas efímeras con las alegorías del Amor, estatuas de personajes mitológicos de gran contenido simbólico, adornaron la entrada triunfal de la Reina y su majestuoso recorrido por las calles de Madrid. Himeneo el dios de las bodas, Cupido el del amor y Mercurio dios mensajero anunciando la llegada de la Reina, fueron algunos de los dioses elegidos para ilustrar la comitiva, pero entre ellos el que destacó por su rica simbología fue Hércules en su versión de dios-Sol e identificado con Felipe IV, rey que iba a recibir a su esposa Mariana, representada como la Aurora, bella diosa romana, anunciadora del día, de la luz y prometedora de un heredero. Los deseos de una nueva maternidad estaban implícitos en una simbología cuidadosamente elegida: “se evocaba en ella a la que había de aportar un heredero, promesa de nueva felicidad para la monarquía” (8).


Fuentes principales:

* Oliván Santaliestra, Laura: “Mariana de Austria en la encrucijada política del siglo XVII”. Universidad Complutense de Madrid, 2006.


Notas:

(1) Para saber más sobre la “Pietas Austriaca” o el culto a la sagrada forma por parte de la Casa de Austria, en especial durante el reinado de Carlos II consúltese: Álvarez- Ossorio Alvariño, Antonio: “Virtud Coronada: Carlos II y la piedad de la Casa de Austria” en Fernández Albadalejo, Pablo y Pinto Crespo, Virgilio: “Política, religión e inquisición en la España moderna”. Madrid, 1996.

(2) En referencia al tema consúltese en siguiente artículo: Sánchez, Magdalena: “Pious and Political Images of a Habsburg Woman at the Court of Philip III (1598-1621)”. En: Sánchez, Magdalena y Saint Säes, Alain (ed): “Spanish Women in the Golden Age. Images and Realities”. Grenwood Press, 1996. pp. 91-107.

(3) Campbell Orr, Clarissa en “Queenship in Europe 1660-1815. The role of the consort”. Cambridge University Press, 2004. p.12., define “capital dinástico” como: “Irrespective of whether they projected princely formality or aristocratic informality in their family postures, queens were usually chosen for their “dyastic capital”, which either cemented repeated alliance patterns between interlinked families, or helped to create fresh ties when new political and diplomatic alliances were forged”.

(4) BNM. Mss. 2080. “Cotejo Phisico político de las cosas de Viena y de Inspruch para el mayor acierto en la elección de esposa de que oh necesita la magestad catholica. Algunos reconocen mayor acierto e elegir esposa de la cassa cesarea, ya se considere lo phisico, o natural ya se mire a lo político o de Estado". Punto 5.

(5) Ibídem. BNM. Mss 2080. Punto 5.

(6) Ibídem. Punto 6.

(7) BNM. Mss. 11027. (n.336r- 339v).

(8) López Torrijos, Rosa: “La mitología en la pintura española del Siglo de Oro”. Ed. Cátedra. Madrid, 1985. pag. 154.

32 comentarios:

  1. No quisiera dejar de rendir, aunque sea de modo improvisado, en este magnífico blog que tan bien edita el hijo de la protagonista de hoy, un pequeño homenaje a su figura, que hoy habría cumplido 376 años. Y me permito, si le parece bien, a hacerlo, por su brevedad, en forma de comentario en su propio espacio. Espero que le agrade.
    Cuando Mariana de Austria es ofrecida a Felipe apenas tiene trece años. Rápidamente comenzará a tener hijos, y a perderlos. El último dicen que fue concebido en el último esfuerzo del “rey planeta”, ya a punto de perder su órbita y quedar inerte en el firmamento de la historia. Este hijo, Carlos, acabaría siendo el rey de España, más hubo antes de él otros, hermanos suyos de la misma madre, que pudieron haberlo sido. Todavía estaba fresca la pintura con la que Velázquez había retratado a la reina Mariana junto a su esposo en el espejo que les reflejaba cuando iban a ver lo que el genial don Diego pintaba cuando nació uno de ellos: Felipe Próspero. Anduvo casi siempre enfermo Felipe Próspero, como lo estaría también casi siempre Carlos, pero a diferencia de éste, que al nacer ya dio claras muestras de debilidad, aquel parece que presentó un aspecto sano. O al menos eso debió de creer su augusto padre, que un día al oír sus fuertes llantos exclamó: ¡Eso sí que me parece bien, que huela la casa a hombre! Lo sería por poco tiempo. Llegaba la época de Carlos. La reina había cumplido con su deber, había dejado un heredero vivo.
    Aprovecho igualmente para desearle unas felices fiestas.

    ResponderEliminar
  2. Interesantísima entrada sobre la juventud de Mariana y su educación para ser reina, pero este empecinamiento de los Austrias para cruzarse entre ellos ya sabemos todos en que devino, ¿qué podría haber pasado si una de estas princesas sale rebelde y se niega a la boda?, bueno ya se que no eran tiempos para eso.

    Veo que hemos elegido un mismo cuadro sobre Mariana.

    Felices fiestas y cuenta conmigo para estas conmemoraciones.

    ResponderEliminar
  3. Excuse my English because my Italian is very poor. Interesting post. I don't know much about the Spanish monarchy after Charles V. Informative never the less. Happy Christmas!

    ResponderEliminar
  4. I'm sorry about my comment. This blog is in Spanish. I noticed your location was Turin, Italy and was momentarily confused.

    ResponderEliminar
  5. Me alegro de no haber nacido en esa época:
    sólo 2 alternativas, o reina o monja.
    Para echarse a temblar si no te salía bien la cosa.

    ResponderEliminar
  6. Felicidades! Por el natalicio de Doña Mariana y por el éxito de la conmemoración.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  7. Estimado amigo,

    En primer lugar felicidades por el éxito de su propuesta. Su entrada me parece de lo más interesante más teniendo en cuenta que trata de los primeros años de Mariana de Austria, su educación y la antesala de su matrimonio con el Rey Planeta.

    Espero que de esta manera se saque un poco del olvido a esta relevante figura de nuestra historia y primer ejemplo de gobierno de una mujer viuda y regente en nuestra Monarquía.

    Gracias también por su comentario en España Esterna, espero que la entrada haya sido de su interés. Por mi parte seguiré su consejo y le echaré un ojo a la obra de Pascual Chenel "El retrato de estado durante el reinado de Carlos II. Imagen y propaganda".

    Reciba un afectuoso saludo.

    ResponderEliminar
  8. Desdelaterraza: gracias por tu colaboración a en forma de comentario ;). Así doña Mariana, con apenas 27 años, ya había dado a luz a 6 niños d elos cuales sólo sobrevivirían 2 (la infanta Margarita y Carlos II), algo que sin duda marcó su austero y ultrarreligioso carácter.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  9. Majestad, sólo me queda que quiterme el sombrero ante su augustea presencia y ante el magnífico artículo sobre la educación de una reina. Me ha resultado especialemente interesante el juego de intereses en la búsqueda de una esposa para su padre, y es cierto, que el contrapeso debió existir: se necesitaba una mujer sana y jóven que diera hijos primero, pero esa mujer debía ser experta y madura ante la posibilidad que faltara el rey, mayor y enfermo. Se decidió por lo primero, porque sin niño no hay regencia.
    Espero no se moleste por mostrar a su sobria madre con las vergüenzas al aire.
    Nuevamente, felicidades y mejor año. Un abrazo, amigo

    ResponderEliminar
  10. Perfecta en plan político, más imperfecta en lo físico. ¡Que pena que siendo una niña, y a pesar de las recomendaciones, se le obligara a perpetuar a la realeza por el bien de España!

    ¿No se podían haber esperado a una madurez política, mental y física? Pues ya se sabe , que, a veces, las cosas de palacio, van despacio,xd.
    Un gran abrazo, Carlovs

    ResponderEliminar
  11. Increíble entrada Carolvs, como no podía ser menos, de todos modos por mucha educación, preparación, etc... queda la sensación en última instancia que no dejaban de ser conejas que garantizasen la sucesión.

    ResponderEliminar
  12. José Eduardo: muchas gracias por tus palabras. La rebeldía entre las mujeres de la Casa de Austria no existió eran educadas para servir a la dinastía y a su real o imperial esposo, todas una sufridoras porque tuvieron que tragar muchos sapos.

    Un saludo y feliz navidad también para ti.

    ResponderEliminar
  13. Pobre niña. Bueno, aqui estamos para desear un feliz cumpleaños a doña Mariana, monsieur, que ya va cumpliendo unos cuantos.

    Feliz dia

    bisous

    ResponderEliminar
  14. Theresa: don't worry, I have been living in Italy until a month ago, but actually I live in Madrid, anyway I'm Spanish ;) Be welcome to my blog.

    Best regards.

    ResponderEliminar
  15. Mathías: muchas gracias y que pase usted unas felices y calurosas Navidades.

    Un real abrazo desde la fría y vieja Europa ;)

    ResponderEliminar
  16. Pedro: muchas gracias por tus palabras, me alegra que te haya gustado la entrada y hayas podido aprender algo nuevo. La figura de doña Mariana de Austria es clave para la segunda mitad del siglo XVII español.

    Tu entrada excelente ;)

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  17. Soy un simple aficionado a la historia, pero contigo y los que han colaborado en la iniciativa, cada vez me gusta más esto de descubrir a nuestros queridos personajes que una vez fueron protagonistas de nuestro futuro, hoy presente.

    He visitado a los que habían publicado y salgo de viaje para estar en familia estos días, a la vuelta intentaré leer sus aportaciones.

    Te deseo una Feliz Navidad y que en ella se cumplan todos tus sueños amigo.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  18. Paco: muchas gracias por tus palabras, felicitaré a mi regia madre de tu parte y no te preocupes por lo de las verguenzas que estamos en el siglo XXI, otra cosa habría sido en el XVII, ahí sí habrías tenido problemas con la Santa Inquisición jejejeje

    Un abraoz y feliz navidad.

    ResponderEliminar
  19. Javier: el problema es que era una niña de sangre real y ya sabes que la realeza obliga, estas mujeres fueorn muy sufridas desde pequeñas...

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  20. Isra: dicho de manera poco fina así era, su función era la de parir a un herdero.

    Un abrazo y feliz navidad

    ResponderEliminar
  21. Era un papelón muy complicado el que tenía Mariana de Austria, a lo temprano de su edad para ser consorte, se unían los lazos de consanguinidad y la nula experiencia para retos tan importantes que tendrá que afrontar a lo largo de su vida, entre otros el de ser regente.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  22. Senovilla: muchas gracias amigo y me alegro que todos estos proyestos te estén abriendo el apetito de la historia ;)

    Que pases igualmente buenas fiestas con la familia y amigos,

    un abrazo.

    ResponderEliminar
  23. Cayetano: así es, con tan sólo 15 años ya agobiada por las obligaciones de parir un heredero y después teniendo que soportar todo el peso de tan Magna Monarquía sobre tan delicados e inexpertos hombros.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  24. Es una magnífica entrada. Bien es verdad que la voy a leer en más de una ocasión por su riqueza.


    Saludos y Felices Pascuas de Nuestro Señor.

    ResponderEliminar
  25. pOne los pelos de punta pensar en aquellas jovencitas, prácticamente niñas, casadas con maduros o viejos maridos por cuestiones políticas y de intereses dinásticos. Y más perteneciendo a una misma familia.

    En cuanto a la descripción de la entrada de Mariana de Austria me recuerda que existe una descripción similar de la época sobre la entrada en Béjar de Mª Alberta de Castro y Portugal, mujer precisamente del duque don Manuel I. Es decir, que estamos hablando de fechas muy próximas a la de la entrada de Mariana como reina en Madrid. Nuevos paralelismos. Es curioso. En ella se habla de arcos de follaje con complejas iconografías relativas a la casa ducal y a distintas virtudes innatas a los miembros de ella.

    Un beso y feliz navidad

    ResponderEliminar
  26. Carmen: las razones dinásticas imponían estos matrimonios antinaturales, la sangre y la necesidad de un heredero priman ante todas las cosas. Los nobles, en sus estados patrimoniales, imitaban las entradas reales incluidas la iconografía y los simbolismo, al fin y al cabo el rey no dejaba de ser un "primus inter pares".

    Un beso y feliz navidad.

    ResponderEliminar
  27. Excelente explicaciòn.

    Feliz Navidad para todos.

    un abrazo.

    ResponderEliminar
  28. Un excelente trabajo, Alberto. Esta mujer siempre me ha inspirado lástima. Creo que lo intentó, pero no estuvo a la altura. Eran muy difíciles momentos para la monarquía, y sus recelos para con el bastardo, por ejemplo, pues aún mermaron más sus pocas posibilidades de manejar el timón de esa gran nave que hacía aguas desde muchos años atrás.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar