domingo, 12 de septiembre de 2010

LAS GUERRAS DEL REINADO (II): LA GUERRA DE DEVOLUCIÓN (PARTE X)

Johan de Witt, Gran Pensionario de Holanda. Obra de Caspar Netscher. Rijkmuseum de Amsterdam (h. 1670).


Ante el imparable avance de las tropas de Luis XIV España solicitó, a través del embajador en las Provincias Unidas, Esteban de Gamarra, la ayuda de los holandeses. “Ya es tiempo de pensar (escribía Gamarra en su Memoria a los Estados Generales de mayo de 1667) en la defensa común”. Y añadía: “Los Señores Estados pueden bien considerar cuál es su intención (la de Luis XIV) y que tiene ánimo de sojuzgarnos primero a nosotros y después a ellos”. Sin embargo, las Provincias Unidas se negaron a ello lo que hizo que el gobernador de los Países Bajos, Marqués de Castel-Rodrigo, llegara a amenazar a los Estados Generales con la firma de una paz con Francia por la cual cederían al Cristianísimo los Países Bajos Españoles a cambio del Rosellón y la Baja Navarra, aunque tal posibilidad no fue nunca tomada en serio por el Gran Pensonario Johan de Witt, el hombre que dirigía la política holandesa por aquellos años (1). La diplomacia hispana llegó incluso a proponer la cesión a la República de las ciudades de Ostende, Brujas y Damme a cambio de tropas (2), aunque tales iniciativas fueron interrumpidas desde Madrid. A la desesperada, España intentó también un acuerdo ofensivo con los ingleses (se habló incluso de la cesión a éstos del puerto de Ostende), que fracasó por la pretensión inglesa de lograr concesiones ventajosas en el comercio con las Indias (3). De hecho, el tratado firmado el 23 de mayo de 1667 (4) entre las Coronas de España e Inglaterra y que estaría vigente durante 40 años, era exclusivamente comercial, aunque por un artículo secreto se comprometían ano ayudar a lo enemigos de ambas monarquías y sería la base para la amistad entre ambos estados durante décadas. Fruto de esta presión, España firmaría también, el 12 de febrero de 1668, el Tratado de Lisboa, que ya tratamos en la anterior serie sobre la guerra con Portugal (1640-1668), por el que se reconocía de manera oficial la independencia del país luso.

Para finales de 1667, como ya hemos visto en las anteriores entradas, las tropas francesas ya habían ocupado gran número de plazas en los Países Bajos, algo que puso en jaque a los neerlandeses. Como afirmaba el embajador inglés en La Haya, sir William Temple, “una vez Flandes en poder de Luis XIV, los holandeses considerarían que su país no sería más que una provincia de Francia”. Se inició entonces una intensa actividad diplomática dirigida por el Gran Pensionario de Witt, cuyo objetivo fue la formación de una liga de potencias lo suficientemente grande cómo para forzar a Luis XIV a llegar a un acuerdo con la Monarquía Hispánica, a cambio de que ésta cediera territorios en los Países Bajos, pero lo más alejados que se pudiera de la frontera de la República. La posición del Gran Pensionario no era fácil: por una parte, lo más lógico era la unión con los ingleses, con quienes se acababa de firmar la Paz de Breda (31 de julio de 1667), cediéndole los territorios americanos de Nueva Ámsterdam (actual Nueva York) y Delawere, a cambio de diferentes enclaves en la Costa de Oro africana y Surinam, pero no deseaba apoyarse en exclusiva en un Carlos II Estuardo poco fiable y demasiado afín a Luis XIV, de cuya financiación necesitaba para hacer frente a sus grandes deudas (5). Por otra parte, a pesar de la amenaza evidente, tampoco quería abandonar la alianza que desde 1662 tenían con Francia. De ahí que su estrategia fuera mantener la paz con Inglaterra al mismo tiempo que, con la presión de otros estados, convencía a Francia para que firmara la paz con España sobre la base de las conquistas realizadas.

Las acciones militares francesas también despertaron el recelo de los príncipe del Imperio que veían en éstas una amenaza. Para evitar la participación de los electores de Colonia, Maguncia y el Duque de Neoburgo, Luis XIV se vio obligado a renegociar los acuerdos que mantenía con estos príncipes y a desembolsar importantes cantidades de dinero.

Muy pronto comenzaron las conversaciones. Los españoles, encabezados por el embajador en La Haya, Esteban de Gamarra, deseaban lograr una alianza ofensiva-defensiva con las Provincias Unidas. El 27 de septiembre de 1667 Luis XIV propuso sus condiciones: exigía la entrega del Franco-Condado, Luxemburgo y diferentes plazas al sur de los Países Bajos (Cambrai y parte de Flandes) e incluso ofrecía una tregua hasta marzo mientras se discutían tales puntos. Los españoles, sin posibilidad alguna de hacer frente a la presión militar francesa, estaban dispuestos a aceptar, siempre que la reina María Teresa (hermana de Carlos II) renunciara (una vez más) a sus derechos sobre la Corona española y abandonara cualquier reclamación posterior, algo que Luis XIV no iba a estar dispuesto a aceptar. España llegó a proponer en octubre la firma de un tratado secreto que suponía la formación de una gran liga con el Emperador, Suecia, Inglaterra y las Provincias Unidas para frenar a Francia. De Witt no dejó de escuchar tal propuesta, un modo de ejercer presión psicológica sobre Francia, pero su intención estaba muy lejos de llegar a firmar cualquier acuerdo con España, y menos aún de intervenir en el conflicto.

Por lo que respecta a la situación militar, y pesar de las nuevas conversaciones diplomáticas que se estaban produciendo entre el resto de las potencias europeas para colaborar con la Monarquía Hispánica, el final de la campaña estaba muy lejos de llegar. Las hostilidades continuaron durante todo el invierno a pequeña escala, pese al frío y a las malas condiciones climáticas. Ante la falta de tropas, los movimientos de unidades hispanas de uno al otro lado del país para reforzar los enclaves más amenazados fueron constantes durante esta época, sobre todo en Hainaut y Luxemburgo, ante la presión contributiva de los franceses en la zona.



Fuentes Principales:

* Fernández Nadal, Carmen María: “La política exterior de la monarquía de Carlos II. El Consejo de Estado y la Embajada en Londres (1665-1700)”. Ateneo Jovellanos. Gijón, 2008.

* Israel, Jonathan I. : “The Dutch Republic: its rise, great Ness and fall, 1477-1806”. Oxford, Clarendon Press, 1995, pag. 780.

* Rodríguez Hernández, José Antonio: “España, Flandes y la Guerra de Devolución (1667-1668). Guerra, reclutamiento y movilización para el mantenimiento de los Países Bajos Españoles”. Colección Adalid / Ministerio de Defensa, 2007.

* Usunáriz, Jesús María: "España y sus tratados internacionales: 1516-1700". Ediciones Universidad de Navarra. Pamplona, 2006.


Notas:

(1) Israel, Jonathan I. : “The Dutch Republic: its rise, great Ness and fall, 1477-1806”. Oxford, Clarendon Press, 1995, pag. 780.

(2) Íbidem, pag. 781.

(3) Para más detalles sobre estas conversaciones consúltese Fernández Nadal, Carmen María: “La política exterior de la monarquía de Carlos II. El Consejo de Estado y la Embajada en Londres (1665-1700)”. Ateneo Jovellanos. Gijón, 2008.

(4) Íbidem, pag. 147.

(5) Íbidem, pp. 141-157.

18 comentarios:

  1. Ahora se dieron cuenta de que estaban en peligro! no sólo los belgas son tontos, como dice don Javier,sino los holandeses también.

    Ah, Gracias por ducado, ahora que mis piernas se hicieron mi**da tengo muchos cetros con los cuales sostenerme.

    Bueno pues, yo era del Barça, pero desde ayer soy del Hércules, xD

    Reales Saludos
    Matías I

    Postdata: gracias también por concederme el ordinal, revisé mis archivos, y lo hizo.

    ResponderEliminar
  2. Mathías: Holanda sabía que si Luis XIV conquistaba Flandes, ellos serían los siguientes, como se vería en la guerra franco-holandesa de 1672-1678...

    ...de nada por el título y el ordinal ;) y aupa el Hércules :)

    Reales saludos.

    ResponderEliminar
  3. mucho me temo que aquí nos la envainaron a base de bien...

    ResponderEliminar
  4. José Luis: todos querìan sacar tajada de la Monarquìa Hispànica, los franceses territorial y los holandeses/ingleses comercial...

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  5. Esto se está convirtiendo en un gran tablero de ajedrez donde se requiere una gran pericia de los jugadores para perder el menor número de piezas posibles.
    También me recuerda a "jugar a los cromos" de cuando era pequeño: yo te doy éste que es muy bueno y a cambio tú me das esos cuatro que los tienes repetidos.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  6. Tengo que ponerme al día y leer las entradas anteriores de la Guerra de Devolución, pero prometo hacerlo en breve. Mis saludos.

    ResponderEliminar
  7. Cayetano: pues sì, esto parece un mercadillo del trueque, la cosa a nivel diplomàtico, como ves, se està poniendo calentita...

    Saludos.

    ResponderEliminar
  8. Paco: espero que te gusten las entradas, ya me iràs contando.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  9. Independientemente de la épica de las batallas las pinceladas de las diplomacia entre bastidores es casi o más interesante que los movimientos tácticos y/o estratégicos.

    Seguiremos informando... uy no, seguiremos atentos

    ResponderEliminar
  10. Isra: sì, laverdad es que los trapicheos diplomàticos son casi màs decisivos e interesantes que las propias batallas.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  11. War! What is it good for? Absolutely nothing

    Preferiría mil veces estar en en un momento de tensión política antes que en una guerra,es lo mío.

    Un fuerte abrazo

    ResponderEliminar
  12. Mathías: creo que a nadie le gustaría estar en una guerra, es una experiencia bastante desagradable...

    Un real abrazo.

    ResponderEliminar
  13. La diplomacia era una de las claves de la política internacional de la Edad Moderna, pues no todo iban a ser frentes de batalla y guerras. Las monarquías enviaban por delante a sus embajaradores y espías para conocer de primera mano la situación de Europa, pero tambnién hay que tener en cuenta el factor tiempo. En una época en que el teléfono móvil no existía, la correspondencia tardaba mucho en llegar y el panorama podía cambiar en cualquier momento. Quizás por eso la sucesión de acontecimientos era lenta (desde nuestro punto de vista actual, claro).

    Saludos

    ResponderEliminar
  14. Carmen: como dices la diplomacia y los embajadores eran claves y en eso España fue pionera gracias a Fernando el Católico. Las embajadas claves eran por este Orden: Roma, Viena, Paris, La Haya, etc

    como dices los tiempos eran distintos a los actuales.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  15. Ya ha llegado el Gran pensionario. Un gran estadista y mayor diplomático. Desde luego tonto no estaba

    ResponderEliminar
  16. Jordi: sí, de Witt fue uno de los hombres políticos más importantes de la Holanda y de Europa en el siglo XVII...una lastima que los orangistas le jugasen una mala pasada para restablecer el Estatuderato en la persona de Guillermo de Orange (futuro Guillermo III de Inglaterra), otro de los grande hombres del XVII, y que acabase linchado por la plebe y colgado de un árbol destripado...

    Saludos

    ResponderEliminar
  17. Esteban de Gamarra y Contreras, le tengo apuntado para mi blog, procedía de familias torrelaguneneses, daba una vuelta por el blog y le he visto en esta entrada de septiembre.
    Saludos

    ResponderEliminar