jueves, 18 de abril de 2019

Vida del último Almirante de Castilla (PARTE IV)


1. Retrato de don Juan Tomás Enríquez de Cabrera, Conde de Melgar, en un grabado de Cesare Fiori y Georges Tasniere (h.1680). Biblioteca Nacional de Madrid.

El 17 de septiembre de 1679 moría en el Real Alcázar de Madrid don Juan José de Austria. Hasta entonces el Conde de Melgar venía desempeñando el cargo de Gobernador de Milán de forma interina, circunstancia que erosionaba su autoridad con respecto a los tribunales y al conjunto de la sociedad política lombarda. La muerte de don Juan afianzó su posición ya que implicaba el regreso a la Corte de su padre, el Almirante de Castilla, y la reina Mariana de Austria, en cuyo partido los Enríquez venían militando fielmente durante la última y agitada década. Por otra parte, el 21 de febrero de 1680 Carlos II nombraba primer ministro a don Juan Francisco de la Cerda Enríquez de Ribera, VIII Duque de Medinaceli. El nuevo Primer Ministro era cuñado de don Juan Tomás. El conde de Melgar había contraído matrimonio con doña Ana Catalina de la Cerda (†1696), hermana del que después sería Duque de Medinaceli. Estos estrechos lazos de parentesco pronto se traducirían en una señal inequívoca de la confianza del Rey: en julio de 1680 Carlos II concedió a Melgar el gobierno "en propiedad" del Estado de Milán.

2. Medalla conmemorativa de la defensa de Génova frente a la armada francesa por parte del Conde de Melgar (1684), obra de Cesare Fiori.


Con la confirmación de Melgar se abre una nueva etapa en la vinculación del Conde con Milán. Desde su llegada en febrero de 1671 a la metrópoli lombarda el joven Conde de Melgar se dedicó a estrechar sus relaciones con las principales parentelas aristocráticas que llegó incluso a encabezar en su enfrentamiento con el Duque de Osuna. Durante los siguientes seis años (1680-1686) don Juan Tomás obtuvo aquello que era más preciado para quien aspiraba a convertirse en un gran patrón de la Corte regia: dinero y amigos. Los ingresos monetarios derivados de su cargo de Gobernador (tanto el sueldo como la prima extraordinaria de campaña y el acceso a los fondos de gastos secretos) le permitieron disponer de una notable liquidez a la hora de practicar la virtud política de la liberalidad a una escala que no podía ser emulada por otros nobles castellanos. Por otra parte, en Milán Melgar conoció a muchos de los amigos y clientes que le acompañaron en su azarosa trayectoria política hasta que asumió en la década de los noventa la jefatura del partido austríaco en Madrid.

Además, durante estos años de Gobierno el Conde de Melgar pudo acceder a la gloria militar en la defensa de su ciudad natal, Génova, frente a la armada francesa: el 17 de mayo de 1684 una gran escuadra francesa se presentaba frente al puerto de la ciudad al mando del Marqués de Seignelay y el almirante Abraham Duquesne, compuesta por unos 160 barcos, entre los que destacaban 10 "galiotes à bombes", 20 galeras y 16 navíos. El bombardeo empezó a la noche del día siguiente y continuó durante los días 19 y 20. Numerosos edificios cayeron bajos las bombas galas, entre ellos el salón del Palacio Ducal. Los tesoros de San Lorenzo y del Banco de San Giorgio fueros sacados de la línea de fuego y puestos a salvo. Finalmente, el día 25, la infantería francesa compuesta por unos 3.500 hombres puso pie en Sampierdarena. A ellos se enfrentaron las milicias locales, reforzadas con voluntarios de la cercana Val Polcevera. Protegidos por las bombas, los franceses avanzaron quemando los palacios de aquella que era una zona de villas de recreos del patriciado urbano. A pesar de todo, los galos fueron finalmente detenidos por los refuerzos españoles que la República había solicitado urgentemente y que finalmente había sido enviados por el gobernador Melgar. Las fuerzas enviadas por don Juan Tomás, unos mil hombres, especialmente un tercio reclutado en Nápoles, no solo contribuyeron a mantener el orden en la ciudad y a escoltar el tesoro de San Giorgio, sino que obligaron a los franceses a embarcarse dejando en el terreno numerosos muertos y heridos, entre ellos el contralmirante Lhéry, unos de los principales hombres de Duquesne. Tras esta intentona, la armada de Luis XIV siguió bombardeando hasta la noche del 28 de mayo para finalmente retirarse a la mañana del día siguiente.

Con motivo de la defensa de Génova el Conde de Melgar hizo labrar una medalla conmemorativa (imagen 2) a uno de sus artistas protegidos, Cesare Fiore (1). En el anverso de la medalla puede verse el retrato de don Juan Tomás con amplia peluca, media armadura y corbata a la francesa y a su alrededor la inscripción "IO · THOM · HENRIQ · CABRERA · ET · TOL · CO · MELGAR · PRO · HISP · REG · IN INSVB · IMP", en el reverso el Conde de Melgar sobre un caballo en cabrioleta con bastón de mando, a la derecha, se dirige, seguido de tres figuras ecuestres coronadas, hacia otro grupo ecuestre situado a la izquierda. Al fondo la ciudad de Génova bombardeada desde la costa y a alrededor la inscripción "PROVIDENTIS ET FORTITVDINE IANVA SERVATA".

En abril de 1685, coincidiendo con la caída de su cuñado el Duque de Medinaceli y el inicio de un nuevo ministerio, el del Conde de Oropesa, el conde de Melgar solicitó que le nombrasen sucesor y licencia para retornar a la Corte Real. La respuesta de Carlos II, seguramente influida por Oropesa, se retrasaría prudentemente hasta encontrar otro destino alejado de Madrid para un poderoso aristócrata con ambiciones de poder. Así, el 3 de diciembre el Rey informaba al Consejo de Italia que había confiado a Melgar la embajada en Roma (tradicional antesala al puesto de virrey de Nápoles) y que se le propusieran sucesores para el gobierno de Milán. El Consejo renunció a presentar una terna conjunta y cada uno presentó una nómina particular. Para el cargo de Gobernador habían surgido numerosos pretendientes entre la Grandeza de España. El presidente Duque de Alba propuso al Duque de Uceda, al Marqués de Leganés y al Duque de Ciudad Real, nombres que, si bien en diferente orden, se repetirían en otros votos junto a los de nuevos candidatos como el Conde de Monterrey, el Marqués de Balbases, el Duque de Medinasidonia, don Antonio de Toledo (primogénito del Duque de Alba), el Duque de Villahermosa y el Conde de Cifuentes. Carlos II y Oropesa optaron por ignorar esta extensísima nómina al elegir al Conde de Fuensalida, del que no se había acordado ningún regente. Con todo, Fuensalida tardaría algunos meses en tomar posesión de su cargo por lo que en Milán continuó el gobierno del conde de Melgar hasta abril de 1686.


CONTINUARÁ...


Notas:
  1. Cesare Fiori (1636-1702) fue un artista polifacético: pintor, grabador, medallista y arquitecto, además de bailarín, maestro de esgrima y alférez de las milicias urbanas. Entre sus pinturas se puede citar "La nascita di San Carlo" en el Duomo de Milán, encargo de los Condes de Melgar, así como diversos retratos en grabado de don Juan Tomás durante su gobierno milanés (1678-1686). Por desgracia existen pocas noticias de su vida y obra.

Fuentes:
  • Almagro-Gorbea, Martín; Pérez Alcorta, María Cruz; y Moneo, Teresa: "Medallas españolas". RAH, Catálogo del Gabinete de Antigüedades, 2005.
  • Álvarez-Ossorio Alvariño, Antonio: "La república de las parentelas: la corte de Madrid y el gobierno del estado de Milan durante el reinado de Carlos II". Universidad Autónoma de Madrid, 1994.
  • Bitossi, Carlo: "1684. La Reppublica sfida il Re Sole". Editori Laterza. 2015.


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