sábado, 16 de enero de 2010

LA FAMILIA DEL REY, LOS HERMANOS DE CARLOS II: DON JUAN JOSÉ DE AUSTRIA, BASTARDO REAL Y MESÍAS DEL PUEBLO (PARTE III)


Busto de don Juan José de Austria en mármol por Francisco Dieussart. Museo Cerralbo de Madrid.


Al hacerse cargo del virreinato siciliano, don Juan tenía una orden real prioritaria: la recuperación de las plazas de Porto Longone y Piombino (1), conquistadas por Francia en 1646. Por ello, el Conde de Oñate recibió las oportunas órdenes para preparar todo aquello que considerara conveniente, mientras que el Marqués de Caracena (2) enviaría auxilios desde Milán. Por su parte, don Juan se encargaría del apresto de la Armada.
Desde Madrid empezaron a divulgarse falsos rumores para hacer creer que la Armada que se preparaba estaba destinada a intervenir en Cataluña. Don Juan, naturalmente, hizo suya dicha estrategia para lograr los efectos deseados y despistar en lo posible a los franceses en ambos frentes (Cataluña y Toscana). Por otro lado, las fuerzas hispanas poseían cumplida información sobre la situación en hombres y pertrechos de Porto Longone y Piombino, a la vista de las cuales se preparó una relación detallada, conteniendo las ayudas necesarias para la expugnación de las plazas, así como la estrategia a seguir.
El Rey envió a don Juan un despacho en el que nombraba Teniente a Su Alteza, en el cargo de Gobernador de todas las Armas Marítimas, del conde de Oñate. Estas decisiones exasperaban enormemente al bastardo real, cuya ambición, deseo de gloria y su juventud, le llevaban a desear ardientemente ser cabeza visible de los acontecimientos en que participaba. De ahí las quejas que no dudó a representar con don Luis de Haro:
"Dígame por amor de Dios (...) qué lugar tengo yo en esta facción, porque no veo otra ocupación sino de convoyar al conde de Oñate, a quien hace S.M. dueño absoluto, confieso a V.E. que ha sido esta mortificación de mi aliento y que mientras viva, no se me borrará del corazón el concepto en que mi desdicha me ha puesto" (3).
A pesar de todos los preparativos, llegaron noticias de Madrid con la orden de posponer la empresa de Toscana, ya que el conde de Oñate había tenido que enviar la mayor parte de la infantería a España, concretamente a Cataluña, para intervenir en la ofensiva contra los franceses. Afortunadamente para el bando español, cuando la Paz de Westfalia les privó de sus aliados holandeses y la Fronda empezó a preocuparles en el interior, Cataluña dejó de figurar destacadamente en los cálculos de Francia (4).
Entretanto, la espera hacía difícil el mantenimiento de la Armada en Sicilia, dada la mala situación de la isla. Don Juan recibió órdenes de utilizar la cosecha para el sustento de la Armada. Incluso en el otoño, se recurrió a la venta de oficios y de algunas ciudades, como medio para atender a la carena de los bajeles de la Armada.
A finales de año, a la difícil situación económica de la isla se unió la crisis política producida por la preparación de una conjura en Palermo. Don Juan abandonó Mesina dirigiéndose a la ciudad objeto de los alborotos, donde permaneció desde el 11 de diciembre hasta el 23 de marzo de 1650, dedicado a sofocar la sublevación.
Una vez pacificada Palermo, por fin, en la primavera de 1650, pudo acometerse la empresa de Porto Longone y Piombino: el 11 de mayo partía don Juan de Sicilia con seis galeras, cinco de Sicilia y la Real, además de ocho navíos de la Armada. Dos días después se llegaba a Lípari, donde las malas condiciones climatológicas y marítimas, obligaban a deternerse. Por otra parte, también navegaba el conde de Oñate con la Armada aprestada en Nápoles. Ambos se encontraron en Gaeta.
"Domingo 22, fue el Conde de Oñate a Orbitelo a la disposición de los cestones, faginas y escalas que se hacían en aquella plaza para la ocasión" (5). Entretanto, se había producido la llegada de más navíos que habían quedado en Mesina, preparándose para la acción. El 24 estaba reunida toda la Armada, y el 25 avistaron Piombino y Porto Longone. Los ataques a ambas plazas fueron simultáneos. Piombino fue la primera en rendirse (19 de junio). A partir de entonces todos los esfuerzos se concentraron en Porto Longone. A medida que avanzaba el mes de julio se fueron recrudeciendo los ataques, lo cual, sumado al convencimiento por parte de los sitiados de la imposibilidad de ser socorridos, pronto llevaría a la victoria de los ejércitos hispanos.
El 31 de julio se firmaron y ratificaron las capitulaciones por ambas partes. El 15 de agosto, don Juan, vestido con sus mejores galas, se dispuso a contemplar la salida de los sitiados y la entrada de las armas del Rey Católico. Inmediatamente después, don Juan se embarcó de regresó para Sicilia, haciendo su entrada triunfal en Palermo el 28 de agosto.
Instalado de nuevo en la isla, don Juan se vio de nuevo enfrentado a toda la problemática de la misma. Desde el punto de vista político, se empeñó en centralizar cada vez más el poder, arrebatando a los sicilianos las concesiones hechas durante los tumultos. Por otra parte, desde el punto de vista económico, la estrechez en la hacienda siciliana obligó a don Juan a imponer algunos arbitrios que lograron recaudar numerario para las arcas isleñas. A este fin, propuso un decreto de reducción de efectos enajenados, en beneficio de la Real Hacienda.
Desde el punto de vista militar, y en contradicción con la órdenes recibidas al incorporarse como virrey de Sicilia, don Juan, siguiendo el mandato llegado expresamente de Madrid, procuró aumentar las fuerzas militares de Sicilia. Sin embargo, al menos bajo el virreinato de don Juan, todos estos proyectos quedaron en meros bocetos que no acabaron nunca de ver la luz, primero porque la estancia del bastardo en la isla solo se demoró unos pocos meses más y segundo, porque, en realidad, el Reino carecía de medios suficientes para llevar a buen término proyectos en los que fuera necesaria la inversión de capital, apenas existente en la isla.





Busto en bronce de don Juan José de Austria por Juan Melchor Pérez (1648). Museo del Prado de Madrid.

El Rey envió un despacho a don Juan en el que le ordenaba salir de Siciliana para integrarse en la lucha por la recuperación de Cataluña:
"...me ha parecido que no estaréis bien ocioso en parte tan remota como Sicilia, y que será más propio de vuestra persona y obligaciones, continuar los generosos pensamientos que siempre habéis mostrado de adquirir gloria militar en el mundo, como diversas veces me los habéis hecho entender..." (6)
Estas órdenes no solo no disgustaron a don Juan, sino que era algo que esperaba y deseaba desde hacía tiempo:
"Apruebo mucho la gran prudencia y acierto de V.A., en suplicar a S.M. se sirva de no detener a V.A. en el gobierno político de Sicilia, sino permitir que se emplee su persona en ocasiones vivas de guerra" (7).
El 11 de julio de 1652 tuvo lugar la llegada la llegada de don Juan al Principado de Cataluña. En Tarragona se produjo su encuentro con el Marqués de Mortara, virrey de aquel territorio, y ambos se plantearon la posibilidad de poner sitio a Barcelona. El momento era, sin duda, el más idóneo: en 1648, la Paz de Westfalia había supuesto el fin de la guerra contra las Provincias Unidas; entre 1648 y 1652, se había abandonado prácticamente el frente portugués, concentrando todos los esfuerzos en Cataluña; la Fronda, a partir de 1648, había impedido a las fuerzas francesas una actuación decidida en el Pincipado; pero, sobre todo, fue la situación de guerra civil interna en Cataluña entre los defensores de la anexión a Francia y los españolistas a ultranza, lo que contribuyó a propiciar más la ofensiva.
Entre agosto y octubre de 1651, las tropas de don Juan fueron estrechando el cerco a Barcelona. Pasado el invierno, durante la primavera de 1652, la resistencia de la ciudad se fue haciendo insostenible. El ejército, sin embargo, se consideraba insuficiente para efectuar el asalto final a la ciudad. Así pues, el impedir la entrada de hombres y víveres a Barcelona se convirtió en el principal objetivo militar. Los intentos franceses por romper el cerco fracasaban una y otra vez, por lo que la ciudad moría víctima del hambre. A finales del verano de 1652, se adivinaba ya la rendición de la ciudad.
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Fuentes principales:
* Castillo Soto, Josefina. Don Juan José de Austria (hijo bastardo de Felipe IV) : su labor política y militar. Universidad Nacional de Educación a Distancia, 1991.
* Ruiz Rodríguez, Ignacio. Don Juan José de Austria en la monarquía hispánica : entre la política, el poder y la intriga. Dykinson, S.L. - Libros, 2008.
* Sánchez Marcos, Fernando. Cataluña y el Gobierno central tras la Guerra de los Segadores, 1652-1679 : el papel de don Juan de Austria en las relaciones entre Cataluña y el Gobierno central, 1652-1679. Barcelona, 1983.

(1) Porto Longone y Piombino formaban parte de los llamados Presidios de Toscana, territorio perteneciente a la Coroña Española cuyo origen se remontaba a inicios del reinado de Felipe II y el fin de la Guerra de Siena.
(2) Luis de Benavides Carrillo de Toledo (Valencia, 1608- Madrid, 1668), III marqués de Caracena, V de Fromista, III conde Pinto, etc. Fue uno de los militares españoles más destacados del reinado de Felipe IV. Caracena inició su carrera militar en Italia, para después ser enviado a los Países Bajos bajo el mando del Marqués de Aytona. Em 1635 Felipe IV le nombra miembro del Consejo de Guerra y de nuevo es enviado al Milanesado, interviniendo en las guerras contra Francia, Saboya y Parma a las órdenes del Marqués de Leganés, que le nombró maestre de campo. Fue herido gravemente durante el asedio de Casale. Durante esta segunda estancia en Italia es también nombrado Gobernador de la Caballería.
El 12 de diciembre 1644 es patentado como Capitán General de la caballería Ligera de los ejércitos de Flandes en sustitución del Duque de Alburquerque. El 1 de enero de 1646 en nombrado Maestre de Campo General de los ejércitos de Flandes y, en marzo de ese mismo año, Secretario de Estado, desempeñando su empleo en la frontera con Francia.
El 8 de septiembre de 1647 es nombrado Gobernador del Milanesado en recompensa a sus méritos en Italia y Flandes. Durante esta nueva estancia italiana contrae matrimonio con doña Catalina Ponce de León. en este período se produce uno de sus mayores éxitos, la conquista de la estratégica fortaleza de Casale en 1652.
El 7 de enero de 1656 se publica su nombramiento como Gobernador de las Armas del Ejército de Flandes, acompañando al nuevo gobernador don Juan de Austria. El 8 de enero de 1659 es nombrado Consejero de Estado por Felipe IV. Tras la derrota de don Juan en la Batalla de las Dunas, Caracena es nombrado Gobernador ad interim. Durante su gobierno supo mantener el orden, hacer frente a la nueva situación creada por la Paz de los Pirineos, mejorar la Hacienda y disminuir los gastos militares.
En 1661, el Rey le nombró Gobernador de Galicia y generalísimo del ejército que allí luchaba En septiembre de 1664, Caracena fue sustituido por el Marqués de Castel Rodrigo. Tras su regreso a España, en febrero de 1665, Felipe IV le nombró Capitán General de la Artillería de España. Después, y tras el fracaso de don Juan José de Austria en Portugal, Caracena fue nombrado en abril Capitán general del ejército y Gobernador de la provincia de Extremadura. Sin embargo, sufrió la sonada derrota de Villaviciosa que le valió un verdadero aluvión de críticas.
A finales de 1667, Caracena volvió a Madrid, fatigado tras tantos años de guerras y fatalidades. Falleció en la Villa Coronada el 6 de enero de 1668.

(3) Carta de don Juan a don Luis de Haro, de 27 de julio de 1649.
(4) J.Lynch, España bajo los Austrias, Barcelona, 1975, vol. II, p.149.
(5) B.N.M., Mss. 2.381, fol. 251. (P. Mota Sarmiento, Diario de lo sucedido al señor don Juan de Austria en la toma de Piombino y Puerto Longón, fols. 250-268.
(6) D. Fabro Bremundan, "Hª. de los hechos del Serenísimo señor don Juan de Austria, en el Principado de Cataluña". Zaragoza 1673, cit. en p. 15.
(7) A.G.S., Estado, leg. 6.112, fol 56. Carta de don Luis de Haro a don Juan, de 10 de junio de 1649.

4 comentarios:

  1. Una entrada muy documentada y admirablemente trabada.
    Feliz domingo.
    Un saludo.

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  2. Muchas gracias Cayetano, vuestro apoyo me anima siempre a seguir trabajando.

    Un saludo.

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  3. Como siempre un gran trabajo de investigación y documentación.

    Feliz semana, Majestad.
    Un abrazo

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