viernes, 26 de febrero de 2010

LA FAMILIA DEL REY, LOS HERMANOS DE CARLOS II: DON JUAN JOSÉ DE AUSTRIA, BASTARDO REAL Y MESÍAS DEL PUEBLO (PARTE XV)

Grabado alegórico de don Juan José de Austria por Joannes Blavet (1675). Biblioteca Nacional de España.

Desde Guadalajara don Juan formuló nuevas peticiones, en su mayoría de carácter político, referentes a la educación del Rey, a la disminución de los impuestos, a economías en los gastos y a la creación de una Junta de Alivios. Obtuvo satisfacción respecto, pero no así en su oposición al Marqués de Aytona (1), su personal enemigo, al inquisidor Valladares, partidario de Nithard, y a otros consejeros de doña Mariana.

El 8 de marzo, la Junta de Gobierno mandó a Guadalajara al General de la Caballería, don Diego Correa, para obligar a don Juan a que licenciase la escolta que había traido de Cataluña. Correa no pudo o no quiso obligarle a semejante licenciamiento así que la Reina cedió y nombró la Junta de Alivios, exigida por don Juan, componiéndola a su gusto (2). Esta Junta se cuidaba de repartir con equidad los tributos y no gravarlos sobre el pueblo solamente.

El 26 de marzo de 1669, la Junta celebró su primera reunión. Su principal objetivo era aliviar a los contribuyentes sin menoscabo de la Real Hacienda. La escasa liquidez del erario, sin embargo, no permitió cambios espectaculares pero sí una serie de mejoras que incidieron positivamente en la economía y que, según Castilla Soto (3), algunos historiadores como Maura Gamazo se han empeñado en infravalorar.

Desde su residencia de Guadalajara don Juan escribió una extensa carta a la Reina, quejándose por no haber entrado a formar parte de la Junta de Alivios a cuya dirección aspiraba. Antes de concluir el verano de 1669 la Junta había dejado de reunirse.

Recluido en Guadalajara se contentó con enviar misivas a la Reina, solicitando permiso para acercarse a la Corte. La respuesta fue siempre negativa. La Reina le devolvió el Gobierno General de Flandes, con todos sus títulos y honores tal y como los recibió de Felipe IV en 1643.

La creación de la Junta de Alivios y de la llamada Guardia Chamberga fue producto del miedo de la Regente y de la búsqueda de beneficios propios de la nobleza. De ahí su inoperancia y por consiguiente, su estrepitoso fracaso, ya que la Junta de Alivios nunca llegó a materializar sus propuestas y la Chamberga sólo sirvió para ocupar a nobles ociosos y generar una profunda crisis entre la corona y el pueblo de Madrid.

Dentro de la corte la Reina se vio asediada por las propuestas de los ministros, encaminadas a conquistar su ánimo. La formación del regimiento para defender la Corte podía ser muy beneficioso para aquellos nobles que deseaban ocupar su mando o algunos puestos de importancia en el mismo.

La Guardia Chamberga, que comenzó a funcionar a finales de mayo de 1669, nació de una primitiva idea de Nithard que reelaboró después el Conde de Peñaranda tras la expulsión del jesuita y las exaltadas reivindicaciones de don Juan José. El mando le

fue concedido al Marqués de Aytona y la principal razón aducida para su reclutamiento fue la de proteger a la Reina y a su hijo de posibles incursiones militares de rebeldes que pudieran poner en riesgo la legitimidad real. Mariana de Austria aceptó la sugerencia como medida perentoria de seguridad, sin embargo no supo calibrar las consecuencias de la imposición de un regimiento en la Villa y Corte. Madrid disfrutaba del privilegio de no alojar ni sufrir el peso de ninguna tropa, el fuero de la ciudad la excluía de soportar aquel contingente militar que pronto se distinguió por crímenes, saqueos y robos desmedidos a la población. El pillaje y los desórdenes fueron aumentando, siendo una afrenta la existencia de esta milicia, pues se ponía en cuestión la fidelidad del pueblo de Madrid.

A finales de julio de 1669 la situación era insostenible: mientras el Presidente de Castilla y el Marqués de Aytona trataban de convencer a la Reina de que sin el Regimiento perdería toda la fuerza y la autoridad, y que trasladar a la guardia a las fronteras como pedía el pueblo y algunos Grandes podía perjudicar al decoro real; el

nuncio papal y los Consejos de Castilla y el de Estado opinaban lo contrario: con la

Chamberga y sus tropelías desmesuradas, la Regente estaba perdiendo peligrosamente el respeto a favor precisamente de su mayor enemigo don Juan. Éste, gracias al desprestigio de la Reina por su empeño en mantener el regimiento, estaba recuperando viejos aliados: el pueblo, los Grandes y los mismos miembros de la Guardia Chamberga, pues parte eran “creature e dependenti dil signore don Giovanni” (3), así, cuanto más disminuía la causa de la Reina, más aumentaba la de don Juan. En la Villa de Madrid creció tanto el odio a la Chamberga, a la Reina y al Marqués de Aytona, que el pueblo llegó incluso a preferir al padre Nithard. La oposición era tal que el pueblo se enfrentaba a la propia guardia y todos los días llegaban a la corte noticias de soldados muertos o heridos por paisanos. Según el Nuncio, esta situación sólo podía beneficiar a don Juan José “contentisimo e con piena sodisfatione di que il Popoli stá a vedere questi sconcerti fatti in gran parte ad onta sua…”.


Don Guillén de Moncada, marqués de Aytona.

Don Juan constituía un serio peligro para el gobierno de Madrid, al menos así lo interpretó la reina doña Mariana que, como en ocasiones anteriores, decidió que la mejor manera de protegerse era apartar a don Juan de la Corte. Así, y con tal fin, el 3 de junio de 1669, la Reina se dirigió por carta a su primo, que como se ha dicho se encontraba aún en Guadalajara indicándole que había decidido nombrarle para el cargo de Virrey de Aragón, además de Vicario General de los reinos de la Corona de Aragón. Con ellos venía a conferirle la representación del Monarca en todos los territorios de dicha Corona, lo que venía a encumbrarle al más alto cargo de la administración en esos territorios. Don , a diferencia de lo que había hecho con anteriores propuestas, aceptó el cargo:

“…El Nuncio de Su santidad me acaba de avisar los motivos y fortuna y satisfacción con que Su Majestad se digna de mandarme que vaya a servir al Rey, nuestro señor, y a Vuestra Majestad en el gobierno de Aragón con el vicariato general de aquella Corona. Y cuando sobraba la menor demostración de que se pudiese inferir que Vuestra Majestad me ha restituido a su real favor y confianza para que yo conociese con cuan justas razones había puesto toda la mía a sus reales pies, no me quedará que decir en esta parte, si no postrarme a ellos con rendido silencio, y desear ser de algún útil al Rey, nuestro señor, en aquella donde Vuestra Majestad me destina” (5).

El 19 de junio, don Juan volvía a pisar las tierras de la Corona de Aragón, desde donde había iniciado unos meses antes su ya conocida marcha hacia la Corte, con el objetivo de provocar, como así fue, la caída del gobierno del padre Nithard. Resulta curioso observar que, al igual a como le había sucedido unos meses antes al jesuita, ahora era el propio don Juan el que también salía, al menos en cierto modo, alejándose de Madrid y marchando para tierras aragonesas en donde asumiría su nuevo cargo de Vicario General. Atrás quedaba una Corte donde continuaba imperando un sistema de gobierno tan vulnerable como lo había venido siendo en tiempos anteriores, y en donde todavía faltaban seis años para que el joven Carlos II adquiriese la mayoría de edad, conforme al testamento del difunto Felipe IV.


Fuentes principales:

* Oliván Santaliestra, Laura: Mariana de Austria en la encrucijada política del siglo XVII. Universidad Complutense de Madrid, 2006.

* Ruiz Rodríguez, Ignacio. Fernando De Valenzuela : Origenes, Ascenso y Caida De Un Duende De La Corte Del Rey Hechizado. Dykinson, S.L. - Libros, 2008.

* Vermeulen, Anna: A quantos leyeren esta carta… estudio historico-critico de la famosa carta de don Juan José de Austria, fechada en Consuegra, el 21 de octubre de 1668. Leuven University Press, 2003.

(1) El Marqués de Aytona, don Guillén Ramón de Moncada, Grande de España era por excelencia el militar de la Junta de Gobierno. Había iniciado su carrera en Flandes junto con su padre que muerto en las triunfantes campañas de 1635, recibió el honor tras su fallecimiento del mantenimiento de la Grandeza personal que ostentaba y que le fue transmitida a su hijo Guillén. El nuevo Marqués de Aytona siguió su carrera militar en el Norte para luego regresar a la Corte como protegido del Conde Duque de Olivares, siendo gracias a la intermediación de este cómo don Guillén recibió la Grandeza al linaje. Por lo que su título, sumamente reciente y de origen catalán, no podía competir con las familias más reputadas de la Vieja Castilla. Así al menos lo juzgaron aquellos que no estuvieron de acuerdo con este nombramiento como representante de la Grandeza de España en la Junta de Regencia. En 1667 recibió el título de Mayordomo Mayor de la Reina, puesto que disfrutó hasta su muerte en 1670.

En su último año de vida, el Marqués de Aytona se convirtió quizás en el personaje más influyente de la Corte; expulsado Nithard, la Reina buscó apoyos en la Junta y en sus servidores más cercanos, el Marqués de Aytona, en calidad de mayordomo y caballerizo logró acaparar la atención de la Regente mostrando su animadversión hacia don Juan José y fidelidad a la regencia, que le premió con el puesto de general de la Guardia Chamberga, un cuerpo militar creado en 1669 para proteger a la familia real de posibles atentados contra la autoridad. Seguramente, el Marqués de Aytona por su acumulación de cargos, sea el Mayordomo Mayor que recibió más mercedes de la Reina. Aytona despertó odios, recelos y envidias propias de aquellos que vieron en él al pseudo-sucesor del jesuita Nithard. Quizás la débil posición de la Reina inclinara a sus vasallos a pensar que la mejor solución política era la presencia de un hombre fuerte en la Monarquía, fuera éste el poco popular Marqués de Aytona o un príncipe como don Juan José. Lo que parece evidente es que don Guillén tampoco supo manejar aquel poder que según las opiniones de muchos había ambicionado tanto, sus propuestas políticas nunca fueron brillantes y su pronta muerte truncó sus esperanzas de afianzarse en sus puestos político-militares.

(2) En el futuro trataré en una específica entrada sobre dicha Junta de Alivios.

(3) Castilla Soto, Josefina: Don Juan José de Austria (hijo bastardo de Felipe IV): su labor política y militar. Universidad Nacional de Educación a Distancia, UNED, 1992.

(4) ASV. Libro 136. p. 437v. Correspondencia del Nuncio. 31 de julio de 1669.

(5) A.H.N., Estado, libro 1.009, pag.275.

11 comentarios:

  1. Muy mal debian de andar las cosas para decidirse a reclutar la guardia chamberga, a sabiendas de lo impopular que eso iba a resultar. Y al mando un hombre de confianza, de la vieja escuela, al que Felipe IV tanto habia distinguido. Debió de suponer un gran alivio para la regente poder apoyarse en él en medio de la tempestad.

    Feliz sabado

    Bisous

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  2. Es interesante observar la enorme dificultad que supuso en la Monarquía española, en los siglos XVI y XVII, la instauración de institutos militares permanentes, aparte de los ejércitos reales propiamente dichos. Pueden servirnos de ejemplo, aparte del caso que usted describe, los fracasos en la restauración de la Milicia en los reinados de Felipe III y Felipe IV o los fallidos intentos de revitalizar la caballería de cuantía. Resulta asimismo llamativo, y perfectamente expicable, el interés de la nobleza por encontrar plazas en esta guardia cuando, desgraciadamente, eludía desde hacía décadas cumplir con sus obligaciones militares, tal y como habían hecho sus antepasados.

    Reciba usted un cordial saludo y mi reconocimiento por su excelente blog.

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  3. Aclaración: Por "esta guardia" me refiero a la chamberga no a la caballería de cuantía que no era aristocrática y que, además, había desaparecido ya.

    Saludos.

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  4. Madame: sin duda las cosas para la Regencia no iban bien, su sutoridad se habìa visto mermada por un hombre, don Juan, que cada vez mas y mas parecìa ser el mesìas de la MOnarquìa.

    Un saludo

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  5. Gomez de lesaca: tiene razòn en que fue dificil organizar un ejercito permanente durante esta època en que la mentalidad era bastante distinta a lo que acadrà 100 anos despuès. La Chamberga no obstante no era la primera guaradia de defensa real, pues como sabemos datan ya de los primeros Austrias la famosa guardia tedesca o los archeros de corp...en cuanto a los ejercitos tenemos todas las ordenaciones relativas a los tercios aunque evidentemente carecìan de la formalidad que alcanzarìan los ejèercitos borbònicos un siglo despuès.

    Un slaudo y gracias por seguirme.

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  6. Sigue por lo que veo la movida entre don Juan y doña Mariana. Para la Regente, el bastardo era algo así como una mosca "cojonera" que había que apartar, ya que no aplastar, de un manotazo. Alejarlo lo más posible de la Villa y Corte.
    Saludos y feliz domingo.

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  7. Absolutamente cierto, las cosas para la Regente no iban bien, su popularidad y poder descendian a medida que aumentaban los de don Juan.

    Un saludo.

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  8. Mira que el pueblo preferir a Nithard antes de a la reina... Leo esto hace unos posts y no me lo creo, desde luego.

    Un abrazo

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  9. Si, la verdad es que las cosas pintaban muy muy mal, la Chamberga desde luego fue la gota que colmò el vaso de la paciencia madrilena, jamàs se vieron tantas tropas acuarteladas en la Villa y Corte, por no decir, la humillaciòn a la que se veìa sometido el pueblo al ponerse en duda su fidelidad a la Corona.

    Un saludo Carmen.

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  10. Desde luego que no conocía este blog y gracias a tu llegada a ArteTorreherberos he podido conocerlo; me parece magnífico, bien documentado y con unos enlaces de calidad. Como amante de la historia, me hago enseguida seguidor y volveré con más tiempo para leer varias entradas que he visto que me interesan. Gracias por tus palabras. Saludos desde el sur de España

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  11. Gracias Paco, igualmente tu blog es muy muy interesante.

    Saludos desde el norte de Italia

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