jueves, 2 de septiembre de 2010

LAS GUERRAS DEL REINADO (II): LA GUERRA DE DEVOLUCIÓN (PARTE VI)

La ciudad de Terramunda (o Dendermonde) según el Atlas van Loon (s. XVII).


Para la conquista de Terramunda los franceses habían unido la mayor parte de sus tropas, los cuerpos del Mariscal d’Aumont y el de Turenne, en el que asistía el propio Luis XIV. Por lo tanto, la mayor parte de las tropas de invasión estaban empeñadas, con el Rey en persona, en la toma de la plaza. Las primeras acciones galas se centraron en completar una línea de circunvalación para rodear la plaza y aislarla de cualquier nuevo socorro de tropas hispanas, municiones y alimentos. Para ello era necesaria la construcción de un puente sobre el Escalda que permitiese la comunicación entre los dos campamentos de campaña franceses. Con la edificación de este puente la caballería francesa, en número de 300 efectivos, pasó por esa rivera para asegurar las posiciones, momento en el que Louvigny los atacó con 150 de sus hombres. La acción fue todo un éxito, y pese a la inferioridad numérica, las tropas hispanas cargaron y derrotaron a la caballería francesa destacada en el puente, matando e hiriendo a muchos, con solo la perdida de un capitán. Con esta acción se dejaba claro que la plaza se defendería, a la vez que se ganaban horas para organizar y pertrechar las defensas, dando tiempo a que los campos circundantes estuvieran totalmente anegados.

Las defensas propias de Terramunda no eran demasiado modernas o avanzadas. A la protección que ofrecían los muros medievales de torres redondas se les unían la cobertura natural de los ríos Dender y Escalda, junto a los canales que rodeaban la plaza, por lo que los fosos que circundaban la ciudad eran verdaderos canales que dificultaban cualquier asalto. A estas defensas antiguas se las había añadido diversos revellines en las zonas más débiles y puertas de entrada, que reforzaban las defensas y salvaguardaban el paso por los diversos puentes que comunicaban la ciudad con el exterior. Pero la mayor baza defensiva que poseía la plaza era el poder de las aguas. Si las esclusas circundantes se abrían, los alrededores de la plaza se inundaban convirtiendo a la ciudad en una verdadera isla. Por encima de la inundación sólo quedaban secos los caminos que conducían a la ciudad, construidos artificialmente y más elevados que las tierras de labor de los contornos.

Estas peculiaridades que ofrecía Terramunda van a ser usadas por sus defensores para repeler brillantemente los asaltos enemigos. Los franceses se decidieron a asaltar la ciudad al día siguiente de la brillante carga de caballería de Louvigny, el 4 de agosto, tras haber terminado de circunvalar con trincheras toda la plaza con el objetivo de conseguir así el total aislamiento de la ciudad. El uso de la artillería de asedio no debía ser fácil ante la inundación por la imposibilidad de que ésta fuera acercándose progresivamente a los muros de la ciudad. Por lo tanto, las piezas de asedio no puedieron jugar un papel clave, aunque los franceses consiguieran hacer uso de ellas emplazándolas en zonas más elevadas. Al parecer, sólo uno de los caminos que llevaba a la plaza se mantenía por encima del nivel de las aguas, seguramente el camino de Malinas, por lo que el asalto en masa francés se efectuó por ese punto. Los 300 españoles del Tercio del Conde de Monterrey, que habían llegado poco antes en la columna de socorro, eran los encargados de proteger ese lado. Según las crónicas redactadas por el Marqués de Castel-Rodrigo y el nuncio papal, ambos coinciden en la brillante actuación de los soldados españoles, que rechazaron el ataque francés durante todo el día, obligando al enemigo a volver a sus posiciones con grandes bajas (1).

También fue brillante la actuación de los artilleros de la ciudad, que causaron muchas bajas al enemigo, e incluso llegaron a bombardear el mismo cuartel de Luis XIV, en el campamento francés (¡imagínense como habría cambiado la historia de Europa y de la Monarquía de haber muerte el Rey!). La brillante actuación de las tropas hispanas hizo que los habitantes de la ciudad, hasta el momento apáticos y más preocupados por sus haciendas y vidas que por la defensa, tomaran partido y comenzaran a sumarse a las tareas defensivas. La Monarquía, a través de una férrea defensa, conseguía un importante éxito político, aunando las inquietudes de los habitantes de los Países Bajos que por fin veían que España les defendía.

Los asaltantes eran, en su mayor parte, lo más granado de la caballería e infantería del ejército francés, casi todos veteranos y gente particular, que querían destacarse en el asalto a ojos del Rey. Incluso una parte de los Guardias Reales de caballería de la Casa del Rey desmontaron y participaron en el asalto, con igual suerte, siendo igualmente desbandados por los defensores, que les hicieron huir y abandonar las armas. Por tanto, la élite del ejército galo fue rechazada repetidamente, lo que hizo que la situación fuera replanteada por su alto mando, que decidió retirarse ante la imposibilidad de poder establecer un sitio o un asalto más proclive a sus posibilidades e intereses. Con los campos anegados la superioridad francesa no era posible, ni tampoco una acción progresiva de bombardeo contra los muros para conseguir una brecha. La ciudad parecía que sólo caería tras un largo bloqueo o mediante un asalto, un precio en tiempo y hombres que los franceses no querían pagar. Además, los galos empezaban a temer por la integridad de su ejército, que comenzaba a deshacerse. Unas semanas de sitio prolongado hubiera supuesto el fin de la campaña y unas pérdidas demasiado altas. Francia deseaba una campaña fácil y limpia, que concluyera con las tomas de las ciudades con mínimo esfuerzo, como se había hecho hasta entonces.

El día 5 de agosto, tras los duros combates del día anterior, los franceses abandonaron los alrededores de la plaza, tan apresuradamente que al demoler el puente que construyeron para cruzar el río Escalda dejaron al otro lado 2.000 de sus hombres (forrajeadores, caballería y exploradores) siendo muchos capturados por las partidas de caballería hispanas y los villanos de la zona. Tras los 5 días de operaciones de asedio a la plaza de Terramunda, los franceses habían perdido más de 1.000 hombres, su moral empezaba a flaquear y la población comenzaba a resistirse. En estas operaciones el Ejército de Flandes había capturado tantos soldados franceses que se afirmaba: “hasta ahora tenemos tantos prisioneros como si se hubiese ganado una batalla” (2). Posiblemente los franceses, con un ejército de 30.000 hombres a su llegada, debieron perder en las operaciones de asedio y retirada un 20 % de sus fuerzas, además de numeroso material bélico con la crecida de las aguas motivada por la apertura de los diques (3).

El ejército francés se retiró hacia el sur, en dirección a sus recientes conquistas de Alost y Oudenaarde. Para justificar el levantamiento del sitio, los franceses fueron “divulgando para cubrir la afrenta, que se encaminaba a empresa mayor, como Cambray”. Sin duda, el alto mando francés debía justificar su salida apresurada de la zona de combate. Ante las sospechas de un ataque, Castel-Rodrigo despachó urgentemente 600 montados a Cambrai para reforzar la guarnición, estando a la espera de que los franceses intentaran la toma de alguna plaza fuerte fronteriza con Francia antes de llegara el mes de septiembre y el final de la campaña (4).



Fuentes Principales:

* Rodríguez Hernándes, José Antonio: “España, Flandes y la Guerra de Devolución (1667-1668). Guerra, reclutamiento y movilización para el mantenimiento de los Países Bajos Españoles”. Colección Adalid / Ministerio de Defensa, 2007.


Notas:

(1) Carta de Castel-Rodrigo de19 de agosto de 1667. A.G.S. Estado Leg. 2.106. Avisos de Bruselas, 6 de agosto de 1667. Relation extraordinarie du siege de Dermonde, honteusement levé par les Armées de France le 5 d’Aous 1667. A.S.V. Segretaria di Stato, Fiandra 55.

(2) Carta de Castel-Rodrigo de19 de agosto de 1667. A.G.S. Estado Leg. 2.106.

(3) Se ofrecen detalles sobre el asedio, aunque bastante parciales en A. de Vlaminck: “Le siege de Termonde de 1667”, en Annales de l’académie royale d’archeologie de Belgique, 1899, Tomo LII, pp-359-372.

(4) Carta de Castel-Rodrigo de19 de agosto de 1667. A.G.S. Estado Leg. 2.106.


Y para animar aún más los ánimos de vuesas mercedes tras esta primera victoria, aquí les dejo la escena final de la película El Capitán Alatriste (basada en obra de Pérez Reverte) en la que vemos el coraje y el honor con el que lucharon hasta la última gota de su sangre los Tercios Españoles durante la Batalla de Rocroi (1643) que finalizó con victoria francesa pero que dejó para la historia la valentía de esos Tercios que iniciaban justo ahí su lenta agonía y que me recuerda mucho a la brillante actitud del Tercio del Conde de Monterrey durante el sitio de Terramunda:




16 comentarios:

  1. Nuestros tercios siempre fueron los más temidos, los más valientes.

    Otra lección de historia, cada vez me alegro más de haber llegado a este rincón.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Senovilla: así es, y aún en estos tiempos perduraba esa valentía, todos sabían que las tropas españolas eran las únicas sobre las que siempre se podía contar en el multinacional ejército de los Austrias.

    Gracias por tus palabras.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. Monsieur, que buen broche de oro con la pelicula, me encanta!

    Claro, claro que la historia de Europa hubiera sido muy diferente sin Luis XIV. Pero no solo no murió ahi, sino que le esperaba una larga vida. Que le vamos a hacer, monsieur.

    Buenas noches, majestad

    Bisous

    ResponderEliminar
  4. Madame: gracias, así es Luis tuvo un reinado larguísimo, de hecho vivió el reinado de los dos últimos Austrias y la entronización de su nieto en España...algunos pensarían aquello de mala hierba nunca muere...y los franceses no desde luego :)

    Un beso.

    ResponderEliminar
  5. Una escena inovidable la de la película.
    Volviendo a la lectura, parece ser que los franceses recibieron una buena tanda de palos. No viene mal de vez en cuando como método "didáctico" para los que se consideran prácticamente invencibles.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  6. Cayetano: sin duda.

    Como dices los palos de vez en cuando no vienen mal.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  7. Muy bien. No les podìa ser tan fàcil.

    Buena escena, en el video.

    feliz fin de semana.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  8. Gaucho: sì, no se iban a ir de rositas...

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  9. Quien no puede sentirse orgulloso de nuestra historia...

    Y en cuanto al canto del cisne, simplemente fue eso. Llegaría su ocaso pero su grandeza fue enorme.

    ResponderEliminar
  10. Isra: así es, España es uno de esos pocos países que pueden decir que de no haber existido el mundo sería distinto...

    El canto del cisne y la gloria para la eternidad.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  11. Alberto, tanto en la entrada anterior como en esta, he sentido una cierta angustia por los desastres de los ejércitos de Flandes, pero al ver rechazados y vencidos a los franceses, he tenido ganas de aplaudir como si fuese un niño en el cine viendo "Star Wars" xDDDD

    En cuanto a la fortuita muerte del rey francés, hubiese sido algo providencial para las Españas. Pensé lo mismo cuando leí en una entrada de madame, que Luis estaba enfermo y que se temió por su vida. ¡Qué malas entrañas tengo! xDDD

    Entradas densas pero muuuuy amenas.

    ¡Un abrazo!

    ResponderEliminar
  12. Jordi: la verdad es que esta guerra fue angustiosa para las armas hispanas pero al menos algún mínimo respiro se consiguió, como fue esta victoria de Terramunda...

    Sí, la muerte de Luis habría cambiado la historia, pues habría heredado el trono el Delfín Luis que pos estas fechas contaba apenas 6 años y supongo habría ejercido la regencia la reina María Teresa, hermana de Carlos II por lo que la política francesa habría sido mucho menos agresiva por los lazos familiares y por no desestabilizar la política interna....pero esto como siempre son simples silogismo...

    Gracias por tus palabras,

    Un abrazo!

    ResponderEliminar
  13. Si Luis XIV no hubiese existido, otra gran potencia habría qubrado el decadente poder de la monarquía hispánica. Es así, qué le vamos a hacer...

    Por cierto, el recorte de Alatriste es una de las pocas cosas que se pueden salvar de la película, porque el argumento y las licencias históricas se la cargan De ella sólo salvaría secuencias, flashes, imágenes.

    Saludos

    ResponderEliminar
  14. Carmen: probablemente fuese así, pero nunca lo sabremos...lo que habría salvado realmente a la Monarquía habría sido que Carlos II hubiera engendrado un hijo...

    En cuanto a Alatriste llevas razón, pero al fin y al cabo es un película, que le vamos a hacer...al menos no nos ponen como a los malos como en las películas anglosajonas...

    Saludos.

    ResponderEliminar
  15. Es que la seda francesa encoje mucho con la humedád... y que decir de las pelucas... se encrespan y luego no hay ya quien las haga volver a su ser...

    ResponderEliminar
  16. José Luis: jajaja muy bueno, sì al pelucòn no le iba nada bien la humedad :)

    Saludos.

    ResponderEliminar